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lunes, agosto 23, 2010

política y teatro // Tributo a Kive Staiff en el Teatro del Pueblo, o de cómo celebrar la impunidad en nombre de la vejez ajena

El pasado jueves 12, el diario Página/12 publicó una nota firmada por Hilda Cabrera sobre un tributo que se le había rendido a Kive Staiff dos días antes. La nota comienza evidenciando que la periodista mantiene cierto vinculo personal con Kive Staiff, pues cita palabras del todavía tetrajerarca del teatro oficial dichas “en un café de la calle Uruguay”, y el dato no tiene más explicación que su voluntad de decirnos que ella estuvo ahí. No está mal, pues no es delito tomar un café o mil con Kive, y ni siquiera es una falta a la ética profesional. Pero para jugar limpio hay que ponerse la camiseta del equipo para el que se juega, porque ya sabemos en qué terminan las tristes pretensiones de quienes se dicen periodistas objetivos o independientes. De manera que comenzamos la lectura de esta nota sabiendo que la firma una staiffista (ver digresión).
Las palabras que cita Hilda Cabrera de esa charla con Kive son escuetas: “No pude impedirlo”. No sabemos qué es lo que no pudo impedir, pero ya da penita ese señor. Y cuando nos enteramos, ¡qué admiración nos despierta esa humildad!, porque el señor que no pudo, no pudo impedir un homenaje en su honor.
Como estamos ante dos viejos lobos de mar, cuando la periodista dice poco después que “era evidente” el desconcierto de Kive por el homenaje que no había podido impedir, no podemos definir si Kive desplegó su rol de abuelito bueno y emotivo o si ese cuadro meloso es invento de Cabrera.
Digresión
Deberíamos aclarar por qué tanto cuidado hacia un personaje que, a todas luces, tiene el perfil para ser tratado como archienemigo por el diario Página/12. Tengamos en cuenta que Página/12 sale a defender a cualquier enemigo de los enemigos. Por si se te escapa la ecuación, el cerrado y merecido ataque que ese diario brinda al impúdico desgobierno macrista lleva a que sea línea editorial defender a los enemigos de Macri y sus subalternos. Así, desde que comenzó a hacerse efectiva la puja del ingeniero y ministro de Cultura Hernán Lombardi para sacar a Kive del medio, Página/12 trata a Kive como si fuera un funcionario modelo o, al menos, le pone a mano las excusas que puedan hacerlo eludir toda responsabilidad de este patético ocaso de su gestión. Pero, atención, que Hilda no es la única ni Página el medio exclusivo de esta maniobra; vaya como ejemplo que, cuando el caso del alquiler del Teatro San Martín para una fiesta privada se trató en el programa 678, el panel progre se llenó la boca solidarizándose con Kive. Podés ver el papelón periodístico de esta gente que, sin saber de qué hablaba, puso en el lugar de víctima al director del San Martín para ampliar la imagen de la maldad macrista; hacé clic acá, mirá el video de ese bloque de la emisión de 678 del pasado jueves 13 de mayo y, luego, hacete tu propio 678 escuchando a partir del minuto 4:50 a Luciano Galende (que tan fácilmente dejó los lineamientos de Clarín que evidenciaba en Mañanas informales) y Sandra Russo (progre que se emociona pensando en los chicos pobres durante sus vacaciones en Cariló), la intervención en 5:47 de Carla Czudnowsky (advenediza y viuda televisiva del showman Juan Castro) y, a partir de 7:45, el pase de Galende a Orlando Barone (tardío descubridor de las miserias de los monopolios). Una chapuceada impresentable, todo al mismo precio: pegarle a Macri aunque implique canonizar piratas.
Volvamos a la nota en cuestión y al homenaje que nos informa.
Y ahí lo tenemos al Kive retratado por Hilda, tan desbordado de emociones. Pobre abuelito. Pero ahondemos un poco en lo que dice la periodista.
El homenaje se hizo en el Teatro del Pueblo. Y con el respeto que me merecen los miembros de la Fundación Somigliana (responsable de esa sala), no sé con qué cara volverán a levantar las banderas de Leónidas Barletta luego de haber cedido la casa que él creó y organizar el evento para obsequiar a uno de los funcionarios que más ha herido al teatro en nuestra ciudad. Una incoherencia alarmante.
Dice la nota que coordinó el festejo Jorge Winokur; si alguien sabe decirme quién es, se lo agradeceré.
Sigamos.
“El afecto brindado a Staiff fue multiplicándose a lo largo de la velada”, nos relata Cabrera. Entonces lo imaginamos rodeado por un séquito incondicional formado por Carlos Elía, Héctor Calmet, Gustavo Santa Coloma, Mauricio Wainrot, Ana María Monti y Eva Thesleff de Soldati, junto a sus becarios de siempre Alfredo Arias y Jorge Lavelli (siempre y cuando les hubieran pagado pasajes, cachet, alojamiento y viáticos), y hasta acariciado por los espíritus de sus primeros favorecedores políticos, Saturnino Montero Ruiz y Osvaldo Cacciatore (último intendente porteño de la Revolución Argentina y primero del Proceso de Reorganización Nacional, respectivamente). De los muertos nada sabemos; de los vivos, sospechamos que no habrá estado Lavelli (este año tampoco le tocaba maltratar elencos argentinos), pero sólo se nos informa de la presencia de Arias, quien estaba cumpliendo con los mínimos requisitos que le impone su beca anual en el Complejo Teatral de Buenos Aires. Pero viene una lista que por momentos nos deja con la boca abierta: Ingrid Pelicori, Griselda Gambaro, Renata Schussheim, Villanueva Cosse, Daniel Suárez Marzal, Edgardo Cozarinsky, Sergio Renán, José Miguel Onaindía, Alicia Berdaxagar, Juan Carlos Distéfano, Sandra Guida, Jorge Halperín, Daniel Divinsky, Nelly Skliar, Manuel Iedvabni, Cocho Paolantonio, Teresa Escalante, Ugo Urguijo, Magdalena Viggiani, Jorge Graciosi, los integrantes de la Fundación Somigliana, Roberto “Tito” Cossa, Carlos Gorostiza, Beatriz Spelzini, Horacio Peña, Jorge Suárez, Alicia Zanca (¡claro!, ¿cómo no haber imaginado que estaría ahí, si le debe a Kive su propia invención y sostenimiento como directora?), Patricio Contreras y Laura Novoa. ¿Qué pasó, señoras y señores? ¿Se están poniendo viejos y temen ir al infierno si se muere Kive sin haberlo perdonado en su corazón y hacer pública su reconciliación? ¿O acaso es que la vejez de Kive les acongoja pensando en la cercanía de la propia? Porque, realmente, nada que no sea fruto de una emoción exacerbada puede explicar que algunas de las personas citadas, con tanto y tan notorio compromiso social, artístico y político, hayan ido a darle el abracito final a Kive Staiff.
Y si la excusa es lo que él significó para algunos durante la dictadura, no perdamos de vista que sin mirada integral no hay verdad histórica.

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