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miércoles, febrero 24, 2010

teatro // El ardor, de Marcelo D'Andrea

No hay vueltas: ves un mecánico y ya pensás en que algo anda mal. Porque no hay mecánico sin algo que ande mal; es así de simple: empezamos mal. Entonces tenés adelante a este tipo de mameluco anaranjado, que está arreglado una cosa que no sabés qué es y de la que sospechás que incluso él sabe poco. O nada. Es más: ni siquiera sabés si la arregla o no. Porque son medio así, ¿viste? Difícilmente te digan que no pueden con algo. Y mientras laburan, te hablan de cualquier cosa. Así como este mecánico, pero con una diferencia, porque este tipo, en su mameluco naranja, además de estar arreglando (o no) esa cosa que no sabés qué es, te habla de desarreglos. Sí, de los desarreglos de su alimentación: el mecánico se clavó un locro que para hacerlo siguieron una receta que seguramente parecía un libro de flora y fauna, porque tenía de todo. ¡Y no sabés la de efectos colaterales que padeció por el supuestamente inofensivo locro! No te das idea. Se le armó una de san Quintín en el aparato digestivo de tal magnitud que necesita relatarlo con visos de epopeya revolucionaria, como si sus órganos hubieran entablado cruenta lucha entre sí y contra él, que por culpa de ese locro perdió el dominio de su cuerpo. Pero mientras lo escuchás describiendo un desastre tras otro, y en situaciones cada vez más comprometidas, todo eso te empieza a sonar parecido a otras cosas, como si los desbarajustes padecidos fuesen alegorías de revueltas sociales que han sacudido la historia. La historia y nuestra historia, que no por nada todo se origina en un suculento locro, plato patriótico si los hay. Y ahí lo ves al tipo convulsionado mientras te relata lo que le pasó, porque no es cualquier relator, ¡no!, es de esos que te atrapan cuando te cuentan algo, y en este caso, es algo terrible, aunque te lo cuenta y resulta gracioso. ¡Pone toda la carne al asador para su relato! Te digo más: el tipo del mameluco anaranjado –que ya te dije que es muy bueno recreando lo que le pasó y está muy bien parado en el momento–, como no podía ser de otro modo, es el autor de esto, más vale, porque se lo escribió en el cuerpo desde que le entró a ese locro fatídico.
¿Si se le arregló la revuelta de sus órganos? Eso no te lo puedo decir: vos sabés que los mecánicos te dicen que terminaron y nunca sabes qué hicieron ni si lo hicieron bien. Capaz que la revolución le sigue… Quién te dice, podría ser una adhesión simbólica al Bicentenario.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de El ardor en este link a Alternativa Teatral.

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