Edición 15 de Montaje Decadente. Encontrala
en:
Abasto Social Club, Andamio 90, Beckett, Buenavía, Calibán, Celcit, Defensores de Bravard, Del Abasto, Del Artefacto,
Delborde, Del Perro, Del Pueblo, El Camarín de las Musas, El Duende, Elefante, El Excéntrico de la 18ª,
El Extranjero,
El Fino, Elkafka, El Laberinto del Cíclope, El Piccolino, El Popular, Espacio Ecléctico,
IFT, La Carbonera, La Carpintería, La Ranchería, La Tertulia, Machado, NoAvestruz, Patio de Actores,
Payró, Polonia, Portón de Sánchez, Puerta Roja, Silencio de Negras, Tadrón, Timbre 4, Vera Vera.


sábado, octubre 30, 2010

teatro // Las reglas de la urbanidad en la sociedad moderna, de Jean Luc Lagarce, según Rubén Szuchmacher

Todo mundo tiene su orden propio que lo hace único. Desde el cosmos hasta el cajón de las medias, sea un orden bello o incomprensible. Si el orden se modifica, el mundo se transforma. Pero hay mundos, como los sectores aristocráticos de la sociedad, que ni siquiera quieren oír hablar de transformaciones porque la invariabilidad es lo único que les garantiza mantenerse en pie. Eso explica por qué quienes habitan estos mundos son conservadores del status quo, reaccionarios ante los cambios a los que consideran siempre una amenaza. E incluso cultores obsesivos de rituales huecos que no brindan nada, pero hacen a la diferencia.
Una dama nos lleva de paseo por esos rituales. En orden, como debe ser, comenzando por lo que debe hacerse incluso desde antes del nacimiento y para el bautismo. Por los padres y padrinos, claro está, que las severas reglas de la urbanidad no le incumben al que no ha nacido ni al neonato. Siguiendo luego por los acontecimientos en los que ya sí es responsable el sujeto de sus actos, como el compromiso, el casamiento, los aniversarios, los funerales, el luto. Cada momento tiene sus formas y deben ser respetadas.
Las preguntas acerca del sentido, de la utilidad, del significado, todas están de más. Ella bien lo sabe, y por eso nos habla de ese orden, no lo cuestiona, cumple con lo aprendido y continúa en él. Como ella misma dice, todo es una cuestión de voluntad. Eso es lo que se debe hacer. Y punto.
Es la segunda vez que nos encontramos en Buenos Aires con este delicioso texto de Lagarce. En ambas, es Ingrid Pellicori quien ha encontrado las palabras justas para que en español se despliegue esa cadencia distinguida que hace brillar hasta a los vocablos más cotidianos. Es por eso que su versión pide ser dicha: es imposible leer mentalmente esta pieza sin que se imponga la necesidad de escucharla.
En ambas, la dirección estuvo a cargo de Rubén Szuchmacher, quien concretó su tarea en dos puestas muy diversas. Es que así como se debe escuchar a lo que los textos piden para ser llevados a escena, también el o la intérprete es, en manos del director, un material al que hay que atender para encontrarle la máxima riqueza. Y así como en la puesta de 2007 era la genial Graciela Araujo quien daba vida a esa dama rigurosa y austera en las formas, ahora tenemos a la gran actriz uruguaya Estela Medina que construye a esa misma dama con algo de despreocupación y complicidad, como evidenciando ser consciente de que nada de esto le interesa, pero que lo hace porque la hace. ¡Es que todos defenderíamos hasta lo indefendible si en eso estuviéramos defendiéndonos a nosotros mismos! Eso le permite cargar de picardía a su personaje, que no se preocupa por disimular las fisuras y hasta se ríe de ellas para inmediatamente cubrirlas, sabiendo que podría ser ella misma la primera en tropezarse si las dejase descubiertas. Y nadie quiere caer, mucho menos desde tanta altura.
La escenografía de Jorge Ferrari es elocuente y generosa en significados, de manera que ya antes de iniciar la función invita a ser tenida en cuenta. Varios grupos de impecables muebles de estilo y algunos accesorios (sillas, sillones, mesitas, un secreter, copas, adornos), todos posando sobre una amplia alfombra sintética, todo rodeado por una sucesión de columnas de ordenadores de fila cuyas cintas retráctiles extendidas cierran el espacio. No parece aventurado interpretar que se habla de un origen noble presente en el mobiliario; nobleza que así puede y pudo ser trasladada y hasta adaptarse a otros espacios más adecuados a los tiempos que corren. Y en estos tiempos, el mundo de esta dama se asienta en un suelo discordante que evidencia falsedad y calidad inferior a lo que soporta, pero como nadie puede afirmarse en su pasado, ella camina sobre ese plástico indigno sin pasar por él ni un instante su mirada. De todos modos, ¿de qué habría de preocuparse, si está separada del resto? Esas cintas nos mantienen a distancia y, además, al verlas vulgares, recordamos que son para nosotros, para que entendamos el límite.
La dama se asemeja a una animadora de feria de espectáculos, pero esta nos dice: “Vean, pero no pasen”. Para eso se ha tomado el trabajo de indicarnos una a una estas reglas: para mantenernos a distancia de manera que su mundo siga vivo, para poder ella misma seguir viva.
Y, milagro del arte, cuánta belleza puede descubrirse incluso en lo que desde la ética o desde las costumbres nos resulta ajeno o hasta reprochable.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Las reglas de la urbanidad en la sociedad moderna en este link a Alternativa Teatral.

0 comentarios:

Publicar un comentario

*** Para publicar un comentario, NO USES ESTE FORMULARIO, pues no aparecerá. Seguí las instrucciones que se encuentran arriba, a la derecha, bajo el título "LINKEATE y/o COMENTÁ", y así será publicado.

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.