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Edición undécima de Montaje Decadente. Encontrala en:
Anfitrión, Belisario, Del Abasto, El Camarín de las Musas, El Fino, El Laberinto del Cíclope, Timbre 4.
Pronto, en otras salas (a medida que retomen su actividad),
Revista Ñ, edición 383, del sábado 29 de enero de 2011, sección Escenarios, página 34, columna Pistas.
Florencio Sánchez
Los mejores del teatro argentino son:
Estos son (algunos de) los nominados al Premio Florencio Sánchez por su labor teatral en 2010. Diego Manso, habitual autor de esta sección, está nominado como mejor autor por su obra Cómo estar juntos. Comparten en la terna Romina Paula (El tiempo todo entero) y Marcelo D’Andrea (El ardor). La noticia es que –en calidad y ternas– el teatro independiente le gana por goleada al comercial.
Firma esta aparentemente inocua información Guido Carelli Lynch.
Ahora bien, lo que Guido no dice en su redacción publicada sin corregir (al mejor estilo Clarín) es que Diego Manso no es habitual autor de esa sección, sino su coordinador. Por lo que resulta de bastante mal gusto que ahí se lo nombre. Porque para que ese textito llegue ahí hay dos caminos: que Diego Manso lo haya autorizado (en una decisión rayana a megalomanía) o que esté de vacaciones y quien haya quedado a cargo de la sección le haya dado vía libre a Guido Carelli Lynch, que en uno u otro caso resulta siempre un chupamedias o, al menos, un ombliguista corporativo.
Y qué casualidad que, siendo 17 las categorías de los premios Florencio Sánchez, solo se cite la de autor.
De todos modos, hay que reconocer que el textito es un buen aporte publicitario, ya que Cómo estar juntos reestrena el próximo viernes, 4 de febrero.
Qué lindo cuando todo queda en familia. En la familia periodística. Y más cuando se beneficia a la familia manipulando la información, que en este caso se evidencia en el falaz título “Los mejores del teatro argentino”, cuando todos sabemos que el premio Florencio Sánchez ni siquiera es un premio nacional.
El textito resulta pura ignorancia o pura operación. Eso sí: habría que reconocerle a los directivos del Grupo Clarín la generosidad al socializar con sus empleados el método de vender como información lo que le conviene para sus negocios (retenciones 0 para beneficio de sus grandes accionistas, más público para la pieza de Diego Manso).
Ah, y ya va a salir el otro, el oligopolizador Jorge Dubatti, a farfullar adjetivos hipervalorativos sobre Cómo estar juntos. Ponele la firma. Porque si nobleza obliga, negocio exige: Diego Manso es quien lo llevó a escribir en Ñ al neologista Dubatti. No te olvides del dato porque estas vinculaciones también son cartografía teatral: hacen al mapita de los negocitos de unos y otros, y así se explican muchas cosas.
Ya lo había dicho el ingeniero ministro de Cultura, Hernán Lombardi, cuando lo nombró al frente del Teatro Colón: “García Caffi reúne las características que estaba buscando Macri”. Tras más de 20 años de mediocre y turbia vida pública y tres al frente del Gobierno de la Ciudad de la manera más miserable que podamos recordar, nuestras respectivas imaginaciones tienen ya suficientes fundamentos como para acercarnos con certeza a las características de las personas que Mauricio Macri quiere como adláteres. Y aunque no lo hubiésemos conocido de antes, la sola adecuación de las características de Pedro Pablo García Caffi a lo que Macri busca es su mejor carta de presentación. En pocas palabras, son tal para cual.
Pero vale la pena recordar que la nefasta dirección del Teatro Colón que actualmente lleva adelante (o hacia atrás, para ser más justos) García Caffi no es su primer experiencia en la gestión pública, pues a fines de 1999 había sido nombrado director del Teatro Argentino de la ciudad de La Plata por su hermano Eduardo, entonces director de Cultura de la Provincia de Buenos Aires que en aquel momento tenía como flamante gobernador a Carlos Ruckauf.
Toda una línea de coherencia la de este sujeto. Y un mérito: trabajar para Ruckauf y años después para Macri es una cucarda que no cualquier animal ostenta junto a sus quijadas.
Hay que recordar también que Pedro Pablo debutó como director escénico con la ópera Edipo rey, de Stravinsky, para la que se contrató a sí mismo pues lo hizo en el Teatro Argentino a fines del año 2000. Antecedente que le sirvió para cometer la misma irregularidad meses atrás, estando ya al frente del Teatro Colón, cuando también se contrató a sí mismo como director de escena pero ahora también escenógrafo e iluminador de la ópera Kátia Kabanová, de Janácek.
