Aquí, los links a las notas en las que este blog siguió el escandaloso caso de la Fiesta del Teatro la Ciudad de Buenos Aires de 2008, organizada y mancillada por la representación local del Instituto Nacional del Teatro.
01) Selección, desprolijidades y mentiras.
02) Propuestas para salir del pantano.
03) Anulación y reacciones.
04) Segunda selección: profundizando la herida.
05) No mezclemos las responsabilidades.
06) Carta del elenco de Miami.
07) En busca de la segunda acta.
08) Programación final.
09) En busca de la segunda acta (apéndice testimonial).
10) Si Bontá no responde, pidámosle a Brambilla.
11) Y Brambilla responde de inmediato.
12) Finalmente, las obras ganadoras.
13) El acta exhibe desprolijidades... pero ya es tarde.
14) Bontá suspendido (y se abre otra historia...).
15) ¿Todo seguirá igual para la Fiesta CABA 2009?
jueves, abril 30, 2009
miércoles, abril 29, 2009
// ¿Todo seguirá igual para la Fiesta CABA 2009?
El pasado 9 de marzo, en el foro de debate del grupo Montaje Decadente en Facebook, propuse el siguiente tema: “Este año, ¿vas a llevar la carpeta de tu obra para participar en la Fiesta de Teatro de la Ciudad de Buenos Aires del INT, aun sabiendo que el principal responsable* de la chorrera de irregularidades acontecidas en la última versión de esa fiesta estará de nuevo manejando el asunto?”. Si este blog tuviera más posibilidades tecnológicas (¿o quizás bastaría con que yo supiera valerme de todos los recursos?), aquí habría un botón que activaría un sonido de grillos. Porque nadie, en siete semanas, comentó nada.
Este silencio me despertó dos sospechas: que el foro de debate en Facebook no sirve para nada, y que tampoco sirve haber abierto un grupo en Facebook.
Al respecto de la pregunta planteada, el actor y productor Martín Lavini me señaló en una charla informal que la Fiesta CABA era un canal válido de la comunidad teatral para acceder a un reconocimiento que estaba contemplado por una normativa que rige pese a quien esté administrando en determinado momento la Representación de Instituto Nacional del Teatro. Y es verdad. Por lo cual me parece bien que nadie haya respondido en el foro. O no, porque también se podría haber llevado el debate a otro lado, sacádolo de esa aporía en la que yo lo había planteado. Es más: de ninguna manera es necesario que se debata eso en el foro en cuestión, pero el problema es que el tiempo pasa y llegará la convocatoria del INT para la Fiesta Nacional 2010 y… ¿y qué? Doscientos grupos presentarán sus carpetas con todo derecho. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de derecho?
Consulto al diccionario de la Real Academia. En la décima acepción de este sustantivo, dice que el derecho es la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor. En primer lugar, entonces, es una facultad, y no una obligación; podría no ejercerse, es decir, nada nos fuerza a exigir nuestros derechos. Pero además, ya por fuera del diccionario pero basándonos aún en él, vale afirmar que la ley establece muchísimas cosas a nuestro favor, y que deberíamos ser muy cuidadosos en cómo ordenamos esas cosas para decidir por cuál de ellas vamos a exigir, no sea que por exigir a nuestro favor algo menor estemos dejando de lado algo mucho más importante. Por ejemplo, presentarse para ser seleccionados en la Fiesta CABA es un innegable derecho de quienes se dedican al teatro en la ciudad de Buenos Aires, pero apenas expuesto se evidencia que es muchísimo más importante exigir el derecho a tener un representante al que se le pueda creer y un jurado que no ande en componendas que fácilmente salen a la luz. El asunto es cómo exigirlo.
Yo sigo creyendo que negarse a un derecho para forzar el cumplimiento de derechos mayores es muy válido; de hecho, en ese mismo orden se inscriben todas las huelgas –incluso la de hambre– y el boicot. Algo así ya se implementó contra el desmanejo de una representación del INT: aunque no he podido profundizar en averiguaciones, puedo citar a Gustavo Lioy, quien contó en El Gran Dios Brown que, en 2007, Te.Ne.As (Teatristas Neuquinos Asociados) “bajó la orden a los elencos de no presentarse a la Fiesta Provincial, en repudio al mal manejo del INT”.
Quizás haya métodos mucho mejores que un boicot para repudiar al señor a quien el Consejo de Dirección del Instituto Nacional del Teatro le dio como toda reprimenda el mandarlo a su casa en penitencia por sesenta días. El problema es que no se escucha ninguna protesta. Ni mucho menos propuestas. Y no hace falta ser muy sagaz para prever que la Fiesta CABA 2009 se hará con un Pablo Bontá de guantes blancos y con mucha agua y jabón para demostrar limpieza, pero será el mismo sujeto que embarró toda la edición anterior. Es más: podría firmar que dentro de no más de dos años Pablo Bontá será recibido en muchos teatros y con un abrazo que le darán personas vinculadas a esta actividad. Porque si la pérdida de memoria es un ejercicio de fuerte raigambre nacional, tiene efectos particularmente raudos en algunas personas del ambiente teatral. Vaya un ejemplo: no es raro ver personas que estuvieron enfurecidas cuando estalló el escándalo Alejandro Ullúa-Jorge Montiel por los ACE 2004-2005 (ver al respecto la nota en este link, bajo el subtítulo “El caso Ullúa”) que hoy están a los saludos y abrazos y de animada charla con ellos, no solo como si nada hubiese pasado, sino –mucho peor– como si nada hubiesen dicho del cuestionada dúo de negocitos artísticos.
El foro en Facebook ya fue eliminado. No era necesario y quizás ni siquiera fue una buena alternativa. Lo que vale es que las preguntas se hagan, que los debates se den, no importa dónde.
Si no se dan, ha de ser porque confeccionar las carpetas para presentar en el INT demanda mucho tiempo y no se lo puede perder en otras cosas.
* Por si alguien llegó tarde a este tema o por si también perdió la memoria, estoy hablando de Pablo Bontá, cuyas divertidas aventuras podés seguir en las entradas del “serial de la Fiesta CABA 2008 del INT” de este blog.
Este silencio me despertó dos sospechas: que el foro de debate en Facebook no sirve para nada, y que tampoco sirve haber abierto un grupo en Facebook.
Al respecto de la pregunta planteada, el actor y productor Martín Lavini me señaló en una charla informal que la Fiesta CABA era un canal válido de la comunidad teatral para acceder a un reconocimiento que estaba contemplado por una normativa que rige pese a quien esté administrando en determinado momento la Representación de Instituto Nacional del Teatro. Y es verdad. Por lo cual me parece bien que nadie haya respondido en el foro. O no, porque también se podría haber llevado el debate a otro lado, sacádolo de esa aporía en la que yo lo había planteado. Es más: de ninguna manera es necesario que se debata eso en el foro en cuestión, pero el problema es que el tiempo pasa y llegará la convocatoria del INT para la Fiesta Nacional 2010 y… ¿y qué? Doscientos grupos presentarán sus carpetas con todo derecho. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de derecho?
