El lunes 27, asamblea por el INT

Y en Córdoba, asamblea el martes 28 a las 15 en María Castaña.



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miércoles, julio 13, 2011

FTR 2011 // Acto de apertura

Martes 12, 18:30 hs.

Colmado el Teatro Lasserre. Un video institucional repasa las ediciones previas, desde 2005, recorre los preparativos, muestra la siempre impactante convocatoria que genera el inicio de la venta de entradas y anticipa lo que veremos en esta.
Sube al escenario la ministra de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, Chiqui González, y dice las siguientes palabras.
Hola. Buenas noches. Gracias a la hospitalidad de Rafaela, su señor intendente, sus autoridades, gracias a los legisladores, a las autoridades todas, a los críticos de teatro, a los actores, a los técnicos, a todo el mundo, a la gente de teatro, desde los iniciadores de este festival, a todo el país que ha venido acá y sobre todo gracias a los espectadores de esta maravilla que es el Festival de Teatro de Rafaela.
Yo pensaba mientras venía para aquí; me sonreía sola. Decían que el teatro es espejo de la vida. A mí no me gustaba en absoluto esa definición; me parece que no. Después otros dijeron que el teatro era la escena que estaba detrás de la escena que estaba detrás de la vida. Esa me gustaba más porque es una mamushka, una detrás de otra. Después dijeron que el teatro había muerto; sin embargo, estamos aquí inaugurando un milagro teatral, muy vivo, muy intenso, lleno de búsqueda y de experimentación. Otros dijeron que los actores eran atletas de las acciones, y después vinieron otros, encerrados en manicomios, que dijeron que no, que eran atletas del corazón, de la emoción, y tenían razón. Algunos dijeron que había que cuidar la representación y la ficción, porque en un mundo sin pasiones y sin historias, sin la ficción nos íbamos a morir, íbamos a ser pura literalidad. Y otros dijeron que no, que había que guardar del teatro el suceso, lo irrepetible de cada función, el encuentro vivo entre los unos y los otros. Otros dijeron que el teatro es representación, y otros dijeron “¡No! Uno de los únicos que nos quedan de presencia, de cuerpo puro frente a cuerpo puro”. Y sin embargo estamos inaugurando otro año este Festival de Rafaela. Algunos dijeron que había que buscar la verdad. Otros dijeron “¡No!”, que había que buscar el puro artificio, porque sólo el artificio era la verdad, que esto de copiar la vida no era la vida, que era la vida de otro modo, pero otros dijeron también que se metían en teatro para hacer muchos otros, que eran los personajes. Otro dijeron: “De ninguna manera. En realidad hay que buscar los otros que hay en cada actor”. Y otros dijeron: “¡No! Cada personaje es lo que cada actor es con la excusa de hacer de otro”. Y, sin embargo, estamos aquí iniciando el Festival de Rafaela, sin tomar examen de si es otro de sí mismo, si es un otro de lo que lleva adentro o si hace de otro. Y, sin embargo, estamos aquí iniciando otra vez este milagro, este milagro capital, sobre todo porque –creo yo– que el teatro de Rafaela –y esto no es ninguna elegancia– fue tan bueno, fue tan experimental. Y fue tan experimental también porque venía de una ciudad experimental, de una ciudad artística que, en lugar de pasearse por el mundo –que también lo hizo– decidió traerse el mundo a su casa, decidió un auténtico federalismo, decidió buscar las mejores obras que había, sean de un pueblito perdido, sea en Córdoba, sea en Rosario, sea en Capital o sea en la misma Rafaela. Porque no hay locales para quedar bien, porque los locales pusieron tan alto, tan alto el nivel. Y después programaron con tan alto nivel que ahí había una gran pregunta: ¿el público de Rafaela aceptará ese nivel, ese fantástico y extraordinario nivel de búsqueda, de riesgo, de clarividencia, de grotesco, de pregunta rota, de visión política? Porque esto no es pasatista ni agradable ni es bonito. (Decían que lo feo puede ser hermoso; lo bonito, nunca.) Esto de bonito no tiene nada. Y vino el propio loco que dijo que los actores eran atletas del corazón y de los sentimientos a decir que en realidad el teatro no tenía nada que ver con el comportamiento humano, y otros dijeron no, tiene que ver con crear hechos que de alguna manera hablen de la vida pero no sean los del comportamiento. Y este dijo: “No, tampoco tiene nada que ver con eso; tiene que ver con espacializar y temporalizar los sentimientos”. Quiere decir que ustedes tienen que ver si el amor tiene tiempo, si el poder tiene tiempo (que lo tiene); tendrán que ver si el desengaño tiene un espacio. ¿Cómo es el espacio del desengaño y cómo es la textura de la traición? Porque a este ya ni siquiera le importaba representar la vida, sino