Edición undécima de Montaje Decadente. Encontrala
en:
Anfitrión, Belisario, Del Abasto, El Camarín de las Musas, El Fino, El Laberinto del Cíclope, Timbre 4.
Pronto, en otras salas (a medida que retomen su actividad),

viernes, marzo 25, 2011

// Hugo Midón

“¡Que apaguen, si son tan brujos, la llama ardiente de la pasión!”
Decías eso, Hugo, en 1997, en esa epopeya arratonada, rantifusa y desbordante de humanidad que fue Hotel Oasis. El desafío de toda esa obra, y especialmente el de esta frase, le ganaba por paliza a cualquier papanatas o perverso de moda en esos años, se llamase Fukuyama o Menem. Nadie mejor que vos nos enseñó que también se resiste sonriendo, cantando y bailando.
Yo sé que te fuiste al Hotel Oasis. Con todos esos crotos y marginados que con tanto amor y valentía defendiste una y otra vez.
Es verdad que te fuiste temprano, pero los tipos como vos siempre se van mucho antes de lo que los demás quisiéramos. Además, no solo nos queda tu memoria: acá quedan vivitos y coleando cientos de artistas a los que les metiste pajaritos en la cabeza. Porque (vos bien lo sabías) nadie es tan brujo como para apagar la llama ardiente de la pasión.
Chau, Hugo.


martes, marzo 22, 2011

premios // Premios Florencio Sánchez 2010

Anoche se entregaron los Premios Florencio Sánchez a la actividad teatral en nuestra ciudad durante 2010.
A continuación, las ternas, encabezadas por quienes recibieron los respectivos premios (destacados en negrita). Luego, algunas consideraciones.

Actriz protagónica
Paola Barrientos (Estado de ira)
Marcela Ferradás (Las primas)
Marta Lubos (Cómo estar juntos)
Mirta Bogdasarian (El box)

Actor protagónico
Joaquín Furriel (La vida es sueño)
Iván Moschner (El panteón de la patria)
Marcelo Bucossi (Ofensa)
Pompeyo Audivert (Marathon)

Actriz de reparto
Silvia Bayle (Cómo estar juntos)
Andrea Garrote (Todo)
María Inés Sancerni (Cómo estar juntos / Estado de ira)

Actor de reparto
Pacha Rosso (La vida es sueño)
Daniel Goglino (Ofensa)
Germán Rodríguez (Absentha)

Dirección
Alejandro Catalán (Amar)
Ciro Zorzoli (Estado de ira)
Rafael Spregelburd (Todo)

Escenografía
Alicia Leloutre (Un Dios salvaje / Proyecto vestuarios)
Félix Pradón (El panteón de la patria)
Jorge Ferrari (La gran magia / Las primas)

Iluminación
Alejandro Catalán / Matías Sendón (Amar)
Eli Sirlin (El descenso del Monte Morgan / Estado de ira)
Gonzalo Córdova (Proyecto vestuarios / La inhumana)

Vestuario
Mariana Polski (Proyecto vestuarios / Un Dios salvaje)
Magda Banach (El panteón de la patria)
Renata Schussheim (La gran magia)

Música
Patricia Casares (El panteón de la patria)
Daniel Vila (La inhumana)
Federico Marrale (Las primas)

Autor nacional
Romina Paula (El tiempo todo entero)
Diego Manso (Cómo estar juntos)
Marcelo D’Andrea (El ardor)

Musical
Dijeron de mí
Concha Del Río Cabaret
La inhumana

Mejor actor en musical
Marcos Montes (Tatuaje)
Fernando Dente (Despertar de primavera)
Mariano Chiesa (Avenida Q)

Mejor actriz en musical
Virginia Innocenti (Dijeron de mi)
Karina K (Sweeney Todd. El cruel barbero de Fleet Street)
Natalia Cociuffo (Chicago)

Mejor actuación en unipersonales
Marcelo D’Andrea (El ardor)
Osky Guzmán (El Bululú)
Virginia Innocenti (Dijeron de mí)

Revelación femenina
Paloma Contreras (Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia / 1810)
Cristina Maresca (El sepelio)
Mercedes Torre (El pasado)

