Edición undécima de Montaje Decadente. Encontrala
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Anfitrión, Belisario, Del Abasto, El Camarín de las Musas, El Fino, El Laberinto del Cíclope, Timbre 4.
Pronto, en otras salas (a medida que retomen su actividad),

jueves, mayo 27, 2010

periodismo teatral // Ernesto Schoo, otro que celebra el centenario del Centenario

En la edición del diario La Nación del pasado sábado 22 de mayo, Ernesto Schoo se sumó, con una nota titulada La ciudad que ama su actividad teatral, a las voces de quienes se obstinaron en celebrar el centenario del Centenario, a añorar lo bien que estábamos hace cien años hasta incluso opacar el sentido de la Revolución de Mayo con los brillos de los exclusivos fastos de 1910, evocando más a la Infanta Isabel que a Mariano Moreno.
Como no nacimos anoche ni leemos el diario desde esta mañana, sabemos que hay un sector al que tanto le repele el actual gobierno nacional que, en su afán de oler bosta, elige oler la bosta fresca de aquella república agroganadera que forjó una notable abundancia para unos pocos que, en su mayoría, degeneraron en una elite de tarambanas sólo útiles para dilapidar fortunas (no es casual que los palacios erigidos por sus padres y abuelos terminaron en manos del estado o demolidos). Sabemos que Aguinis, Sebreli, Grondona, Vanossi, Sabsay, Sanguinetti y otros tantos “intelectuales” que piensan la patria desde avenida Córdoba hacia el río seguirán haciendo lo imposible por invisibilizar a los millones de personas que disfrutaron de los festejos del Bicentenario y evidenciaron la lejanía existente entre la realidad del pueblo y el discurso de aquellos carcamanes que hablan de “la gente” o “los vecinos”.
Con la citada nota, el decano de la crítica teatral y hábil operador (no debemos escatimarle méritos) Ernesto Schoo se ubica en esa misma línea: ¡qué bien estábamos hace un siglo! Ergo, ¡qué mal estamos ahora!
La idea de esa gloria pasada ni siquiera es nueva: el mismo Schoo ya había publicado el 7 de marzo de 2009 la nota La cartelera dorada: 1900-1910. Pero en su (anti)aporte al Bicentenario, cierra con “dos tristezas” acaecidas en 1910: la muerte de Florencio Sánchez y “el incendio intencional del circo de Frank Brown en la calle Florida”. ¿Eso es todo lo que tiene para decir del incendio del circo de Frank Brown, que fue “intencional”? Schoo bien debe tener en mente –porque es un hombre cultísimo, ávido lector y muy memorioso– que aquel incendio fue el resultado de la prédica repugnante, intolerante y clasista con que los diarios porteños atacaron la instalación de un circo en la paqueta calle Florida para la celebración del Centenario. Es mucho más que una tristeza: es un escarnio. Apenas unos pocos de los responsables de ese incendio fueron detenidos y rápidamente liberados, sin que sus nombres fueran dados a conocer. Y el diario La Nación explicó los hechos con estas palabras en la edición del día siguiente (5 de mayo de 1910):
Incendiar por amor a la dignidad artística de nuestras efusiones patrióticas no deja tampoco de ser incendiar (…) del resultado material hay que felicitarse. Y por lo demás –¿para qué callarlo?– es un gesto semibárbaro y todo, pero juvenil, entusiasta, alocado, que no deja de tener su gracia…
Con la misma complacencia, en los años siguientes, La Nación juzgó con lenidad otros actos, otros incendios, otros crímenes que fueron ejecutados por manos amigas, por gente de pro, por niños bien de apellidos ilustres o al menos por quienes actuaron como el brazo armado para la consecución de los intereses de los antes enumerados. Pero Ernesto Schoo se limita a decir que el incendio del circo de Frank Brown fue “una tristeza”, sin contextualizar ese acto miserable en el fogoneo del que participó el mismo diario que hoy publica sus notas. Ni mucho comprometer su palabra juzgando a los cobardes autores de la nefasta quema.
Para Ernesto Schoo, como todo el país, el teatro también vivió su era dorada hace un siglo. Y los jefes más altos en la jerarquía editorial de La Nación, descendientes por sangre y por ideas de quienes editaban el mismo diario hace cien años y se complacían en el incendio de un circo, esos jefes deben estar orgullosos de contar entre sus filas a un pensador como Ernesto Schoo.

martes, mayo 25, 2010

vida teatral // En el Teatro San Martín se festejan cumpleaños de millonarios, pero el propio no

Luego de haber arrendado buena parte de las instalaciones de libre acceso al público del Teatro San Martín para una fiestita privada y del consiguiente escándalo desatado, el tetrajerarca Aquiva (a) “Kive” Staiff reunió a todo el personal de la casa y, acompañado por sus adláteres, se victimizó dando un detallado informe de situación. Una situación desastrosa de la que no parece hacerse cargo pese a los larguísimos años que lleva al frente de ese organismo, como si el patético estado del San Martín fuese resultado de un destino trágico marcado por malvados seudodioses macristas. Que los hay, sin dudas, pero aunque Staiff los vio venir, seguramente supuso que podría con ellos: un hombre que ha sido funcionario de dictaduras y en gobiernos democráticos con muy distintos signos partidarios no puede alegar que no sabía lo que le esperaba a él y a “su teatro” con la llegada de la más descarada horda de lucradores disfrazados de nueva política. Staiff paga hoy lo que dice Alfredo Le Pera en su tango Cuesta abajo: “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Pero no parece un precio alto para el responsable del estado actual del Teatro San Martín, del que en pocos días más volveremos a ocuparnos en este blog pero de una manera poco habitual: daremos por ese edificio un paseo fotográfico.
Ahora bien, hoy es el cumpleaños número cincuenta del Teatro San Martín. Medio siglo que se festeja con…nada. Las celebraciones vendrás después, según la información enviada el viernes 21 de mayo por la oficina de prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires. La siguiente es su transcripción textual, y no necesita ninguna glosa pues todo está a la vista.
Teatro San Martín
Celebraciones por el 50° aniversario

Se presentarán un espectáculo, un libro, un documental y una muestra fotográfica para festejar los 50 años del Teatro San Martín

El Complejo Teatral de Buenos Aires celebrará austeramente el 50° aniversario de la fundación del Teatro San Martín. Por lo pronto se correrá del epicentro formal, el 25 de mayo de 2010, fecha en la que coincidirán las acciones celebratorias del Bicentenario de la Revolución de Mayo a cargo del Gobierno de la Ciudad y del Gobierno Nacional, así como de otras instituciones públicas y privadas. Una austeridad obligada, además, por la ya sabida escasez de recursos presupuestarios que padece el CTBA en los días que corren.
El Teatro San Martín festejará su cincuentenario primero en la intimidad, con todo el personal del CTBA y los elencos de la obras en cartel, el miércoles 26 de mayo con un sencillo “chocolate con churros”, y derivará hacia junio otras acciones. El 22 de junio a las 20 horas, en la Sala Martín Coronado, se celebrará una “Fiesta de cumpleaños” evocativa de la gestión artística del Teatro a lo largo de estos cincuenta años, espectáculo que se repetirá el miércoles 23 y el martes 29, también a las 20 horas, con la participación de los muchos artistas de todas las disciplinas que trajinaron sus escenarios.
La primera fecha estará dedicada a invitados, funcionarios, artistas, periodistas y representantes del personal. Las funciones del 23 y del 29 de junio serán abiertas y gratuitas para el público en general. Este espectáculo es dirigido por José María Paolantonio, con una propuesta escenográfica de Héctor Calmet y la coordinación de René Aure. Consistirá en una presentación de fragmentos de algunas obras paradigmáticas del repertorio cincuentenario del Teatro a cargo, preferentemente, de actrices y actores que alguna vez los interpretaron en estos escenarios. Éstos serán los títulos: Stéfano de Armando Discépolo, En familia de Florencio Sánchez, Tres hermanas de Anton Chejov, Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen, Galileo Galilei de Bertolt Brecht, El pan de la locura de Carlos Gorostiza, El reñidero de Sergio De Cecco, Dar la vuelta de Griselda Gambaro, Panorama desde el puente de Arthur Miller y un monólogo de William Shakespeare. Los intérpretes serán Roberto Carnaghi, Roberto Castro, Graciela Araujo, Aldo Barbero, Mario Pasik, Claudia Lapacó, Villanueva Cosse, Antonio Ugo, Malena Solda, Eleonora Wexler, Stella Galazzi, Ana Yovino, Muriel Santa Ana, Beatriz Spelzini, Horacio Peña, Luis Brandoni, Daniel Fanego, Héctor Bidonde, Walter Santa Ana, Víctor Laplace, Alejandro Awada, Emiliano Dionisi, Patricio Contreras, Martín Slipak, Alicia Berdaxagar, Sergio Surraco, Cristina Banegas, Joaquín Furriel, Ingrid Pelicori, Cutuli, Mariano Fernández, Mario Alarcón, Arturo Puig, Mirta Busnelli y Alfredo Alcón.
El espectáculo también contempla la intervención del Ballet Contemporáneo y del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, así como de cantantes y músicos: Alejandra Radano, Diego Vila y Sandra Guida presentarán distintos musicales, y Rodolfo Mederos y Walter Ríos, junto a otros bandoneonistas, ofrecerán un concierto. Entre tanto se está rodando un documental cinematográfico con la dirección de Mario Sábato sobre guión de Aída Bortnik, y está en proceso de edición un libro (300 páginas) igualmente testimonial del medio siglo transcurrido. La celebración se completa con una muestra fotográfica –que se inaugurará el martes 15 de junio en las salas del primer piso del Hall Carlos Morel–, de obras y artistas que formaron parte de la historia del Teatro a lo largo de estos cincuenta años.
Por otra parte ya se realizó un concurso destinado a graficar la identidad visual del Teatro San Martín con un logotipo que ya preside toda la gráfica de la institución. A principios de julio se realizará un coloquio, a puertas cerradas, destinado a elaborar aportes para un modelo del Teatro San Martín en sus próximos cincuenta años. En el mismo participarán intelectuales, periodistas, políticos, actores, directores teatrales, investigadores y, por supuesto, los anteriores y actuales directores del Teatro San Martín. Los resultados del coloquio serán posteriormente trasladados a una publicación especial.

