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sábado, octubre 08, 2011

reflexiones // Respuestas completas de Lisandro Rodríguez a la revista Ñ

A las de Agustín Mendilaharzu, Walter Jakob, Juan Pablo Gómez e Ignacio Apolo, suma hora Lisandro Rodríguez sus respuestas completas a la revista Ñ, publicadas en versión reducida por esa revista en su edición 417 (sábado 24 de septiembre de 2011). Respuestas seguidas, como siempre, de la imagen de lo publicado en Ñ.
1) ¿En la última década, ha observado alguna tendencia teatral emergente?
Difícil.
Tendencia y emergente; dos términos que juntos podrían arrimarse al concepto de vanguardia. No sé si ha habido algo así. Por lo menos, no es natural ni sencillo identificarlo.
Arriesgo: no hubo la “emergencia” de otras coyunturas, pero tampoco se perdió la arista de búsqueda. Por lo menos en lo que respecta al teatro independiente. Hemos ganado en estos años cierta libertad, mucha en relación a otros contextos políticos, claro está; esto abrió el abanico de espacios, de actores, de directores, de dramaturgos. El teatro se ha ocupado en esta década de mucho de lo que no había podido ocuparse durante la vacuidad de los 90 o durante las restricciones pre años 80. Quizá el teatro empezó a tocar otros temas o a hablar de cosas que se habían dejado de hablar por mucho tiempo. Pero esto no significa que pueda hablarse de tendencia o emergencia en sentido amplio y aplicable a todo el teatro. Sí podría decirse que se acentuó una
tendencia al uso o la fusión con otros lenguajes como el cine o la danza. La aceptación de la tecnología como una nueva herramienta en materia de teatro. También se me ocurre destacar el surgimiento, o más que surgimiento (porque surgieron antes) afirmación de los espacios no convencionales como espacios emergentes, como respuesta a la saturación del mercado y como respuesta a la propuesta teatral de ese mercado. Formas nuevas de producción. Creadores que abren casas, buscan galpones, alquilan lugares; lo sostienen sin pedir apoyo estatal, producen sus propios trabajos, buscan, experimentan, se equivocan o aciertan, hacen teatro y hacen danza y generan un público y siguen creando. Digo, es el caso de mi sala y de otras tantas amigas. Si emerger es también manifestar; hubo emergencias en esta década. Surgieron nuevas salas con nuevas propuestas, no sé si en los estético, sino más bien en lo político y en lo social del hacer cultural y convivieron, conviven con lo que ya había y seguirá habiendo, de aquello que la tendencia se sirvió para aprender y para, luego, diferenciarse.
También, tanto en materia teatral como a nivel social, ha habido una revalorización de lo colectivo por sobre lo individual para discutir y accionar sobre las problemáticas estructurales de nuestra actividad. Por lo menos la intención de repensar cómo se enseñan, fomentan, producen, exhiben y difunden las artes escénicas en esta ciudad y en el país. El síntoma más contundente de esta emergencia se evidencia en lo que empezó a hacer Escena Espacios Escénicos Autónomos. Después está el amor a esta tarea y la sensación de sus hacedores de aportarle al mundo algo nuevo con cada palabra, cada gesto, cada escenografía, cada música. Hay que ver cuántos detalles que hacen el todo, ¿no? Dependerá de quién mire y qué espera o necesita de
scubrir.
2) ¿Cómo ve este Festival? ¿Piensa que pone blanco sobre negro algunas cuestiones estructurales de nuestra comunidad teatral?
No creo que este FIBA esté concebido desde la necesidad de problematizar las condiciones estructurales en las que se desarrolla la actividad teatral de la ciudad. No creo tampoco que el objetivo de un Festival Internacional sea el de generar espacios para reflexionar y discutir sobre esta cuestión; quizás si debería ser, no lo sé. Los curadores de otros festivales y gran parte del público que tendrá el FIBA, supongo, buscarán resultados, no se preguntarán por los procesos creativos y sus deficiencias estructurales. Un festival es una fiesta, una celebración, una invitación. Habrá quienes acuerden con los criterios de selección, con los funcionarios que ocupan esos lugares, con la gestión de turno y habrá necesariamente sus detractores, pero eso no debe interferir con el trabajo del artista que es convocado al festival ni con el público que comulga con el teatro de su ciudad. La programación nacional surge de una decisión subjetiva, de un recorte, tal vez inevitable, que difícilmente se pueda considerar reflejo o representación de la diversidad, enorme, de propuestas que hoy están en cartel. Por lo tanto, sus problemáticas de raíz tampoco son reflejadas o representadas en ese recorte arbitrario. La línea es muy delgada.
Nota: en la edición impresa, la segunda pregunta fue reformulada así: "¿Cuál es su reflexión sobre este festival?".


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