Consulto al diccionario de la Real Academia. En la décima acepción de este sustantivo, dice que el derecho es la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor. En primer lugar, entonces, es una facultad, y no una obligación; podría no ejercerse, es decir, nada nos fuerza a exigir nuestros derechos. Pero además, ya por fuera del diccionario pero basándonos aún en él, vale afirmar que la ley establece muchísimas cosas a nuestro favor, y que deberíamos ser muy cuidadosos en cómo ordenamos esas cosas para decidir por cuál de ellas vamos a exigir, no sea que por exigir a nuestro favor algo menor estemos dejando de lado algo mucho más importante. Por ejemplo, presentarse para ser seleccionados en la Fiesta CABA es un innegable derecho de quienes se dedican al teatro en la ciudad de Buenos Aires, pero apenas expuesto se evidencia que es muchísimo más importante exigir el derecho a tener un representante al que se le pueda creer y un jurado que no ande en componendas que fácilmente salen a la luz. El asunto es cómo exigirlo.
Yo sigo creyendo que negarse a un derecho para forzar el cumplimiento de derechos mayores es muy válido; de hecho, en ese mismo orden se inscriben todas las huelgas –incluso la de hambre– y el boicot. Algo así ya se implementó contra el desmanejo de una representación del INT: aunque no he podido profundizar en averiguaciones, puedo citar a Gustavo Lioy, quien contó en El Gran Dios Brown que, en 2007, Te.Ne.As (Teatristas Neuquinos Asociados) “bajó la orden a los elencos de no presentarse a la Fiesta Provincial, en repudio al mal manejo del INT”.
Quizás haya métodos mucho mejores que un boicot para repudiar al señor a quien el Consejo de Dirección del Instituto Nacional del Teatro le dio como toda reprimenda el mandarlo a su casa en penitencia por sesenta días. El problema es que no se escucha ninguna protesta. Ni mucho menos propuestas. Y no hace falta ser muy sagaz para prever que la Fiesta CABA 2009 se hará con un Pablo Bontá de guantes blancos y con mucha agua y jabón para demostrar limpieza, pero será el mismo sujeto que embarró toda la edición anterior. Es más: podría firmar que dentro de no más de dos años Pablo Bontá será recibido en muchos teatros y con un abrazo que le darán personas vinculadas a esta actividad. Porque si la pérdida de memoria es un ejercicio de fuerte raigambre nacional, tiene efectos particularmente raudos en algunas personas del ambiente teatral. Vaya un ejemplo: no es raro ver personas que estuvieron enfurecidas cuando estalló el escándalo Alejandro Ullúa-Jorge Montiel por los ACE 2004-2005 (ver al respecto la nota en este link, bajo el subtítulo “El caso Ullúa”) que hoy están a los saludos y abrazos y de animada charla con ellos, no solo como si nada hubiese pasado, sino –mucho peor– como si nada hubiesen dicho del cuestionada dúo de negocitos artísticos.
El foro en Facebook ya fue eliminado. No era necesario y quizás ni siquiera fue una buena alternativa. Lo que vale es que las preguntas se hagan, que los debates se den, no importa dónde.
Si no se dan, ha de ser porque confeccionar las carpetas para presentar en el INT demanda mucho tiempo y no se lo puede perder en otras cosas.
* Por si alguien llegó tarde a este tema o por si también perdió la memoria, estoy hablando de Pablo Bontá, cuyas divertidas aventuras podés seguir en las entradas del “serial de la Fiesta CABA 2008 del INT” de este blog.
lunes, abril 27, 2009
ópera // El matadero. Un comentario, de Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi
Esteban Echeverría nos legó en El matadero una mirada descarnada de la sociedad porteña cercana a 1840, deteniéndose con fruición en el salvajismo de los más acérrimos adeptos a Juan Manuel de Rosas. Como contraparte, hace aparecer en medio de tanta incivilidad a un mozo unitario, al que describe regalándole a los opositores una imagen victimizada, vanagloriosa y por sobre todo muy romántica. Es más: probablemente el mismo Echeverría – mientras disfrutaba de las tertulias montevideanas– quiso verse ennoblecido en ese personaje que se autoinmola mediante un rapto de furia.
A partir de este material encumbrado en el panteón de las letras nacionales, este texto profundiza la mirada y sabe encontrar en él noticias de toda la vida argentina. Los dos personajes arquetípicos, el Cajetilla y el Mazorquero, rompen con su tiempo gracias a dos citas que de manera muy inteligente incorpora Emilio García Wehbi: el unitario exclama “¡Viva el cáncer!”, la frase acuñada por el antiperonismo mientras Evita agonizaba, que enlaza ideológica e históricamente con la muerte de Encarnación Ezcurra, esposa de Rosas, aún reciente cuando los acontecimientos de El matadero; en tanto que el federal gritará “¡Que venga el principito!”, declaración de patoterismo chauvinista que hizo célebre el dictador Galtieri (o, quizás mejor, la declaración lo hizo célebre a él).
Así, uno y otro encarnan casi dos siglos de antagonismos. En esa permanente contraposición (que hoy algunos aprovechadores de la política quieren hacer creer que empezó ayer), uno y otro no corren paralelos, pues sus posturas se modifican. Uno y otro se entrecruzan: el Cajetilla encarna el librepensamiento antirrosista y la noche de los bastones largos, el impulso a la inmigración y la xenofobia de barrio privado, el anticlericalismo liberal y el “Cristo vive” en los aviones que bombardearon Plaza de Mayo, la ley 1420 y la destrucción menemista de la educación pública, el desprecio a la acción social de Evita y el apoyo a la entretenedora Susana, el lema “Paz y administración” y el desguace del Estado con represión de la protesta social. Su contraparte, por supuesto, también varía su posicionamiento, como transitando en un permanente rodeo a un punto del que están siempre equidistantes. Y en el actuar y el decir del Mazorquero percibimos tanto las rebeliones para no seguir a Mitre en la guerra contra el Paraguay como el ciego fervor del 2 de abril de 1982, la infructuosa espera peronista de las órdenes del líder en septiembre del ’55 y la espontaneidad horizontal del Cordobazo, las luchas de los trabajadores alentadas por los anarquistas y la domesticada afiliación al gremialismo de “los gordos”. Si pudiéramos verlos en un gráfico, su traza se asemejaría a una doble hélice, como la del modelo que expusieron Watson y Crick para el ADN. Quizás en esa traza de mutuos cruces y cambios de posicionamiento haya algo de nuestra genética social.
Para todo esto y para mucho más nos autoriza (y alienta y equipa) García Wehbi al agregar al título de este trabajo apenas dos palabras: “un comentario”. Con eso se exime de decir todo y, a la vez, abre el objeto comentado a decir mucho más. Y bien que lo ha logrado.
