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miércoles, junio 30, 2010

teatro // Política casera, de Exequiel Soria, por la Compañía de Funciones Patrióticas

La Compañía de Funciones Patrióticas es rara. Más aun: es rara, como encendida, sin temor a citar a Cadícamo ni por ello decir que está conformada por un grupo de mareados (aunque sí algunas de sus audacias ameritan unas copas de más). Porque esta gente, contra todo modelo de producción teatral, hace debut y despedida. Un tipo de temporada brevísima que más de uno conoce por el fracaso estrepitoso, pero que esta compañía asume de antemano: única función. Trabajan para presentarse una sola vez, y considerando los teatros que han elegido (El Gigante Amapolas en Del Borde, 2008, y La neurosis de los hombres célebres en la historia argentina en Escalada, 2009), nunca han sido vistos por más de cuarenta personas.
Lo descripto podría hacer pensar en un teatro de cámara, en un semimontado o las dos cosas a la vez. Pero como ya dijimos que esta compañía es rara, no será difícil comprender que sus puestas no tienen nada de ínfimas, pueden equipararse a cualquier estreno de la cartelera porteña y hasta evitan todo quietismo. Es que estos artistas saben adaptarse a las posibilidades de los espacios sin por ello limitarse, y si bien la fugacidad de la propuesta les impide el desarrollo posterior al estreno, en el proceso previo cuentan con las hoy poco conocidas ventajas que da ser una compañía, en este caso, una compañía de poca extensión pero mucha intensidad.
Con motivo del Bicentenario, el 25 de mayo pasado presentó “su versión destituyente” de Política casera, de Exequiel Soria. Destituyente de todo intento de seriedad, de dramatismo, de respeto por las intenciones didácticas del texto original que apenas sobreviven en esta versión irreverente pues ya en su inicio presenta una escena de corruptela y contubernio electoral tan desopilante que –aunque se quisiera– no habría modo de encauzar el desarrollo siquiera hacia algo con matices de formalidad.
Pero no todo es mérito de la puesta: hay que reconocer que entre el momento en que Soria escribió este texto y este año en que Martín Seijo lo lleva a escena han pasado bajo el puente de la Argentina las turbias aguas del roquismo, el desprecio de los conservadores por todo lo que les resultara ajeno, los discursos altisonantes y las gestiones chatas de los radicales, el invento del golpe cívico-militar como salvador de la democracia, la infamia de reflotar el fraude, la prepotencia en nombre de la justicia peronista, el cada vez más sanguinario desquite de los antiperonistas, el negocio de los punteros, el voto no positivo y la traición elevada al rango de heroísmo, entre otras tantas cosas, de manera que las preocupaciones éticas del autor se convierten en eslóganes que reconocemos en casi todas las campañas electorales. Y cuando se los proclama con reverberos épicos, hoy nos invitan a la risa (como muchos de los invitados que tiene Mariano Grondona en su programa).
Con este material se presentó entonces la compañía que, como ya resulta habitual y tan comprensible como esperable, emana un vértigo cautivante. Además, ese “ahora o nunca” presiona por igual a intérpretes y al público que parece impelido a entregarse sí o sí porque tampoco para el espectador hay vuelta atrás, no hay segundas chances. (No tengo dudas de que si pudiera medirse, tanto en el escenario como en la platea el nivel de adrenalina aparecería notablemente alto en las funciones de esta compañía.)
Siempre es bienvenida, pues, cada propuesta de Funciones Patrióticas. Porque además de rescatar textos, proponer originalidad en la puesta y deslizar pistas de lecturas posibles, también nos da una experiencia intensa para pensar en lo que el teatro tiene siempre de único, que aquí se evidencia hasta la exageración en esa condición de singularidad absoluta.
Y si será rara la Compañía de Funciones Patrióticas que, aunque se identifica por la presentación en una única función, no tienen ninguna duda en hacer una segunda de Política casera. O quizás lo haga no de rara, sino de encendida. Y muy bien que reitere, porque nada de lo aquí dicho ni nada de lo experimentado en el escenario se resentirá habiendo una “segunda única” función. Que será el viernes 9 de julio a las 18:30 en Escalada, y habrá que tomarla como a una moratoria impositiva: aunque ya nos habían dicho que la anterior era la última, mejor aprovechar ésta, no sea que en serio no haya más oportunidades.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Política casera en este link a Alternativa Teatral.
Y aquí, el link al blog de la Compañía de Funciones Patrióticas.

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