Digresión ineludibleVolviendo al resultado de este concurso, el primer premio le fue concedido a Mariano Nicolás Saba por su obra Madrijo, en tanto que el segundo fue para Magdalena De Santo por Eduardo, la pelopincho.
El Rozenmacher es mal llamado “premio a la nueva dramaturgia”, pues se trata de un premio a jóvenes dramaturgos y dramaturgas. Y sabemos que a nadie le importa un pito corregir esto, porque pasan las gestiones del Rojas y del FIBA y el premio sigue entregándose a menores de treinta y seis años, como si innovar en la dramaturgia tuviera que ver con la juventud de quien escribe. Pues las bases de este concurso no indican nada sobre la innovación o el vanguardismo o siquiera la contemporaneidad del texto, y en realidad no dice nada de nada, no pone condición alguna al texto, de manera que si alguien que escribe muy bien a los treinta años se presenta en el concurso con un auto sacramental, podría ganar un premio a la nueva dramaturgia. (Sí, sí, dale que va, y así estamos con todo.) Y –ejemplo que ya hemos dado en otras ocasiones– este premio que se pretende “a la nueva dramaturgia” hubiese ignorado a Esperando a Godot porque Samuel Beckett terminó ese texto con casi cuarenta y tres años.
El jurado también otorgó cuatro menciones: Josefina Recio, por La marea; María Luz García, por Juan. El Campo; Melisa Freund, por Casi que no está, y Sol Rodríguez Seoane, por Plantas de interior.
Formaron este jurado Susana Torres Molina, Mauricio Kartun y Matías Umpierrez. Lamentamos profundamente que Umpierrez no haya comprendido que la talla de quienes suelen formar ese jurado estaba muy por encima de sus posibilidades, y no por una cuestión de sostener lo habitual, sino porque el jurado de este premio exige algo más que treinta años y un currículum inflado por el ejercicio de la curaduría autoconcedida. Queda claro que una vez más ha primado el poder (pobre poder, ¡pero vaya si funciona!) por encima del criterio, del decoro, de la propia y justa valoración e incluso del buen gusto. De todos modos, lo dicho no pone en dudas el juicio del jurado, pues Susana Torres Molina y Mauricio Kartun tienen suficiente solidez como para compensar todo lo que le falta al mentado Matías Umpierrez.
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