Si hay ausencias –que las habrá–, que no sean a modo de devolución de gentilezas, porque no es el momento. Y que quienes forman Artei, como solícitos anfitriones, sepan en su momento ser huéspedes.
Es el martes 6 de marzo a las 16, en el nuevo Abasto Social Club, Yatay 666.
Aquí, textual, el comunicado y el documento.
ARTEI Convoca a toda la comunidad teatral para el martes 6 de marzo a las 16hs.
Teatro Abasto Social Club en la calle Yatay 666
¿Qué Instituto queremos?
Que no nos sigan enfrentando para beneficios corporativos
Ante los hechos que son de público conocimiento en relación a la situación crítica del INT y habiéndonos ya pronunciado en relación a las medidas urgentes (Nombramiento de un nuevo Director y el trabajo sobre las modificaciones en la reglamentación de la Ley), nuestra asamblea reunida con carácter de permanente ha decido dar inicio a una gestión que pueda recoger la realidad de todo el país, sus necesidades y conflictos para que podamos pensar juntos qué Instituto queremos.
Habiendo tomado conocimiento de las diferentes voces que se están expresando y haciendo peticiones a las actuales y futuras autoridades del INT, ARTEI celebra dichas convocatorias y no intenta superponerse a las mismas. Nuestra invitación quiere compartir el diagnóstico de nuestra asociación y abrirlo a su enriquecimiento en atención a las problemáticas de otras regiones.
Por tal motivo, rogamos a aquellos que por las distancias geográficas que nos separan no puedan llegar hasta el espacio en el que nos reuniremos, hagan llegar por todas las vías de comunicación de las que se disponga la situación del contexto en el que desarrollen su actividad y su relación con el Instituto.
Esta será una solución parcial hasta poder contar con los recursos económicos y técnicos que hagan posible nuestro encuentro en la ciudad de nuestro país que quiera servir de núcleo de reunión para dar continuidad a este primer paso.
Los esperamos.
ARTEI; Asociación Argentina del Teatro Independiente
Diagnostico Abierto
¿Será posible pensar una Ley Nacional de Teatro, un Instituto que promueva otras alternativas para la producción y la creación teatral? Una instancia que no se limite a la expansión cuantitativa de lo existente, es decir, que promueva lo nuevo, la diferencia. Entendiendo como nuevos no solamente los lenguajes del teatro. Extendiendo lo que llamaremos nuevo a otros procedimientos, otras posiciones desde las que pensar y ejecutar políticas para el sector. ¿Hay más teatro en el país desde la fundación del Instituto o se ha financiado, más allá de las excepciones, la reproducción esclerótica de los rasgos más conservadores de la actividad? ¿Se estimula el despliegue de la potencia vital de lo teatral o sólo se multiplica su forma coagulada, inofensiva, muerta?
El instrumento mismo: la Ley, el Instituto, tiene problemas en su estructura. Ahora bien, existe un problema mayor, el uso de dicho instrumento carente de un programa de trabajo tendiente a promover transformaciones consistentes lo que en todos estos años quienes estuvieron a su cargo en sus diversas instancias de gobierno no han desarrollado.
Claro que promover la aparición de nuevas estrategias de creación y gestión con la consecuente aparición de sus artífices, sujetos de un nuevo movimiento, podría atentar contra las posiciones consolidadas a las que se aferra un grupo que -cambiando posiciones en el tablero o sin siquiera hacerlo- es el mismo desde hace mucho tiempo.
Este “grupo” hace del diagnóstico sobre los conflictos del panorama de lo teatral en el país la justificación para su inoperancia. Tomemos algunos argumentos que siempre aparecen en el discurso sobre las dificultades para una modificación del supuesto estado de las cosas: la inexistencia de cuadros para la gestión, el enfrentamiento entre las provincias y capital, la competencia entre regiones… Luego, la pregunta es ¿qué han hecho para dar trámite a estos obstáculos? Sin dejar de sospechar que la formulación misma de dicho diagnóstico no sea más que un relato funcional a su enquistamiento.
Estamos diciendo entonces que al problema de que la estructura administrativa se lleva el 50 % en lugar del 10% del presupuesto que se establece en la Ley Nacional de Teatro se suma que ese 50% que queda disponible para el apoyo directo a la actividad carece de un proyecto sensible a la realidad de la comunidad toda que son la razón de su existencia.
Es ingenuo -y hasta más que ingenuo- pensar que esta gente nos va decir: Nos estamos devorando el presupuesto y no lo podemos evitar, crecen las corporaciones y esto se hace ingobernable, nos faltan ideas, no tenemos autoridad en la materia específica de lo que gobernamos y para colmo si abrimos esto a la comunidad teatral nos van a querer linchar. Ahora bien, tenemos que exigirles que abran su gestión, que creen los medios para abrir canales informativos y consultivos a todos los miembros del quehacer y no solamente a aquellos que le garanticen la inmovilidad de las cosas.
El teatro al que aspiramos no pertenece a la historia del teatro, el teatro que deseamos será siempre el que todavía no se está haciendo y en la actualidad, sobre todo en los cargos de gestión, nadie parece velar por su nacimiento. E insistimos: esto obedece a intereses creados, intereses estéticos que denuncian una ética al menos cuestionable. Todo teatro que pertenece a la historia del teatro es un teatro que ya se hizo y cuya fuerza reside en dar testimonio o, en el mejor de los casos, ser base de una interpretación que lo vuelva a escribir en su puesta. El nacimiento del que hablábamos no será nunca una nueva forma teatral unívoca, será la emergencia de nuevas condiciones de posibilidad para la creación artística y su recepción por parte de otro concepto de público. Concepto a desentrañar entre todos. La gerontocracia, en toda esta cuestión, sería sólo un rasgo de la pregnancia del pasado, sin descuidar que algunos cuerpos viejos son realmente más jóvenes en sus concepciones que los cuerpos jóvenes que especulando con su condición dejan entrever uno de los peores motores del teatro de todos los tiempos: la banalidad.
¿No será un buen punto de partida un programa político que traduzca al territorio de los hechos la deconstrucción de la alianza entre los representantes del pasado y los vínculos con lo banal?
Las preguntas sobre qué Instituto queremos no se agotan en este simple disparador. Este es un diagnóstico abierto que necesita escuchar la realidad de todas las regiones para formular una propuesta atenta a los intereses de todo un país.
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