Sí, sí: entiendo todo lo que quieran. Pero si me invitan a ver una obra de teatro, que sea una obra de teatro, y no una muestra del taller de sus alumnos. Ustedes saben que no es lo mismo, entonces no me la vendan como si fuese lo mismo.
Supongamos que me agarraron en un día muy incauto, caigo y voy a ver la muestra de uno de sus talleres. Ya les aviso esto: a no ser que acontezca algo realmente extraordinario y encuentre en el escenario un equipo actoral que me vuele el moño, no voy a escribir una palabra del laburo de sus alumnas y alumnos, ni mucho menos recomendarlo. Por dos motivos: por respeto a las actrices y los actores que hace rato la yugan duro y también están haciendo funciones, y por respeto al lector, a quien estaría embaucando si le dijera que vaya a ver un espectáculo cuando en realidad de se trata de unas escenas que no deberían ser vistas por más que amigos y familiares con el fin de que las y los intérpretes se enfrenten al público. Porque la muestra es eso: muestra. Mostrarse. Poner el cuerpito tan entrenado delante de la mirada ajena e incluso poco habituada. No es una salida laboral. No es una temporada. No, no: es muestra. Y no debería –salvo contadas excepciones, que las hay– presentarse más que un par de veces. O un par de meses, si se trata de gente de muchos amigos y familias numerosas.
Y tampoco les daría una devolución. No soy supervisor docente. No es mi trabajo evaluar los resultados de sus métodos de formación.
¿Contrataron agente de prensa? Lo siento, pero nunca debieron hacerlo. ¿Acaso ya tienen representantes artísticos sus alumnas y sus alumnos? ¿Acaso se afiliaron a Actores? Y si fueron ellas y ellos quienes les pidieron tener agente de prensa, pregúntense cómo los formaron, porque algo se les olvidó de transmitir si los novatos quieren volar cuando apenas están saliendo del huevo.
Capaz que les suena fuerte, y lo siento si les molesta, pero es así: me siento engañado cuando no me dicen claramente que se trata de una muestra. Para que entiendan, les pongo un ejemplo: imagínense que les digo que voy a presentar un ensayo titulado “Acerca del discurso como elemento disruptivo frente a los usos no homologados de las sobredimensionadas culminaciones de los ciclos en la formación teatral que por su falta de articulación atentan involuntariamente con la oferta de espectáculos consolidada”, y después de semejante título, resulta que presento una boludez como la que están leyendo acá. En ese caso, ¿no sentirían que les metí gato por liebre?
Bueno, yo me vengo comiendo gatos de hace rato. Admito que unos pocos han estado indiscutiblemente sabrosos, pero eran gatos al fin. Y hasta puedo comer gato, liebre o lagartija, pero si no llaman a las cosas por su nombre, me están impidiendo elegir.
Por si no quedó claro: no me inviten más a una muestra a no ser que realmente hayan logrado algo extraordinario, algo inusitado por tratarse del trabajo de debutantes.
miércoles, abril 28, 2010
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