Brasas, humo, carne, cuchillos, barro, polvareda, sangre y escupitajos conforman un escenario propicio para el Mazorquero, desafiante y brutal, cuya voz atronadora, áspera y rasposa vomita palabras menos necesarias para despertar el temor ajeno que para sostener la propia seguridad (real efecto de todas las consignas que vivan la muerte, salgan de boca de los fascistas españoles o de los cultores de la mano dura locales). Distante en un principio, el Cajetilla va haciendo oír cada vez más su educada voz y desplegando su soberbia (que no es más que la fanfarronería de la gente bien), hasta que el desenlace es inevitable. Entre tanto, el coro dibuja para nosotros, a modo de decorado impalpable, los paisajes geográficos, políticos y éticos en que se desarrolla esta tragedia, la nuestra, la nacional, lo que a su vez permitió al escenógrafo Norberto Laino concentrar su trabajo en pocos pero precisos elementos.
Un toro (o vaca u hombre o mujer, qué más da), rehén de la brutalidad imperante y víctima de su propio y dosificado faenamiento, al igual que en la pieza de Echeverría, intenta huir. Con la diferencia de que aquí todas y todos lo vemos pasar, desesperado, huyendo de los tormentos, y así se nos convierte en cómplices de su previsible fin. El toro, a no dudarlo, algo habrá hecho.
Ambos protagonistas, Federico Figueroa como el Mazorquero y Pablo Travaglino como el Cajetilla, imponen sus personajes tanto desde la precisión coral como por las muy buenas actuaciones que despliegan. Alejandra Ceriani impacta al resolver la inmensa tarea de dotar a ese toro –agonizante y martirizado– con una elocuente plasticidad corporal.
Compositor y director musical, Marcelo Delgado se ha nutrido de variadas fuentes, logrando un vigoroso e inquietante soporte sin instrumentos para este relato, siendo esencial para éste pero sin ponérsele por delante. Cuenta aquí también con la indispensable y noble labor del coro formado por Adrián Barbieri, Alejandro Spies, David Neto, Juan Francisco Ramírez, Martín Díaz y Pol González.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de El matadero. Un comentario en este link a Alternativa Teatral.
A partir de este material encumbrado en el panteón de las letras nacionales, este texto profundiza la mirada y sabe encontrar en él noticias de toda la vida argentina. Los dos personajes arquetípicos, el Cajetilla y el Mazorquero, rompen con su tiempo gracias a dos citas que de manera muy inteligente incorpora Emilio García Wehbi: el unitario exclama “¡Viva el cáncer!”, la frase acuñada por el antiperonismo mientras Evita agonizaba, que enlaza ideológica e históricamente con la muerte de Encarnación Ezcurra, esposa de Rosas, aún reciente cuando los acontecimientos de El matadero; en tanto que el federal gritará “¡Que venga el principito!”, declaración de patoterismo chauvinista que hizo célebre el dictador Galtieri (o, quizás mejor, la declaración lo hizo célebre a él).
Así, uno y otro encarnan casi dos siglos de antagonismos. En esa permanente contraposición (que hoy algunos aprovechadores de la política quieren hacer creer que empezó ayer), uno y otro no corren paralelos, pues sus posturas se modifican. Uno y otro se entrecruzan: el Cajetilla encarna el librepensamiento antirrosista y la noche de los bastones largos, el impulso a la inmigración y la xenofobia de barrio privado, el anticlericalismo liberal y el “Cristo vive” en los aviones que bombardearon Plaza de Mayo, la ley 1420 y la destrucción menemista de la educación pública, el desprecio a la acción social de Evita y el apoyo a la entretenedora Susana, el lema “Paz y administración” y el desguace del Estado con represión de la protesta social. Su contraparte, por supuesto, también varía su posicionamiento, como transitando en un permanente rodeo a un punto del que están siempre equidistantes. Y en el actuar y el decir del Mazorquero percibimos tanto las rebeliones para no seguir a Mitre en la guerra contra el Paraguay como el ciego fervor del 2 de abril de 1982, la infructuosa espera peronista de las órdenes del líder en septiembre del ’55 y la espontaneidad horizontal del Cordobazo, las luchas de los trabajadores alentadas por los anarquistas y la domesticada afiliación al gremialismo de “los gordos”. Si pudiéramos verlos en un gráfico, su traza se asemejaría a una doble hélice, como la del modelo que expusieron Watson y Crick para el ADN. Quizás en esa traza de mutuos cruces y cambios de posicionamiento haya algo de nuestra genética social.
Para todo esto y para mucho más nos autoriza (y alienta y equipa) García Wehbi al agregar al título de este trabajo apenas dos palabras: “un comentario”. Con eso se exime de decir todo y, a la vez, abre el objeto comentado a decir mucho más. Y bien que lo ha logrado.
Brasas, humo, carne, cuchillos, barro, polvareda, sangre y escupitajos conforman un escenario propicio para el Mazorquero, desafiante y brutal, cuya voz atronadora, áspera y rasposa vomita palabras menos necesarias para despertar el temor ajeno que para sostener la propia seguridad (real efecto de todas las consignas que vivan la muerte, salgan de boca de los fascistas españoles o de los cultores de la mano dura locales). Distante en un principio, el Cajetilla va haciendo oír cada vez más su educada voz y desplegando su soberbia (que no es más que la fanfarronería de la gente bien), hasta que el desenlace es inevitable. Entre tanto, el coro dibuja para nosotros, a modo de decorado impalpable, los paisajes geográficos, políticos y éticos en que se desarrolla esta tragedia, la nuestra, la nacional, lo que a su vez permitió al escenógrafo Norberto Laino concentrar su trabajo en pocos pero precisos elementos.
Un toro (o vaca u hombre o mujer, qué más da), rehén de la brutalidad imperante y víctima de su propio y dosificado faenamiento, al igual que en la pieza de Echeverría, intenta huir. Con la diferencia de que aquí todas y todos lo vemos pasar, desesperado, huyendo de los tormentos, y así se nos convierte en cómplices de su previsible fin. El toro, a no dudarlo, algo habrá hecho.
Ambos protagonistas, Federico Figueroa como el Mazorquero y Pablo Travaglino como el Cajetilla, imponen sus personajes tanto desde la precisión coral como por las muy buenas actuaciones que despliegan. Alejandra Ceriani impacta al resolver la inmensa tarea de dotar a ese toro –agonizante y martirizado– con una elocuente plasticidad corporal.
Compositor y director musical, Marcelo Delgado se ha nutrido de variadas fuentes, logrando un vigoroso e inquietante soporte sin instrumentos para este relato, siendo esencial para éste pero sin ponérsele por delante. Cuenta aquí también con la indispensable y noble labor del coro formado por Adrián Barbieri, Alejandro Spies, David Neto, Juan Francisco Ramírez, Martín Díaz y Pol González.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de El matadero. Un comentario en este link a Alternativa Teatral.
sábado, abril 25, 2009
danza // Primer programa de la Compañía de Danza Contemporánea Cultura Nación
Todos los martes de mayo y junio se presentará el primer programa de la Compañía de Danza Contemporánea Cultura Nación, en el que brindará un repertorio integrado por obras de Ramiro Soñez, Jack Syzard, el grupo de danza independiente Nuevos Rumbos y de esa misma Compañía.
