“¡Que apaguen, si son tan brujos, la llama ardiente de la pasión!”
Decías eso, Hugo, en 1997, en esa epopeya arratonada, rantifusa y desbordante de humanidad que fue Hotel Oasis. El desafío de toda esa obra, y especialmente el de esta frase, le ganaba por paliza a cualquier papanatas o perverso de moda en esos años, se llamase Fukuyama o Menem. Nadie mejor que vos nos enseñó que también se resiste sonriendo, cantando y bailando.
Yo sé que te fuiste al Hotel Oasis. Con todos esos crotos y marginados que con tanto amor y valentía defendiste una y otra vez.
Es verdad que te fuiste temprano, pero los tipos como vos siempre se van mucho antes de lo que los demás quisiéramos. Además, no solo nos queda tu memoria: acá quedan vivitos y coleando cientos de artistas a los que les metiste pajaritos en la cabeza. Porque (vos bien lo sabías) nadie es tan brujo como para apagar la llama ardiente de la pasión.
Chau, Hugo.
viernes, marzo 25, 2011
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