viernes, mayo 21, 2010

vida teatral // El Bicentenario, otro notable ausente en los escenarios porteños

(Esta nota fue publicada en la edición Nº 139, de mayo de 2010, de la revista Llegás a Buenos Aires.)

Es el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Una bandera celeste y blanca en el balcón de la esquina, escarapelas por doquier, “Oíd, mortales, el grito sagrado”, un feriado de yapa, eventos varios.
Quizás las cosas cambien en los próximos días, pero hasta fines de abril (cuando se escribió esta nota) no apareció el clima de celebración y reflexión que todo aniversario trae aparejado. De alguna manera, es comprensible: un ala de la intelectualidad nacional de alta exposición mediática insiste en que la fiesta, la verdadera fiesta, fue en el Centenario, porque el país de 1910 era como una Arcadia de áureas espigas de trigo y vacas anglomugientes. (Para sostener la imagen de aquel pujante granero del mundo, siempre han escamoteado El estado de las clases obreras argentinas, informe realizado pocos años antes por Juan Bialet Massé.)
Será cosa, pues, de dejar solo a un prestigiado autor como Marcos Aguinis diciendo que “somos mal educados y corruptos”; si él es esas cosas o cree que todos los demás lo somos, ya no tenemos ganas de compartir con él ese “nosotros”. Y nos vamos a otra fiesta.
Como estamos en la sección Teatro, veamos qué hay de fiesta por los escenarios con motivo de los 200 años de la patria.
Eh…
¿Nada?
Los organismos de promoción al teatro a nivel municipal y nacional (Proteatro e Instituto Nacional del Teatro, respectivamente), nada. El Teatro Nacional Cervantes, nada. El Complejo Teatral de Buenos Aires, nada (el estreno en el Teatro de la Ribera de 1810, de Martín Coronado, con dirección de Eva Halac, anunciado originalmente para abril, “quizás” esté estrenándose a mediados de julio). El teatro comercial, menos que nada. ¿Y en el circuito del teatro alternativo?

Miradas argentinas
Después de un detallado relevamiento (aunque admito puede ser incompleto y haber algo más rondando por ahí), me encuentro con que hay una sola obra creada para la ocasión, que se estrena dos días antes del Bicentenario y que, para no dejar lugar a dudas, lleva por título La Revolución. Como dramaturgo y director, Leo Bosio la define como su interpretación personal de aquel primigenio 25 de mayo, luego de haber presentado, en los respectivos bicentenarios de las invasiones inglesas, La invasión y la Defensa y La Reconquista. Desde el domingo 23 a las 20, La Revolución se presentará en una taberna que ofrece cocina colonial mientras que durante la función es a la vez la taberna en donde pueblo espera frente al Cabildo las últimas noticias políticas.
Luego tenemos una serie de obras que brindan o intentan brindar un aporte desde los escenarios para generar una mirada sobre nuestra sociedad y nuestra historia. Siendo tan escaso el aporte específico del teatro porteño al Bicentenario, vayamos a por lo más cercano, a las adhesiones implícitas que podríamos imaginar.
La primera, ¡vaya si es aporte! En Ala de criados, Mauricio Kartun toma la Semana Trágica como contexto para que tres jóvenes primos de la aristocracia porteña se entrenen en el sometimiento de la incipiente clase media argentina. Es sin dudas una pieza magnífica, de esas que como público no debemos dejar pasar, a la vez que el mejor ejemplo de que el posicionamiento ideológico de ninguna manera genera distancia o adquiere poses de solemnidad. Una lección no de historia, sino política. Y de la política actual: en ese enero de 1919 está en germen nuestra Argentina de hoy.
Algo inusitado es el actual programa de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea que, dirigida en esta ocasión por Rakhal Herrero, interpreta La que sepamos todos (oda a nosotros mismos), un espectáculo excelente en el que la idiosincrasia argentina sostiene el relato desde el cuerpo de las y los intérpretes, quienes vuelven a exponer su compromiso no sólo artístico y físico, sino con la búsqueda de una danza contemporánea de clara raigambre nacional.
Una particular propuesta –en la que conviven teatro y música– es la de Lovely Revolution, de Enrique Papatino, quien aborda los primeros sucesos determinantes de la historia argentina, incluyendo el viaje de Mariano Moreno a Londres, en el que muere.
En Severino (la otra historia), Pablo Razuk le da vida y pasión a un personaje maldito de nuestra historia: el militante anarquista Severino Di Giovanni. Nada menor es el dato de que se esté presentando con esta obra en el Teatro Bauen Hotel (Av. Callao 360), empresa recuperada por sus trabajadores. Di Giovanni no podría estar más a gusto.
Una interesante mirada al cotidiano de las mujeres trabajadoras a principio de los años ’30 aparece en la sencilla y muy cuidada Todos los secretos, de Ramiro Lehkuniec y Ulises Romero.
Recientemente, Daniel Dalmaroni estrenó El secuestro de Isabelita, en la que indaga en la guerrilla de los años ’70 con cierta (ya habitual de su parte) incorrección política. En el Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943, los sábados a las 23:15.
Otro trabajo sobre los años ’70, pero asomándose a ellos ya en plena dictadura y planteando tres relatos simultáneos (uno de ellos, actual), es el que propone Susana Torres Molina en Esa extraña forma de pasión.

