Esta nota tiene una aclaración subida el dia 5 de septiembre de 2011.
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El pasado 10 de mayo, el FIBA convocaba a obras porteñas ya estrenadas para formar arte de la programación nacional de ese festival. Y se decía claramente que serían “seleccionados no más de 15 espectáculos de teatro y danza”, quedando esa selección en manos de un jurado conformado por el coreógrafo y bailarín de amplia trayectoria en el exterior Gustavo Lesgart, el cuestionado director teatral Alejandro Ullúa y la ignota Alina Mazzaferro. Y nada que decir del jurado, pues quienes participaron lo aceptaron para ser quienes juzgasen sus obras.
El 5 de agosto se dieron a conocer los resultados de esa selección.
Las obras Paraná Porá de Maruja Bustamante, El ardor de Marcelo D'Andrea, Un hueco de Juan Pablo Gómez, Cariño de Mayra Bonard, Los talentos de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob, Rosa mística de Ignacio Apolo, Ala de criados de Mauricio Kartun, Adónde van los muertos (lado B) del grupo Krapp, El secuestro de Isabelita de Daniel Dalmaroni, Amar de Alejandro Catalán, Niños del limbo de Andrea Garrote, Rosa brillando de Juan Parodi, Hombre rebobinado de Margarita Bali, Cómo estar juntos de Diego Manso y Anclar de Fabiana Capriotti, resultaron seleccionadas para formar parte de la programación nacional del Festival por el jurado integrado por Gustavo Lesgart, Alejandro Ullúa y Alina Mazzaferro.Pero ahora que aparece la programación completa nos encontramos con que las obras son dieciséis en lugar de ser quince. Alguien metió mano. Alguien metió a La familia argentina, de Alberto Ure, con dirección de Cristina Banegas y producción general de Domingo Romano. Y quien haya sido, lo ha hecho con la impudicia habitual del macrismo, es decir, sin mostrar el menor prurito por saberse en flagrante contradicción, por violar las normas por ellos mismos creadas, e incluso por cagarse en uno de los criterios de selección que los jurados dieron a conocer, ya que esta puesta de La familia argentina no es un proyecto autogestivo.
La misma información señalaba que los jurados habían descrito su labor como “un arduo proceso de debate y reflexión que llevamos a cabo entre los tres jurados, y que a nuestro entender, ofrece una programación balanceada y coherente. Está integrada por propuestas sólidas en todos sus rubros artísticos, cuyo origen común es la autogestión”.
Y no es el punto si ese trabajo merece o no participar del Festival Internacional, sino que no debe participar. No fue elegido en término, e indiscutiblemente es el número dieciséis de un máximo de quince.
Por último, quiero decir que tengo la certeza de que Cristina Banegas no está al tanto de esa irregularidad, la misma certeza que me hace decir que cuando ella se entere del asunto decidirá no presentar su trabajo en el FIBA.
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