Así se entiende aun mejor lo de tener características buscadas por Macri, ¿verdad?
Pero volviendo a sus días en La Plata, apuntemos también que debió enfrentar una auditoria que encontró cosas muy confusas y desprolijas de las que se hizo eco en su momento el diario La Nación. Sin olvidar de los conflictos que tuvo con los trabajadores. No los actuales en el Colón. ¡No! García Caffi viene entrenado para joder a los trabajadores; leé estas declaraciones publicadas en el blog Habitués del Teatro Colón.
Y es este un tema en el que el ex Zupay (donde se hacía el progre, popular y demócrata) está como piraña en el agua perteneciendo a la administración macrista, porque para él como para todos los funcionarios de Mauricio, el trabajador no existe, y mucho menos en el arte y la cultura. Lombardi cree que hay que hacer cosas lindas para que los turistas hablen bien y saquen lindas fotos, pero si para hacerlas se cargan cien empleados del Colón, ah, eso es algo menor.
El cretino de García Caffi no tiene tiempo para atender a los trabajadores, pero no le ha faltado para participar del vergonzoso programa de Mirtha Legrand transmitido desde el mismo Teatro Colón y con la presencia del payaso mayor de la Ciudad, ni tampoco para que otra señorona afín a sus maniobras como Magdalena Ruiz Guiñazú le hiciera un reportaje chupamedias como pocos la misma noche de la reapertura de los espacios públicos del Teatro Colón. Y así, decenas de otras frivolidades que en nada ayudan a destrabar el conflicto con los trabajadores, pero sí a lustrar el ego del director de nuestro primer coliseo, que debe haber entendido mal lo de coliseo y por eso se sienta a mirar cómo las fieras se comen a quienes él tiene por prisioneros.
La carta
García Caffi dio a conocer ayer una carta. Una pieza cumbre de la miserabilidad macrista que dice lo siguiente.
AL PÚBLICO DEL TEATRO COLÓN
A LOS CIUDADANOS
Desde su reapertura el 24 de mayo de 2010, recuperamos para la ciudadanía los mejores valores históricos del Teatro Colón. Si bien en un pasado lejano el Teatro gozó de una reputación que a nivel artístico lo ubicaba en el circuito de los mejores espacios líricos del mundo, hoy debemos reconocer que ese prestigio internacional se ha deteriorado.
Producto de un proceso de larga data, desde hace décadas la imagen del Teatro Colón se ha visto, en distintas oportunidades, afectada por el incumplimiento, la imprevisibilidad y la indisciplina.
Signo de esa debacle que ha ido socavando sistemáticamente a la institución es, en primer lugar, el menosprecio y la falta de compromiso para con el público, conducta que demuestra el nivel de deterioro al que se ha llegado y el grave perjuicio económico que implica suspender funciones hace que los abusos de la mala política gremial sean injustamente pagados por el contribuyente porteño.
Con este pertinaz daño (del cual es responsable una mal intencionada minoría de trabajadores y dirigentes gremiales) se ha perdido toda cordura, orden y respeto al lugar de trabajo, se ha destruido la mística del arte y se han dilapidado no sólo esfuerzos, talento y recursos, sino también el prestigio de nuestro más emblemático icono cultural.
Nuestra vocación de cambio
Conscientes del valor de la tradición e historia del Colón, nos propusimos desde un primer momento, restablecer las cualidades de nuestro máximo coliseo. No basta con la fama del pasado ni con la arquitectura restaurada. El Colón requiere superar un desafío que no ha podido lograrse hasta el momento: devolver al personal y a los cuerpos estables, a la temporada y al funcionamiento en general del teatro, aquel prestigio del que gozó hace décadas.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires asumió decididamente la voluntad de recuperar la excelencia que todos queremos para el Teatro Colón. En tal sentido, iniciamos nuestra gestión emprendiendo con firmeza dos proyectos largamente postergados: la autarquía y la reapertura del teatro.
En la obra de restauración y modernización tecnológica (en la que aún continuamos trabajando para mejorar la infraestructura), se invirtió una enorme suma de dinero y de recursos, con la satisfacción de que esa recuperación edilicia, actualmente considerada un paradigma en el mundo, es hoy orgullo de todos los porteños.
Con igual vocación estamos trabajando porque queremos encauzar el funcionamiento del teatro, restablecer el reglamento de trabajo, mejorar las condiciones laborales, recomponer las situaciones salariales y resolver las jubilaciones, pero sobre todo, porque queremos garantizar una estabilidad duradera en la cual, la temporada y el público no sean constantes rehenes de insensatas prácticas sindicales.
