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viernes, febrero 04, 2011

teatro // Las estrellas no mueren (cinco breves anotaciones)

1) Pero ¿qué pasó con Las estrellas nunca mueren? Te aseguro que algo anda mal en esta versión supuestamente humorística de ¿Qué pasó con Baby Jane? pues no llega a ser graciosa, no capitaliza las poderosas imágenes que el director Robert Aldrich creó en esa película ni mucho menos es creíble en los breves, brevísimos instantes de pretendido e incoherente dramatismo. El problema está en la base: no hay guión, sino una sarta de diálogos que intentan ser provocadores. Y digo que no hay guión porque jamás debe haber estado en el horizonte de los autores crear una dramaturgia. Un guión, sí, como para un sketch largo, muy largo de televisión, bien facilongo y chatito. Y ahora, Google mediante, leo una nota aparecida en Clarín donde vengo a enterarme de que Eusebio Poncela creyó una virtud alejarse del original (“Pueden venir tranquilos los de la Warner, dueños de los derechos de ¿Qué pasó con Baby Jane?, a vigilarnos que no encontrarán nada del clásico original”) a la vez que imaginó cosas que jamás acontecen: “No es una parodia, odiamos la parodia y la caricatura, es muy verídica, auténtica, donde cabe la poesía, el humor, la tragedia, el melodrama y el resultado es un espectáculo visual impresionante que no se parece a nada”. ¿Qué querrá decir “verídica” en boca de Eusebio? Yo no logro saberlo. Y tampoco qué entiende por parodia al negar que la hayan transitado, porque es muy paródica la aparición del padre muerto y embalsamado, así como el superficial indicio de la relación lésbica entre Flor y Ramona.
2) Facilongo y chatito, y es eso. Porque toma todos los atajos para llegar a lo más estúpido del público y despertarle una risotada. Y no te estoy planteando que el teatro deba ser serio, no; pero el teatro, cuando quiere entretener, no necesita competir en la vileza del más barato humor televisivo. Ya resulta indignante ver en la cartelera una producción comercial más en la que se busca la reacción de público con las palabras concha, pija y ojete. Y no es por la palabra en sí, más vale, porque podés reírte a carcajadas si un amigo te señala un culo por la calle y te dice, bien dicho: “¡Pero mirá ese monumento al ojete!”. No, claro: es el uso vano de las palabras. “Chupa, chupa, chupa…” es la letra de una canción que canta Humberto Tortonese, ¿y hay que reírse acá también? Y sumás y sumás hasta que pensás que, realmente, quien supone que con una sarta de esas palabras está dando entretenimiento o diversión o simple pasatiempo, es una persona de mierda (para decirlo en términos que puedan ser entendidos por esas personas). Estamos en 2011, che. Se entiende que poner más basura en la cabeza de la gente hace que más gente esté dispuesta a pagar $ 130 (sí, ciento treinta esos) para ver más basura, pero es de esperar algo más. Y ese algo más lo esperamos de los actores, del director, de los productores e incluso del Paseo La Plaza, que no va a entrar en cesación de pagos por prestar sus escenarios para algo más digno. Sí, es un tema. Es el tema de un arte que un día lo rebautizaron industria cultural. Para bien de los mercaderes, no del arte, se sabe.
3) Estamos en 2011, che. Humberto Tortonese puteando y haciéndose la desaforada ya es algo muy viejo. El Parakultural cerró, y si abriera, se harían otras cosas. Según desde dónde lo mires, decepciona o entristece ver a Humberto revoleando una botella y salpicando agua sobre las primeras filas de la platea, como remedando aquellas reales y hasta violentas provocaciones al público que generaba junto a Urdapilleta. Y ya que te cuento de él, no hay caso: no puede con los textos. Otra vez se olvida textos. No sé si una palabra o diez líneas, pero sí se nota que se equivoca, que se confunde, que se traba. Y habiendo tantos actores buenos, ¿por qué Humberto? Porque hay gente que lo sigue, y otra lo irá ver apenas recuerde que una vez lo vio en televisión. Si lo ves así, hasta podés pensar que a los productores no les importa la calidad del laburo de Humberto (que no tiene calidad), sino usarlo como anzuelo. Y eso es una cagada para el mismo. Alguien debería decirle a que siga en la tele y en la radio, donde funciona bien y está a la altura de lo que esos medios exigen, pero que no se exponga más en teatro. A no ser que se junte con Urdapilleta para hacer funciones en un ciclo sobre la contracultura de la primavera alfonsinista. En serio. Lo que hace sólo es bueno para su chequera, que ni para el resto de su anatomía le sirve.
