Esta es la versión completa y corregida de una nota que escribimos con Mónica Berman
y que fue publicada en la edición 141 (julio de 2010) de Llegás a Buenos Aires.
y que fue publicada en la edición 141 (julio de 2010) de Llegás a Buenos Aires.
Si hoy el debate político es algo demodé solo para quienes no pueden sostenerlo, y la lucha contra un destino de exclusión –pretendidamente inevitable– retoma fuerzas y obtiene logros, se debe a una cadena de resistencia que ha soportado todos los embates. Y uno de sus eslabones es, sin dudas, el IMPA, espacio emblemático de lucha, trabajo y cultura.
La historia del IMPA es, desgraciadamente, una más de las tantas de empresas heridas de muerte por decisiones políticas (de esas que se dicen “técnicas”) o saqueadas desde dentro por sus titulares. La historia del IMPA es, por suerte, una de las tantas en las que los trabajadores resistieron y resisten a toda costa. Con un punto original: reconvirtieron espacios ociosos para dar cabida a talleres culturales y expresiones artísticas. Ahí también el teatro fue protagonista.
Hace diez años, IMPA ofrecía una serie de propuestas teatrales sumamente interesantes. Cómo olvidar la subida por las escaleras iluminadas con velas para ver 3ex, pieza íntima para teatro, de Mariana Anghileri y Gustavo Tarrío, o el recorrido de Puentes, de Anghileri y Mariana Chaud, o Kachivachetur, ese cruce de música de objetos de Sergio Dawi y Damián Nisenson, y tantas otras. Luego, y durante años, la fábrica hizo silencio de teatro. Pero de un tiempo a esta parte se volvió a levantar, con sus vidrios rotos, con sus pasillos laberínticos, con ese universo que se inscribe en una historia y un presente de resistencia y lucha.
A principios de julio de 2010 había cinco obras de teatro en IMPA. Ostentando el circuito alternativo más de un centenar de salas, ¿por qué hay artistas que prefieren este espacio a otros más reconocidos y mejor equipados?
La pregunta se impone porque montar una obra de teatro en un lugar como éste implica una doble cuestión en relación con el espacio. Tratándose de un lugar “no convencional”, todo lo vinculado al hacer teatral se construye en cada espectáculo: ¿proporcionar asiento o dejar a los espectadores de pie? ¿Dejarlos en un lugar fijo o hacer que acompañen el recorrido del espectáculo? ¿Armar una parrilla de luces o plantear un uso alternativo de iluminación? ¿Luces fijas o que se desplacen con los actores/performers? Además de todo lo que tiene que ver con las decisiones específicas de cualquier puesta, hay otra cuestión relacionada con la particularidad de hacer teatro fuera de un circuito teatral: llevar al público a una fábrica, movilizarlo hacia otro universo (los carteles en la entrada advierten que uno no debe olvidar que está en el interior de una fábrica y que debe ser precavido por esta razón) y una vez allí, volver significante lo que es inocultable, el hecho mismo de estar en la fábrica, el olor de los materiales, las sombras de los objetos, la arquitectura que se recorre.
Uno supone que la decisión de poner una obra aquí tiene un sustento estético y otro político. Y para sacarse la duda, nada mejor que consultar a los protagonistas.
La tragedia de la familia Rampante
Todos los miembros de la Compañía de Teatro Absurdo El Escuadrón Volante se definen como “actores de varieté, y la varieté maneja algo del lenguaje de lo popular. Desde hace mucho tiempo venimos trabajando en galpones y lugares no convencionales. Siempre nos atrajo la idea de ‘estar al margen’; es que estando por ‘fuera’ también se mueve gente. Es cierto que la difusión es distinta, el boca a boca o los volantes. IMPA, además, es un espacio que permite recibir mucha gente. Y nos gusta participar de esto”. Pero también genera distintos desafíos: “Es como si la aventura de llegar a este espacio aportara a la experiencia de sumergirse en una obra de teatro. En un punto, podemos decir ‘no está hecho’, hay que armar un teatro de la nada, y como actores buscamos eso, porque nos conecta con lo primario del hacer: nos da mayor versatilidad como artistas, hay un aporte que tiene que ver con lo artesanal, muchos tenemos que ayudar en el armado de la escenografía, otros se encargan de la puesta de luces. Incluso usamos mucha utilería que son objetos propios de la fábrica”.