Responsabilidad y compromiso
Sabemos que nuestras responsabilidades no son delegables. Pero sabemos también que el futuro del Teatro Colón requiere del compromiso y la opinión de todos.
Con negociaciones de emergencia (bajo amenaza de asambleas y toma de escenario a último momento, cancelaciones con público sentado a sala llena, etc.), continuaremos invariablemente sometidos a la presión y al riesgo de sufrir salvajes boicots, sumando desgaste y episodios tan amargos como los mencionados, siempre empantanados en la irracionalidad, la obstrucción, la crisis y el conflicto.
Consideramos que los miembros de los cuerpos estables (tanto los que participan de los piquetes en el escenario como aquellos que inocentemente otorgan callando), deben comprender que con su conducta no afectan a este Gobierno, sino que menoscaban su propio prestigio, se ganan antipatía y descrédito frente a los artistas invitados, al público y a los ciudadanos.
En un marco de solución definitiva, para acabar con las crisis y los conflictos permanentes, apuntamos a introducir la regla que gobierna a las mejores salas líricas del mundo: buenas remuneraciones y condiciones de trabajo a cambio de altas responsabilidades. Estamos dispuestos a conceder mejoras a contraprestación de mayor número y frecuencia de actuaciones y ensayos y, sobre todo, concursos y mayor compromiso y responsabilidad para que no se afecte el cumplimiento de la programación y las actividades pautadas por la dirección del teatro.
El público es finalmente el depositario de todos los esfuerzos de producción de un teatro, de manera que consideramos necesario tenerlo informado frente a la confusa y destructiva campaña de aquellos que, como adversarios políticos en decadencia, intentan clausurar las puertas del Teatro Colón para siempre y exhibir semejante hecho como un trofeo de guerra.
Por nuestra parte, y luego de la recuperación edilicia, continuamos decididos a recobrar el valor del trabajo, la cualidad permanente del arte y el lugar que al Teatro Colón le corresponde en su ciudad, en su país y en el mundo.
Les agradecemos su tiempo por leer esta carta y los saludamos con nuestra mayor consideración.
Pedro Pablo García Caffi
Director General y Artístico
Seguramente algunas personas, como Mirtha y Magdalena, le habrán creído cada palabra. Nada podemos hacer por ellas: si les gusta que les mientan, eso ya es una patología, y no hay debate que la cure.
Otro que debe estar de acuerdo con García Caffi y al que no debemos olvidar es Julio Bocca, desde hace rato especializado en abrir la bocota para regurgitar los eslóganes que la alianza Macri-Clarín intentan imponer como verdades. Y, en el caso de Julito, cómplice si no corrupto: no dejemos pasar el asuntito ese de que salió a defender la calidad y aptitud del nuevo piso del escenario del Teatro Colón cuando la empresa que lo hizo, Patagonia Flooring, es la misma que renovó los pisos de su casa.
Después venime con que no se trata de alineamientos ideológicos...
Se fue, como el último tranvía. Ya no vuelve más. Y se lleva una enorme y hermosa parte de nuestras infancias.
Chau, María Elena. Gracias por ese solcito que fueron tus canciones y tus cuentos.
Sería una injustificable pedantería de mi parte entretenerte hoy leyendo una nota mía cuando Alejandro Cruz publicó un texto excelente e insoslayable. Leelo haciendo clic acá . Y prestale especial atención a los aportes de Julio Bocca.
Eso había prometido: gestión y equipos. Pues bien, la imagen muestra la tesitura del equipo, y el motivo que los tiene en ese lugar dimensiona la gestión.

De izquierda (sólo visualmente hablando) a derecha: el ingeniero ministro de Cultura, Hernán Lombardi; ignota señora; el ministro de Educación, Esteban Bullrich; el brillante jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta; el jefe de Gobierno y (aunque no se note) marido de una diseñadora de moda, Mauricio Macri; el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli; el duhaldista titular del bloque PRO de la Legislatura, Cristian Ritondo, y el ex rugbier del Newman y subsecretario de Deportes, Francisco Irarrazaval.
Leyendo las nóminas de trabajos destacados y premiados por Teatro del Mundo (la pretensión cuasi cósmica del nombre del galardón evidencia su filiación), me detengo en dos casos. Se destacó el ensayo Historia de la mirada, de Eduardo Del Estal. Me gustaría saber cuántos y cuántas jurados leyeron ese libro como para que haya llegado a esa instancia; dudo que sea un número respetable. Y no debe extrañar que cuente abiertamente con el favor de Dubatti (que lo ha recomendado en cuanto resquicio pudo), pues Del Estal es su socio interpósito: es el suegro de Rafael Spregelburd, una de las máquinas de escribir que más dinero le ha dado a Dubatti en tanto su prologuista, director de colecciones editoriales o ensayista preliminar.
