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Edición undécima de Montaje Decadente. Encontrala en:
Anfitrión, Belisario, Del Abasto, El Camarín de las Musas, El Fino, El Laberinto del Cíclope, Timbre 4.
Pronto, en otras salas (a medida que retomen su actividad),
La noticia completa está en la página del FIBA. La cosa es así: serán elegidos seis proyectos a estrenarse durante el VIII FIBA, treinta lucas nacionales para cada quien, excluyente ser de la Ciudad de Buenos Aires, chances de giras por el país con el Instituto Nacional del Teatro. Pero…
La lectura de las bases de esta convocatoria trae sorpresas. Y van algunas observaciones, de atrás hacia delante.
La ejecución del pago (ítem 6 de las bases) será en tres cuotas, quedando las dos últimas supeditadas a que uno de los jurados o alguien designado por “la Dirección Artística del FIBA” (eufemismo por Darío Lopérfido) que asista a una presentación de lo producido hasta entonces asegure que el proyecto está reflejando “efectivamente lo propuesto inicialmente, y que no represente ningún riesgo para su estreno en tiempo y forma dentro del FIBA”. Si no hace esas dos presentaciones, el equipo quedará fuera del festival y deberá devolver el dinero cobrado hasta el momento. Pero hay más.
Si la compañía evidenciara, en estas dos presentaciones preliminares:
1. que no podrá estrenar la obra en la fecha prevista;
2. que aun pudiendo estrenarla deberá modificar el proyecto original;
3. que lo realizado no coincide con lo propuesto en el proyecto presentado a la convocatoria,
en cualquiera de estos tres casos mencionados, la Dirección Artística del FIBA –con acuerdo del jurado– podrá decidir excluir al proyecto y a la compañía del concurso, debiendo ésta reintegrar el dinero que hasta el momento haya percibido en concepto de premio.
Un asunto espinoso, porque ¿cómo se establece la evidencia de no poder estrenar en la fecha prevista, de necesitar modificar el proyecto original o su no coincidencia con lo propuesto? Como siempre y como en todo, entran en juego las subjetividades, pero aquí estamos hablando de una única subjetividad, pues uno solo será quien vea el trabajo y defina su futuro. Y si ese alguien dice que no, ¡a devolver la guita! A poner el vestuario y la escenografía en mercadolibre.com, porque nadie va a estar meses guardando el dinero en un cajón para cubrirse si lo rebotan, sino que lo habrá invertido en producción.
El quinto ítem trae otras sorpresas.
QUINTA. Jurados.
El tribunal a cargo de la evaluación de los proyectos presentados estará integrado por Alberto Ligaluppi, Jorge Graciosi y Carlos Pacheco.
Se tendrán en cuenta:
• Propuesta artística: criterios dramatúrgicos y criterios de la puesta en escena, especialmente la propuesta espacial y de montaje escénico. Asimismo, se tendrá en cuenta la viabilidad de la puesta dentro del espacio escénico propuesto para la presentación de la obra.
Del contenido de las obras, nada. Así, Gerardo Sofovich o Ricardo Fort podrían ganar y participar del FIBA. Pero no sucederá, por pudor progre de los jurados, sin duda. Y algo que resulta insoluble: ¿cómo saber de “la viabilidad de la puesta dentro del espacio escénico propuesto”, si no están diciendo en qué sala se representará?
Pero la perla de este punto es el jurado. Por sus vínculos, Jorge Graciosi parece ser un hombre propuesto desde la actual dirección del Instituto Nacional del Teatro. La idea de un deseo del FIBA de congraciarse con el INT se reafirma con otro de los jurados, Carlos Pacheco, miembro del consejo editorial del INT, director periodístico de la revista del INT (Picadero), responsable del programa de televisión Picadero TV y, si no me equivoco, también a cargo de la prensa del INT, además de ser un reconocido crítico teatral del diario La Nación, cuyo director, Bartolomé Mitre, es el padre de Esmeralda, la novia de Lopérfido, y qué mejor que nombrar a una sola persona para quedar bien por dos flancos. Completa el jurado Alberto Ligaluppi, desplazado director del FIBA tras la renuncia de su co-director, Rubén Szuchmacher, actual director adjunto artístico del Complejo Teatral de Buenos Aires, el mismo que en la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2010 de presentación de la temporada 2011 afirmó que cuando le propusieron la coproducción para llevar a escena Hamlet (que estrenará en julio en el Teatro Alvear), Darío Lopérfido ya no formaba parte del proyecto, mientras todo el CTBA sabe y dice por lo bajo que Mariano Pagani –quien ahora aparece como coproductor– es un simple testaferro de Lopérfido y que éste sigue estando ahí, en ese proyecto, pero que no aparece para mantener las formas (la ética, para qué) dado que como director del FIBA no puede coproducir como particular con un teatro del estado.
Con este trío de jurados, Darío Lopérfido parece estar cubriendo su presente pero, especialmente, negociando su futuro: por las dudas el macrismo se hunda (como todo parece indicar), él está aceitando sus vínculos con gente allegada a la administración nacional.
