2) Al título de la obra le sigue esta frase a modo de copete: “El arte puede ser para todos”. Pero el relato de Mineros no parece decir eso, sino que el arte es lo que una clase iluminada valida como tal. Porque eso es lo que nos cuenta, eso es lo que se reproduce en el escenario: unos señores mineros se ponen a pintar, y aunque pintan cuadros no tendrán el estatus de artistas hasta que una señora rica ponga el ojo en ellos y les abra las puertas de la alta sociedad y sus circuitos de consumo. Otra discusión, que no daré pero que merece ser pensada, es qué sentido tiene proclamar desde un teatro que “el arte puede ser para todos” con una entrada que oscila entre los $ 120 y los $ 180. Pero, en general, la obra es tibia, y me atrevería a decir que eso se debe a que está atravesada por una corrección política que por momentos llega a ser exasperante. Porque la corrección política implica una mirada de mesura, de equilibro, de cuidado que poco tiene que ver con las tensiones que pide un texto dramático, tensiones que aquí existen pero están siendo siempre escamoteadas por tensiones da cabotaje, cositas del momento (los enojos del tío con su sobrino, el debate sobre si la modelo debe o no desnudarse, etc.). Y hay más: el texto es políticamente correcto pero también los personajes lo son, todos son buenos, todos bienintencionados, todos con ideas claras y generosas.
3) Algunos recursos técnicos merecen ser observados. El delineado que se hace en el espacio escénico del cuadro de Van Gogh parece más apropiado para el asombro de los niños en Disney Channel que para sostener este relato atado hasta ese momento a su ubicación temporal (recordemos que es 1934). La percepción que tengo de la iluminación es que sólo se modificó para los apagones (los demasiados apagones) que separan escenas; no registré en ningún momento un expresivo cambio de luces que planteara algo más que un gradual encender y apagar las luces. La escenografía es aparatosa (¡qué pretensiosa se ve esa zorra cuando se mueve!) y poco creíble al recrear el ámbito laboral de los mineros.
4) La maquinaria que fabrica éxitos de taquilla y de crítica fue puesta en funcionamiento de inmediato, de manera que Mineros será otro hito en la cuenta bancaria de Pablo Kompel, su productor general (y eso es inobjetable dado que es lícito, que para algo vivimos en una sociedad capitalista). Pero de ahí a comprar las loas que ya circulan en torno a Mineros hay un largo trecho que seguramente no pocos nos negamos a recorrer. Con Clarín a la cabeza, que con la firma de Rafael Granado ofrece un panegírico que termina así:
Multipremiado en la Argentina y en el exterior, capaz de abordar cuestiones muy distintas, Javier Daulte construye una puesta ágil, genera climas cambiantes, confirmando que es actualmente uno de nuestros teatristas más sólidos y talentosos. (…) suscriben solventes actuaciones Patricia Echegoyen, Milagros Almeida (asume un fugaz desnudo total) y Juan Grandinetti (hijo de Darío). La escenografía de Alberto Negrín (que utiliza modernas tecnologías) eleva el nivel visual de esta historia que habla de la importancia del arte como un viaje interior.Y me detengo en un solo punto: si de la rica actuación de Juan Grandinetti sólo podés decir que es el hijo de Darío, tenés más horas frente al programa de Viviana Canosa que horas viendo teatro. Y a ese público te dirigís. (Y vuelta a la primera anotación.)
El frenesí laudatorio es tal que todo se invierte y la crítica termina tomando como valor aquello que fue aplaudido. Es el punto más aberrante de la crítica del que tengo memoria, porque en lugar de darle elementos al público para leer la obra, se toma su reacción como parámetro. Y hablando de frenesí laudatorio, el final de la nota que escribió Gustavo Martín Scuderi en Red Teatral:
Párrafo aparte merece la excelente escenografía de Alberto Negrín, a tal punto que el mero cambio de la misma provoca en los espectadores un aplauso espontáneo, genial! Sublime el momento en que los protagonistas entran literalmente a un cuadro de Van Gogh, actualmente en el Museo D`Orsay.Si algo indica que el público aplauda un cambio de escenografía no es la buena calidad de la escenografía, sino la baja calidad del público. Quizás era gente que sale muy poco y nunca había estado en un teatro, qué sé yo.
Un espectáculo impecable por donde se lo mire, destinado a ser un éxito y se lo merece con creces!
Pero hay más. Ahora también hay gente de la academia que hace eso. En la emisión del sábado 21 de enero del programa Postales argentinas (Radio Nacional, AM 870), Grissy Santomauro dijo lo siguiente:
El día del estreno hubo un aplauso a un cambio de escenografía. Impresionante.Y en ese mismo programa (repetido el sábado 28 de enero sin advertencia alguna al oyente), su conductor, el más prolífico autor de libros teóricos sobre el teatro de la historia argentina, Jorge Dubatti, avalaba la admiración de Santomauro con un “Negrín es un capo”, sustrayendo todo pensamiento sobre la tarea de ese escenógrafo pero haciendo una evidente validación de su trabajo. Del que hablaba por boca de ganso, ya que no sabía de qué se trataba: instantes después él mismo dijo que no había visto aún la obra, lo que no le impidió etiquetar esta puesta de Mineros como “teatro comercial de arte” (tomá nota del concepto antes de que se venga el libro sobre eso).
Digresión: me permito agradecerle a Alejandro Cruz por su palabra en disidencia con la oleada.
5) Lo que más ruido me hace –a fuer de andar por el teatro porteño– es por qué Javier Daulte dirigió este proyecto. Porque Mineros es bastante solemne, con inocultables pretensiones didácticas y apenas menos moralizante que Benedicto XVI. Es decir, una obra que no parece entrar en el universo de Daulte, de quien él mismo dice en su ficha de Alternativa Teatral:
Javier Daulte es dramaturgo, guionista y director de teatro. Sobre todo desde que empezó a dirigir sus textos, su personal manera de abordar el teatro polemiza con algunos principios que se suponen indiscutibles. Es por eso que algunas de sus certezas se traducen en los siguientes axiomas:Por eso, me sorprende que Daulte haya aceptado dirigir un texto que contradice, al menos, algunos de sus axiomas, porque a los pocos minutos de iniciada la función se comprende que Mineros sí pretende cambiar la realidad y transmitir ideas e incluso mucho más, porque baja línea en todo momento.
El teatro no puede cambiar la realidad, el teatro es realidad
El teatro es necesariamente innecesario.
El teatro es, por defecto, inofensivo y optimista
El teatro es un acto de celebración
Los mayores enemigos del teatro son la solemnidad y la frivolidad
El teatro no intenta decir, sino que dice
El teatro no debe transmitir ideas, sino inventarlas
El teatro no es importante
Al teatro sólo le interesa el teatro
El teatro es ante todo un juego reglado
* Antes de que algún idiota dispare para ese lado, advierto que no estoy cuestionando a Jorge Marrale ni a sus ojos. Aunque es necesario decir que su actuación monocroma y siempre afectada dista de lo que puede dar un intérprete de su talla.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Mineros en este link a Alternativa Teatral.
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