Y la ganadora en el rubro revistas fue Paso de Gato. De las once destacadas, ganó la única extranjera: Paso de Gato es una revista mexicana. Quizás ha sido premiada porque publicó en 2010 un dossier dedicado al teatro de nuestro país. Pero en realidad se hablaba sobre todo del teatro de la ciudad de Buenos Aires, y aparecían como destacadísimas figuras del quehacer los favoritos de Dubatti, a la vez que ni se nombraba a aquellas personas con las que Dubatti tiene algún encono. Quizás haya que considerar que ese dossier le fue encargado a Jorge Dubatti, y que por eso se parecía tanto a él y a su sesgadísima mirada del teatro argentino. Y nada mejor que agradecer un laburito (¿alguien imagina que no fue rentado?) con un premio.
Que me digan después que el numéricamente amplísimo jurado de los Premios Teatro del Mundo es plenamente independiente del criterio de su creador: podrán tener divergencias, pero las ideas de quien elige a los electores, aunque atenuadas, tiñen las elecciones. No es novedad; es la historia misma del papado: un señor no elige a su sucesor, pero sí a los electores de su sucesor. Y la cosa se sostiene per secula seculorum. Amén.
Aunque aconteció hace un mes y medio, cabe recordar que el jueves 25 de noviembre se otorgaron los Premios Teatros del Mundo en su edición número 13. Oportunamente, la información señaló que el acto había llenado la sala Batato Barea del Centro Cultural Rojas, donde se había realizado esa entrega. Lo que no parece ser un mérito, pues esa sala cuenta con algo menos de 150 butacas y con sólo el nutridísimo jurado de los premios inventados por Jorge Dubatti ya ocupás más del 40% de las plazas disponibles. Jurado que debe permanecer en la platea porque en el escenario apenas entraría sentando a sus miembros en gradas, y la estética talk show no parece oportuna para estos raros honores teatrales.
Si los números no me fallan, y exceptuando a quienes no son de la Ciudad de Buenos Aires (no porque no hayan podido venir, sino para no seguir exagerando el número que de por sí exagera este evento tan particular, es decir, sin contar el premio especial Provincia de Buenos Aires - Conurbano Sur, ni los 11 correspondientes a Teatro de la Patagonia ni los 11 a espectáculos extranjeros), tendríamos que un premio a la trayectoria más 4 menciones especiales más 10 instituciones más 11 revistas más 12 ediciones más 14 ensayos más 103 personas y 183 obras (a una sola persona por obra), te da un público de 338 personas que sumadas a los 63 jurados locales se eleva a 401. Y faltaría agregar un puñado de técnicos de la casa, algún fotógrafo, un periodista, aunque dejando en la vereda a algunos parientes o amigos que hayan ido al acto dubattiano, porque están sobrando más de 250 personas. Pero la gacetilla nos dice que la sala estuvo “llena”, y no que se agolparon en los pasillos ni que cortaron la avenida Corrientes al 2000, por lo que podemos afirmar que la entrega de los Premios Teatro del Mundo fue un estrepitoso fracaso. Y no hay que negar la información: la sala seguramente estuvo llena, pero la llenás casi tres veces con toda la gente a la que le dieron un diploma “destacando” su labor.
Iba a decir que a eso, a tanta gente destacada, a tanto premiado, en Floresta lo llamamos “querer quedar bien con todos”. Pero recordé que Jorge Dubatti también es del barrio.
“El Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, bajo la dirección de la Lic. Cecilia Vázquez, y el Festival Internacional de Teatro (FIBA), organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad, convocan a participar del VII Premio Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia.” Si querés conocer las bases, hacé clic acá y entrá a la página del Rojas en donde aparecen.
No me voy a privar de mi habitual reproche acerca de la incoherencia existente entre el declarado objeto de este premio y el tope de edad de los participantes, porque se dice premiar a la “nueva dramaturgia” y las y los participantes deben tener no más de 36 años, confundiendo así la novedad artística con la juventud del artista y descartando –por el capricho de sostener la letra de las bases originales de este concurso– la posibilidad de que algo novedoso pueda surgir de alguien de más edad. Y me reitero en un ejemplo dado aquí mismo hace más de tres años: este Premio Rozenmacher “a la nueva dramaturgia” hubiese ignorado a Esperando a Godot porque Samuel Beckett terminó ese texto con casi 43 años.
