Dicen los que saben que la fauna de las islas distantes de otras tierras son, evolución mediante, particularísimas. No muy distinto ha de acontecer con las personas que viven en ellas, tanto más si son subsidiarias de otra isla remota. Con tales parámetros de rareza aparecen un funcionario kelper –más atemporal que anacrónico– y su amante, ambos con remilgos cortesanos, tics victorianos y sueños de colonia, en el momento en que la guerra llega a las Falklands por orden de un dictador funcional al mismo poder contra el que cree levantar las armas.
La propuesta satírica no soslaya (por suerte) la monstruosidad de la guerra, padecida tanto por los kelpers como por Juan, uno de los tantos provincianos que cayeron (y no terminaron de caer) en las Malvinas, uno de los tantos pibes entregados en vano porque no hay gesta popular cuando el pueblo es reprimido.
Sin escapar a la tragedia que permanece viva y evitando a la vez caer en discursos didácticos o patrioteros, Fuegos artificiales nos recuerda que en toda guerra pierden los pueblos y ganan los que saben hacer negocios.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Fireworks - Fuegos artificiales en este link a Alternativa Teatral.
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