Más vale que cada artista estará haciendo en teatro lo que desea, sin necesidad de atarse al Bicentenario. Pero respetando las elecciones personales, sean estéticas o políticas, algo sucede como para que la inmensa mayoría haya elegido desestimar el Bicentenario. Como si el país estuviera muy lejos y fuese una complicación homenajearlo que, a la larga, es homenajearnos a nosotros mismos en tanto sociedad.
Y aquí surgen algunos temas que sería bueno comenzar a preguntarse. Como que en la inmensa mayoría de los espectáculos teatrales que se presentan en Buenos Aires sospechamos que la acción ocurre en nuestro país sólo porque nos reconocemos en el habla y en algunas costumbres de los personajes, ya que fuera de eso, la ausencia de siquiera atisbos de la realidad sociopolítica argentina es tal que no resulta aventurado decir que la acción dramática de buena parte de la cartelera porteña podría estar situada en Villa Ortúzar, en Frankfurt o en Springfield, y casi nada se resentiría. Algo para pensar, pues esta ausencia de identidad es en sí misma una declaración.
Este paneo se complica cuando constatamos que en los escenarios pocas veces se refleja la realidad cotidiana en la que se mueve el mismo espectador: es más fácil ver a un actor interpretando a un alemán deprimido que a un cartonero. Y no es que el teatro deba copiar la realidad, pero si debe transformarla (que es lo que algunos seguimos pensando, pese a la oleada que avanza en contrario y con fuerza desde los ‘90), primero deberá leerla, reconocerla, interpretarla y entonces sí recrearla.
Dijimos cartonero, pero ¿cuántas realidades de nuestra sociedad están ausentes en nuestro teatro? Hijos apropiados, nietos recuperados, desaparecidos, piqueteros, represiones, indultados, prófugos, funcionarios y empresarios corruptos, etc. Mientras tanto, hay personajes que vemos una y otra vez en distintas obras y encarnados por el mismo u otro intérprete.
Vale aclarar que la idea no es proponer un teatro chauvinista o panfletario, ni que toda obra deba ser políticamente aleccionadora. Nada de eso. Pero así como ese exceso sería asfixiante, ¿no resultará algo asfixiante que estemos tan cerca del polo opuesto?
Y montados en estas ideas pero extremándolas, hay quienes crean teatro sosteniendo que su labor no tiene resonancia social ni contenido político. Lo que resulta tan paradójico como quien nos dice “Yo no hablo”: por más que lo niegue, ya lo está haciendo. De todos modos, ese posicionamiento no debe alarmarnos demasiado: mucho peor es la aberración de un partido político que dice no hacer ni querer hacer política, y eso ya existe.
Los 200 años de la gesta de Mayo están pasando casi inadvertidos entre la multitud de personas que hacen teatro en Buenos Aires.

jueves, mayo 20, 2010

teatro // Ya no contagio, de Ezequiel de Almeida

En estos días, el resultado de aventurar una mirada hacia el futuro dista tanto del optimismo del año 1900 como del fatalismo que se adueñó de la imaginación en la segunda mitad del siglo pasado: lo más común es sospechar una supervivencia medio hueca de nuestra especie, algo así como una sensación a mitad de camino entre la pronta satisfacción y el adormecimiento. Que bien podría resumirse en una locución que se halla con frecuencia en boca de quienes de alguna manera anticipan ya hoy ese porvenir mediocre: “Tipo que… ¡nada!”, con la que no se refieren a un señor deslizándose en el agua, sino a que no pueden siquiera expresar lo que tienen en su cabeza.
Por ahí nos lleva Ezequiel de Almeida con esta pieza. Y nos arroja a una vivienda o reducto (sus habitantes no podrían señalar la diferencia, y esa confusión nos la transmiten) con un puñado de personas cuyos deseos son tan superficiales que resulta innecesario trabajar por su satisfacción. No hay búsqueda, no se ponen en juego emociones, no hay cuestionamientos. Eso sí: cuando se les despierta una necesidad sofisticada como querer recordar algo, tienen el auxilio de la tecnología, algo así como un mega procesador que archiva todo lo que acontece en ese lugar.
La chatura de esta gente, lo microscópico de sus móviles, la vacuidad de sus conversaciones es molesta. Y hasta puede irritar que el autor no juzgue siquiera un poco a sus personajes; por mi parte, confieso que me hubiera satisfecho que la obra propusiera la caída de un techo o un incendio voraz con la consecuente matanza de esos personajes inanes. Pero no. Y no sólo porque no es bueno que el autor juzgue a sus criaturas, sino también porque De Almeida asumió el riesgo de sostener el relato en sintonía con lo relatado: no hay juicio, no hay intenciones de dar respuestas, no hay emociones.
Si usé la palabra riesgo es porque considero bastante temerario el camino elegido. Es como esas marchas sobre la nieve acumulada entre dos picos cercanos: abismo a uno y otro lado. El que va adelante (en ese caso, De Almeida) marca la senda, y los de atrás (el público) no deben salirse de sus huellas. Creo que por eso es probable que haya espectadores de esta pieza que se desbarranquen hacia el desinterés o bien hacia una lectura de mera comicidad. Sólo avanzando por una delgada línea no se cae ni en el aburrimiento ni en la risa constante.
Como título de una obra de teatro, Ya no contagio tiene las virtudes de ser breve, claro e intrigante. Pero como concepto, “ya no contagio” es terrible, porque vivir es contagiar a quien esté a mi lado. Quien ya no contagia no tiene nada para dar. Quizás ahí esté la médula de esta obra.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Ya no contagio en este link a Alternativa Teatral.
Y acá, el link al blog de Ya no contagio.

lunes, mayo 17, 2010

teatro // Todos eran mis hijos (cinco breves anotaciones)

1) Me senté en la butaca que me correspondía y vi el escenario. Había algo raro en ese espacio. Tardé en darme cuenta de lo que era muy evidente: todo se ve plano. La escenografía parece hecha en dos dimensiones. ¿La hizo Mariana Tirantte? Sí. Repasé en mi memoria algunos otros trabajos de Mariana y no, esto no tiene nada que ver. Tampoco tiene mucho que ver con lo que se espera de una producción teatral comercial, pues se la ve bastante pobre, presupuestariamente pobre. A medida que avanzaba la función, fui dándome cuenta de que en realidad esa escenografía está perfectamente adecuada a las necesidades de la puesta, pues todo parece resuelto en dos dimensiones, no hay profundidad. Apenas hay movimientos en el sentido adelante-atrás, ya que casi todo desplazamiento se da hacia los laterales. Es como un frontispicio en el que todo se ve en el mismo plano.
2) ¿Por qué Todos eran mis hijos en 2010? La pieza de Arthur Miller se defiende sola como texto dramático, pero los hechos que relata, la situación que denuncia y el cuestionamiento ético que plantea ya no revisten interés alguno. El personaje principal, Joe Keller, niega ser el responsable de una avivada que, como proveedor del estado, costó la vida de varios aviadores, culpando a su ex socio que por tal motivo está preso. Y eso hoy no es nada: cualquier mediano o gran empresario toma con frecuencia decisiones que implican que directa o indirectamente, más temprano que tarde, un puñado de personas morirá en algún lugar del mundo. Que no queramos verlo para seguir deleitándonos sin culpas con las mieles del capitalismo es otro tema, pero eso es lo que sucede cuando un laboratorio envía una droga no muy testeada al mercado africano, cuando Monsanto convence a los gauchócratas de que es más fácil regar con glifosato la pampa que separar los yuyos de la soja, cuando una multinacional deja en la calle a mil trabajadores no a causa de tener pérdidas sino porque se redujo su nivel de ganancias, y así miles. Es deplorable, sin dudas, pensar que es ese nuestro vivir cotidiano, pero hoy Joe Keller aparece como un miserable de poca monta, y su manera de remediar su falta –cuando sale a la luz su responsabilidad– carece de todo viso de actualidad. Sin embargo, varias voces opinan lo contrario. Por ejemplo, el encargado de la crítica sobre esta puesta publicada en el diario Clarín, Camilio Sánchez, escribió: “…lo que persiste en la sensación final es cómo los mejores alumnos de la plusvalía, finalmente, resultan aniquilados por el sistema que los había erigido como victoriosos. La clave del discurso que sostiene a la pieza que acaba de estrenarse en el Apolo, y de ahí tal vez su actualidad, es la manera en que el libre comercio deglute, sin más, a sus mejores alumnos”. Pero ¿a cuántos capitalistas en bancarrota, presos o suicidados conocerá Camilo Sánchez como para afirmar eso? El libre comercio que esgrime la nota, ¿se ha deglutido a Ernestina Herrera, Héctor Magnetto y Héctor Huergo –por dar algunos ejemplos que Camilo debe conocer– o se come la dignidad de los trabajadores de Clarín a quienes se les prohíbe sindicalizarse? (Y no me despierta mucho interés hacer aquí periodismo de periodistas, pero siendo aún Clarín el más poderoso creador e instalador de relatos sobre la realidad, resultaría muy tonto no citarlo.)
En pocas palabras: afirmar a esta altura de la (des)humanidad que Todos eran mis hijos es una pieza que nos interpela es, literalmente y citando al filósofo Carlos Saúl, haberse quedado en el ’45.
3) Hablemos de los dos grandes y trompeteados protagónicos. Admito que de Ana María Picchio no esperaba nada, por lo que no me decepcionó. (Admito también que no espero nada de ella por cierto rechazo que me provoca, rechazo nacido una noche, durante la función de un espectáculo; ella ocupaba la mejor ubicada y más visible mesa –junto al escenario, al centro– y ahí, a la vista de público y artistas, se la pasó bufando y bromeando con sus dos acompañantes, y me parece que ser vulgar en la platea es no haber entendido algo importante del teatro.) Pero sí me llamó la atención Lito Cruz porque no habla, sino que salmodia, salmodia todos los textos, a punto que debí poner mucha atención para escucharlo porque la inercia que impone su cantito invita a no percatarse de sus palabras. Eso sí: la atención volvió sola a él cuando notablemente olvidó parte de sus líneas.
4) No es novedad que los aplausos en las funciones donde hay muchos invitados (amigos, colegas, parientes) son más producto de la estima personal que de la valoración del desempeño profesional. No extraña, entonces, que los aplausos que cerraron la función del domingo 9 de mayo no se condijeran con la sensación de aburrimiento que manaba del público durante toda la representación. Supongo que a nadie en el escenario le habrá pasado inadvertido esto, pues el desinterés que reinaba en la platea era muy fuerte.
5) Para comprobar lo anterior, nada mejor que la excepción: Marina Bellati. El profundo trabajo que despliega en su breve personaje, Lydia, es maravilloso. La sala entera festeja la controlada manifestación de emociones encontradas que la atraviesa cuando conversa con George (Federico D’Elía). El cuadro no debe durar más de dos minutos y, sin embargo, nos hace comprender y amar a Lydia. Sin dudas, Marina Bellati ofrece lo mejor de esta nueva propuesta de la maquinaria comercial.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Todos eran mis hijos en este link a Alternativa Teatral.

