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martes, febrero 14, 2012

organismos // Estalla la crisis interna del Instituto Nacional del Teatro

Esta nota fue publicada en la edición número trece de la revista Montaje Decadente (febrero de 2012). Parece que la situación aquí denunciada está a punto de estallar en la reunión del Consejo de Dirección que tendrá lugar mañana, miércoles 15 de febrero de 2012. La gravedad de lo que se está cocinando me lleva a decirte que estés alerta porque es muy probable que haya que ir a la puerta del INT a plantarse y demostrar que no pueden cargarse un organismo y ponerlo al servicio de sus intereses personales.

El Instituto Nacional del Teatro, máximo organismo gubernamental de las artes escénicas, atraviesa una crisis interna que compromete su acción a futuro. Su supervivencia exige fuertes decisiones políticas del secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, y la formulación y sanción de una nueva Ley Nacional del Teatro.

En octubre de 2008, en el seno de la Representación Capital del Instituto Nacional del Teatro (INT) aconteció un hecho al que en su momento se pretendió minimizar tildándolo de desprolijidad, aunque al poco tiempo hubo pruebas suficientes como para afirmar que se trató de algo bastante más grave, incluyendo falsedad de documento público. En el blog Montaje Decadente seguí el tema muy de cerca, al que puedo sintetizar así: el entonces representante provincial de la Ciudad de Buenos Aires, Pablo Bontá, a menos de veinticuatro horas del cierre de la inscripción para participar de la Fiesta del Teatro de la Ciudad 2008, anunció extraoficialmente las obras que habían sido seleccionadas, siendo que el último día se habían inscripto cerca de cien obras, por lo que había sido imposible evaluarlas en tan breve lapso; y, para peor, el acta de elección del jurado se labró con fecha de dos días después de la fecha del anuncio. Pero para apagar este incendio, el INT echó nafta: anuló el concurso, deslegitimando a las obras elegidas (sobre las que no había sospecha alguna), y lanzó una nueva convocatoria. El responsable de esto, el ya mentado Bontá, fue castigado con una suspensión de su cargo por sesenta días; pasado ese lapso, retomó sus funciones y aquí no ha pasado nada.
Lo relatado en este prólogo no tiene relación directa con lo que aquí comentaré, pero esa situación me hizo conocer ciertos vicios en el funcionamiento del INT. Comenzando por el retaceo de información. Que no solo se evidencia en los reparos que ponen algunos funcionarios y empleados del organismo para facilitar documentación oficial, sino también en la mala –si no pésima– comunicación de la acción publica del INT, ya sea convocatoria a concursos, presentación de espectáculos, lanzamiento de los libros de su sello editorial, etc., y que también se manifiesta en la página del INT, un ejemplo de mala accesibilidad y nula amabilidad para el navegante. Es mas: teniendo oficina de prensa, el INT contrata agente de prensa (caro agente de prensa) para algunas de sus actividades.
Pero volvamos atrás, porque en muchos casos la negativa a brindar la documentación oficial impide el cumplimiento mismo de algunas normativas; por ejemplo, suele haber un plazo para que cualquier persona objete una elección del INT (una obra, un representante, un jurado), pero ¿a quién y con qué fundamentos objetar, si las actas que certifican la elección no son públicas? Y no se trata de promover un descontrol de información –como algunas personas alegan, con claro ánimo de asustar y dejar todo como esta, sino de facilitar la transparencia de los actos.
Hay también asuntos más sencillos que hacen a la transparencia y no son tenidos en cuenta, como el hecho (en el que mucho he insistido) de no devolverse el material presentado en concursos a los que se postula de manera anónima. ¿Cómo sabe el participante que su sobre no fue abierto y, por ende, se ha mantenido el anonimato, si ese sobre con los datos personales no se devuelve intacto?
En asuntos de dinero no nos va mejor. Mientras que otro organismo de fomento a la producción artística, el Incaa (Instituto Nacional de Cine y Ares Audiovisuales), brinda en su página información completa, con los montos otorgados de los subsidios y créditos que otorga, del INT no sabemos a dónde va ni un solo peso. Y ya que del Incaa hablamos, tengamos en cuenta que facilita información de festivales internacionales para fomentar la participación del cine argentino en el mundo, pero quien quiera salir al exterior con su teatro, que se arremangue y arregle con los kiosquitos exportadores que se dedican a eso, porque fronteras afuera, el INT no mueve un dedo ni siquiera brindando datos. Pero cualquier comparación que se haga es desafortunada para el organismo teatral. El Incaa ha logrado convenios de difusión con Canal 7 y Radio Nacional; el INT, ausente en ambos medios. El Incaa tiene una señal propia de televisión; el INT, ni siquiera un programa en canal Encuentro (aunque tuvo uno en Canal á).
Es imposible hacer la nómina completa de cuestiones objetables en el funcionamiento del INT, que van desde la exigencia de presentar cuatro carpetas impresas para solicitar un subsidio (en tiempos del registro digital, un gasto inútil de dinero para quien la hace y de espacio para quien la recibe) hasta la exigencia de facturar por el subsidio recibido, como si el elenco o la persona que recibe el subsidio le brindase un servicio al INT, a la vez que así el INT se desentiende de la fiscalización, pues no pide rendición de los gastos que habían sido detallados en la solicitud.
Y qué decir de la Editorial INTeatro, que con un criterio por lo menos cuestionable edita con la misma tirada un inestimable volumen con escritos de Alberto Ure (Ponete el antifaz) que textos de temas muy específicos de autores de discutible valía: dos mil trescientos ejemplares es el actual número de las tiradas, como si difundir por igual fuera un acto de afirmación democrática. Pero esa editorial también publica dos revistas, Picadero y Cuaderno de Picadero, de las que las autoridades correspondientes olvidaron desde sus respectivos inicios (2000 y 2003) registrarlas en el Registro Nacional de Derecho de Autor, trámite que es obligatorio para toda publicación periódica e incluso para las esporádicas, como son las del INT. Esto es público y notorio porque en ambas ediciones (que se encuentran en la página del INT) aparece la leyenda “Registro de Propiedad Intelectual en trámite”, pero ese trámite no puede durar más que unas semanas. Aun así, como esa leyenda podría tratarse de un dato no actualizado en años, verifiqué el asunto en la Dirección Nacional del Derecho de Autor en junio en 2011, y no hay publicación registrada que con el nombre Picadero.
Parece que, sea cual fuere la puerta que se abra, encontramos alguna falencia en el manejo del INT. Pero ¿cómo se llegó a esto? Para hallar una respuesta, debemos dejar el anecdotario y pensar más en el funcionamiento del organismo. El funcionamiento interno. Y en la interna.

