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sábado, abril 09, 2011

desgobierno macrista // Lombardi huye tras la lectura del comunicado de la Asociación Argentina de Actores

Inmediatamente antes de comenzar la función de estreno de El aire del río el pasado jueves 7, una mujer y un hombre subieron al escenario de la Sala Casacuberta y ella leyó el siguiente texto.
La historia se repite y las soluciones no aparecen. ¿Cuál es la historia? Actores y actrices que cobran salarios lamentables, condiciones laborales inaceptables, trabajadores de la cultura que son obligados a facturar, es decir, no son considerados trabajadores.
El ministro Lombardi sigue avanzando en una gestión al margen de la opinión de los trabajadores de la cultura en la ciudad. Hace más de un año que cortó el diálogo con nuestro sindicato cuando planteamos la firma de un convenio que regule la labor de los actores y que fije salarios mínimos acordes a las necesidades de los trabajadores.
Los actores hoy sufren las consecuencias de la falta de regulación laboral que se expresa en el retraso de la firma de contratos y, por lo tanto, el retraso en el cobro de los haberes. Son los trabajadores los que financian la actividad en los teatros dependientes del Estado porteño cuando se ven obligados a ensayar sin los contratos correspondientes.
Entendemos que esta grave situación no es un hecho aislado. Los trabajadores del Teatro Colón, los integrantes de La Calle de los Títeres, los docentes y talleristas del Centro Cultural San Martín con la amenazaza de desalojo de la Sala Alberdi, también dan cuenta de la política cultural del actual gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Una política cultural que privilegia los negocios inmobiliarios y turísticos poniendo en evidencia una estrategia de privatización de los espacios públicos y de vaciamiento cultural por sobre el derecho al acceso a la cultura para todo el pueblo.
Por un convenio colectivo de trabajo que respete los derechos de los actores y las actrices.
El derecho a la cultura es un bien de todos tan esencial como la salud y la educación.
Consejo Integral
Asociación Argentina de Actores
Un fuerte aplauso marcó la adhesión de las y los presentes. No sé cómo le habrá caído esto al ministro de Cultura, ingeniero Hernán Lombardi, pero sospecho que no muy bien, pues al ratito de empezada la función se fue. Lo que sí puedo imaginar es qué le habrá provocado la lectura de esa nota al director general del Complejo Teatral de Buenos Aires: nada. Tras años de curtirse a la sombra de Kive Staiff y manejando todo desde una cerrada y mercantil mesa chica (el tiempo ha demostrado lo que tantos no querían ver insistiendo con que Kive era un abuelito bueno), al tipo no le pasa nada, no se le mueve un pelo. Y apuesto a que si alguien le preguntase algo al respecto, al mejor estilo Kive, diría alguna cretinada del tipo “Estamos haciendo lo mejor que podemos” o “Estamos muy preocupados”.

¿Y el cuerpo? Bien, gracias
Lo que voy a agregar es una duda, no una objeción. Que quede claro. Porque cuando aparecieron en el escenario esas dos personas de la Asociación Argentina de Actores, pensé que era una lástima que no hubieran salido con ellos los protagonistas de la obra que estaba por empezar. Y que ojalá lo hagan en las siguientes funciones, porque son tres figuras lo suficientemente consolidadas como para no temer ninguna represalia, y cuya presencia le daría al gran público que convoca el Teatro San Martín la certeza de que no se trata de una rosca gremial, porque ya sabemos cómo somos el medio pelo argentino: un reclamo laboral es de negros vagos, pero nadie se atrevería a afirmar lo mismo si viera poniéndole el cuerpo a ese reclamo a figuras reconocidas como lo son Ingrid Pellicori, Pompeyo Audivert y Alejandro Awada.
Y no me vengan con que no es posible. En agosto de 2009, Malena Solda –con mucho menos trayectoria que el citado trío– pudo hacerlo: ella leyó un comunicado denunciando el atraso en el pago de sueldos al término de la función de estreno de Marat-Sade, en el mismo teatro, bajo el mismo gobierno.
Y menos me vengan con que no se estila. Tampoco se estila que la democracia le entregue el gobierno a los mismos poderosos que se buscó evitar cuando se inventó tal sistema. Tampoco se estila tener a un ingeniero y empresario hotelero como ministro de Cultura. Tampoco se estila que un teatro público se venga abajo con la complicidad de un gremio al que se reconoce como único representante de los trabajadores. Tampoco se estila que se les haga juicio a los trabajadores que hacen huelga. Y muchísimas otras cosas tanto o más graves que tampoco se estilan pero que, desde la llegada del macrismo al poder, son pan cotidiano. Por lo tanto, no son tiempos para andar evaluando qué se estila, sino para poner el cuerpo. Aunque seas el cuñado de Macri. O, quizás, mucho más si sos el cuñado de Macri.

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