sábado, mayo 15, 2010

ciclo // 10 payasas = 10 espectáculos. Ciclo de unipersonales de payasas

Hay mujeres que lideran, pero otros dicen que crispan. Aquellas anuncian desgracias, y otros las consideran flojas de la chaveta. Algunas juran defender la democracia, aunque hay quienes dicen que son explotadoras y hasta apropiadoras. Otras se exhiben como pragmáticas progresistas y son criticadas por chupacirios. Sea como fuere, lo que no se puede soslayar es que las mujeres están hoy en el centro de la escena con sus actos, sus palabras y sus propuestas.
Es por eso que no extraña que diez mujeres de nariz roja salgan a irrumpir como con un patadón en la cartelera porteña. Solas, ¿eh?, porque se la re bancan estas payasas. Solas pero juntas, porque desde el año pasado se reúnen, y una de las cosas que resultaron de sus cónclaves secretos fue este ciclo, al que cada una aporta desde sus muy distintas personalidades payasas.
Agarrate, que así se viene la programación en la segunda mitad de mayo.
Ayer abrió Yoko Onda (Leticia Torres) con Y.O., pero si te la perdiste, sigue en cartel unas semanas más.
Domingo 16 desde las 15, en Plaza Francia (Libertador y Pueyrredón), Torbellino (Violeta Fractman) en ¡Atame mucho!; Cucurruca (Natalia Sismonda) en Solita mi alma; y Seniorita Porfavor (Marcela Flores) en Seniorita Porfavor en vivo.
Viernes 21 a las 23:30, en Teatro Piccolino (Fitz Roy 2056), Haydée Munamú (Vicki Almeida) en La última vez que me tiré a un precipicio.
Sábado 22 a las 21, en Espacio Cultural Pata de Ganso (Zelaya 3122), Marta (Irene Sexer) en Querida Marta.
Domingo 23 a las 21, en Belisario Club de Cultura (Corrientes 1624), Pupé Sordi (Violeta Naón) en Siento por ella.
Viernes 28 a las 20, en Club Pedraza (Manuela Pedraza 3222), Cocó (Luanda Santanera) en FM Cocó.
Sábado 29 a las 20:30, en Club Pedraza (Manuela Pedraza 3222), Cecilia Ostrofsky en Son amour imaginaire.
Domingo 30 a las 20, en Club Pedraza (Manuela Pedraza 3222), Carola (Cintia Axt) en Tú no tienes la culpa.
¡Pero mirá cómo se vienen las payasas!

periodismo // La agenda de Ñ

La edición de Ñ de hoy (Nº 346) trae una novedad, a no ser que ya se haya aplicado previamente y yo no me haya percatado de ello (que es posible). En la página 39, en la agenda titulada La semana cultural, para el domingo 16 se anuncia lo siguiente:
TEATRO
Clases de teatro para niños y adolescentes. A cargo de la profesora Florencia Rodríguez Zorrilla. Lu de 16:30 a 18 de 18:30 a 19. Inicio: 31 de Mayo. C.C. Manuel Belgrano. Alvares Jonte 5785. $75 por mes. Info (…)
La novedad no es que los meses se escriban con mayúscula ni que Álvarez termine con la letra ese, sino la falta de criterio que provoca que la agenda del suplemento cultural del autoproclamado “gran diario argentino”, sea por amiguismo o por ansia de mercantilizar todo, se convirtió en sucedánea del volante callejero. Y bien sabemos que ese espacio le fue escamoteado a la difusión de alguna obra.

viernes, mayo 14, 2010

anticipo // Política casera, por la Compañía de Funciones Patrióticas

Con motivo de conmemorarse el Bicentenario de la Patria, la Compañía de Funciones Patrióticas presenta su versión destituyente de Política casera.
Estrenada en 1901 por los Podestá, Política casera cuenta la historia de una familia de políticos en decadencia. El paso del tiempo, sumado a la probada impericia de la Compañía de Funciones Patrióticas, terminarán por hacer trizas el texto original, transformando este drama en una comedia, casi un vodevil, ideal para pasarla bien en el Bicentenario de la Patria.
Exequiel Soria (1873-1936) fue un auténtico todoterreno de la escena argentina: actor, dramaturgo, dramaturgista, director, programador, gremialista. Autor de más de treinta títulos, se destacan de su vasta producción las obras Justicia criolla, El deber y La última comedia. Pero sin dudas Política casera constituye su trabajo más importante, por su espíritu cambalachesco (mucho antes que Discepolín escribiera la letra de su tango más famoso, los personajes de Soria ya sabían perfectamente que el que no llora no mama y el que no afana es un gil) y por haber logrado cambiar la valoración sobre el teatro nacional que tenían hasta ese momento las elites culturales porteñas (luego de su estreno, un periodista escribió para La Nación: “Por primera vez este diario puede ocuparse del teatro criollo”).
Actúan: Daniel Miranda, Ernesto Fontes, Guillermo Valdez, Leandro Ibarra, Martín Seijo, Natalia Olabe y Paolo Baseggio. Luces: Fernanda Balcells. Asistentes: Claudia Mac Auliffe y Paula Banfi. Dramaturgia y dirección: Martín Seijo.

La Compañía de Funciones Patrióticas tiene aspiraciones de convertirse en un elenco estable de teatro, en un país por demás inestable, que realiza presentaciones únicamente en fechas patrias. Su repertorio, integrado por obras que hablan de la Patria Argentina, tiene un sentido revisionista o restaurador, dependiendo del estado de ánimo ideológico de sus actores.
En 2008, la Compañía estrenó su versión de El gigante Amapolas, de Juan Bautista Alberdi, en el teatro Del Borde. Y el año pasado, fue el turno de La neurosis de los hombres célebres en la historia argentina, adaptación del tratado del Dr. Ramos Mejía, que se presentó en Escalada.