Pero el punto no es ese. Es otro. Que me incomoda porque me pone en un lugar de confrontación con una persona pero ante el que, a la vez, no podría hacerme el desentendido porque es algo que considero grave. Y es el jurado, compuesto por Mauricio Kartun, Luis Cano y Matías Umpierrez. O, mejor dicho, es un jurado. Sí, claro: ese jurado es Matías Umpierrez. Desentona con la trayectoria y el saber de los otros dos. Y por más que el azar (llamémosle así) haya sido tan generoso con Umpierrez como para haberlo puesto al frente de la actividad teatral del Centro Cultural Rojas contando apenas 27 años y unas pocas líneas en su currículum, el ejercicio de ese poder no lo convierte en un hombre sólido en la dramaturgia como para ser jurado del premio que concede el centro cultural que depende de la Universidad de Buenos Aires junto al Festival Internacional de esta ciudad.
Yo no soy amigo de Matías Umpierrez. Pero si vos, que estás leyendo esta nota, sí lo sos, sugerile, recomendale, pedile que renuncie como jurado del Premio Rozenmacher. Le hará bien al premio y le hará bien al mismo Matías.
El pasado martes, 28 de diciembre de 2010, se realizó la conferencia de prensa en la que, como es habitual a esa altura del año, las autoridades del Complejo Teatral de Buenos Aires hacen un balance de la temporada que se cierra y anticipan la del año por iniciarse.
Sobre eso escribiré después. Pero quiero aquí detenerme en algo que me llamó mucho, demasiado la atención: excepto por las que formulamos Ana Seoane y yo, no hubo preguntas de las y los periodistas presentes. ¡Y mirá que hay cosas para preguntarle al ingeniero ministro de Cultura, Hernán Lombardi, y a la plana mayor del CTBA! Pero no, nada.
Uno no come vidrio y sabe que los grandes medios están sosteniendo a duras penas un cerco para proteger ante la opinión pública la alicaída imagen de la miserable y desquiciada gestión macrista porque el arribo del inefable Mauricio Macri a la presidencia les garantizaría nuevos negociados y quizás hasta el fin de la Ley de Medios. Pero eso no alcanza para explicar el silencio de las y los colegas en la conferencia de prensa, pues también se lucieron por sus bocas cerradas quienes trabajan en medios de reconocido posicionamiento progresista.
Y eso no fue todo. Una señora que, según me dijeron, se dice periodista y que se llama Ana Corbellini se molestó cuando yo repregunté sobre un asunto relacionado al presupuesto y, estando ella apenas una butaca hacia el costado en la fila delantera a donde me encontraba sentado, se levantó diciendo “¡Pero qué hinchapelotas!” y se fue de la Sala Cunill Cabanellas. Más raro aún es que nadie sabe en qué medio trabaja la intolerante y puteadora señora. Quizás deba llamar a la Oficina de Prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires para preguntarles dónde escribe o habla o hace algo relacionado con el periodismo la susodicha.
En la anterior nota de este blog señalé que las autoridades del Teatro Nacional Cervantes olvidaron mencionar en su informe anual, entre las nominaciones y premios ganados por sus producciones, las seis nominaciones y el premio Trinidad Guevara con que fue galardonado ese teatro.
Para subsanar el error le envié un mail a Aída Giacani, Coordinadora de Prensa y Difusión del Teatro Nacional Cervantes, en el que le decía:
Estuve leyendo el informe y hay algo que no sé a qué se lo debo atribuir: es la omisión de los Premios Trinidad Guevara en el listado de las nominaciones y los premios recibidos por las producciones del TNC. Me parece inexplicable que se hayan olvidado de uno de los más prestigiosos premios, aunque sí tuvieron en cuenta a premios cuestionados o de escasa seriedad en sus procedimientos. Es por eso que espero que Rubens Correa y Claudio Gallardou, como responsables de ese informe, envíen un comunicado rectificando la información y pidiendo disculpas por el error. Y dejo en tus manos que les hagas llegar esta preocupación.
Ese mail lo envié el pasado 21 de diciembre al mediodía, pero todavía no he obtenido respuesta. Sea porque Giacani no elevó mi pedido o porque los directivos decidieron no responderme, ya esperé bastante, ¿verdad?
La única alternativa que se me ocurre es poder contactar directamente a Rubens Correa y a Claudio Gallardou. Por eso, si vos tenés la dirección de correo electrónico de uno de ellos o las de ambos, por favor, hacémelas llegar haciendo clic en el link que aparece arriba, a la derecha, bajo la leyenda “Linkeate y/o comentá”. Muchas gracias.