hacer una alegoría directa, visual –como arte figurativa, que lo es– a los sentimientos. Algunos dijeron que era pura retórica, el teatro es puro diálogo. Y estamos aquí, inaugurando. Otros dijeron que era pura imagen. Y estamos aquí, inaugurando. Y otros dijeron que era puro cuerpo. Y estamos aquí, inaugurando. Y otros dijeron que era puro puro. Y lo único puro que hay aquí es que no es puro; lo único puro que hay aquí es que es completamente híbrido e impuro, que se extiende por la región, que va a tener una sucursal en Sunchales. Lo único que no es puro es que no hay una sola sala, ni un solo centro, y uno anda por la calle, y usa la calle de escenario, y están las obras para los más chicos, pero van los grandes a las de los más chicos; que las colas son impuras, en el sentido que se mezclan todos –mucha mujer–, pero se mezcla todo el mundo al sacar la entrada; que viene el país para acá, que el país sale para allá. Y que aquí estamos. Y entonces yo quiero decirles que esto es un invento de Rafaela. Voy a hacer una alusión personal. Y pido disculpas. Cuando yo tenía cinco años, la maestra pensó que yo estaba chiflada porque dije no sé qué cosa. Yo mentía. Entonces la llamó a mi mamá. Mi mamá no era una intelectual; para nada, ponía inyecciones. Y la maestra le dijo: “Y… Chiqui es tan imaginativa…”, con este tono; yo escuchando todo. Y mi mama dijo: “Está bien”, y nos fuimos, y me agarró fuerte la mano. Levanté los ojos, muy triste, y le dije: “Dijo que mentía, ¿no?” Y ella dijo: “¡Nunca digas eso! Dijo que inventabas, y el invento no es una mentira. Te lo prohíbo. Dijo que inventabas. Cada vez que alguien te dice que mentís, decí que inventás, que es lo mejor que le puede pasar a la gente”. Entonces yo quiero contar esta anécdota personal para decirles que a este festival lo inventó la gente de teatro, lo apoyaron profundamente los tres niveles de Gobierno –de la tendencia que fueran–, la municipalidad de Rafaela (local, es su casa, es su gente), la provincia de Santa Fe y el Instituto Nacional del Teatro. Convocaron a todos y nadie puede no dejarse arrastrar por ese encanto. Por lo tanto, celebro el gesto inútil, celebro el absurdo, celebro el cuerpo en flor, celebro el grito y la palabra que suena en el cuerpo y no desde la retórica, celebro la alegoría de los sentimientos, celebro la distorsión, la otra cosa, la otra escena, lo escondido, lo que está latente, lo que está inminente, lo que se va a caer, lo que te tiene en peligro todo el tiempo. Porque estás en peligro. Estás en peligro. En este festival, señores, están en peligro. Y ese es el único placer; que estás en peligro. Como el juego de un niño pequeño: siempre estás en peligro. Y si no tuvieran esta programación, estarían cómodamente mirando algo agradable por televisión. Están en peligro. Así que celebro el peligro de los actores –los amo, los abrazo–, pero más celebro el peligro de la comunidad de Rafaela, de la región de Rafaela, de los que hicieron este festival insistentemente y la convirtieron en Capital del Teatro. Celebro que estemos todos juntos, y sobre todo celebro que Rafaela, a partir de ver tanto teatro –porque lo aman–, será como el teatro, será una Rafaela política, poética, riesgosa, buceadora, aventurera, colorida, siniestra, capaz de entender la muerte pero también capaz de entender la vida, capaz de entender la otra vida que hay detrás de lo cotidiano. Y como diría mi mamá, capaz de entender que todos somos inventores. Por eso aman tanto y enormemente este teatro de los sentimientos y entonces hacen de esta ciudad la espacialización de las ideas, la espacialización de la vieja fábula de los sentimientos.
Gracias.
Inmediato al disfrute de las palabras de la ministra, y mientras las quinientas personas que estábamos ahí explotábamos en un aplauso cerrado, fue imposible no pensar en los ramplones discursos del ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, ajenos a toda poesía, ignorantes de la realidad porteña, siempre recorriendo el atajo de los eslóganes de la excelencia que esconden los grandes negocios y el vaciamiento de la cultura y el arte porteños. Sin contar la intensidad y la cercanía con que habla Chiqui –un placer hasta para el oido– que dista años luz de la voz torpe y apagada (quizás por falta de real pasión) del ingeniero Hernán Lombardi, que nunca va a poder decir nada interesante más allá de la pavada de su corazoncito teatrero.
Luego, en su discurso, el intendente Omar Perotti puso al Festival de Teatro y a la gestión cultural de su gobierno en el contexto de la historia, la creación artística y la actividad productiva de Rafaela.
Ahora si, oficialmente, el FTR 2011 queda inaugurado.

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