Política casera se presenta en una única función: el martes 25 de mayo a las 19 en Escalada (Remedios de Escala de San Martín 332, a una cuadra de Juan B. Justo y Warnes).
Reservas: funciones.patrioticas2010@gmail.com

jueves, mayo 13, 2010

políticas culturales // El fin del staiffato

Ayer, miércoles 12, fue publicada una entrevista de Hilda Cabrera a Kive Staiff en Página/12. El tetrafuncionario informa su tardía renuncia a sus cargos de director general y artístico del Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA) y director general y artístico del Teatro San Martín. El patriarca que no quiso aceptar su otoño se retira a cuarteles de invierno. Detrás de sus salientes huellas queda una administración tan personalista como lejana a la autocracia, pues contó siempre con adláteres mucho menos expuestos pero no mucho menos poderosos. (Uno de ellos lo sucederá, cual Ratzinger a Wojtyla.)
Quiero detenerme en algunos momentos de la citada entrevista.
–¿Estaba así tan definida (la renuncia) o influyeron las dificultades de carácter financiero que aquejan a los teatros del complejo?
–No fue por cuestiones de presupuesto. En primer lugar sentí, y siento ahora confirmado, que éste era un buen momento para retirarme. Tengo la imagen de un círculo que se había completado.
–¿Como algo personal?
–Sí, me dije que ya era bastante. Hace cincuenta años que estoy vinculado al Teatro San Martín: me recuerdo como crítico de las propuestas del teatro, porque en mi actividad de periodista era crítico teatral. La oferta de hacerme cargo como director general llegó a fines de 1971. Era un desafío. Mi primera temporada fue en 1972. Cuando me ofrecieron la dirección estaba en el diario La Opinión y hubo amigos que me empujaron, como Juan Gelman, Paco Urondo y el cineasta Jorge Cedrón, yerno del intendente Saturnino Montero Ruiz. Me produce un cierto temblor pensar en esa época. Estuve hasta mediados del ’73. Después hubo un cambio en la política y asumió Héctor Cámpora. En esa época volví a La Opinión hasta que me volvieron a llamar. Y ahí empezó una vinculación más prolongada. Ahora me dije: hasta aquí llegamos. No voy a repetir la tontería que se suele decir, “llegó el momento de dejarles lugar a los jóvenes”, porque mi idea es que hay que dejarle lugar a gente talentosa, tenga la edad que tenga. No me fui cumpliendo un mandato moral, sino después de un diálogo conmigo mismo. Fue muy importante todo lo que me pasó en este teatro, y pagué un alto precio.
–¿En qué sentido?
–En el de disponer de poco tiempo para mí. Sentarme a leer una buena novela cuando quiero y no esperar a las vacaciones, por ejemplo.
Ante todo, asombra que un señor como Staiff le otorgue valor a lo que siente para tomar decisiones. Y no es que tenga prohibido sentir o decidir en consecuencia, pero no está decidiendo a dónde ir de vacaciones o comprarse una bermuda floreada. En su caso, no haber “sentido” antes que era el momento de irse, desembocó en la situación que tenemos hoy: el CTBA y el San Martín están viviendo su peor momento en lo administrativo, financiero, laboral, artístico y edilicio. Y si su “sentir” es lo que incidió en su renuncia, ¿cuántas decisiones se habrán tomado a lo largo de décadas por lo que “sentía” el señor director? Más adelante dirá que no se va cumpliendo un mandato moral; quizás tampoco lo “sintió”.
Y resulta patético que tenga la imagen de un círculo que se cierra. Huelga cualquier comentario.
La respuesta siguiente desborda manoseo y forzamiento de datos. Es canallesco que solamente nombre al presidente Cámpora, bajo cuya corta gestión Kive dejó la dirección del Teatro San Martín, así como que se refiera a la recuperación de la democracia sin proscripciones de 1973 como “un cambio en la política”. Al igual que esa frase con la que Kive oculta haber regresado a la dirección del teatro de la mano de la dictadura iniciada en 1976: “me volvieron a llamar”. Nada más que eso: “me volvieron a llamar”. Omite ignominiosamente que quienes lo volvieron a llamar son los responsables de la criminal dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, así como también silenció que su llegada al San Martín aconteció durante la anterior dictadura, la que se presentó a sí misma como Revolución Argentina.
Kive sigue haciendo esta especie de confesión y testamento vergonzoso donde hasta se permite decir que es una tontería dejarles el lugar a los jóvenes. Pero mucho peor es lo que sigue, pues al decir que su idea es “dejarle el lugar a gente talentosa, tenga la edad que tenga”, está proclamando que en 30 años no ha habido nadie mejor que él para ocupar la dirección del CTBA y del San Martín.
Como si fuera poco, además hay que tolerarle su dosis de autovictimización porque pagó “un alto precio” por “disponer de poco tiempo para mí. Sentarme a leer una buena novela cuando quiero y no esperar a las vacaciones, por ejemplo”. ¿Eso es un alto precio? Realmente, Staiff es un descarado o ha perdido definitivamente el sentido de las palabras. Ofende a mucha gente con esa afirmación. Especialmente a la gente que de verdad pagó un alto precio por cuestionar sus decisiones o reclamar mejoras laborales, por ejemplo.
En otro fragmento del artículo se confirma el rumor acerca de quién lo sucederá.
–¿A quién le corresponde hoy hacerse cargo de la dirección general?
–Carlos Elía, actualmente director general adjunto, va a ocupar a partir del 1º de enero el cargo de director general.
La noticia es tan poco alentadora que más vale seguir con los dichos de Staiff.
–¿Cómo inciden los sindicatos en la parte laboral?
–El sindicato que representa a los empleados es exclusivamente Sutecba, de Amadeo Genta, y no hemos tenido conflicto.
¡Qué alineadito está todo según Kive! Y qué encasilladito. Tanto que no nos permite preguntarnos si las y los artistas también pertenecen en su totalidad a Sutecba. Porque la pregunta apuntaba a los trabajadores, y Kive responde solo por los empleados.
Y hablando de artistas, la última cita.
–¿Qué opina de la tercerización y la incorporación de producciones privadas en ámbitos oficiales?
–Tengo mis dudas, en el sentido de que la preocupación de una institución como ésta se manifiesta a través de su propio repertorio. Y no sólo del repertorio, sino también de la imagen que forja la institución a partir y a raíz del repertorio que presenta y de los artistas que trabajan en él, así no tengan fama televisiva. Es probable que Elena Tasisto o Alicia Berdaxagar no sean conocidas por el espectador de TV, sin embargo están en el Complejo, tienen papeles centrales en nuestro repertorio. (…)
Aunque parezca mentiras, quien esto dice es el señor que a cada director convocado le acercaba –deslizándosela por su escritorio– una carpeta con sus figuras favoritas de la televisión, propiciando su incorporación al elenco.
Después de tantos años en la conducción y tantos dichos rayanos en la soberbia, quien nada supiera de esto podría pensar que está dejando el Teatro San Martín una especie de Luis XV a quien sucederá irremediablemente el diluvio. Quizás le sigan desastres, pero lo que está claro es que Staiff ha prolongado tanto su ocaso que ya nada tiene de Rey Sol.

Triste, solitario y final
Si oprobio le faltaba al final del staiffato, justamente hoy apareció también en Página/12 una nota de Facundo García sobre la fiesta que se realizó el pasado domingo 2 de mayo en el Teatro San Martín. Fiesta privada del empresario Andrés von Buch, que alquiló el edificio público por 80.000 dólares.
Por supuesto, las funciones de ese día fueron levantadas. Me hubiera gustado saber si la oficina de prensa del CTBA había anunciado esa cancelación previamente u omitió, pero no puedo afirmarlo ni negarlo porque desde hace años recibo la mayoría pero no la totalidad de mails de esa oficina (“Tenemos un problema con el servidor”).
Facundo García cita la explicación y el relato que hace del “alquiler” Ana María Monti, jefa de prensa del CTBA: “Haber aceptado la propuesta tiene que ver con la durísima situación financiera que enfrentamos”; “La propuesta vino por el lado de la Fundación Amigos del Teatro San Martín. Buch se contactó con ellos y fue su presidenta, Eva Thesleff de Soldati, quien acercó la inquietud al director Kive Staiff”; “El evento no representó ningún gasto para el Estado”.
Andrés von Buch no solo alquiló el espacio: también alquiló al Ballet Contemporáneo del San Martín, cuyo director, el agotado coreógrafo Mauricio Wainrot, estrenó una pieza. Y acá ya empiezan las zonas grises: ¿Wainrot cobró un adicional que Von Buch pagó de su bolsillo, sus honorarios estaban dentro de los 80.000 dólares del alquiler o la retribución por ese trabajo forma parte del habitual sueldo de Wainrot?
Si cobró un adicional, que lo evalúe con su conciencia. Pero si sus honorarios estaban dentro de los 80.000 dólares, ya no tendríamos la misma suma a disposición del Teatro San Martín. Y si no cobró nada, la retribución por su trabajo sería la que le corresponde a Wainrot como director del ballet, por lo que el estado sí se habría hecho cargo de al menos este costo de la fiestita privada.
Y las y los miembros del ballet, ¿habrán cobrado? ¿Bailar para Von Buch y sus amigos no rompe la exclusividad que el San Martín les impone en sus contratos?
Este capítulo aborrecible evidencia cómo llega el Teatro San Martín a sus 50 años y en qué condiciones lo deja Kive Staiff.