El olvido de los cuerpos
“El IMPA le dio el alma a El olvido de los cuerpos. Es un lugar con mucho misterio, con olores amargos y de lucha”, dicen los artistas del grupo Impacto Teatral. “Cuando descubrimos IMPA, nos encantó todo, sus colores, sus ecos. Entonces nos miramos y dijimos: ‘Es nuestra cuna, acá pueden crecer nuestras bestias’. El lugar nos permite experimentar en todos los aspectos, y nuestra obra estuvo desde siempre pensada, imaginada como una fábrica de cuerpos. El IMPA nos da libertad para trabajar y es eso lo que el grupo necesita para crear. Por eso lo elegimos.”
Y sintetizan su experiencia con una frase de la película Expreso de medianoche: “Hay una gran fábrica en la que se construyen máquinas. Algunos salimos mal y venimos a parar aquí. Nosotros a veces no admitimos que somos máquinas mal construidas, pero la fábrica lo sabe; por eso nos envía aquí”.
Kotidiana
La Compañía TSO (Teatro Sanitario de Operaciones) tiene con el IMPA un triple vínculo: histórico, artístico e ideológico. “Histórico porque nosotros fuimos parte de la movida cultural que estuvo funcionando desde 2001 hasta 2004, cuando un cambio de dirigentes empresariales decidió cerrar el Centro Cultural. Hace un año y medio, los trabajadores vuelven a recuperar la fábrica y refundan el Centro Cultural, esta vez conducido por un grupo formado por los mismos trabajadores e hijos de trabajadores y compañeros de lucha, a los que se suman artistas y docentes de diversos lenguajes artísticos, culturales y expresivos. Es artístico e ideológico porque a lo largo de los 14 años de trayectoria, nuestro trabajo se fue definiendo como un proceso creativo que elige y propicia, con diversos recursos, la creación colectiva. A partir de la indagación de esta metodología, también diseñamos modos de hacer y de concebir la obra artística.
Jackeline Miller, intérprete y responsable de la escenografía, sostiene que las obras del TSO se presentan en el mismo espacio que ocupa el público, los objetos, los técnicos y actores, y eso significa trabajar con un componente particular que es el azar, y la conciencia de la presencia del otro como elemento metodológico de la creación artística.
Por otra parte, la gente de Teatro Sanitario de Operaciones afirma que “en el IMPA, encontramos un espacio físico favorable para nuestras investigaciones, porque siempre se trabaja con la materia de los elementos vitales: el agua, el aire, el fuego y la tierra, pero sobre todo encontramos un lugar de vinculación humana que se define como: una fábrica dentro de una fábrica. Una arquitectura de cultura dentro de una arquitectura de trabajo. Una producción artística dentro de una producción industrial. IMPA empresa metalúrgica recuperada por sus trabajadores, abre sus puertas, organiza y gestiona este espacio de producción cultural donde el arte es pensado como medio de comunicación, como instrumento contra la discriminación y herramienta de unidad. El Centro Cultural IMPA La Fábrica sustenta, como colectivo, la independencia y autonomía de cualquier signo político y auspicia valores de cooperación y solidaridad, manteniendo la memoria activa de su accionar. Cuentan para el logro de sus objetivos con los condimentos de IMPA, sus ruidos, sus olores y su mística generada por hombres y mujeres que nos enseñaron y nos enseñan el milagro de la supervivencia. IMPA enamora”
Donde comienza el día
Fernando Rubio explica así por qué eligió IMPA para esta nueva temporada de Donde comienza el día, de Intimoteatroitinerante: “Me interesan los lugares donde pasas cosas, los suelos que tienen movimiento aunque estén vacíos. Una fábrica de tantos años, por la que han pasado tantos obreros, tantas pequeñas historias, tanto vínculo con el hacer y la continuación más allá de coyunturas internas y externas del lugar y el país, me parece vital. Entrar a ese espacio y sentir los olores, andar por ahí imaginando lo que quedó atrás, ver espacios abandonados con marcas que insinúan lo que ahí fue, me dan hoy una energía singular para llevar el teatro. También es interesante su breve historia artística: algún tiempo de florecimiento y luego el abandono, más o menos como lo que paso con la actividad central del lugar. Siempre me estimularon las fábricas. Mil historias de mi familia y principalmente de mi abuelo Valentín en la lucha obrera seguramente sean resonadores muy internos que me generan alegría y satisfacción. Y, por último, la belleza del espacio nos presentarnos, el corrugado, que tiene un ventanal enorme que abarca todo el perímetro y, a través de ese ventanal entra una luz preciosa a media tarde, difícil de olvidar”.