Y ascendemos en la lista un ítem, el último que tratamos acá.
CUARTA. Del premio.
Cada proyecto seleccionado (6 en total) se hará acreedor a la suma de $30.000.-, la que deberá ser destinada a solventar los gastos de producción (*) y presentación (**) de dos (2) funciones de la obra durante el FIBA, y de una (1) función –si el Instituto Nacional del Teatro así lo dispone– en el marco del Circuito Nacional de Festivales “El País en el País” organizado por el INT (***).
(*) Entiéndanse en tal sentido como gastos de producción: diseño y realización de escenografía y vestuario, alquiler de sala de ensayos, composición y/o grabación de música, alquiler de equipamientos ad-hoc, etc.
(**) Entiéndanse como gastos de presentación de la obra: alquiler de sala, equipamientos adicionales, fletes varios, etc.
(***) En el caso de la función mencionada, si bien –al igual que en las presentaciones a realizar en el marco del FIBA- la compañía no cobrará cachet por la función, el INT cubrirá todos los gastos de movilidad, alojamiento y comida que correspondiera, así cómo también la sala y técnica necesaria, de acuerdo a la localidad donde eventualmente sea programada la presentación.
Las y los artistas no van a ver un peso. ¿Te quedó claro? Eso es cultura macrista. Eso es planificación Lopérfido. Eso es lo que cualquier pelotudo podía suponer desde que se supo que el ex sushi dirigiría el FIBA.
Y a quienes siguen pensando, deseando participar del próximo FIBA, por favor, después no se quejen de lo que opinaremos desde afuera si aceptan convertirse en cómplices de la explotación de los artistas en tanto trabajadores.
1) Pero ¿qué pasó con Las estrellas nunca mueren? Te aseguro que algo anda mal en esta versión supuestamente humorística de ¿Qué pasó con Baby Jane? pues no llega a ser graciosa, no capitaliza las poderosas imágenes que el director Robert Aldrich creó en esa película ni mucho menos es creíble en los breves, brevísimos instantes de pretendido e incoherente dramatismo. El problema está en la base: no hay guión, sino una sarta de diálogos que intentan ser provocadores. Y digo que no hay guión porque jamás debe haber estado en el horizonte de los autores crear una dramaturgia. Un guión, sí, como para un sketch largo, muy largo de televisión, bien facilongo y chatito. Y ahora, Google mediante, leo una nota aparecida en Clarín donde vengo a enterarme de que Eusebio Poncela creyó una virtud alejarse del original (“Pueden venir tranquilos los de la Warner, dueños de los derechos de ¿Qué pasó con Baby Jane?, a vigilarnos que no encontrarán nada del clásico original”) a la vez que imaginó cosas que jamás acontecen: “No es una parodia, odiamos la parodia y la caricatura, es muy verídica, auténtica, donde cabe la poesía, el humor, la tragedia, el melodrama y el resultado es un espectáculo visual impresionante que no se parece a nada”. ¿Qué querrá decir “verídica” en boca de Eusebio? Yo no logro saberlo. Y tampoco qué entiende por parodia al negar que la hayan transitado, porque es muy paródica la aparición del padre muerto y embalsamado, así como el superficial indicio de la relación lésbica entre Flor y Ramona.
2) Facilongo y chatito, y es eso. Porque toma todos los atajos para llegar a lo más estúpido del público y despertarle una risotada. Y no te estoy planteando que el teatro deba ser serio, no; pero el teatro, cuando quiere entretener, no necesita competir en la vileza del más barato humor televisivo. Ya resulta indignante ver en la cartelera una producción comercial más en la que se busca la reacción de público con las palabras concha, pija y ojete. Y no es por la palabra en sí, más vale, porque podés reírte a carcajadas si un amigo te señala un culo por la calle y te dice, bien dicho: “¡Pero mirá ese monumento al ojete!”. No, claro: es el uso vano de las palabras. “Chupa, chupa, chupa…” es la letra de una canción que canta Humberto Tortonese, ¿y hay que reírse acá también? Y sumás y sumás hasta que pensás que, realmente, quien supone que con una sarta de esas palabras está dando entretenimiento o diversión o simple pasatiempo, es una persona de mierda (para decirlo en términos que puedan ser entendidos por esas personas). Estamos en 2011, che. Se entiende que poner más basura en la cabeza de la gente hace que más gente esté dispuesta a pagar $ 130 (sí, ciento treinta esos) para ver más basura, pero es de esperar algo más. Y ese algo más lo esperamos de los actores, del director, de los productores e incluso del Paseo La Plaza, que no va a entrar en cesación de pagos por prestar sus escenarios para algo más digno. Sí, es un tema. Es el tema de un arte que un día lo rebautizaron industria cultural. Para bien de los mercaderes, no del arte, se sabe.
