Quiero detenerme en algunos momentos de la citada entrevista.
–¿Estaba así tan definida (la renuncia) o influyeron las dificultades de carácter financiero que aquejan a los teatros del complejo?Ante todo, asombra que un señor como Staiff le otorgue valor a lo que siente para tomar decisiones. Y no es que tenga prohibido sentir o decidir en consecuencia, pero no está decidiendo a dónde ir de vacaciones o comprarse una bermuda floreada. En su caso, no haber “sentido” antes que era el momento de irse, desembocó en la situación que tenemos hoy: el CTBA y el San Martín están viviendo su peor momento en lo administrativo, financiero, laboral, artístico y edilicio. Y si su “sentir” es lo que incidió en su renuncia, ¿cuántas decisiones se habrán tomado a lo largo de décadas por lo que “sentía” el señor director? Más adelante dirá que no se va cumpliendo un mandato moral; quizás tampoco lo “sintió”.
–No fue por cuestiones de presupuesto. En primer lugar sentí, y siento ahora confirmado, que éste era un buen momento para retirarme. Tengo la imagen de un círculo que se había completado.
–¿Como algo personal?
–Sí, me dije que ya era bastante. Hace cincuenta años que estoy vinculado al Teatro San Martín: me recuerdo como crítico de las propuestas del teatro, porque en mi actividad de periodista era crítico teatral. La oferta de hacerme cargo como director general llegó a fines de 1971. Era un desafío. Mi primera temporada fue en 1972. Cuando me ofrecieron la dirección estaba en el diario La Opinión y hubo amigos que me empujaron, como Juan Gelman, Paco Urondo y el cineasta Jorge Cedrón, yerno del intendente Saturnino Montero Ruiz. Me produce un cierto temblor pensar en esa época. Estuve hasta mediados del ’73. Después hubo un cambio en la política y asumió Héctor Cámpora. En esa época volví a La Opinión hasta que me volvieron a llamar. Y ahí empezó una vinculación más prolongada. Ahora me dije: hasta aquí llegamos. No voy a repetir la tontería que se suele decir, “llegó el momento de dejarles lugar a los jóvenes”, porque mi idea es que hay que dejarle lugar a gente talentosa, tenga la edad que tenga. No me fui cumpliendo un mandato moral, sino después de un diálogo conmigo mismo. Fue muy importante todo lo que me pasó en este teatro, y pagué un alto precio.
–¿En qué sentido?
–En el de disponer de poco tiempo para mí. Sentarme a leer una buena novela cuando quiero y no esperar a las vacaciones, por ejemplo.
Y resulta patético que tenga la imagen de un círculo que se cierra. Huelga cualquier comentario.
La respuesta siguiente desborda manoseo y forzamiento de datos. Es canallesco que solamente nombre al presidente Cámpora, bajo cuya corta gestión Kive dejó la dirección del Teatro San Martín, así como que se refiera a la recuperación de la democracia sin proscripciones de 1973 como “un cambio en la política”. Al igual que esa frase con la que Kive oculta haber regresado a la dirección del teatro de la mano de la dictadura iniciada en 1976: “me volvieron a llamar”. Nada más que eso: “me volvieron a llamar”. Omite ignominiosamente que quienes lo volvieron a llamar son los responsables de la criminal dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, así como también silenció que su llegada al San Martín aconteció durante la anterior dictadura, la que se presentó a sí misma como Revolución Argentina.
Kive sigue haciendo esta especie de confesión y testamento vergonzoso donde hasta se permite decir que es una tontería dejarles el lugar a los jóvenes. Pero mucho peor es lo que sigue, pues al decir que su idea es “dejarle el lugar a gente talentosa, tenga la edad que tenga”, está proclamando que en 30 años no ha habido nadie mejor que él para ocupar la dirección del CTBA y del San Martín.
Como si fuera poco, además hay que tolerarle su dosis de autovictimización porque pagó “un alto precio” por “disponer de poco tiempo para mí. Sentarme a leer una buena novela cuando quiero y no esperar a las vacaciones, por ejemplo”. ¿Eso es un alto precio? Realmente, Staiff es un descarado o ha perdido definitivamente el sentido de las palabras. Ofende a mucha gente con esa afirmación. Especialmente a la gente que de verdad pagó un alto precio por cuestionar sus decisiones o reclamar mejoras laborales, por ejemplo.
En otro fragmento del artículo se confirma el rumor acerca de quién lo sucederá.
–¿A quién le corresponde hoy hacerse cargo de la dirección general?La noticia es tan poco alentadora que más vale seguir con los dichos de Staiff.
–Carlos Elía, actualmente director general adjunto, va a ocupar a partir del 1º de enero el cargo de director general.