Revelación masculina
Juan Grandinetti (Proyecto vestuarios)
Nicolás Dominici (Voces de familia)
Pablo Sigal (Los talentos)

Espectáculo extranjero
Futuros difuntos (La Zaranda, España)
La estrella de Sevilla (Cía. de Teatro Clásico de España)
Marzaborro (Bottega Mateo Belli, Italia)

Trayectoria: Elena Tasisto y Ricardo Monti

Vamos por partes.
La ceremonia fue conducida por Teté Coustarot, o lo que de ella ha quedado tras tantas operaciones con las que ha perdido su belleza para convertirse en una careta que ya vemos en muchos otros cráneos. Pero más allá de esta consideración de sus problemas para asumir las marcas del paso del tiempo, ¿qué significado tiene Teté en una entrega de premios teatrales? Ninguna. Podrían haber contratado a Wanda Nara para esa tarea y se ahorraban unos pesos aunque, admito, la dicción no es la misma.
Sigamos por algo que evidencian las ternas. Que me provoca tanto enojo como contradicción porque conozco y respeto mucho a dos miembros del jurado, que son Ana Seoane y José Miguel Onaindia, pero el resultado habla de que o vieron poco teatro o que se quedaron con lo seguro, lo que cae bien, lo que complace.
No en todos los casos, por supuesto. ¿Cómo no celebrar todo lo que se premie a Paola Barrientos por su actuación en Estado de ira? Pero en muchos casos se premió mal. Y no hablo de gustos. Decir que el mejor protagónico masculino de 2010 fue el de Joaquín Furriel en La vida es sueño es una afirmación infeliz, que invisibiliza a decenas de grandes intérpretes que se lucen en los escenarios porteños pero, claro, jamás salieron en la tapa de Gente. Y premiar a un actor que fue, es y será tapa de Gente garantiza que “el gran público” esté de acuerdo con el jurado y con el premio. Una abdicación de lo que significa la tarea de jurado: valorar sin dejarse llevar por los condicionamientos. Que de eso estamos hablando, porque la fama, la prensa, las tapas de las grandes revistas, la opinión de “la gente” condicionan; eso es indiscutible.
Sigamos. Nominar a Spregelburd como director por Todo junto a Alejandro Catalán por Amar y a Ciro Zorzoli por Estado de ira es pura nostalgia por aquel chico terrible que ya está grande como para empezar a ponerse a laburar en serio y dejar de vivir de réditos pasados. Está bien: no fue premiado, pero parece una exageración reconocer tanto mérito en el enésimo jueguito esnob de Spregelburd, cuyas últimas obras son apenas manotazos para exhibirse más banana que antes, y que sigue a flote gracias a que tiene en un puño a un par de instaladores de falsedades que le siguen dando calce y afirman que sus pedanterías son obras maestras.
Dos cortitas: se nominaron dieciséis obras o artistas en obras presentadas en teatros públicos, un número proporcionalmente muy alto y fácilmente discutible; y Concha del Río Cabaret, que merece de sobra ser premiado, no tenia nada que ver en el rubro Musical.
Y las revelaciones... Podrían haberle puesto “Premios a los Hijos de”, y al menos agradecíamos la honestidad. Sólo lo señalo como una cuestión de decoro. Ni siquiera objeto nada en el caso de Paloma Contreras (a quien olvidaron en los premios identificar con sus dos apellidos, pues siempre aparece como Contreras Manso, no sea cuestión que se le escape el abolengo), pues no vi ninguna de las obras por las que fue premiada, pero acerca del premio otorgado a Juan Grandinetti por Vestuario de hombres sólo puedo decir una cosa: ¡dejate de joder! ¿Qué reveló el pibe? Y no digo que no pueda ser un buen actor, pero la obra no le pedía más que cara de asombro y un poco de pogo, y con eso no se revela nada ni nadie.
Nos quedan tres consuelos: los premios a la trayectoria para Elena Tasisto y Ricardo Monti, y el premio especial de quinientos dólares para Escena (Espacios Escénicos Autónomos), entidad formada por Abrancancha, Escalada, El Crisol, Teatro del Perro, El Pacha, Vera Vera, El Brío, Espacio Polonia, Querida Elena, Ladran Sancho, Club Cultural Matienzo, Club de Teatro Defensores de Bravard, Elefante, Atípica Machado, Granate, Oeste, Colectivo Escena, Calabaza Producciones y El Paraíso. Escena, con celeridad y grandeza, decidió entregar ese dinero para apoyar la producción de Km. 29, un trabajo de danza ideado y dirigido por Juan Onofri Barbato que vincula a cinco jóvenes de González Catán en riesgo de exclusión con un grupo de artistas. Ah, sí: cuando se quiere, se puede.