3) Estamos en 2011, che. Humberto Tortonese puteando y haciéndose la desaforada ya es algo muy viejo. El Parakultural cerró, y si abriera, se harían otras cosas. Según desde dónde lo mires, decepciona o entristece ver a Humberto revoleando una botella y salpicando agua sobre las primeras filas de la platea, como remedando aquellas reales y hasta violentas provocaciones al público que generaba junto a Urdapilleta. Y ya que te cuento de él, no hay caso: no puede con los textos. Otra vez se olvida textos. No sé si una palabra o diez líneas, pero sí se nota que se equivoca, que se confunde, que se traba. Y habiendo tantos actores buenos, ¿por qué Humberto? Porque hay gente que lo sigue, y otra lo irá ver apenas recuerde que una vez lo vio en televisión. Si lo ves así, hasta podés pensar que a los productores no les importa la calidad del laburo de Humberto (que no tiene calidad), sino usarlo como anzuelo. Y eso es una cagada para el mismo. Alguien debería decirle a que siga en la tele y en la radio, donde funciona bien y está a la altura de lo que esos medios exigen, pero que no se exponga más en teatro. A no ser que se junte con Urdapilleta para hacer funciones en un ciclo sobre la contracultura de la primavera alfonsinista. En serio. Lo que hace sólo es bueno para su chequera, que ni para el resto de su anatomía le sirve.
4) Y si Humberto decepciona o entristece según desde dónde lo mires, la actuación de Eusebio Poncela te enoja desde cualquier ángulo. Porque al menos a Humberto le pasa su loco desborde, pero a Eusebio no le pasa nada. Nada. Está empujando a un personaje muerto mientras acciona los hilos de su cuerpo para llegar a cada movimiento. No hay vida en lo que hace. Parece que sus músculos transitan entre poses aprendidas de un manual de declamación corporal. Y no es porque su personaje fue una actriz del cine de los años 30, no es por la pose de Flor del Río, porque cuando ésta debe expresar alguna emoción descontrolada –como cuando su hermana le hace alguna de las innúmeras maldades–, Eusebio logra que Flor transite la desesperación, el pánico y la angustia como fumada con el mismo porro. Además, su voz se escucha tan inexpresiva que pensás que le anda mal el micrófono. Después te das cuenta de que el micrófono anda bien, porque cuando él toma unas pastillas, el ruido de estas al caer parece una sinfonía de Mahler comparado con la monotonía aplastante de eso que sale de las cuerdas vocales de Eusebio.
5) Y traé de nuevo a Humberto y a Eusebio, que ahora le sumamos a Facundo Fuentes de la Oca y hablamos de la dirección. Empecemos por la puesta. La noción del espacio no existe: arriba, abajo, adentro, afuera, todo puede estar donde se les cante a cada momento. La gente que viene de afuera viene de afuera izquierda y de afuera derecha. ¿Que cómo es eso? Ah, yo tampoco lo entendí. No es lo único. El pasillo que lleva a la habitación de Flor, ¿es paralelo a la vereda? La puerta de la habitación de Flor, ¿a veces da a la calle? Y más que pasillo, escalera, no tanto por seguir la película que se supone habían querido versionar, sino porque es necesario que haya una escalera (jamás nombrada, mucho menos vista) para explicar por qué Flor no puede salir con su silla de ruedas y por qué llega sin ella al teléfono de la sala. Y el uso del espacio es horroroso. ¿Qué hace Poncela en la silla de ruedas contra el lateral izquierdo? ¿Se está escondiendo detrás del enorme parlante o fue una decisión que esté arrumbado en ese costado? ¿Y para qué? Y la barra semicircular que desentona con todo, ¿la pusieron para apoyar botellas? Y el coso ese en el que aparece Flor como crucificada vip (¡qué vulgaridad de imagen!), ¿qué es? ¿Lo hizo Elvira en sus ratos libres, soldadora en mano, siguiendo los planos que le mandó John Doe, el asesino serial de Seven? Porque parece la obra de un psicópata consumado, no de una vieja loca. Y si en las botellas de gin hay agua, ¿les costaba mucho poner Coca sin gas en la cafetera? Porque queda muy de “juguemos a las visitas” cuando Elvira toma café con Ernesto y todo es aire. ¿Y qué canal estaba mirando Facundo Fuentes de la Oca durante los ensayos? Porque podemos convenir que Eusebio y Humberto estaban adentro de las escenas, que por eso pueden no haber tenido una mirada precisa sobre la puesta (aunque para evitar eso debieron contratar un director, ratitas), pero, en serio, ¿qué aportó Facundo Fuentes de la Oca? ¿No vio nada durante los meses o semanas o días de creación de todo lo que está mal, pero mal con ganas e incluso para la mirada de un simple espectador? Para poner un solo ejemplo, ¿no ve que Eusebio se cae de la silla de ruedas como si fuese un acróbata aéreo sin una aseguradora de riesgos de trabajo, provocando un momento ridículo en cuanto a interpretación actoral?
No vayas a verla. Te lo pido por respeto a tantas personas que hacen teatro mejor o peor pero a conciencia.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Las estrellas nunca mueren en este link a Alternativa Teatral.