–¿Cómo inciden los sindicatos en la parte laboral?¡Qué alineadito está todo según Kive! Y qué encasilladito. Tanto que no nos permite preguntarnos si las y los artistas también pertenecen en su totalidad a Sutecba. Porque la pregunta apuntaba a los trabajadores, y Kive responde solo por los empleados.
–El sindicato que representa a los empleados es exclusivamente Sutecba, de Amadeo Genta, y no hemos tenido conflicto.
Y hablando de artistas, la última cita.
–¿Qué opina de la tercerización y la incorporación de producciones privadas en ámbitos oficiales?Aunque parezca mentiras, quien esto dice es el señor que a cada director convocado le acercaba –deslizándosela por su escritorio– una carpeta con sus figuras favoritas de la televisión, propiciando su incorporación al elenco.
–Tengo mis dudas, en el sentido de que la preocupación de una institución como ésta se manifiesta a través de su propio repertorio. Y no sólo del repertorio, sino también de la imagen que forja la institución a partir y a raíz del repertorio que presenta y de los artistas que trabajan en él, así no tengan fama televisiva. Es probable que Elena Tasisto o Alicia Berdaxagar no sean conocidas por el espectador de TV, sin embargo están en el Complejo, tienen papeles centrales en nuestro repertorio. (…)
Después de tantos años en la conducción y tantos dichos rayanos en la soberbia, quien nada supiera de esto podría pensar que está dejando el Teatro San Martín una especie de Luis XV a quien sucederá irremediablemente el diluvio. Quizás le sigan desastres, pero lo que está claro es que Staiff ha prolongado tanto su ocaso que ya nada tiene de Rey Sol.
Triste, solitario y final
Si oprobio le faltaba al final del staiffato, justamente hoy apareció también en Página/12 una nota de Facundo García sobre la fiesta que se realizó el pasado domingo 2 de mayo en el Teatro San Martín. Fiesta privada del empresario Andrés von Buch, que alquiló el edificio público por 80.000 dólares.
Por supuesto, las funciones de ese día fueron levantadas. Me hubiera gustado saber si la oficina de prensa del CTBA había anunciado esa cancelación previamente u omitió, pero no puedo afirmarlo ni negarlo porque desde hace años recibo la mayoría pero no la totalidad de mails de esa oficina (“Tenemos un problema con el servidor”).
Facundo García cita la explicación y el relato que hace del “alquiler” Ana María Monti, jefa de prensa del CTBA: “Haber aceptado la propuesta tiene que ver con la durísima situación financiera que enfrentamos”; “La propuesta vino por el lado de la Fundación Amigos del Teatro San Martín. Buch se contactó con ellos y fue su presidenta, Eva Thesleff de Soldati, quien acercó la inquietud al director Kive Staiff”; “El evento no representó ningún gasto para el Estado”.
Andrés von Buch no solo alquiló el espacio: también alquiló al Ballet Contemporáneo del San Martín, cuyo director, el agotado coreógrafo Mauricio Wainrot, estrenó una pieza. Y acá ya empiezan las zonas grises: ¿Wainrot cobró un adicional que Von Buch pagó de su bolsillo, sus honorarios estaban dentro de los 80.000 dólares del alquiler o la retribución por ese trabajo forma parte del habitual sueldo de Wainrot?
Si cobró un adicional, que lo evalúe con su conciencia. Pero si sus honorarios estaban dentro de los 80.000 dólares, ya no tendríamos la misma suma a disposición del Teatro San Martín. Y si no cobró nada, la retribución por su trabajo sería la que le corresponde a Wainrot como director del ballet, por lo que el estado sí se habría hecho cargo de al menos este costo de la fiestita privada.
Y las y los miembros del ballet, ¿habrán cobrado? ¿Bailar para Von Buch y sus amigos no rompe la exclusividad que el San Martín les impone en sus contratos?
Este capítulo aborrecible evidencia cómo llega el Teatro San Martín a sus 50 años y en qué condiciones lo deja Kive Staiff.
El modelo del Teatro San Martín y el CTBA para sus próximos 50 años
Pero estas no son las últimas novedades del teatro oficial porteño. Bajo el rimbombante título de “Ciclo de encuentros. Aportes para el teatro de Buenos Aires en el siglo XXI. El modelo del Teatro San Martín y el CTBA para sus próximos 50 años” comienzan a llevarse a cabo unas mesas para hacer creer que se está escuchando a todas las personas vinculadas con el teatro y de paso sumar algunas ideas por si el sucesor de Kive Staiff viene con pocas.
Acá, el texto que envía el pronto director general Carlos Elía invitando a las jornadas.
PRESENTACIÓNMuy poco alentador eso de que “las reuniones se realizarán a puertas cerradas”. Tan poco alentador como que “el material resultante será editado para su posterior publicación en una colección de cuadernos de trabajo”, pues ya podemos ir imaginando el fino trabajo de edición que eliminará todo contenido que pueda siquiera tocar intereses ya jugados en el maltratado Teatro San Martín y en el despojado Complejo Teatral de Buenos Aires.