lunes, marzo 21, 2011

la revista // Texto de presentación de la revista Montaje Decadente

Para quienes aún no hayan conseguido un ejemplar, para quienes lo tuvieron y lo regalaron, o para quienes están lejos, va aquí el texto con que presentamos el proyecto de la revista Montaje Decadente.
De desembarcos y conquistas
El lanzamiento de esta revista no es un inicio, sino un desembarco. Es poner pie en nueva tierra después de un largo viaje. Puede que la nave haya sido ese blog que, bautizado caprichosamente, hoy le da nombre a esta publicación.
Aunque más preciso que hablar de desembarco es decir que desembarcamos, pues hay un nosotros sostenido en lo que nos une: las artes escénicas. Actuando, dirigiendo, escribiendo, debatiendo, investigando, enseñando y viendo teatro y danza. Pero no pretendemos hacer ningún despliegue de lo que traemos transitado, sino utilizarlo para ir a por más: nuestro bagaje no es mercancía en venta, sino el motor que acrecienta nuestro deseo. Y desembarcamos para continuar el viaje pues hay mucho más por descubrir y compartir.
De todos modos, no es por generosidad que vamos a compartir lo que tenemos, sino por pragmático egoísmo: sabemos perfectamente que nuestro placer se multiplica cuando logramos que otras personas también lo experimenten.
Sí, lo admitimos: queremos contagiarte. Pero no de cualquier manera.
Nos proponemos hacer periodismo teatral (y en el término teatral incluimos lo relativo a la danza, tan relegada siempre que ni siquiera se adjetiva en nuestro idioma). Algo que parece apenas existir hoy, pues sobreabunda un periodismo de espectáculos que difunde basura generada en las necesidades de la industria del entretenimiento y una academia que en su afán de especificidad se distancia de su objeto a punto casi de desconocerlo.
Sí, nos proponemos hacer periodismo teatral, y esto nos lleva a abocarnos tanto al hecho escénico como a cuestiones políticas, coyunturales, históricas, éticas e ideológicas que siempre están presentes y atraviesan a todo artista, incluso a quienes (con falsía o ignorancia) atribuyen a sus trabajos una asepsia que, de existir, insultaría la capacidad transformadora del teatro y de la danza. Así, pues, también nos interesaremos por las decisiones del Estado que afectan la actividad, los funcionarios con injerencia en el área, los concursos y premios que deseamos sean incuestionables por el honor que merecen sus beneficiarios, las tensiones internas entre artistas derivadas de cuestiones estéticas o éticas, la gestión de los teatros públicos, el uso de los presupuestos y un largo etcétera. Porque todo eso también ayuda a entender los contextos en los que hoy se crea el teatro y la danza en Buenos Aires.
Sí, es cierto: queremos aportar a que se entienda más para que se disfrute más.
Pero salir del cofrecito de la sola opinión estética nos lleva irremediablemente a tomar partido, porque defendemos un teatro y una danza que, terminada la representación, nos devuelven a nuestro cotidiano con preguntas que podrán hacernos mejores personas, y detestamos que desde un escenario se nos diga que está todo bien y que podemos seguir adelante sin cambiar nada del mundo ni de nuestras vidas, complacencia montada apenas para llegar a nuestros bolsillos sin siquiera rozarnos el corazón.
Algo más sobre esto: la pendencia no es pose ni actitud tomada de antemano, sino que surgirá sola cuando la concepción del teatro y de la danza que defendemos se encuentre con comerciantes facilistas de la escena, con vacas sagradas que quieran hacer la plancha en la Pelopincho de su fama, con vendedores de humo que sin mérito han pasado a ocupar lugares que no merecen. Porque no hacemos esta revista para tener amigos, para adular y caer bien y recibir palmaditas de gratitud. No queremos complacer, aunque sí disfrutamos de participar el placer (otra vez esta palabra) que surge del ideario y del idioma compartidos. Y ahí, por supuesto, estrecharemos lazos, pero no porque necesitamos quien nos acompañe a una fiesta tecno, sino para construir en común.
Digamos también que buscaremos escuchar muchas voces. Pero no todas, porque nadie puede tanto, y además tenemos la decisión de no darle espacio a quienes ya tienen demasiados canales y demasiado poder como para darles más, ni tampoco a los chantas que hasta inventan palabras para hermetizar su discurso e impedir así todo cuestionamiento. Para todo eso desembarcamos. Y no para conquistar, pues si llegamos hasta aquí es porque el teatro y la danza nos han conquistado a quienes hacemos esta revista. Sí, por supuesto: hacemos Montaje Decadente para que el teatro y la danza te seduzcan y te conquisten.
(Revista Montaje Decadente, número 1, marzo de 2011,
página 4.)