El modelo del Teatro San Martín y el CTBA para sus próximos 50 años
Pero estas no son las últimas novedades del teatro oficial porteño. Bajo el rimbombante título de “Ciclo de encuentros. Aportes para el teatro de Buenos Aires en el siglo XXI. El modelo del Teatro San Martín y el CTBA para sus próximos 50 años” comienzan a llevarse a cabo unas mesas para hacer creer que se está escuchando a todas las personas vinculadas con el teatro y de paso sumar algunas ideas por si el sucesor de Kive Staiff viene con pocas.
Acá, el texto que envía el pronto director general Carlos Elía invitando a las jornadas.
PRESENTACIÓN
Los aniversarios suelen ser ocasiones para festejar, reencontrarse y repasar los logros conseguidos. En este sentido, la celebración por los primeros 50 años del Teatro San Martín, además de un momento grato para el recuerdo de hitos y conquistas, procura ser una excelente oportunidad para reflexionar colectivamente sobre el futuro del Teatro, del Complejo Teatral de Buenos Aires y sobre la actividad escénica de la ciudad en su conjunto.
Las cosas han cambiado mucho desde que el Teatro San Martín fue inaugurado; más allá de la variedad de géneros, propuestas y protagonistas que pasaron por sus escenarios, del cambio de costumbres sociales y culturales de su público, y de la conformación del Complejo del que forma parte, la actividad del Teatro aún sigue respondiendo a los objetivos que se plantearon sus fundadores en 1960.
Kive Staiff, su actual Director General y Artístico, los ha sintetizado y expresado con claridad en la presentación de su Plan Estratégico en 2005: "el CTBA debe ser una institución democrática, participativa, accesible para la mayoría; un servicio público de alta rentabilidad cultural y con un preciso mandato de solidaridad, de desafío artístico y de juventud espiritual.". Esta rotunda definición deberá, necesariamente, seguir siendo traducida en hechos concretos y perdurables para que los habitantes de Buenos Aires sigan sosteniendo, como hasta ahora, la existencia de un teatro público de excelencia.
Con tal propósito, es que presentamos este ciclo. El mismo estará conformado por una serie de encuentros de reflexión y propuestas, en los que diversos grupos de artistas, gestores, pensadores, críticos, funcionarios y demás profesionales de la actividad teatral y cultural, intercambiarán y formularán su parecer y su perspectiva con relación al lugar del Teatro San Martín y del CTBA en el circuito teatral porteño, su alcance nacional e internacional, su trascendencia como organismo cultural público y su modelo organizativo de cara a los próximos 50 años.
Creemos que, de este modo, será el propio sector de la cultura y la comunidad de la Ciudad de Buenos Aires en su conjunto, quienes participarán y colaborarán con el desarrollo futuro de una de las instituciones más importantes de nuestra vida cultural.

OBJETIVOS
El presente ciclo persigue la realización de una serie de encuentros con el propósito de:
- Reflexionar en torno al desarrollo de la actividad teatral porteña y el rol de los organismos públicos de artes escénicas, en cuanto protagonistas centrales de las políticas culturales de la Ciudad de Buenos Aires;
- Desarrollar un espacio colectivo de colaboración y propuestas en torno al rol, los alcances y el modelo de gestión a futuro para el Teatro San Martín y el CTBA;
- Promover un esquema de enlace que colabore con la apertura del CTBA a la comunidad y perfeccione los procesos de acercamiento y dialogo entre ambos;
- Generar una serie de documentos de trabajo (publicaciones, DVD, etc.) que aborden cuestiones referidas a la actividad teatral de la Ciudad de Buenos Aires -el desarrollo de la actividad, el teatro público, la marca "teatro porteño", los hábitos de su público, los modelos de gestión para sus organismos, etc.- y conformen un aporte técnico y pedagógico de calidad para los profesionales de la gestión cultural.

MODALIDAD
Las reuniones se realizarán a puertas cerradas, a razón de dos encuentros por semana, los martes y jueves de junio y julio entre las 10:00 y las 12:30 hs. en espacios del Teatro San Martín.
Cada una contará con la presencia de un grupo de personalidades del quehacer cultural y social, tanto nacional como internacional, con el propósito de que, en un debate franco y abierto, puedan debatir con relación al rol futuro que imaginan para el Teatro y el CTBA, en el marco de las políticas culturales para el sector teatral de la Ciudad de Buenos Aires.
Cada participante dispondrá de 15 minutos iniciales, para luego dar paso al diálogo e intercambio de opiniones entre los invitados. Las reuniones contarán con la asistencia de un moderador que distribuirá el uso de la palabra, y de un equipo encargado de la relatoría de cada encuentro.
El material resultante será editado para su posterior publicación en una colección de cuadernos de trabajo. Asimismo, los encuentros serán registrados en forma audiovisual para la posterior edición de un DVD institucional que rescate los mayores aportes del encuentro.
Se trata, en consecuencia, de un acervo de más de 60 intervenciones a partir de las que destacadas personalidades, brindarán sus ideas y sugerencias a modo de aporte para las acciones y estrategias futuras del Teatro San Martín y el Complejo Teatral de Buenos Aires.
Muy poco alentador eso de que “las reuniones se realizarán a puertas cerradas”. Tan poco alentador como que “el material resultante será editado para su posterior publicación en una colección de cuadernos de trabajo”, pues ya podemos ir imaginando el fino trabajo de edición que eliminará todo contenido que pueda siquiera tocar intereses ya jugados en el maltratado Teatro San Martín y en el despojado Complejo Teatral de Buenos Aires.

Ya se dijo aquí meses atrás: el San Martín llega a sus 50 años de vida atravesando uno de sus peores momentos. Quizás haya que actualizar esa apreciación y decir que tanto ese teatro como el CTBA están indudablemente en la peor crisis que jamás hayan vivido.

martes, mayo 11, 2010

políticas culturales // A Lombardi le sigue fallando el corazón teatrero

Martes 11 de mayo, cinco de la tarde. Salón Dorado. Casa de la Cultura. Nadie espera la presencia de Mauricio Macri en la entrega de diplomas a las personas ternadas a los premios Trinidad Guevara 2009. Y sospecho que nadie tampoco la desearía. Ni los funcionarios.
Daniel Couto, jefe del Departamento de Concursos y Premios del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, presenta las disculpas del titular de esa cartera, ingeniero Hernán Lombardi, por no participar del acto. Es que llegó de viaje. Quizás, si puede, luego baja.
Sí, si puede, baja: el ministro Lombardi, el del corazón teatrero, esta en el mismo edificio. Pero no puede bajar. Ni siquiera puede tomar un minuto para dar unas palabras de bienvenida, excusarse e irse.
Eso es todo: nada. Como siempre. Desde que asumieron.

lunes, mayo 10, 2010

políticas culturales // Mauricio Macri recibe a su imitador… ¡y eso es noticia para el Ministerio de Cultura!

En el sitio del Gobierno de la Ciudad, en la portada de la sección perteneciente al Ministerio de Cultura y en todas las subsecciones (incluyendo, por ejemplo, la de Proteatro), destacado a la derecha se lee: “Macri felicitó a Martín Bossi. El actor ganó el Martín Fierro por su labor humorística en televisión”. Haciendo clic ahí vamos a la noticia, que transcribimos aquí.
Ganó el Martín Fierro por su labor humorística en televisión
Macri felicitó al actor Martín Bossi
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, felicitó al actor Martín Bossi, galardonado con el Martín Fierro por su labor humorística en televisión, y afirmó que ese premio “es un reconocimiento al talento, al esfuerzo y la laboriosidad” con que el artista se consagra diariamente a su trabajo.
El actor que cumplió la función de imitador del jefe de Gobierno en el programa televisivo de Marcelo Tinelli, fue recibido por Macri en la sede del Palacio comunal.
En la oportunidad, Macri le obsequió un libro que retrata a la Ciudad de Buenos Aires con imágenes del fotógrafo Aldo Sessa, mientras que el cómico le regaló un DVD del grupo Queen y una camiseta de Los Andes, el equipo de fútbol del que es hincha y al que definió como “el Manchester United del sur”.
Publicación: 6 de mayo de 2010
Después de ver que nuestro jefe de Gobierno está entregado a los ecos de la más baja idiotez televisiva, es imposible aguantarse las ganas de decirle a Mauricio Macri que ocupe su tiempo no ya en buscar soluciones para los desastres que está haciendo su gestión, sino al menos en no seguir haciendo nuevos estragos. Que en lugar de reunirse con su imitador, piense qué está pasando con Proteatro y los atrasos en los pagos, qué hacer con el Teatro San Martín que cumple 50 años dentro de dos semanas y lo han dejado caer en la más profunda crisis edilicia, administrativa y laboral que jamás haya atravesado, cómo va a esconder todo lo que han destrozado en el Teatro Colón.
Y sea quien fuere el tonto y retonto que está a cargo de la información en la web del Ministerio de Cultura, es interesantísimo pensar a partir de esa noticia y de la importancia que se le dio, porque evidencia la absoluta carencia de criterio del actual gobierno porteño. Muy simple: si a esa persona cuyo nombre no conocemos le llegó esa información donde se ve al tarambana de su máximo jefe expuesto en una imbecilidad, y en lugar de elegir algo más interesante para difundir le da prioridad a la pavada, es porque considera a la pavada un acto de gobierno, algo digno de ser resaltado. Claro, el que eligió esta nota se habrá percatado de que recibir a Bossi fue de las pocas cosas que Macri hizo cercanas a la cultura, pues diversión, espectáculo, frivolidad, ricos y famosos, baile del caño e imitadores, todo eso sí es cultura.
Además, resulta indigerible que el ministro de Cultura, ingeniero Hernán Lombardi, que vive hablando de la excelencia, avale semejante afrenta delante de sus narices.
Abajo, dos imágenes: la de la portada del Ministerio de Cultura (que en próximos días cambiará y ya no podrá verse) y la foto de Mauricio y Martín, una pintura elocuente de lo que vive nuestra ciudad.