Las funciones se realizarán los ya mencionados martes a las 20:30 en el Centro Nacional de la Música y la Danza (México 564). La entrada es gratuita; las localidades deben retirarse una hora antes de la función.
El siguiente es el programa que ofrecerá.
Algo de mí
“Partes de ellos. Pedazos de nosotros. Un poco de todos. Algo de mí.”
Coreografía y dirección: Ramiro Soñez. Intérpretes: Bettina Quintá, Ernesto Chacón Oribe, Pablo Fermani, Victoria Hidalgo y Wanda Ramírez. Música original: Gabriel Cichero. Diseño de vestuario: Agustina Bianchi. Diseño de iluminación: Marcelo Álvarez. Duración aprox.: 25 min.
In Memoriam
“Hay cosas, personas y hechos que no deben ser olvidados. Marcas y huellas que quedarán impresas en la memoria de una sociedad, una familia o una persona.”
Coreografía, dirección e interpretación: Jack Syzard. Música: Michael Galasso. Edición musical y diseño de vestuario: Jack Syzard. Diseño de iluminación: Martín Rebello. Duración aprox.: 5 min.
(Intervalo.)
Charanda
“Una obra que cobra vida a través de la fusión del charango, la guitarra y la danza. Descubriendo otros movimientos en nuestra música y revelando otros sonidos en nuestra danza.”
Coreografía y dirección: Compañía Nacional de Danza Contemporánea (creación colectiva).
Intérpretes: Bettina Quintá, Ernesto Chacón Oribe, Jack Syzard, Pablo Fermani, Victoria Hidalgo y Wanda Ramírez. Diseño de vestuario: Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Diseño de iluminación: Martín Rebello. Duración aprox.: 25 min.
Temas musicales que integran esta obra: La partida, de Víctor Jara (interpretada por toda la Compañía); Huaino T., de Jorge Cumbo (por Ernesto Chacón Oribe y Victoria Hidalgo); Estudio para charango, de Mauro Núñez (por Bettina Quintá y toda la Compañía); Piedras peregrinas, de Ernesto Cavour (por Jack Syzard y Pablo Fermani); En equilibrio, de Raúl Malosetti (por Wanda Ramírez), y Un día de agosto, de Raúl Malosetti (por toda la Compañía).
Charango a cargo de Rolando Goldman, y guitarra por Raúl Malosetti, quienes en el estreno ejecutarán en vivo.
(Intervalo.)
Divina danza
Creación colectiva del grupo Nuevos Rumbos que, mediante distintas relaciones de pareja, busca plasmar en movimiento las diversas sugerencias de la música, utilizando un vocabulario ágil y volátil.
Coreografía e idea: Grupo Nuevos Rumbos. Intérpretes: Pablo Fermani y Victoria Hidalgo, Bettina Quintá y Ernesto Chacón Oribe, Wanda Ramírez y Jack Syzard. Diseño de vestuario: Grupo Nuevos Rumbos. Diseño de iluminación: Martín Rebello. Duración aprox.: 15 min.
Música: Divina, de Joaquín Mora, y La Tablada, de Francisco Canaro, en versión de la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto con arreglos de Atilio Stampone.
Dirección colectiva y bailarines: Bettina Quintá, Ernesto Chacón Oribe, Jack Syzard, Pablo Fermani, Victoria Hidalgo y Wanda Ramírez. Bailarines suplentes: Alfonso Barón y Virginia López. Maestros: Gisela Münch, Luciana Benosilio y Ramiro Soñez. Iluminación del espectáculo: Martín Rebello. Asistencia de vestuario: María del Carmen Perea.
Las funciones se realizarán los ya mencionados martes a las 20:30 en el Centro Nacional de la Música y la Danza (México 564). La entrada es gratuita; las localidades deben retirarse una hora antes de la función.
El siguiente es el programa que ofrecerá.
Algo de mí
“Partes de ellos. Pedazos de nosotros. Un poco de todos. Algo de mí.”
Coreografía y dirección: Ramiro Soñez. Intérpretes: Bettina Quintá, Ernesto Chacón Oribe, Pablo Fermani, Victoria Hidalgo y Wanda Ramírez. Música original: Gabriel Cichero. Diseño de vestuario: Agustina Bianchi. Diseño de iluminación: Marcelo Álvarez. Duración aprox.: 25 min.
In Memoriam
“Hay cosas, personas y hechos que no deben ser olvidados. Marcas y huellas que quedarán impresas en la memoria de una sociedad, una familia o una persona.”
Coreografía, dirección e interpretación: Jack Syzard. Música: Michael Galasso. Edición musical y diseño de vestuario: Jack Syzard. Diseño de iluminación: Martín Rebello. Duración aprox.: 5 min.
(Intervalo.)
Charanda
“Una obra que cobra vida a través de la fusión del charango, la guitarra y la danza. Descubriendo otros movimientos en nuestra música y revelando otros sonidos en nuestra danza.”
Coreografía y dirección: Compañía Nacional de Danza Contemporánea (creación colectiva).
Intérpretes: Bettina Quintá, Ernesto Chacón Oribe, Jack Syzard, Pablo Fermani, Victoria Hidalgo y Wanda Ramírez. Diseño de vestuario: Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Diseño de iluminación: Martín Rebello. Duración aprox.: 25 min.
Temas musicales que integran esta obra: La partida, de Víctor Jara (interpretada por toda la Compañía); Huaino T., de Jorge Cumbo (por Ernesto Chacón Oribe y Victoria Hidalgo); Estudio para charango, de Mauro Núñez (por Bettina Quintá y toda la Compañía); Piedras peregrinas, de Ernesto Cavour (por Jack Syzard y Pablo Fermani); En equilibrio, de Raúl Malosetti (por Wanda Ramírez), y Un día de agosto, de Raúl Malosetti (por toda la Compañía).
Charango a cargo de Rolando Goldman, y guitarra por Raúl Malosetti, quienes en el estreno ejecutarán en vivo.
(Intervalo.)
Divina danza
Creación colectiva del grupo Nuevos Rumbos que, mediante distintas relaciones de pareja, busca plasmar en movimiento las diversas sugerencias de la música, utilizando un vocabulario ágil y volátil.
Coreografía e idea: Grupo Nuevos Rumbos. Intérpretes: Pablo Fermani y Victoria Hidalgo, Bettina Quintá y Ernesto Chacón Oribe, Wanda Ramírez y Jack Syzard. Diseño de vestuario: Grupo Nuevos Rumbos. Diseño de iluminación: Martín Rebello. Duración aprox.: 15 min.
Música: Divina, de Joaquín Mora, y La Tablada, de Francisco Canaro, en versión de la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto con arreglos de Atilio Stampone.