viernes, marzo 18, 2011

teatro // Esa no fue la intención, de Joaquín Bonet, según Ezequiel Tronconi

Qué divertido resulta ese lapso de la vida en el cual los varones nos extendemos la licencia para seguir boludeando pero que, a la vez y por una mera cuestión cronológica, hemos adquirido el título de emancipados ante la ley. Divertido porque es la única ocasión en que van de la mano situaciones tan contrapuestas como son las que se originan en la responsabilidad civil y en la irresponsabilidad conductual. Y ahí, haciendo –aun sin quererlo– los pinitos en la adultez, es donde encontramos a Iván, Juan, Mauro y Esteban, los cuatro tempranos veinteañeros que protagonizan esta historia.
El relato se va desarrollando entre cervezas, faso, charlas sobre minas, planes de salidas, charlas sobre minas, canciones, peleas, charlas sobre minas, algunas dificultades con el mundo (padres, jefes, etc.) y charlas sobre minas. Y no solo se habla, sino que también se ejerce, de manera que aparece Ingrid y las cosas se enturbian porque los amigos son de hierro, sí, pero cuando hay que marcar territorio, algo se oxida.
Dicho así, Esa no fue la intención parece uno de los tantos entretenimientos para twenteenagers que circulan por la caja perversa (la que antes era boba) e incluso por nuestros escenarios. Pero no lo es: el sólido universo interior de los personajes –complejos aun en sus momentos de máxima superficialidad–, la fina y rica trama de sus vínculos y la notoria y enorme libertad con que fueron creados son garantía de un meritorio hecho teatral. Logro que se alcanza tras una fecunda confluencia. Veamos de qué.
Ante todo, la base indiscutible que es el texto de Joaquín Bonet. Y aquí, un dato biográfico de mucha importancia: Joaquín escribió este texto a los 24 años, casi como sus personajes, ostentando ese saber que sólo puede ofrecer quien está muy cercano a ellos y, a la vez, muy bien plantado como para llegar a tales observaciones y así delinearlos con verdad. Tanta verdad que, pasados casi doce años desde su escritura, Esa no fue la intención sigue tan vigente como si hubiera sido escrita ayer. Y no es que los tempranos veinteañeros no hayan cambiado a lo largo de un decenio, sino que el texto tiene raíces en lo profundo de los vínculos de los varones de esa edad… y de otras edades también.
(Breve digresión: tras escribir la línea anterior, me doy cuenta de que al empezar esta nota hablé de un nosotros al referirme a los varones de veintipocos años, de manera que yo mismo, que ya pasé hace veintimuchos mis veintipocos, pude verme a mí y a mis amigos en esos personajes. Se me ocurre, entonces, que los buenos textos no sólo se mantienen actuales, sino que probablemente hasta pueden resultar vigentes para tiempos anteriores a su escritura.)