viernes, mayo 07, 2010

premios // Ternas de los Premios Trinidad Guevara 2009

La siguiente es la formación de las ternas de los Premios Trinidad Guevara 2009. Las personas ternadas recibirán su diploma en un acto abierto al público en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura (Av. de Mayo 575, 1º piso), el martes 11 de mayo a las 17.

Diseño de iluminación
Félix Monti (Contrapunto)
Miguel Morales y Mario Camarano (Palabras que gimen)
Leandra Rodriguez (Trans-Atlántico)

Coreografía
Luis Biasotto (Coquetos carnavales)
Carlos Casella (La cocina)
Cristian Riveros y Perla Fernández (Palabras que gimen)

Partitura o banda de sonido
Gerardo Gardelín (Cabo Verde)
Carlos Ledrag (Trans-Atlántico)
Ignacio Santos (Teruel y la continuidad del sueño)

Creatividad en diseño de vestuario
Renata Schussheim (Souvenir)
Gabriela Fernández (Ala de criados)
Marta Albertinazzi (Trans-Atlántico)

Creatividad escenográfica
Norberto Laino (Amor a tiros)
Ariel Farace y Cecilia Zuvialde (Luisa se estrella contra su casa)
Jorge Ferrari (Rey Lear)

Autor
Rafael Bruza (Tango turco)
Mauricio Kartun (Ala de criados)
Manuel Santos Iñurrieta (Teruel y la continuidad del sueño)

Revelación femenina
Celina Font (actriz, Amor a tiros)
Irene Sexser (actriz, Querida Marta)
Carolina Guevara (actriz, Teruel y la continuidad del sueño)

Revelación masculina
Diego Brienza (director, Una familia dentro de la nieve)
Andrés Ciavaglia (actor, Porque todo sucedió en el baño)
José Escobar (actor, Sencilla)

Actuación femenina de reparto
Lucrecia Capello (Agosto)
Ana Garibaldi (El desarrollo de la civilización venidera)
Analía Couceyro (Medea)

Actuación masculina de reparto
Roberto Castro (Rey Lear)
Horacio Peña (Rey Lear)
Pablo De Nito (Trans-Atlántico)

Producción teatral privada
Colectivo Teatral Puerta Roja
Abasto Social Club
Patio de Actores

Dirección
Ariel Farace (Luisa se estrella contra su casa)
Rubén Szuchmacher (Rey Lear)
Adrián Blanco (Trans-Atlántico)

Actuación protagónica fememina
Karina K (Souvenir)
Elena Roger (Piaf)
Cristina Banegas (Medea)

Actuación protagónica masculina
Luis Luque (Frankie & Johnny)
Carlos Weber (Marx en el Soho)
Alberto Ajaka (Ala de criados)

El jurado estuvo compuesto por Tina Helba, Stella Matute, Mercedes Uría, Carlos Argento, Lucía Laragione, Teresa Duggan, Martín Bianchedi, Roberto Perineli y Lucho Bordegaray, con la coordinación de Daniel Couto.