4) Y si Humberto decepciona o entristece según desde dónde lo mires, la actuación de Eusebio Poncela te enoja desde cualquier ángulo. Porque al menos a Humberto le pasa su loco desborde, pero a Eusebio no le pasa nada. Nada. Está empujando a un personaje muerto mientras acciona los hilos de su cuerpo para llegar a cada movimiento. No hay vida en lo que hace. Parece que sus músculos transitan entre poses aprendidas de un manual de declamación corporal. Y no es porque su personaje fue una actriz del cine de los años 30, no es por la pose de Flor del Río, porque cuando ésta debe expresar alguna emoción descontrolada –como cuando su hermana le hace alguna de las innúmeras maldades–, Eusebio logra que Flor transite la desesperación, el pánico y la angustia como fumada con el mismo porro. Además, su voz se escucha tan inexpresiva que pensás que le anda mal el micrófono. Después te das cuenta de que el micrófono anda bien, porque cuando él toma unas pastillas, el ruido de estas al caer parece una sinfonía de Mahler comparado con la monotonía aplastante de eso que sale de las cuerdas vocales de Eusebio.
5) Y traé de nuevo a Humberto y a Eusebio, que ahora le sumamos a Facundo Fuentes de la Oca y hablamos de la dirección. Empecemos por la puesta. La noción del espacio no existe: arriba, abajo, adentro, afuera, todo puede estar donde se les cante a cada momento. La gente que viene de afuera viene de afuera izquierda y de afuera derecha. ¿Que cómo es eso? Ah, yo tampoco lo entendí. No es lo único. El pasillo que lleva a la habitación de Flor, ¿es paralelo a la vereda? La puerta de la habitación de Flor, ¿a veces da a la calle? Y más que pasillo, escalera, no tanto por seguir la película que se supone habían querido versionar, sino porque es necesario que haya una escalera (jamás nombrada, mucho menos vista) para explicar por qué Flor no puede salir con su silla de ruedas y por qué llega sin ella al teléfono de la sala. Y el uso del espacio es horroroso. ¿Qué hace Poncela en la silla de ruedas contra el lateral izquierdo? ¿Se está escondiendo detrás del enorme parlante o fue una decisión que esté arrumbado en ese costado? ¿Y para qué? Y la barra semicircular que desentona con todo, ¿la pusieron para apoyar botellas? Y el coso ese en el que aparece Flor como crucificada vip (¡qué vulgaridad de imagen!), ¿qué es? ¿Lo hizo Elvira en sus ratos libres, soldadora en mano, siguiendo los planos que le mandó John Doe, el asesino serial de Seven? Porque parece la obra de un psicópata consumado, no de una vieja loca. Y si en las botellas de gin hay agua, ¿les costaba mucho poner Coca sin gas en la cafetera? Porque queda muy de “juguemos a las visitas” cuando Elvira toma café con Ernesto y todo es aire. ¿Y qué canal estaba mirando Facundo Fuentes de la Oca durante los ensayos? Porque podemos convenir que Eusebio y Humberto estaban adentro de las escenas, que por eso pueden no haber tenido una mirada precisa sobre la puesta (aunque para evitar eso debieron contratar un director, ratitas), pero, en serio, ¿qué aportó Facundo Fuentes de la Oca? ¿No vio nada durante los meses o semanas o días de creación de todo lo que está mal, pero mal con ganas e incluso para la mirada de un simple espectador? Para poner un solo ejemplo, ¿no ve que Eusebio se cae de la silla de ruedas como si fuese un acróbata aéreo sin una aseguradora de riesgos de trabajo, provocando un momento ridículo en cuanto a interpretación actoral?
No vayas a verla. Te lo pido por respeto a tantas personas que hacen teatro mejor o peor pero a conciencia.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Las estrellas nunca mueren en este link a Alternativa Teatral.

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