Luego hay que hablar del elenco, que gana muchísimo por la precisión del casting. Yo no sé –y, la verdad, tampoco me interesa, pues lo que vale es el resultado– si el elenco se eligió entre amigos o mediante una convocatoria abierta, pero lo que sí sé es que los personajes parecen hechos a medida. De desconocer que este texto fue estrenado con otro elenco hace once años, cualquiera caería en el error de considerar esta pieza como fruto de la dramaturgia de los actores. Pero no. Aquellos personajes plasmados por Bonet han encontrado su vida y renovación en estos intérpretes. Nadie mejor que Andrés Ciavaglia para interpretar a ese Esteban descolgado, aparentemente básico por esa explícita y permanente conexión con sus necesidades básicas nunca del todo satisfechas, lo que a la vez lo presenta con una honestidad descarnada y carnal que lo torna una celebración de la vida en dos patas. Otro tanto con Juan, ese flaco que saber hacer convivir en su corazón sueños y responsabilidades (el yerno que casi toda madre desea) que compone Maximiliano Zago a la perfección. Lo mismo con el esquemático, hiperplanificado, acotado, contenido y estricto Mauro, ese al que Horacio Nin Uría resuelve con solvencia, aportándole calidez sin dejar de delinearlo como el nerd del cuarteto. Y Pablo Correa, que le da cuerpo y vida a ese Iván que parece venir mascullando desde hace años las contradicciones y enojos que lo atraviesan y, a la vez, respeta a rajatabla el límite que tiene el personaje en la escritura: jamás se lo puede juzgar pues construye a ese pendejo mal llevado dejándonos sospechar heridas, dolores que no puede soslayar. Y Agustina Gutiérrez, que lleva adelante el desafío de dar presencia al único personaje que no es protagonista en los roles: Ingrid, la mujer que irrumpe entre tanta testosterona, que al mismo tiempo es quien realmente protagoniza su vida entre tantos varones que andan a los tumbos.
Finalmente, la mano del director. Le debemos una puesta sencilla y clara, un buen manejo del ritmo, un cuidado equilibrio de las energías e incluso sugerir una atmósfera que le impone a nuestra imaginación olores a cerveza, aceite rancio de una caja de pizza que se perdió bajo un mueble y zapatillas inescrutables. Pero Ezequiel Tronconi no pretende hacer notar su firma en el trabajo, sin por eso caer en convencionalismos. Y aunque ya ha dirigido cuatro obras de su autoría, ha ganado muchísimo aquí con el cuidado que evidencia ante un texto que no le pertenece.
No sería justo cerrar esta nota sin nombrar a los productores, que son el mismo Bonet y Sergio Surraco, respectivamente director y uno de los actores de la puesta original de esta pieza, en 2000. Hay algo de fiesta y de generosidad en su apuesta. Y eso, en el origen de un proyecto, también suma.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Esa no fue la intención en este link a Alternativa Teatral.

