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miércoles, septiembre 29, 2010

teatro // Ostende, de Sol Rodríguez Seoane

Hay viajes que no deberían emprenderse. Pero cuando nos damos cuenta de su inconveniencia, ya es tarde.
Nadie en su sano juicio pensará que el problema reside en la geografía hacia la que nos lleva ese viaje, pues el asunto está en qué desemboca. Por poner un ejemplo, recordemos a Felicitas Guerrero, quien se trasladaba de una a otra de sus estancias con unas personas de su amistad hasta que una tormenta hizo que la comitiva perdiera el rumbo. Llegó la noche, un caballero rescató a todo el grupo y se enamoró de la joven. Pero también la pretendía otro hombre, que después la mató y se suicidó. Qué importa entonces a dónde iba en su paseo, habiendo terminado ella en el Cementerio de la Recoleta.
Vale lo mismo para el viaje que da inicio a lo que relata aquí Sol Rodríguez Seoane, cuando Lorenzo y Alicia se extravían en una noche también tormentosa y, sin quererlo, llegan a la casa de los padres de Lorenzo, en Ostende, donde se encuentran con el amenazante y enigmático Rafael, a cargo del cuidado de la finca.
Que la travesía de Felicitas haya terminado en romántica tragedia habría que atribuírselo a que ella y sus contemporáneos se criaron y educaron atravesados por el romanticismo imperante. En nuestros tiempos, se asesina a una mujer deseada o a la propia y se sale corriendo a esconder el cadáver o se le atribuye la muerte a una canilla mientras se tira el pituto por el inodoro. Y no es que todo tiempo pasado haya sido mejor, sino que aquella grandeza asumida como ideal daba cabida a lo trágico, en tanto que hoy, para quienes nada vale más que el combo yo-aquí-ahora que la posmodernidad nos ofreció como alimento, la tragedia no es posible.
Así, pues, estamos con Lorenzo, Alicia y Rafael. Y aunque no haya tragedia posible, hay algo inquietante e inevitable que se respira entre ellos. Lo presentimos, lo sobreentendemos, casi lo vemos. Pero ellos no. Es así que se genera un enrarecido clima de misterio cinematográfico, muy propio del estilo de Alfred Hitchcock en eso de permitirle al espectador saber más que los personajes. Un clima bien logrado y bien explotado, remarcado por una intensa apuesta en lo visual que remite a un universo onírico. Pero a no confundirse, porque Ostende no es “una de misterio”, sino que genera ese clima en tanto que la tragedia (digámoslo de nuevo) no puede acontecer.
El espacio planteado en esta puesta es un protagonista silencioso que fortalece con interesantes signos el cauce del relato. Y bastan para generarlo ese bosque como horizonte sombrío y traspasable, la casa que gobierna y contagia la escena con sus líneas expresionistas (deformando lo que podríamos deducir como realidad y evidenciando la subjetividad de las miradas sobre ella) y la iluminación severa e inquietante.
Como directora, la misma Sol Rodríguez Seoane también ha logrado un gran trabajo con el elenco. En el rol de Rafael, Francisco Egido ostenta y padece a la vez una dolorosa oquedad que lo deja necesariamente al borde del deslucimiento. María Colloca vuelve a dar muestras de ser una profunda intérprete y le da a Alicia las contradictorias emociones y los intensos matices por los que va transitando ante cada circunstancia y según cuál de los dos hombres sea su interlocutor. Y ese complejísimo y acuciado ser que es Lorenzo toma vida gracias a un arriesgado trabajo de Leandro Airaldo, quien en su cuerpo, con sus movimientos, detrás de los tonos de su voz evidencia la poca o nula densidad existencial, la imposibilidad de protagonizar su propia vida que limita y desarticula a su personaje, consiguiendo que éste aparezca como si la propia vida le aconteciera por accidente.
¡Ah! Dicen que la noche de su extravío, Felicitas Guerrero fue hallada en los pagos en donde hoy se halla Ostende. Yo, por las dudas, no andaría paseando por ahí en las noches de tormenta. Pero ya sabemos que los viajes que no deberían emprenderse suelen ser inevitables. Y quizás la vida sea uno de ellos.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Ostende en este link a Alternativa Teatral.
Y aquí, el link al blog de esta pieza.

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