“Con los objetivos de fomentar la creación de textos teatrales de temática local y de promocionar a los autores pertenecientes a cada una de las regiones del país, el Instituto Nacional del Teatro –organismo que funciona en jurisdicción de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación– convoca al 13º Concurso Nacional de Obras de Teatro – Dramaturgia Regional, dirigido a autores argentinos residentes y extranjeros con más de dos (2) años de residencia comprobable en su región…” Si querés saber más, entrá a la página del INT haciendo clic acá y enterate de las bases.
Ahora bien, parece imposible evitar algunas objeciones a esas bases. Eso sí: que nadie sienta que estas objeciones son una objeción a quienes participarán de este concurso, pues son simplemente una advertencia para que no se lleven sorpresas luego.
1) En el punto 3 de las bases se dice: “Los textos presentados tendrán que desarrollarse alrededor de temáticas propias de la región a la que pertenece el autor concursante”. Raro ese punto. Raro porque el asesinato, la traición, la pasión descontrolada, las familias disfuncionales, la infidelidad, el desamor y otros tantos temas similares han sido médula del más celebrado teatro a lo largo de la historia, pero si son universales parecería que no podrían ser presentados en este concurso que pide “temáticas propias de la región”. Sófocles, Shakespeare, Ibsen, Sarah Kane y muchos más quedarían fuera de este concurso. ¿O se admite la adaptación local de un tema universal? ¿Podría un Sófocles fueguino concursar con la historia de Edipo, rey de Choele Choel? ¿Aceptaría el INT que un Shakespeare formoseño concursase con un Hamlet de Oberá y un Fortinbrás paraguayo? Y desde Tandil, ¿calificaría Ibsen si Nora llegase de hacer shopping en Paseo Alcorta? Y una Sarah Kane salteña, ¿satisfaría al jurado si uno de los personajes de Crave padece la soledad de la Puna? Sí, sí, ya sé que es una estupidez lo que acabo de plantear, pero estoy tratando de pensar si ese tipo de estupidez alcanzaría para que una obra entre en el criterio de “temática propia de la región”.
2) El punto 11 dice: “Se considerará como válida la fecha de matasellos de correo que se atenga al plazo estipulado, aún cuando la obra hubiese sido recibida con posterioridad a la fecha de cierre de recepción”, pero debería haber una fecha límite para lo enviado por correo. Porque si se pierde una pieza enviada por correo en tiempo y forma, y llega después de que el jurado haya dado a conocer las obras ganadoras, que se prepare el INT para un lindo baile legal.
3) Un desastre el punto 12: “El Jurado estará integrado por tres (3) personalidades relevantes de la actividad teatral de nuestro país, elegidas por el Consejo de Dirección del INT, a propuesta del Consejo Editorial de Inteatro”. Es descabellado que se convoque a concursar sin saber quién forma el jurado. Y ya conozco bien la excusa que se da: “Se hace así en muchos concursos”. Lindo criterio el que se sostiene en que así lo hacen otros (y que en los 90 se usaba para afanar a destajo, pero por suerte ya no estamos en los 90).
4) Pero lo peor está en el punto 13: “Atendiendo a la calidad artística se seleccionarán 2 (dos) textos en cada Región. No se podrá declarar desierto ningún premio”. Es decir, si en una región se presentan cinco celebridades en dramaturgia, tres quedarán fuera, y si en otra región sólo se presentan dos imbéciles de las letras dramáticas, sí, ganarán dos imbéciles. Si esto fuera un sketch de Cha cha cha, cerraría diciendo: “Todo esto gracias al Plan Quinquenal Brambilla cumple, Pacheco dignifica”. Pero no, no es un sketch. Es algo terrible, porque convierte el premio del concurso en un mero estímulo, y a los jurados, en rehenes de una falsa democratización del reconocimiento.
5) Una nebulosa se plantea en el punto 15: “Los ganadores ceden los derechos de publicación de sus obras premiadas al Instituto Nacional del Teatro en los formatos gráfico, digital u otro que este determine, para la distribución gratuita, sin otra compensación adicional”. ¿Es de por vida esa cesión de derechos? Parece entenderse eso.
6) Y el clásico de siempre, aquí con el número 16: “Las obras enviadas no serán devueltas”. Y así, otra vez la imposibilidad de corroborar que el anonimato no haya sido violado.
Una vez más nos preguntamos: ¿qué tanto le cuesta al INT hacer bases con más cuidado?
Y van…
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