miércoles, marzo 16, 2011

la revista // Un reportaje en Alternativa Teatral

Amables ecos de la salida de la revista Montaje Decadente: Alternativa Teatral publicó un reportaje que me hizo Edith Scher, con quien disfrutamos estar a uno y otro lado del grabador. Mi agradecimiento a ella, a Javier Acuña por acompañar también asi este emprendimiento editorial, a Silvana Miyashiki (que logró que salga en las fotos algo menos pétreo que de costumbre), y a Paulo Ricci, que nos permitió usar las instalaciones de Beckett Teatro para hacer este reportaje y sus respectivas fotos.

lunes, marzo 14, 2011

dubatti // Un recortecito para cuidar maxikioscos

Revista Ñ, edición 389 (sábado 12 de marzo de 2011), sección Escenarios, páginas 34 y 35. Título: La violencia como ritual político. Copete: “En su obra de teatro ‘El box’, repuesta en el Sportivo Teatral, Ricardo Bartís despliega una metáfora de la Argentina a través de la historia de una boxeadora que festeja su cumpleaños”.
Uy, qué parecido al copete de la nota Las aguas bajan turbias…, publicado en la edición 284, del sábado 7 de marzo de 2009, de la misma revista, que decía: “’La pesca’, celebrada obra de Ricardo Bartís, vuelve a la cartelera porteña luego de triunfar en el exterior. Una metáfora del país tras la dictadura”. ¿Será que el autor de ambas notas cree que Bartís es destacable porque su particularidad es hacer metáforas? ¿Es una extrañeza hacer metáforas en el teatro?
Ah, claro, faltaba el dato: el autor de ambas notas es el prologuista y neologista Jorge Dubatti.
No vamos a adentrarnos en la nota sobre El box, sino apenas señalar una omisión del primer párrafo, que termina con la siguiente oración:
Originalmente, El box se iba a estrenar en mayo de 2010, en el espacio subterráneo del Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), en ocasión de las fiestas del Bicentenario, pero Bartís decidió retirar el proyecto del dominio de la producción oficial y montó la obra en su propio teatro independiente.
Al decir “en ocasión de las fiestas del Bicentenario”, Dubatti asocia este estreno con las celebraciones del pasado mayo, organizadas por el Estado nacional, dejando caer así el problema de la partida de Bartís por las cercanías de la Casa Rosada cuando, en realidad, se trataba de una coincidencia con la reapertura (en su centésimo segundo aniversario) del Teatro Colón a cargo del Gobierno de la Ciudad, reapertura que terminó limitada a una grotesca gala para ricos y famosos, sumada a un lamentable no-almuerzo de Mirtha Legrand. Nótese que el escribidor se refiere luego a la “producción oficial” sin aclarar a qué orbita oficial pertenecía ese inacabado plan.
¿Imperio de la casualidad? ¿Exigencias de la brevedad? Quizás. Pero conociendo el paño, no resulta aventurado pensar que Dubatti haya pretendido quedar bien parado ante el medio en el que escribe y su alineamiento con el ejecutivo de la Ciudad, a la vez que cuidarle las espaldas a ese mismo Gobierno en el que seguramente morderá algo con el retorno de Darío Lopérfido al FIBA. Bueno, no hay que encasillarlo políticamente por esto y concluir que Dubatti es macrista: recordemos que es el primer comunista en el Centro Cultural de la Cooperación, es kirchnerista en Radio Nacional, y es muy pero muy apolítico con las señoras que pagan por ir a su Escuela de Espectadores.
En fin. Hay gente que sabe caer parada en todo tipo de terreno. O que se disfraza distinto según dónde se arme el baile.

jueves, marzo 10, 2011

la revista // Ya salió Montaje Decadente


Ya salió Montaje Decadente. Ya es tuya.
Ya podés encontrarla en Andamio 90 / Anfitrión / Artefacto / Beckett / Celcit / Del Abasto / Del Borde / Del Perro / Del Pueblo / El Brío / Elefante / El Extranjero / El Fino / Elkafka / El Piccolino / Espacio Aguirre / Garrick / Korinthio / La Carbonera / La Tertulia / Ofelia / Payró / Puerta Roja / Timbre 4 / Vera Vera.

viernes, marzo 04, 2011

reportaje // Andrés Binetti

(Entrevista para la revista G7.)