Dirección colectiva y bailarines: Bettina Quintá, Ernesto Chacón Oribe, Jack Syzard, Pablo Fermani, Victoria Hidalgo y Wanda Ramírez. Bailarines suplentes: Alfonso Barón y Virginia López. Maestros: Gisela Münch, Luciana Benosilio y Ramiro Soñez. Iluminación del espectáculo: Martín Rebello. Asistencia de vestuario: María del Carmen Perea.
jueves, abril 23, 2009
// De leyes, preservativos y teatros oficiales
La ordenanza municipal Nº 51.189 dice que “será obligatoria la instalación de máquinas expendedoras de preservativos en los baños de hombres y mujeres ubicados en bares, confiterías, restaurantes, discotecas y demás lugares públicos habilitados por la ciudad de Buenos Aires”. La ordenanza es perversa: es de esas normas que se hacen a la medida de los negociados de algún amigo y se las sostiene en nombre de políticas públicas –en este caso, relativas a la salud– a las que poco o nada aportan.
Más sucio aún fue poner la cita específica de esa norma en el artículo 23 la ley 2542 (de salas de teatro independiente): “Será obligatoria la instalación de máquinas expendedoras de preservativos en los baños de hombres y mujeres en cumplimiento de la Ordenanza N° 51.189/96”, porque citar una norma preexistente para un caso particular que ya estaba considerado en la general de la norma anterior es poco serio. Tan poco serio como si esa ley dijera: “Las salas de teatro independiente deberán sacar la basura de domingo a viernes, de 20 a 21”. De todos modos, no es lo peor de la ley, y no escucho muchas voces en su contra, ¿o sí? ¿Me perdí alguna manifestación?
Pero la ordenanza 51.189 me lleva a preguntarme si los edificios del Complejo Teatral de Buenos Aires no son considerados públicos, o si no están habilitados, porque no he visto en sus baños máquinas expendedoras de preservativos.
Tengo sobre este tema una interpretación menos comprobable: Kive Staiff, Carlos Elía, Héctor Calmet y Gustavo Santa Coloma (autoridades del CTBA) han decidido no poner máquinas expendedoras de preservativos en los baños públicos de sus salas porque sostienen que eso le recordaría al público la posibilidad de goce. Y eso, a la salida de algunos espectáculos de la casa, sería terrible.
(Tendría que darme una vuelta por el baño del Teatro Nacional Cervantes, porque me parece que Rubens Correa y Claudio Gallardou están imitando algunas políticas de Staiff y sus secuaces.)
Más sucio aún fue poner la cita específica de esa norma en el artículo 23 la ley 2542 (de salas de teatro independiente): “Será obligatoria la instalación de máquinas expendedoras de preservativos en los baños de hombres y mujeres en cumplimiento de la Ordenanza N° 51.189/96”, porque citar una norma preexistente para un caso particular que ya estaba considerado en la general de la norma anterior es poco serio. Tan poco serio como si esa ley dijera: “Las salas de teatro independiente deberán sacar la basura de domingo a viernes, de 20 a 21”. De todos modos, no es lo peor de la ley, y no escucho muchas voces en su contra, ¿o sí? ¿Me perdí alguna manifestación?
Pero la ordenanza 51.189 me lleva a preguntarme si los edificios del Complejo Teatral de Buenos Aires no son considerados públicos, o si no están habilitados, porque no he visto en sus baños máquinas expendedoras de preservativos.
Tengo sobre este tema una interpretación menos comprobable: Kive Staiff, Carlos Elía, Héctor Calmet y Gustavo Santa Coloma (autoridades del CTBA) han decidido no poner máquinas expendedoras de preservativos en los baños públicos de sus salas porque sostienen que eso le recordaría al público la posibilidad de goce. Y eso, a la salida de algunos espectáculos de la casa, sería terrible.
(Tendría que darme una vuelta por el baño del Teatro Nacional Cervantes, porque me parece que Rubens Correa y Claudio Gallardou están imitando algunas políticas de Staiff y sus secuaces.)
miércoles, abril 22, 2009
premios // Ternas de los Premios Trinidad Guevara 2008
El martes 28 de abril a las 16, en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires (Av. de Mayo 575, 1º piso), se entregarán los diplomas a las y los artistas que integran las ternas para los Premios a la Labor Teatral Trinidad Guevara 2008.
Las siguientes son las ternas correspondientes a cada rubro.
Diseño de iluminación
David Seldes (Stéfano)
Alejandro Le Roux (Dolor exquisito)
Ricardo Sica (Cariño yacaré)
Coreografía
Alejandro Cervera (Pepino el 88)
Elizabeth De Chapeaurouge (Hairspray)
Carlos Trunsky (Saña)
Partitura o banda de sonido
Federico Mizraji (Pepino el 88)
Patricia Casares (Stéfano)
Cecilia Candia (Las mujeres de los nazis)
Creatividad en diseño de vestuario
Gabriela Fernández (Cariño yacaré)
Fabián Luca (Hairspray)
Mariana Ron (Adela está cazando patos)
Creatividad escenográfica
Diego Sigliano (En la cama)
Juan Lázzaro (Dolor exquisito)
Gabriela Fernández (Cariño yacaré)
Autor
Enrique Papatino (En París con aguacero)
Maruja Bustamante (Adela está cazando patos)
Marcelo Mininno (Lote 77)
Revelación femenina
Rocío Domínguez (Las mujeres de los nazis)
Vanesa González (El diario de Anna Frank)
Vanesa Butera (Hairspray)
Revelación masculina
Christian Lange (Kiev)
Martín Urbaneja (Chiquito)
Marcelo Mininno (Lote 77)
Actuación femenina de reparto
Lidia Catalano (Otros tiempos de vivir)
Ana Garibaldi (Tercer cuerpo)
Irene Almus (Hoy estás)
Actuación masculina de reparto
Juan Manuel Tenuta (Solas)
Ignacio Rodríguez de Anca (Apenas el fin del mundo)
José María Marcos (Tercer cuerpo)
Producción teatral privada
Grupo Colectivo Teatral Puerta Roja
Centro Cultural de la Cooperación
Teatro Anfitrión
Dirección
Mariela Asensio (Mujeres en el baño)
Guillermo Cacace (Stéfano)
Cristian Drut (Apenas el fin del mundo)
Actuación protagónica fememina
Eugenia Guerty (La noche canta sus canciones)
Beatriz Spelzini (Rose)
Noralih Gago (Cariño yacaré)
Actuación protagónica masculina
Alejo García Pintos (Chúmbale)
Rafael Bruza (El clásico binomio)
Rául Ramos (Stéfano)
El jurado estuvo formado por Tina Helba (en representación de la Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Duilio Marzio (en representación del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), Alejandra Aristegui, Omar Aíta y Carlos Di Pasquo (estos tres por la Asociacion Argentina de Actores), Teresa Duggan y Luis Cano (ambos por Argentores), Martín Bianchedi (por Sadaic), Alberto Catena (por el Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina) y Roberto Perinelli (en calidad de Director de Teatro Municipal, representando a la Escuela Metropolitana de Arte Dramático), con la coordinación de Daniel Couto (de la Dirección General de Promoción Cultural del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires).
Las siguientes son las ternas correspondientes a cada rubro.
