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miércoles, febrero 03, 2010

teatro // Raíces, de Arnold Wesker, según Luciano Suardi

Una chica, hija de granjeros ingleses, regresa a su casa luego de haber estado varios años en Londres, donde se enamoró de un muchacho socialista. Tan deslumbrada está por él que lo cita a toda hora, y tanto lo admira que ella también adhiere, como él, al mismo ideario político, lo que para la chatura campesina de su familia resulta más ficticio que alarmante, pese a que estamos a fines de la década del ’50, en plena Guerra Fría. Y mientras espera el día en que su novio vaya a conocer a sus parientes, el corto horizonte de la vida del trabajador agrario –con sus tiempos y sus sumisiones– avanza de nuevo sobre esa joven que había vuelto con mucho bagaje de modernidad, urbanidad y liberación. Al final, el novio no llega. Y el socialismo no es más que el antojo de un corazón apasionado.
Cuando escribió esta obra (1959), Arnold Wesker sin dudas tomó partido por una clase media agraria que estaba siendo aniquilada económica y culturalmente. Hoy, medio siglo después, Raíces pide ciertas licencias para convertirse en algo vivo y no aparecer en escena como mera pieza arqueológica. Además, convengamos que tiene poca médula y mucho envoltorio, le sobran personajes y la escena final ocupa muchísimo más tiempo del que realmente necesita para cerrar ese sencillito relato. Y para subsanar las limitaciones propias del texto sumadas a lo que el tiempo le quitó, en esta puesta no parece haber ningún tipo de licencias, ni apuestas, ni riesgos.
La función se inicia con Julieta Vallina lavando en un fuentón, de perfil. Nunca vi a Vallina tan poco viva. Y no porque esté interpretando a una mujer agobiada por esa vida ínfima, sino porque no transmite nada. Visualmente es una invitación al desinterés del público desde el minuto uno. Pero quizás “el público” haya ido a ver a Marta Bianchi o a Melina Petriella, y entonces no sólo no sepa el desperdicio que es tener a Julieta Vallina ahí y así, sino que tampoco le importe. Entra luego Ignacio Rodríguez de Anca, y lo mismo. ¿Quién le hizo qué a la Julieta que admiré en El Suicidio, Apócrifo I, en Un hombre que se ahoga, en Espía a una mujer que se mata? ¿Quién le hizo qué al Ignacio que aplaudí en Acercamientos personales II y en Cané (estudiantina), y que me sorprendió en Apenas el fin del mundo?
Y siguen las preguntas. ¿Por qué el ruido de los ómnibus cuyos horarios recita la señora Bryant (Marta Bianchi) son los únicos sonidos que entran por la ventana? Si el condado de Norfolk –donde Wesker ubica la acción– tiene una altura máxima de cien metros sobre el nivel del mar, ¿por qué Bianchi camina con ese forzado desequilibrio de la cadera que es típico de quien vive en las montañas, como si fuese una gallega desterrada en la campiña inglesa? Si hace frío y es necesario llevar la tina a la cocina para que Beatie, la hija (Melina Petriella), se bañe, ¿por qué ubican la tina tan cerca de la puerta? Será para contar con una sugerente vista de sus espaldas cuando entre a la tina. Pero finalmente se introduce en ella a medida que se saca un toallón. Entonces, ¿para qué la histeriqueada? Y así.
Pese a estas intrigas, la pregunta más importante parece ser esta: ¿para qué montar Raíces ahora, sin adaptarla? Es innegable que todo es según el cristal con que se mire, de manera que otra será su valoración desde el escritorio de los oligopolistas de los derechos de autor Federico González Del Pino y Fernando Masllorens (los señores F&F), responsables de esta versión y de haber sacado a la fuerza otra puesta que se estaba presentando en Buenos Aires, con lo que han incurrido en algo similar a lo que tibiamente denuncia Wesker en esta pieza. Y al haber comprado en el supermercado F&F, los productores seguramente se han llevado también la perspectiva de aquellos señores de negocios que deben suponer que esta mirada liviana y maltratada por el tiempo sobre aquella sociedad es en realidad una bomba molotov a punto de iniciar una revolución. Pero no.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Raíces en este link a Alternativa Teatral.

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