Montaje Decadente, edición 13ª, cumpliendo un año sin interrupción. Encontrala
en:
Andamio 90, Anfitrión, Beckett, Belisario, Buenavía, Celcit, Defensores de Bravard, Del Abasto, Del Pueblo, El Camarín de las Musas,
El Duende, El Excéntrico de la 18ª, El Extranjero, El Fino, El Laberinto del Cíclope, IFT, La Carpintería, La Ranchería,
La Tertulia, NoAvestruz, Pan y Arte, Patio de Actores, Polonia, Puerta Roja, Querida Elena, Tadrón, Timbre 4, Vera Vera.


lunes, octubre 25, 2010

teatro // Vestuario de mujeres, de Javier Daulte

Al vestuario de mujeres de un estadio deportivo de Hungría van llegando las jugadoras de lacrosse de un club del porteño barrio de Almagro. Ellas competirán en el campo de ese estadio para alcanzar la máxima gloria: ganar la final del mundial.
Eso es lo que iremos descubriendo gracias a comentarios que les escuchamos a las deportistas mientras hablan de lo lindos que son determinados hombres, decir cosas horribles de las que no están y compartir chismes sobre unos y otras; en síntesis, cosas de mujeres, ¿no? El clima imperante nos hace pensar que son tan tontas como para no lograr tomar conciencia de la importancia del partido que están por jugar o bien que son muy vivas y se están fumando unos días de vacaciones a cuenta de ser un poco hábiles en un deporte del que casi nadie en el mundo sabe de su existencia. Como fuere, a los efectos dramáticos, en ese vestuario brilla por su ausencia la tensión que el momento exige de suyo. Y por su ausencia, se desplaza el eje a las más o menos módicas maldades de estas ocho chicas, que nunca van a generar más tragedias que las que podrían darse entre Las Divinas y Las Populares en Patito Feo. No es que esta pieza siga los pasos de esa tira de la tele-teen, pero esa ficción televisiva y nuestras deportistas ficcionales son fruto de la misma generación argentina, de una misma liviandad posmoderna.
Ahí están entonces las ocho jóvenes con una energía más cercana a la hora libre del colegio secundario o al pijama party que a la emoción de una final. La entrenadora, que es quien debería encauzar a las jugadoras, aparece en escena especialmente para practicar rituales esotéricos y ser víctima de manipulaciones por parte de las más malas del octeto. La décima mujer en cuestión es la responsable local del equipo argentino, una húngara que observa, escucha y calla.
Hay algo en Vestuario de mujeres que entorpece el relato, complica al espectador y fragmenta a los personajes. Es algo como un corsé espacio-temporal que impone el aquí y ahora: no se percibe ninguna importancia del antes ni del después, hasta tal punto que los personajes apenas tienen historia y no parecen encaminarse a nada más que a esa escalera por la que se irán al final, pero incluso el tiempo que transcurre en la ficción no parece dar cauce a los hechos, sino que estos se acomodan a golpes como melones en el carro, de puro andar; y en cuanto al espacio, nada de lo que está fuera del vestuario tiene real entidad, ni siquiera el tan mentado y tensionante partido de lacrosse. Como resultado tenemos un raro continuo sin matices –a no ser que se crea que el griterío genera intensidad– y un momento final de crudeza tan extrema como inaceptable, pura espectacularidad sin sustento: una de las jugadoras es violada por sus compañeras –entre las que está su hermana gemela– con el trofeo que acaban de ganar. Un trofeo con notables virtudes anatómicas para la penetración, ya que no desagarra a la víctima pese al ancho de las alas de la figura que lo corona. Pero no nos vamos a sentir defraudados por no haber visto sangre ni porque la violada se levante al instante y renguee un poco nomás, ya que para entonces hace rato que se viene violando el límite de lo que debemos aceptar como espectadores: chicas que no se percatan de la presencia de otra para que nosotros podamos verla y esta pueda enterarse de un secreto de aquellas dos, los rituales de la entrenadora, los mensajitos colocados en un hueco a gran altura (¡al que acceden mediante una banqueta!) y, por sobre todo, el momento de las duchas, que merece párrafo aparte.
En la nota a modo de introducción que precede a esta ya señalamos el despliegue que implicó montar esta puesta dado que las duchas están a la vista y se ha llevado una cañería para proveerlas realmente de agua corriente. Si hay duchas con agua y a la vista, luego del partido se ducharán ante nuestros ojos. Si se ducharán, antes deberán desnudarse. Epa… Sin embargo, voyeurs del mundo, ¡defraudaos! Apenas verán a la mitad de las jugadoras desnudas, y al desnudarse transmiten una pacatería más propia de consulta con ginecólogo nuevo que de vestuario de mujeres. Pero no solo se frustrarán las fantasías posteriores de los perversos que fueron a ver a las jovencitas en traje de Eva, sino que todos y todas somos estafados, sí, literalmente estafados al ver que semejante despliegue escenográfico está al servicio de que un par de señoritas se mojen un poquito (ni hablemos de jabón) y salgan presurosas a cubrirse con sus amplios toallones.
Sólo despierta interés la húngara, esa coordinadora entre afable y misteriosa que compone con solvencia y sutilezas la gran Elisa Carricajo, y que crece gracias a su interpretación. El resto de las actuaciones no merece mayores comentarios.
Al cabo de más de una hora y media de rencillas, chismes, maldades, sonceras y una violación, del mundo del lacrosse, de los deportes y de los vestuarios de mujeres no sabemos nada, ni se nos ofreció nada que nos interese, nada que siquiera se proponga sólido, bien estructurado, vivo. Además, esto podría haber acontecido en la sala de maestras de una escuela, una orquesta de señoritas o, mejor aun, el modesto hall de un hotel dos estrellas en Bariloche copado por chicas en su viaje de egresadas, y el resultado hubiera sido el mismo: encaminarnos al aburrimiento con una mirada sesgada sobre un grupo de mujeres y sus reacciones.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Vestuario de mujeres en este link a Alternativa Teatral.

0 comentarios:

Publicar un comentario

*** Para publicar un comentario, NO USES ESTE FORMULARIO, pues no aparecerá. Seguí las instrucciones que se encuentran arriba, a la derecha, bajo el título "LINKEATE y/o COMENTÁ", y así será publicado.

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.