Diseño de iluminación
David Seldes (Stéfano)
Alejandro Le Roux (Dolor exquisito)
Ricardo Sica (Cariño yacaré)
Coreografía
Alejandro Cervera (Pepino el 88)
Elizabeth De Chapeaurouge (Hairspray)
Carlos Trunsky (Saña)
Partitura o banda de sonido
Federico Mizraji (Pepino el 88)
Patricia Casares (Stéfano)
Cecilia Candia (Las mujeres de los nazis)
Creatividad en diseño de vestuario
Gabriela Fernández (Cariño yacaré)
Fabián Luca (Hairspray)
Mariana Ron (Adela está cazando patos)
Creatividad escenográfica
Diego Sigliano (En la cama)
Juan Lázzaro (Dolor exquisito)
Gabriela Fernández (Cariño yacaré)
Autor
Enrique Papatino (En París con aguacero)
Maruja Bustamante (Adela está cazando patos)
Marcelo Mininno (Lote 77)
Revelación femenina
Rocío Domínguez (Las mujeres de los nazis)
Vanesa González (El diario de Anna Frank)
Vanesa Butera (Hairspray)
Revelación masculina
Christian Lange (Kiev)
Martín Urbaneja (Chiquito)
Marcelo Mininno (Lote 77)
Actuación femenina de reparto
Lidia Catalano (Otros tiempos de vivir)
Ana Garibaldi (Tercer cuerpo)
Irene Almus (Hoy estás)
Actuación masculina de reparto
Juan Manuel Tenuta (Solas)
Ignacio Rodríguez de Anca (Apenas el fin del mundo)
José María Marcos (Tercer cuerpo)
Producción teatral privada
Grupo Colectivo Teatral Puerta Roja
Centro Cultural de la Cooperación
Teatro Anfitrión
Dirección
Mariela Asensio (Mujeres en el baño)
Guillermo Cacace (Stéfano)
Cristian Drut (Apenas el fin del mundo)
Actuación protagónica fememina
Eugenia Guerty (La noche canta sus canciones)
Beatriz Spelzini (Rose)
Noralih Gago (Cariño yacaré)
Actuación protagónica masculina
Alejo García Pintos (Chúmbale)
Rafael Bruza (El clásico binomio)
Rául Ramos (Stéfano)
El jurado estuvo formado por Tina Helba (en representación de la Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Duilio Marzio (en representación del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), Alejandra Aristegui, Omar Aíta y Carlos Di Pasquo (estos tres por la Asociacion Argentina de Actores), Teresa Duggan y Luis Cano (ambos por Argentores), Martín Bianchedi (por Sadaic), Alberto Catena (por el Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina) y Roberto Perinelli (en calidad de Director de Teatro Municipal, representando a la Escuela Metropolitana de Arte Dramático), con la coordinación de Daniel Couto (de la Dirección General de Promoción Cultural del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires).
lunes, abril 20, 2009
teatro // Una familia dentro de la nieve, de Guillermo Arengo, según Diego Brienza
Mi abuela materna tenía una cajita de música sobre la cual, dentro de una semiesfera de cristal llena de agua, había una casita, un pino y pedacitos sueltos de un material blanco que, al agitarse el agua, generaban un lindo efecto de nevada sobre ese pequeñito paisaje. Es muy parecida a la esfera que se le escapa a Kane de las manos cuando muere al comenzar El ciudadano y se rompe, con la diferencia de que la cajita de música en cuestión está entera. Claro que la melodía suena rara; se nota que el paso de los años está dejando su marca en esa maquinita y algunos dientes del cepillo de metal no están haciendo su tarea, por lo que faltan sonidos y el ritmo varía, sin contar que la cuerda tiene poca fuerza y apenas mueve el tambor por poco tiempo.
Jamás, ni aun siendo niño, imaginé quién pudiera vivir ahí, dentro de esa casita. Hasta que vi Una familia dentro de la nieve y necesariamente ubiqué a esos personajes en la casita azotada por la inocente nevada que solo se despierta cuando una mano la agita. Porque esa familia vive en una esfera sencilla y mágica, y porque funciona como esa vieja cajita de música: no suena bien, pero se hace querer aunque falle mucho.
Quienes forman esa familia dentro de la nieve son mamá, cuatro hijas y un hijo. Mamá mucama del hotel de la avenida, las cuatro hijas algo tontas, el hijo demasiado inteligente. ¿Y papá? Desde hace muchos años –tantos que no llegó a conocer al nuevo varón de la familia– está donde lo han llevado su convicción y su militancia: en la Unión Soviética.
Mamá sentada, casi ajena al resto del clan, con el uniforme laboral que la define aun más que la maternidad. Las hijas, jugando juegos tontos, lanzándose a la tristeza como quien se zambulle en una Pelopincho, y sosteniendo las idealizadas aventuras del heroico padre ausente al que imaginan como a un gigante de la causa del proletariado en Leningrado, ciudad que tienen muy cerca gracias a una maqueta que ocupa la mesa familiar. El hijo, desde otra perspectiva, va perfilando una vida que no podría continuar en ese contexto, tomando distancia como puede. ¿Y papá? Papá un día llegará. Y la maqueta de Leningrado podrá convertirse en otro puente, en paliativo de otras ausencias.
Cecilia Zuvialde resolvió la escenografía con lo esencial y, a la vez, con una originalidad que no ocupa protagonismo alguno. También tuvo a su cargo el vestuario, destacándose de él la vestimenta de las cuatro hermanas, que habla por ellas (siendo que ellas ya hablan tanto).
Merece una referencia el programa de mano, lejano a lo que podría considerarse materialmente atractivo, impreso en papel obra y en blanco y negro, al mejor estilo panfleto, que posee elementos que refuerzan con inteligencia algunas posibles líneas de lectura que plantea la obra, sobresaliendo ese puño (¡derecho!) apretado en alto, con una llaga en forma de estrella socialista que sangra, o la presencia casi inadvertida de Ronald McDonald luciendo –puro diseño– la hoz y el martillo en el estampado de su remera. Buen trabajo de Bárbara Delfino, a cargo del diseño gráfico.
La notable pero acotada rareza del hijo (Gabriel Urbani), la infinita variedad de grises de la madre (Adriana Ferrer) y el coral resultado de la tan maravillosa como sonsa locuacidad de las hijas (Carla Vidal, Lucrecia Gelardi, Mar Cabrera y Vicky Massa) se le agradece a este elenco. Y a Horacio Marassi, quien le da al padre que regresa una contenida emoción en donde equilibra el pasado idealista, el presente fracasado y un futuro que resulta difícil de asumir.
Quedan varios asuntos abiertos acerca de los que no hay explicación alguna; en ese aspecto, Una familia dentro de la nieve podría haber brindado un poco más porque, asimismo, despierta ganas de más. De todos modos, esto de ninguna manera significa que lo dado sea insuficiente. Por eso, retomo el paralelo que establecí antes para aplicarlo a esto mismo: no sólo la familia, sino también esta obra es una cajita de música, y el director, Diego Brienza, supo darle sonoridad en chiquito, sin imposiciones, invitando a atender y escucharla de cerca. Y está bien que sea así.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Una familia dentro de la nieve en este link a Alternativa Teatral.