Los aniversarios suelen ser ocasiones para festejar, reencontrarse y repasar los logros conseguidos. En este sentido, la celebración por los primeros 50 años del Teatro San Martín, además de un momento grato para el recuerdo de hitos y conquistas, procura ser una excelente oportunidad para reflexionar colectivamente sobre el futuro del Teatro, del Complejo Teatral de Buenos Aires y sobre la actividad escénica de la ciudad en su conjunto.
Las cosas han cambiado mucho desde que el Teatro San Martín fue inaugurado; más allá de la variedad de géneros, propuestas y protagonistas que pasaron por sus escenarios, del cambio de costumbres sociales y culturales de su público, y de la conformación del Complejo del que forma parte, la actividad del Teatro aún sigue respondiendo a los objetivos que se plantearon sus fundadores en 1960.
Kive Staiff, su actual Director General y Artístico, los ha sintetizado y expresado con claridad en la presentación de su Plan Estratégico en 2005: "el CTBA debe ser una institución democrática, participativa, accesible para la mayoría; un servicio público de alta rentabilidad cultural y con un preciso mandato de solidaridad, de desafío artístico y de juventud espiritual.". Esta rotunda definición deberá, necesariamente, seguir siendo traducida en hechos concretos y perdurables para que los habitantes de Buenos Aires sigan sosteniendo, como hasta ahora, la existencia de un teatro público de excelencia.
Con tal propósito, es que presentamos este ciclo. El mismo estará conformado por una serie de encuentros de reflexión y propuestas, en los que diversos grupos de artistas, gestores, pensadores, críticos, funcionarios y demás profesionales de la actividad teatral y cultural, intercambiarán y formularán su parecer y su perspectiva con relación al lugar del Teatro San Martín y del CTBA en el circuito teatral porteño, su alcance nacional e internacional, su trascendencia como organismo cultural público y su modelo organizativo de cara a los próximos 50 años.
Creemos que, de este modo, será el propio sector de la cultura y la comunidad de la Ciudad de Buenos Aires en su conjunto, quienes participarán y colaborarán con el desarrollo futuro de una de las instituciones más importantes de nuestra vida cultural.
OBJETIVOS
El presente ciclo persigue la realización de una serie de encuentros con el propósito de:
- Reflexionar en torno al desarrollo de la actividad teatral porteña y el rol de los organismos públicos de artes escénicas, en cuanto protagonistas centrales de las políticas culturales de la Ciudad de Buenos Aires;
- Desarrollar un espacio colectivo de colaboración y propuestas en torno al rol, los alcances y el modelo de gestión a futuro para el Teatro San Martín y el CTBA;
- Promover un esquema de enlace que colabore con la apertura del CTBA a la comunidad y perfeccione los procesos de acercamiento y dialogo entre ambos;
- Generar una serie de documentos de trabajo (publicaciones, DVD, etc.) que aborden cuestiones referidas a la actividad teatral de la Ciudad de Buenos Aires -el desarrollo de la actividad, el teatro público, la marca "teatro porteño", los hábitos de su público, los modelos de gestión para sus organismos, etc.- y conformen un aporte técnico y pedagógico de calidad para los profesionales de la gestión cultural.
MODALIDAD
Las reuniones se realizarán a puertas cerradas, a razón de dos encuentros por semana, los martes y jueves de junio y julio entre las 10:00 y las 12:30 hs. en espacios del Teatro San Martín.
Cada una contará con la presencia de un grupo de personalidades del quehacer cultural y social, tanto nacional como internacional, con el propósito de que, en un debate franco y abierto, puedan debatir con relación al rol futuro que imaginan para el Teatro y el CTBA, en el marco de las políticas culturales para el sector teatral de la Ciudad de Buenos Aires.
Cada participante dispondrá de 15 minutos iniciales, para luego dar paso al diálogo e intercambio de opiniones entre los invitados. Las reuniones contarán con la asistencia de un moderador que distribuirá el uso de la palabra, y de un equipo encargado de la relatoría de cada encuentro.
El material resultante será editado para su posterior publicación en una colección de cuadernos de trabajo. Asimismo, los encuentros serán registrados en forma audiovisual para la posterior edición de un DVD institucional que rescate los mayores aportes del encuentro.
Se trata, en consecuencia, de un acervo de más de 60 intervenciones a partir de las que destacadas personalidades, brindarán sus ideas y sugerencias a modo de aporte para las acciones y estrategias futuras del Teatro San Martín y el Complejo Teatral de Buenos Aires.
Ya se dijo aquí meses atrás: el San Martín llega a sus 50 años de vida atravesando uno de sus peores momentos. Quizás haya que actualizar esa apreciación y decir que tanto ese teatro como el CTBA están indudablemente en la peor crisis que jamás hayan vivido.
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