Edición duodécima de Montaje Decadente. Encontrala
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lunes, marzo 21, 2011

la revista // Texto de presentación de la revista Montaje Decadente

Para quienes aún no hayan conseguido un ejemplar, para quienes lo tuvieron y lo regalaron, o para quienes están lejos, va aquí el texto con que presentamos el proyecto de la revista Montaje Decadente.
De desembarcos y conquistas
El lanzamiento de esta revista no es un inicio, sino un desembarco. Es poner pie en nueva tierra después de un largo viaje. Puede que la nave haya sido ese blog que, bautizado caprichosamente, hoy le da nombre a esta publicación.
Aunque más preciso que hablar de desembarco es decir que desembarcamos, pues hay un nosotros sostenido en lo que nos une: las artes escénicas. Actuando, dirigiendo, escribiendo, debatiendo, investigando, enseñando y viendo teatro y danza. Pero no pretendemos hacer ningún despliegue de lo que traemos transitado, sino utilizarlo para ir a por más: nuestro bagaje no es mercancía en venta, sino el motor que acrecienta nuestro deseo. Y desembarcamos para continuar el viaje pues hay mucho más por descubrir y compartir.
De todos modos, no es por generosidad que vamos a compartir lo que tenemos, sino por pragmático egoísmo: sabemos perfectamente que nuestro placer se multiplica cuando logramos que otras personas también lo experimenten.
Sí, lo admitimos: queremos contagiarte. Pero no de cualquier manera.
Nos proponemos hacer periodismo teatral (y en el término teatral incluimos lo relativo a la danza, tan relegada siempre que ni siquiera se adjetiva en nuestro idioma). Algo que parece apenas existir hoy, pues sobreabunda un periodismo de espectáculos que difunde basura generada en las necesidades de la industria del entretenimiento y una academia que en su afán de especificidad se distancia de su objeto a punto casi de desconocerlo.
Sí, nos proponemos hacer periodismo teatral, y esto nos lleva a abocarnos tanto al hecho escénico como a cuestiones políticas, coyunturales, históricas, éticas e ideológicas que siempre están presentes y atraviesan a todo artista, incluso a quienes (con falsía o ignorancia) atribuyen a sus trabajos una asepsia que, de existir, insultaría la capacidad transformadora del teatro y de la danza. Así, pues, también nos interesaremos por las decisiones del Estado que afectan la actividad, los funcionarios con injerencia en el área, los concursos y premios que deseamos sean incuestionables por el honor que merecen sus beneficiarios, las tensiones internas entre artistas derivadas de cuestiones estéticas o éticas, la gestión de los teatros públicos, el uso de los presupuestos y un largo etcétera. Porque todo eso también ayuda a entender los contextos en los que hoy se crea el teatro y la danza en Buenos Aires.
Sí, es cierto: queremos aportar a que se entienda más para que se disfrute más.
Pero salir del cofrecito de la sola opinión estética nos lleva irremediablemente a tomar partido, porque defendemos un teatro y una danza que, terminada la representación, nos devuelven a nuestro cotidiano con preguntas que podrán hacernos mejores personas, y detestamos que desde un escenario se nos diga que está todo bien y que podemos seguir adelante sin cambiar nada del mundo ni de nuestras vidas, complacencia montada apenas para llegar a nuestros bolsillos sin siquiera rozarnos el corazón.
Algo más sobre esto: la pendencia no es pose ni actitud tomada de antemano, sino que surgirá sola cuando la concepción del teatro y de la danza que defendemos se encuentre con comerciantes facilistas de la escena, con vacas sagradas que quieran hacer la plancha en la Pelopincho de su fama, con vendedores de humo que sin mérito han pasado a ocupar lugares que no merecen. Porque no hacemos esta revista para tener amigos, para adular y caer bien y recibir palmaditas de gratitud. No queremos complacer, aunque sí disfrutamos de participar el placer (otra vez esta palabra) que surge del ideario y del idioma compartidos. Y ahí, por supuesto, estrecharemos lazos, pero no porque necesitamos quien nos acompañe a una fiesta tecno, sino para construir en común.
Digamos también que buscaremos escuchar muchas voces. Pero no todas, porque nadie puede tanto, y además tenemos la decisión de no darle espacio a quienes ya tienen demasiados canales y demasiado poder como para darles más, ni tampoco a los chantas que hasta inventan palabras para hermetizar su discurso e impedir así todo cuestionamiento. Para todo eso desembarcamos. Y no para conquistar, pues si llegamos hasta aquí es porque el teatro y la danza nos han conquistado a quienes hacemos esta revista. Sí, por supuesto: hacemos Montaje Decadente para que el teatro y la danza te seduzcan y te conquisten.
(Revista Montaje Decadente, número 1, marzo de 2011,
página 4.)

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