Tan reciente como caduca
La ley 24 800 (Ley Nacional de Teatro) fue sancionada en 1997. En su Título Segundo crea el Instituto Nacional del Teatro, y reglamenta en parte su actividad. Ahora bien, la realidad teatral de 1997 dista años luz de la que se dio a partir de 2001, por lo que una reforma de esa ley resulta imperiosa desde hace tiempo. Sin embargo, hay personas vinculadas al funcionamiento del INT que creen que no es necesario cambiar nada. La principal excusa es que “costó mucho conseguir la ley como para modificarla ya”. Como si hablara Moisés...
Y entre lo que marca a ley y lo que el mismo INT fue generando como normativa de su propio funcionamiento, hoy nos encontramos con un andamiaje sobreabundante de directivos, consejeros, casi un centenar de contratados, jurados, representantes del quehacer teatral nacional, coordinadores de áreas, miembros de consejos, etc. (aunque varios se repiten en distintas funciones), pero que no logra promover la actividad teatral. Es indiscutible que apoya a algunas personas que hacen teatro, pero también brinda su apoyo a muchos caza-subsidios que presentan actividades bastante poco esenciales al hecho escénico, así como invierte fuertemente en algunos grupos y salas que tienen una mínima actividad durante el año. ¿Cuál es el criterio? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que hay un sistema de jurados que debería transparentar el funcionamiento y las selecciones del INT, pero cuando empezamos a ver en detalle, encontramos que los nombres que ayer fueron representantes hoy son jurados, o viceversa, y que los jurados eligen a los representantes que eligen a los jurados. A la larga, todo queda en familia. Y los sistemas de control terminan siendo desbordados por la práctica.
Pero estas cuestiones vinculadas al funcionamiento interno no lo son todo. Ya lo dijimos: también hay internas.