jueves, mayo 06, 2010

teatro // Auténtico, de José María Muscari

Una tarde de septiembre del año pasado, mi sobrina mayor me contó que unas amigas de ella habían organizado una salida que comenzaba con teatro y continuaba en cena. Incauta, no preguntó qué irían a ver. Luego me comentó por MSN (con las limitaciones propias de la comunicación por ese medio) lo siguiente:
Vi Auténtico.
Nada de teatro.
No tengo más ganas de verle el culo a Muscari.
Obvio: ¿cuándo actuó sin mostrar el culo?
Igual a la gente le gusta, se ríe. A mí no me sacó ni un ji.
Dudé en transcribir este texto pensando en que alguien podría molestarse no porque lea “culo” (palabras menos diplomáticas se leen a menudo en este blog), sino porque no se trata de un concepto abstracto, sino del culo de Muscari. Porque si bien es cierto que el suyo es uno más de los que habitan este universo, decirlo así puede resultar chocante para algunos ya que Muscari mismo ha instalado la idea de que cuando muestra su culo está generando un hecho artístico. (Se sobreentiende que esto es posible gracias al apoyo de las opiniones de algunas personas que tienen una valoración muy alta de su obra.)
Aquí tenemos un tema que, aunque quizás suene desmesurado, pone en contexto cualquier discusión semejante: ¿qué pasó entre la Fuente de Marcel Duchamp y el culo de Muscari? Pasó que mucha gente que no quería perder el tren, sin siquiera saber hacia dónde salía el convoy ni qué locomotora lo guiaba, se subió al furgón de cola, y hablaron ellos y sus discípulos de que ese mingitorio recostado sobre su reverso era arte porque el artista había decidido que lo fuera. Qué fácil. Los años extendieron la idea y entonces alguien se sube a un escenario y, porque lo dice, está haciendo teatro. Y una vez que consiguió convencer a algunas personas de que está haciendo teatro, poco importa lo que se permita hacer en un escenario pues habrá quienes crean indeclinablemente que eso es arte.
La gran diferencia entre uno y otro caso es que Duchamp, décadas más tarde de su Fuente, dijo: “Les tiré el mingitorio en la cara y ahora lo admiran por su belleza estética”, en tanto que Muscari fue “criado” estéticamente e incluso éticamente en la concepción de que siendo artista le basta con señalar su propia anatomía para que se la considere arte.
Por supuesto que yo no sé dónde está exactamente el límite del arte con lo que no lo es, pero llegados a ciertas lejanías ya tengo la certeza de que estoy frente a algo que no es arte. Es muy simple: vos podés dudar acerca de si la esquina de Jorge Newbery y Córdoba está dentro del barrio de Palermo, pero si me decís que quizás pertenezca a Palermo la esquina de Regimiento de Patricios y Brandsen, sentiré que definitivamente me estás tomando el pelo. Porque así como es fácil identificar el centro de este barrio teatral, igual de fácil resulta darse cuenta lo que está muy afuera de sus límites. Algo más: José María Muscari no es el único ni fue el primero en esto de beneficiarse de la feliz confusión de lo que es arte (en este caso, teatral) y de lo que no lo es.
Sin embargo, sería una injusticia decir que Auténtico no es más que el culo de Muscari. También es una exhibición de sus anhelos, de su trabajo, de su vida misma. (En este sentido, mostrar el culo sería –para más de un desorientado– el punto culminante de su autenticidad.)
Para quien conozca algo de su obra previa, y como lo dicho está dando indicios de mucha similitud, vale señalar que no se trata de una remake de Crudo (siendo que ahora tiene en cartel Fuego entre mujeres, remake de su anterior Piel de chancho). Pero no, hay algunas diferencias entre Crudo y Auténtico. Tres, para más precisión: 1) aquí se ocupa el espacio con una acumulación de cosas que se supone es la escenografía y no son más que un cambalache de sobras de anteriores puestas de Muscari; 2) es una propuesta un poquito –sólo un poquito– menos hiperautorreferencial porque lo acompañan Mariela Asensio, Héctor Bordoni, Emiliano Figueredo y Diego Rinaldi, y 3) algunas de las ya cansadoras descalificaciones personales entre los artistas/personajes (cimiento de la dramaturgia muscariana) son respondidas con discursos reivindicativos. Discursos que no aportan nada, porque ya los hemos escuchado miles de veces. Pero no hay que olvidar que ahora “Muscari hace política”.
Ah, sí. En 2008, Muscari presentó en el Centro Cultural Rojas Laboratorio Muscari. Fue convocado por Matías Umpierrez que, al presentarlo, afirmaba lo siguiente: “Un laboratorio, un espacio para indagar, bosquejar, diseñar y realizar apuntes sobre una temática puntual. Un director explora sobre un territorio limitado, impuesto, tan impuesto como la clave que abordará. De lo político, y de parte de lo que nos constituye hoy como nación, se desprenden cuatro episodios, cuatro eventos, cuatro incidentes, cuatro espectáculos. La década del noventa, la lucha de clases, los símbolos patrios y el peronismo son esos cuatro asuntos que darán punto de partida para la indagación de un territorio político, que en muchos casos es poco abordado y cuestionado por la generación más joven de artistas”. Muscari se puso la camiseta: él mismo anunciaba que “Muscari hace política”, y hasta se puso literalmente la camiseta, una que decía en su estampado “Todo es política”. Camiseta que, como tantos otros cachivaches reciclados, en Auténtico vuelve a aparecer.
Por supuesto que coincidimos con la camiseta de Muscari. Todo es política. Incluso ponerse una camiseta y decir eslóganes es hacer política. También es política que Muscari haya ido a buscar para Escoria a Julieta Magaña, recordada por haber denunciado a sus compañeros conductores del programa televisivo infantil Este es mi mundo (Perla Szuchmacher, Horacio Peña y Abel Gutman), quienes al inicio de la dictadura fueron despedidos de Canal 13, que en reemplazo de ese ciclo puso al aire Hola Julieta, ya se sabe por quién conducido. Hacer política es haber elegido para la misma Escoria a Noemí Alan, quien lloraba en esa obra por seguir siendo juzgada a causa de aquella foto que la mostraba muy jocosa junto al asesino y torturador Jorge “el Tigre” Acosta, excusándose en que ella no sabía quién era ese hombre, como pretendiendo que le creamos que estar junto a un capitán de la Armada en plena dictadura era para ella lo mismo que tomarse un café con Rolo Puente. No menos política es la decisión de haber convocado para Fuego entre mujeres a Irma Roy, asesora en asuntos culturales de legisladores macristas, otrora menemista, denunciada en 2001 por cobrar una jubilación y a la vez una dieta como legisladora. Tan política como estar ensayando su versión de Julio César, de William Shakespeare, con Moria Casán, esa señora con más racismo que tetas, que alegremente defiende por igual la pena de muerte y los vidrios polarizados de su automóvil para no ver a los pobres en las calles.
Seguramente Muscari no estimó el pasado y presente de esas cuatro actrices. Entonces, ¿qué política hace Muscari? Esa: la política de afirmar desde su ignorancia. Desconoce y no se interesa por saber. El resultado es ese guiso que se refleja desde el pretendido discurso políticamente correcto machacado en Auténtico hasta sus espeluznantes apariciones en el programa 6 7 8, donde ha demostrado –sin que nadie le tienda una trampa– ser un analfabeto político con una camiseta que afirma lo contrario.
El resto, una más de Muscari: mucho texto dicho a público, desplazamientos por el escenario con pasitos desafiantes que suelen terminar con cadera quebrada y una mano en la cintura, puteadas y más puteadas, muchos intentos de provocaciones sexuales entre los intérpretes que ni escandalizan ni calientan, en fin, todas las fórmulas de Muscari que ya están gastadas. Un aburrimiento absoluto, sin ningún momento siquiera mínimamente interesante.
En la gacetilla de prensa aparece una cita: “Con esto, créase o no, Auténtico logra el milagro extemporáneo de hacer una obra con mensaje”. Lo firma, créase o no, Beatriz Sarlo.
La Fuente de Duchamp ya no existe. Pero quienes vieron arte en ella siguen cuidando su lugar de iluminados. Eso sí: no podemos negarle a Muscari el derecho a sentirse bien mostrando su culo, ni el consiguiente derecho de otros a sentirse bien mirándoselo.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Auténtico en este link a Alternativa Teatral.

martes, mayo 04, 2010

concursos // El diseño de la identidad visual del 50º aniversario del Teatro San Martín

La oficina de prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires envió esta información.
Muestra de los trabajos presentados en el concurso para el diseño de la identidad visual del 50º aniversario Podrán verse los trabajos de todos los concursantes en las salas del primer piso del Hall Central
A propósito del 50º aniversario del Teatro San Martín, se han programado distintas actividades. Entre ellas, la Fundación Amigos del Teatro San Martín convocó a un concurso abierto para pensar, diseñar y presentar un símbolo que identifique todas aquellas piezas que se realicen para acompañar los festejos, un símbolo de celebración y homenaje. El pasado viernes 16 de abril se entregaron, en un acto en la Sala Casacuberta, los premios a los seis ganadores.
Presentado a fines de 2009, el concurso se extendió hasta el 31 de marzo de 2010 y contó con noventa y ocho inscriptos entre los que se contaron estudiantes de las carreras de diseño y arquitectura de diversas universidades, integrantes de estudios de diseño y profesionales argentinos residentes en el exterior del país. El jurado estuvo integrado por el diseñador Ronald Shakespear, el arquitecto y artista plástico Clorindo Testa, el arquitecto Guillermo González Ruiz, el diseñador Juan Lo Bianco y el director general y artístico del Complejo Teatral de Buenos Aires, Kive Staiff; y eligió por unanimidad los seis trabajos ganadores, seis propuestas estéticamente diferentes, inteligentes y novedosas, representativas cada una de ellas de una multiplicidad de aspectos que hacen a la historia y el presente del Teatro San Martín.
El martes 4 de mayo a las 19 horas se inaugurará la muestra donde se exhibirán los 98 trabajos presentados, en las salas del primer piso del Hall Central Carlos Morel. Podrá verse hasta el domingo 30 de mayo, de lunes a viernes desde las 12 horas y los sábados y domingos desde las 14 horas hasta la finalización de las actividades, en el Teatro San Martín (Avenida Corrientes 1530). Entrada libre y gratuita.
El primer ganador fue ALUTE, seudónimo correspondiente a Sergio Fidel Braguinsky Carrera (CABA). Además de ser el autor del símbolo que identificará todas las piezasrecibió como galardón la suma de $15.000.
El segundo puesto fue para VINCHA, seudónimo correspondiente a Alejo Ezequiel Araujo Ciukszo (CABA), Sol Boechi (CABA) y Diego Pousadela (CABA) que fueron premiados con $7.000.
Las menciones honoríficas fueron otorgadas a HELVÉTICA (1° mención), seudónimo correspondiente a Marcela González (CABA) y Roberto García Balza (CABA); DUNKELBUNT (2° mención), seudónimo correspondiente a Pablo Guillermo Vaimberg (Vicente López); IVCOTI (3° mención), seudónimo correspondiente a María Victoria Balducci (Mendoza) y Alejandro Ezequiel Ramírez Pastran (Mendoza); e IGNATUS REILLY (4° mención), seudónimo correspondiente a Fernanda Cozzi (San Martín) y Sebastián Pablo Centurión (Berazategui).
Para que no gastes en colectivo hasta Corrientes 1530 sin saber con qué te vas a encontrar, aquí va la imagen ganadora.


Lo que no hemos podido averiguar es cuánto ha costado el logo. Porque además de los $ 22.000 de los premios, ¿alguien sabe cuánto cobraron los jurados? Kive Staiff no tenía en mente el pasado 29 de diciembre el monto de esos honorarios cuando anunció este concurso en la conferencia de prensa de presentación de la temporada 2010. Si alguien lo sabe, que nos pase el dato.

lunes, mayo 03, 2010

convocatoria // Formación de Espectadores 2010

La Asociación Civil para la Difusión, Formación y Promoción de las Artes convoca a obras de teatro independientes para su programa Formación de Espectadores 2010 – 2011.
Si te interesa participar con tu obra en este programa, entrá al blog de la convocatoria y ahí tenés la explicación precisa de requisitos y fundamentos.
Y si no sabés de qué se trata Formación de Espectadores, dos consejos: hacete una gira de cuando en cuando por este planeta y leé la nota que se publicó aquí en octubre de 2008.