Nació en Bahía Blanca en 1976. Vivió en La Pampa sus años de escolaridad. Vino a Buenos Aires para estudiar Ciencias de la Comunicación. El chico recién llegado se vinculó con artistas de teatro. Y vio teatro. Hasta que estuvo en una función de Máquina Hamlet, por El Periférico de Objetos. “Esto es lo que quiero hacer”, se dijo Andrés Binetti. Y lo hizo.
Recuerda con sincera autocrítica una temprana experiencia, Microfauna, presentada en su estudio: “Fue interesante, pero ahora pienso que estuvo bueno que me haya puesto a estudiar”; puesta en escena en la Escuela Municipal de Arte Dramático, y dramaturgia con Alejandro Tantanián, Daniel Veronese y Mauricio Kartun.
Desde entonces, sus textos son llevados a escena por él mismo pero también por otros directores, así como él ha dirigido textos ajenos. De sus obras vale recordar algunos títulos, no tanto como dato bibliográfico sino porque Andrés Binetti es muy bueno para bautizar sus trabajos: Leve contraste por saturación, Llanto de perro, Ópera anoréxica, Petit Hotel Chernobyl, La Piojera. Un procedimiento justicialista, El peor de los públicos.
Mientras avanza hacia el estreno de dos nuevas obras en 2011, mate mediante se entregó a esta charla.
Cuando te decidiste por el teatro, ¿qué querías hacer?
Me interesaba mucho la escritura. Pero de inmedato necesité que eso se pusiera en escena, y como nadie lo hacía, me puse a dirigir yo. Hoy es difícil que alguien ponga en escena una obra ajena porque se ha perdido la circulación de los textos y, además, es muy poco lo que se edita con riesgo; lo que se publica es lo que está probado, lo que está funcionando ya en un escenario. En este momento, Llanto de perro se está presentando o ensayando en cuatro lugares distintos, pero es toda gente que primero la vio, no empezó leyéndola. El circuito tiene que ver más con lo productivo que con el texto. Y también resta la acadia, que no está muy vinculada con el teatro que aquí y ahora está sucediendo.
¿Cómo elegis los temas que tratás?
Basicamente escribo desde la imagen, que es lo que dicen todos los maestros y es muy cierto: una magen te conmueve, va tomando una dinámica y crece. Y asociás distintas cosas a esa imagen, porque como estás alerta, todo se te aparece, el universo confluye en ese tema. Distinto el caso de Ópera anoréxica, que se originó en un deseo de todo el equipo porque la anorexia nos afectaba a varios. Y era un tema muy presente en ese momento, cuando las publicidades vendían yogures y aguas (gasificadas, para llenarte) con calcio; siendo que lo primero que le pasa a una persona anorexica es que se descalsifica, el mercado estaba asumiendo lugares de enfermedad y se los apriopiaba para el consumo, jugando en un borde en el que el alimento es remedio. Fue un trabajo con momentos muy poéticos, muy conmovedores, y tenía humor. Como todas mis obras, a pesar mío.
Explicá eso del humor pese a vos mismo, por favor.
En las funciones la gente se ríe de lo que a mí no me causa gracia, y las cosas que a mí me matan de risa no provocan risas en el público. Siempre lo que hago tiene algo de humor (no digo comedia ni mucho menos chsite) porque la falta de humor hace que algunas obras se me vuelvan solemnes, y eso aleja al público.
¿El problema con lo solemne es que aleja al público?
No: porque es innecesario en relación al vínculo que vos generás como artista con el público. Cuando ves algo solemene, lo que ves es alguien que se cree mejor que la gente que lo va a ver, que cree que le va a enseñar algo a los demás. Y esos lugares pedagógicos del arte son, para mí, muy peligrosos. Yo le escapo a la intencionalidad didáctica; es muy narcicista, muy egocétrico. Salvo que seas Brecht –y no hay ningún Brecht en la Argentina en este momento–. Por eso pongo en escena mis preguntas, no mis respuestas.
¿Te interesa lo político?
Me considero un autor y director de teatro político. Y creo que debería haber más teatro de lo político. Hay que revisitar Griselda Gambaro, Tito Cossa, Eduardo Pavlovsky y entender que ahí hay algo que está más allá de la actualidad que se relata, que nos habla hoy.
¿Escribís solo, previamente, o junto al proceso de ensayos?
A veces he escrito el texto completo y así se lo estrenó, pero a mí me gusta mucho trabajar con los actores. Eso muchas veces tiene un riesgo, pero cuando sale bien, sale muy bien porque hay un momento de los ensayor en los que el actor termina sabiendo del personaje tanto o más que el autor, y eso es un gran aporte. El actor corrige al autor, y si uno es permeable, aprende. Y ciertas dramaturgias aparecen porque hay una posibilidad actoral que las sostienen. Buenos Aires tiene excelentes actores, con una formación increíble. Los convocás para hacer una obra con el manual del lavarropas y te lo actúan, y probablemente lo hagan muy bien. Creo que tiene que ver con el placer de crear. En eso yo me peleo con la imagen romántica del artista sufiriente: el teatro tiene que dar placer; porque guita no te va a dar más que para vivir con lo justo. Y somos muchos los que estamos conformes con el lugar que ocupamos y en el que producimos; no queremos hacer teatro comercial.