Disfraz federalista
Como en todo ente, sus miembros tienen diferencias. El problema es que en el seno del INT se viene dando lenta pero progresivamente una fuerte lucha por el poder, y su director ejecutivo, Raúl Brambilla, no ha sabido prevenir los acontecimientos. En lugar de buscar respaldo político en Jorge Coscia –que como secretario de Cultura de la Nación es su superior inmediato– y hacer frente al avance de algunos miembros del Consejo de Dirección, Brambilla optó por permitir la creación de espacios de poder, lo que temporariamente aplacó las ambiciones, pero también fue dejándolo en desventaja como director ejecutivo. Así las cosas, hay en la mesa de las decisiones del INT una lucha por establecer reformas estructurales. El último paso que se intenta dar incluye las siguientes novedades:
1) crear un Área de Planificación y Gestión que recibirá órdenes directas del Consejo de Dirección (salteando al director ejecutivo), contratará el personal y los servicios que hagan falta, e implementará un sistema de peritaje de la actividad teatral (sin explicar qué es ni para qué sirve;
2) reestructurar el Área de Recursos Humanos;
3) crear un Departamento de Relaciones Institucionales que incluirá una Oficina de Protocolo y otra oficina de promoción de leyes provinciales de teatro;
4) crear un Departamento de Comunicación;
5) el Consejo Editorial pasa de ser parte del Consejo de Dirección a ser un cuerpo asesor del mismo.
Dada la situación actual del INT, es imposible decir que no se deben implementar cambios. El problema es que quienes proponen cambios, proponen empeorar las cosas: quieren convertir al elefante en una ballena varada. Porque todos estos estamentos que plantean crear vienen con sus titulares ya designados. Sí, así como lo leés. Adiós a la rotación de funcionarios: ¡llegaron los vitalicios! Tanto áreas como departamentos y consejos que se proponen crear o reformar no prevén un modo de elegir a sus responsables, sino que indican las personas que estarán a cargo. Y, ¡vaya casualidad!, son todas personas que en el lapso máximo de un año deberían abandonar sus cargos como representantes. Queda claro que las reformas que algunos están impulsando desde el interior del INT son, en realidad, maniobras para consolidar la permanencia en el organismo de siete representantes y neutralizar cada vez más al director ejecutivo.
Ahora bien, la fachada de todo esto es plantear una supuesta lucha de la gente de teatro de las provincias que estarían queriendo evitar una avanzada de los porteños. Parece chiste, pero no lo es, y así se ha formado como una liga del interior (que no está conformada por todos los representantes provinciales, pero sí los más decididos), liga que en realidad no defiende a las provincias sino a los intereses de los coligados. Una excusa de chauvinismo provincialista absurda que pretende señalar al cordobés Raúl Brambilla como si fuera el general Mitre que encabeza la avanzada porteña. Pero aun así de torpe logró su cometido, cohesionando fuerzas. Y como todos los movimientos son muy ocultos, no sabemos si estamos por presenciar Pavón o Cepeda.

Brambilla, futuro incierto
A fines de octubre del año pasado circuló un mail que anunciaba estas irregularidades y cuyo asunto era “En defensa del INT”. Como carecía de firma, no le respondí al remitente, pero le propuse a Raúl Brambilla charlar al respecto. Me respondió casi dos meses después, cuando nos encontramos y me expresó que no tenía nada para decir. Un error muy común que sospecho basado en el confundir la discusión de los problemas con los problemas mismos. Decenas de veces me han dicho “No hagas quilombo” cuando lo que yo intentaba era evidenciar el quilombo ya existente.
Quizás ese silencio ha contribuido a que hoy Brambilla esté en riesgo de pasar a ser una figura casi decorativa. Porque ¿qué poder le queda? Suponemos que cuenta con el apoyo del secretario Jorge Coscia, pero incluso si lo ratificase en el cargo (cosa que, al cierre de esta edición, aún no hizo) eso ya no alcanza para desarticular el enjambre de intereses cruzados que se está consolidando en el INT.
El pasado 29 de enero, Alejandro Cruz dio cuenta de la situación en una nota publicada en el diario La Nación. En ella, Roberto Cossa, en tanto integrante del Mate (Movimiento de Apoyo al Teatro), avalaba la gestión de Brambilla. Bueno sería que no lo avalase, siendo que el Mate propuso a Brambilla como director ejecutivo del INT. Pero el Mate no se ha renovado en su interior (el mismo Cossa admite que sus miembros están viejos) y, aunque no perdió sus contactos ni toda su influencia, no está en condiciones de generar un respaldo contundente.
Como en la Apolo XIII, tenemos un problema que nos puede llevar a no sabemos dónde. Hoy, dejar a Brambilla al frente del INT no es la solución, pero removerlo es peor porque la estructura que creció a su sombra ya no permite que alguien le compita en poder.
Los parches ya no sirven. Esto se soluciona con decisión política. Creo que el Poder Ejecutivo Nacional debería decretar la intervención del Instituto Nacional del Teatro, nombrando un interventor ajeno a la estructura actual del INT con plenos poderes y el objetivo de normalizar su actividad, a la vez de consultar a la comunidad teatral para presentar en el plazo de un año un proyecto de ley que reemplace la 24 800, incluyendo una reformulación de la estructura y el funcionamiento del INT.
Si no, sospecho que seguiremos viendo agonizar al elefante.

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