Jamás, ni aun siendo niño, imaginé quién pudiera vivir ahí, dentro de esa casita. Hasta que vi Una familia dentro de la nieve y necesariamente ubiqué a esos personajes en la casita azotada por la inocente nevada que solo se despierta cuando una mano la agita. Porque esa familia vive en una esfera sencilla y mágica, y porque funciona como esa vieja cajita de música: no suena bien, pero se hace querer aunque falle mucho.
Quienes forman esa familia dentro de la nieve son mamá, cuatro hijas y un hijo. Mamá mucama del hotel de la avenida, las cuatro hijas algo tontas, el hijo demasiado inteligente. ¿Y papá? Desde hace muchos años –tantos que no llegó a conocer al nuevo varón de la familia– está donde lo han llevado su convicción y su militancia: en la Unión Soviética.
Mamá sentada, casi ajena al resto del clan, con el uniforme laboral que la define aun más que la maternidad. Las hijas, jugando juegos tontos, lanzándose a la tristeza como quien se zambulle en una Pelopincho, y sosteniendo las idealizadas aventuras del heroico padre ausente al que imaginan como a un gigante de la causa del proletariado en Leningrado, ciudad que tienen muy cerca gracias a una maqueta que ocupa la mesa familiar. El hijo, desde otra perspectiva, va perfilando una vida que no podría continuar en ese contexto, tomando distancia como puede. ¿Y papá? Papá un día llegará. Y la maqueta de Leningrado podrá convertirse en otro puente, en paliativo de otras ausencias.
Cecilia Zuvialde resolvió la escenografía con lo esencial y, a la vez, con una originalidad que no ocupa protagonismo alguno. También tuvo a su cargo el vestuario, destacándose de él la vestimenta de las cuatro hermanas, que habla por ellas (siendo que ellas ya hablan tanto).
Merece una referencia el programa de mano, lejano a lo que podría considerarse materialmente atractivo, impreso en papel obra y en blanco y negro, al mejor estilo panfleto, que posee elementos que refuerzan con inteligencia algunas posibles líneas de lectura que plantea la obra, sobresaliendo ese puño (¡derecho!) apretado en alto, con una llaga en forma de estrella socialista que sangra, o la presencia casi inadvertida de Ronald McDonald luciendo –puro diseño– la hoz y el martillo en el estampado de su remera. Buen trabajo de Bárbara Delfino, a cargo del diseño gráfico.
La notable pero acotada rareza del hijo (Gabriel Urbani), la infinita variedad de grises de la madre (Adriana Ferrer) y el coral resultado de la tan maravillosa como sonsa locuacidad de las hijas (Carla Vidal, Lucrecia Gelardi, Mar Cabrera y Vicky Massa) se le agradece a este elenco. Y a Horacio Marassi, quien le da al padre que regresa una contenida emoción en donde equilibra el pasado idealista, el presente fracasado y un futuro que resulta difícil de asumir.
Quedan varios asuntos abiertos acerca de los que no hay explicación alguna; en ese aspecto, Una familia dentro de la nieve podría haber brindado un poco más porque, asimismo, despierta ganas de más. De todos modos, esto de ninguna manera significa que lo dado sea insuficiente. Por eso, retomo el paralelo que establecí antes para aplicarlo a esto mismo: no sólo la familia, sino también esta obra es una cajita de música, y el director, Diego Brienza, supo darle sonoridad en chiquito, sin imposiciones, invitando a atender y escucharla de cerca. Y está bien que sea así.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Una familia dentro de la nieve en este link a Alternativa Teatral.
sábado, abril 18, 2009
teatro // El amor de la estanciera, según Valeria Fadel
Se anuncia como “una obra de autor anónimo escrita en el año 1792”, la primera que nace en este suelo y que le da entidad a la lengua que, a fuerza de localismos, se alejaba del español peninsular.
Se anuncia como una reescritura en la que “los personajes se encuentran con la imposibilidad de continuar reiterando mecánicamente una obra (la original) que vienen representando ininterrumpidamente desde 1792”. Riesgosa tarea, pero interesante.
Se suponen un montón de hechos que son los que dan vida a esta historia; sin embargo, de ellos jamás se nos dará ni un indicio por fuera de la extensa didascalia inicial dicha por un personaje, la Mudita (Nela Fortunato), inexistente en el original. Entre lo que ella informa, llama la atención que faltarán tres personajes. Si de cinco quedan dos y se inventa uno, el proceso de reescritura se anticipa bastante profundo. Por no decir libérrimo.
Nos queda, pues, lo que harán Pancha (Gabriela Julis), madre de la joven casadera, y el Portugués (Pablo Di Croce), uno de los pretendientes, ya que Chepa, la joven, fue borrada en este trabajo de investigación –pese a ser notoria e indudablemente la médula del relato–, y similar suerte corrieron su padre, Cancho, y su otro pretendiente, Juancho Perucho. Y una vez que aparecen los dos personajes supérstites, descubrimos que, más que libertad, hay una toma de posición antojadiza ante el texto elegido, que ya no es más que una referencia lejana de la que no se respeta nada. Así, la pieza largamente bicentenaria fue convertida en poco más que en un incomprensible y nada atractivo juego entre una mujer con conductas animalizadas y un saltimbanqui que habla en portugués.
La Mudita, en lugar de habernos contado el conflicto original y su desarrollo, podría haberse referido a cualquier otra situación o texto o anécdota, y por cierto tendría el mismo asidero en lo interpretado. Entonces, ¿dónde está El amor de la estanciera?
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de El amor de la estanciera en este link a Alternativa Teatral.
Se anuncia como una reescritura en la que “los personajes se encuentran con la imposibilidad de continuar reiterando mecánicamente una obra (la original) que vienen representando ininterrumpidamente desde 1792”. Riesgosa tarea, pero interesante.
Se suponen un montón de hechos que son los que dan vida a esta historia; sin embargo, de ellos jamás se nos dará ni un indicio por fuera de la extensa didascalia inicial dicha por un personaje, la Mudita (Nela Fortunato), inexistente en el original. Entre lo que ella informa, llama la atención que faltarán tres personajes. Si de cinco quedan dos y se inventa uno, el proceso de reescritura se anticipa bastante profundo. Por no decir libérrimo.
Nos queda, pues, lo que harán Pancha (Gabriela Julis), madre de la joven casadera, y el Portugués (Pablo Di Croce), uno de los pretendientes, ya que Chepa, la joven, fue borrada en este trabajo de investigación –pese a ser notoria e indudablemente la médula del relato–, y similar suerte corrieron su padre, Cancho, y su otro pretendiente, Juancho Perucho. Y una vez que aparecen los dos personajes supérstites, descubrimos que, más que libertad, hay una toma de posición antojadiza ante el texto elegido, que ya no es más que una referencia lejana de la que no se respeta nada. Así, la pieza largamente bicentenaria fue convertida en poco más que en un incomprensible y nada atractivo juego entre una mujer con conductas animalizadas y un saltimbanqui que habla en portugués.