(de mi)
Director, junto a Daniela Cuculiansky, de (de mi), Juan Coulasso expone el por qué de su elección: “Llegamos al IMPA un poco por casualidad y un poco más por necesidad. Buscábamos un espacio que permitiera mostrar un trabajo que, desde su concepción ética y poética, no respondía necesariamente a las reglas que el circuito exige, como el cobro de una entrada cara para los tiempos que corren, la obligación (que recae sobre el elenco) de arrastrar hasta la boletería a un mínimo de 40 porteños para sustentar el costo del seguro de sala, la complicación de tener que instalar una temporada en ocho funciones (bajo riesgo de quedar en la calle en dos meses, luego de haber trabajado un año para producir el montaje), la ridícula cláusula contractual que autoriza solo un ensayo de piso y uno técnico, y la paranoia que crea la sensación de no ser parte de un hecho cultural, sino más bien un empleado más que trabaja a comisión en el área de ventas de una pequeña empresa. Comprendo perfectamente las razones que motivan las decisiones de los dueños de algunas salas (y sé que no todas se manejan de esta manera), pero esas decisiones no tienen nada que ver con las que motivan a nuestro teatro, que no es multitudinario y está muy lejos de serlo, aunque no por una actitud elitista ni por una decisión poética, sino más bien por una decisión política: no nos interesa participar de la industria cultural. Y por lo tanto deseamos que nos venga a ver la gente que no se interesa únicamente por los fetiches de la industria o directamente los cuestiona, o bien, al igual que nosotros, simplemente no comparte este tipo de fascinaciones. No nos interesa liderar el mercado ni aumentar la rentabilidad, y esto nos coloca inevitablemente en un margen, e incluso nos hace correr el riesgo de quedar directamente afuera. Como contraposición, nos da la chance de existir como se nos da la gana, ni más ni menos. Afortunadamente existen islas, el arte en su expresión más pura es una de ellas, porque crea al menos un lugar, ficticio, pero un lugar al fin. El IMPA es otra isla. Resiste. En sus bases ideológicas uno lee y siente en primer lugar la voluntad de inclusión, con permiso para la diferencia, y eso ya es toda una revolución. La gente que lleva adelante el IMPA demuestra, no en términos teóricos sino en la mismísima acción, que hay otras maneras de ser humano hoy. La gente del IMPA, al igual que nosotros, tiene que morfar, pero una vez satisfecha esa necesidad, lo segundo importante es la cultura. Trabajo (para morfar), cultura (para ser libres) y lucha (para resistir el embate). En estas islas, el dinero no es más que un medio para otro fin, que es la posibilidad de edificar y compartir un hecho cultural. Incluso me atrevo a decir que el dinero pasa a ser absolutamente prescindible”.
En todas las respuestas resuena de alguna manera el eslogan de este espacio: lucha, trabajo, cultura. Así como resuena en las paredes del IMPA. Será que su identidad es tan fuerte que contagia. O mejor: que atrae a quienes andan con las mismas inquietudes en la cabeza y en el corazón.
Encontrá la ficha y la programación actual del IMPA en este link a Alternativa Teatral.
Y aqui, el link a la página del IMPA.
Comentario enviado por Alan Robinson.
ResponderEliminarUn dato nada menor: los obreros de IMPA convocaron a Vicente Zito Lema, fundador de la Universidad de las Madres, para armar la Universidad de los Trabajadores en IMPA. La tarea recién está comenzando, por lo cual se necesitan cuerpos, cabezas y corazones. Y sillas para los estudiantes. Por favor, difundir esta info.