Pensando en qué podría hacerse para enfrentar esa ignominia que significa el hecho de que el teatro Ópera se llame Citi por un convenio con su sponsor (el banco homónimo), se me ocurrió que las y los periodistas podrían negarse a cubrir los espectáculos que ahí se presente. Claro, siempre y cuando la independencia periodística no esté encorsetada por intereses comerciales que, llamado mediante, impongan una nota proporcional a la generosidad del Banco Citi como auspiciante del medio en cuestión.
También hay formas de resistencia más básicas, casi boludas, como “equivocarse” con la mayor frecuencia posible y, en lugar de decir o escribir Citi, decir o escribir Ópera. Con las burradas que solemos leer en diarios y revistas y escuchar en radio y televisión, ese pequeño error bien podría pasar inadvertido.
Le comento la idea de boicot periodístico a un actor. Y me dice: “Pero ¿por qué solo al Citi? ¿Es el único al que le cambiaron el nombre?”.
Epa... Quizás haya que ampliar el reclamo. A no ser que cambiemos los registros y los libros de historia y les hagamos decir que la fundadora de la Casa del Teatro se llamaba Regina Tsu Pacini de Alvear.
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