La Mudita, en lugar de habernos contado el conflicto original y su desarrollo, podría haberse referido a cualquier otra situación o texto o anécdota, y por cierto tendría el mismo asidero en lo interpretado. Entonces, ¿dónde está El amor de la estanciera?
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de El amor de la estanciera en este link a Alternativa Teatral.
jueves, abril 16, 2009
// buenas noticias para el Complejo Cultural 25 de Mayo
Una vez más, el macrismo designa a un funcionario que nos despierta las mejores expectativas.
En algunas semanas contaremos en este blog con su palabra.
Podés conocer la trayectoria de Alejandro Casavalle haciendo click acá.
(Extensa digresión: esta frase merece ser contextualizada para poner los méritos en donde deben estar. El actual gobierno porteño ya nos acostumbró a sus metidas de pata hasta el caracú por tomar decisiones que se cocinan en una olla a presión que llenan –con diversa capacidad de decisión– entre un experto en generar desempleo para salvar las empresas de su papá, un experto en reforma del Estado que supo estar a las órdenes de Cavallo y de Ruckauf, y una experta en disfrazarse de progresista y rociarse a diario litros de agua bendita. También nos acostumbró a que, cuando la olla les explota, hacen lo contrario a lo que habían hecho originalmente, y a eso pretenden mostrarlo como loable: “Somos flexibles”, “Reconocemos nuestros errores”, “Saber adaptarse también es gestión”. En este caso puntual, en nada les preocupó poner el Cine Teatro 25 de Mayo bajo las manos del cuestionado Pablo Batalla y con la dirección visible de una desconocedora absoluta de la cosa pública como Corina Cruciani. Cuando el desastre se tornó imposible de esconder, los sacaron del medio. Pero estos contradictorios cruzados de la moralidad gubernamental no acusan a nadie, no abren causas, no establecen denuncias ni dan participación a organismo de control alguno; por el contrario, disfrazan la salida con excusas de mayor eficiencia: no olvidemos que a Batalla se lo saca de escena desintegrando la Subsecretaría de Gestión Cultural que estaba a su cargo con la excusa de achicar al estructura del Ministerio de Cultura, pero se lo sostiene en el menos expuesto pero no por eso menos sabroso cargo en el Consejo de Promoción Cultural como miembros permanentes designados por el jefe de Gobierno –léase, cortando el bacalao del naciente mecenzago. De Cruciani no hay noticias, pero no hace falta imaginarla abandonada de la mano de sus benefactores políticos. Y por todo esto es que no es exagerado afirmar que cuando este gobierno porteño agota las posibilidades de hacer algo mal, entonces –más por mero instinto de supervivencia que por convicción– lo hace bien.)La buena, muy buena noticia es que el Complejo Cultural 25 de Mayo, ahora dependiente del Centro Cultural San Martín, cuenta desde estos días con la dirección de Alejandro Casavalle.
En algunas semanas contaremos en este blog con su palabra.
Podés conocer la trayectoria de Alejandro Casavalle haciendo click acá.
miércoles, abril 15, 2009
// Efemérides (texto de Alejandro Robino)
Un 14 de abril, pero de 1976, asumía por segunda vez la dirección del Teatro General San Martín el Sr. Kive Staiff. De mi búsqueda en hemerotecas, resultó que los diarios de esa semana (y las dos siguientes) no recogieron la noticia, seguramente bajo el alud de novedades (estas sí convertidas en titulares) tales como: “Dictan ley de prescindibilidad de empleados públicos”, “Suspensión del estatuto docente”, “Anúlase la opción de salir de país”, “Doce entidades gremiales intervenidas”, “Intervienen el Banco Municipal”, “Siete extremistas abatidos”, “Derogan la ley universitaria”, “Habrá liberación de precios”, “Se indexarán las deudas”, “Incremento tarifario del 30%”, “Disolución de la Junta Nacional de Granos”, “Autorizan a intervenir obras sociales”, “Se incendian dos estudios jurídicos en Córdoba”, “Se aplica un nuevo sistema cambiario” (la tablita), “Deróganse 25 artículos de la ley de contrato de trabajo”, “Encuentran 5 cadáveres calcinados a la orilla de la ruta”, “Supresión de comedores universitarios”, “Intervinieron la CGT”, “El costo de vida aumentó un 18%”.
Bajo esta catarata de sucesos, la asunción del nuevo director del teatro municipal no encontró cabida en los medios. Hoy, treinta y tres años después, tampoco lo rememoran. Yo me acuerdo. Fue parte de ese proceso.
Alejandro Robino
alejandrorobino@hotmail.com
Bajo esta catarata de sucesos, la asunción del nuevo director del teatro municipal no encontró cabida en los medios. Hoy, treinta y tres años después, tampoco lo rememoran. Yo me acuerdo. Fue parte de ese proceso.
Alejandro Robino
alejandrorobino@hotmail.com
lunes, abril 13, 2009
teatro // Justo en el vacío, de Román Podolsky, según Alejandro Cervera
Una vez más, Román Podolsky (Harina, Guardavidas) nos regala un texto sereno y reflexivo. Obstinado en observar las más pequeñas oscuridades de la vida, no menos empecinado se muestra en presentarlas como el camino para desandar las propias limitaciones. Reconciliarse, le dicen algunos, y le auguran a quien se le anima a ese ejercicio un mañana más venturoso.
En Justo en el vacío, Podolsky nos presenta a una mujer y a su hijo mientras esperan para embarcar en un vuelo. Es un tiempo muerto, un vacío entre el origen y el destino que se llena con lo que tienen de común esos dos extremos: Justo, el hermano de ella –por ende, tío de él–, que por su mínima estatura generó tantas preocupaciones en la familia como miradas extrañas puertas afuera hasta que partió hacia Estados Unidos, al igual que sus parientes ahora. Que van por él pero no a visitarlo, porque ya ha muerto. Quizás Justo cayó en el vacío y es apenas la excusa para no expresar otros motivos. Quizás el enanismo de Justo no era el único, por más que hubiese sido el único evidente.
El texto, dicho está, es muy bello y profundo. Sin embargo, pierde intensidad por algunas decisiones de puesta en escena y de dirección que entorpecen y complican. Parecería que, más confiado en su indudable saber como coreógrafo que en la potencia del relato, Alejandro Cervera hubiera forzado situaciones y desplazamientos para darle un soporte desde los cuerpos que las palabras aquí no necesitaban. En absoluto se trata de un mal trabajo, pero probablemente ganaría mucho si se lo desarrollase con mayor sencillez.
En el estreno, Susana Tale encerró en demasía a esa madre ya de por sí ajena. Por el contrario, a Emiliano Samar se lo veía siempre abierto y conectado con el entorno, el texto y las emociones que le corresponden, y esto –además de compensar la distancia que genera la madre de su personaje– le permite transitar por muy variados matices con compromiso y soltura.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Justo en el vacío en este link a Alternativa Teatral.
En Justo en el vacío, Podolsky nos presenta a una mujer y a su hijo mientras esperan para embarcar en un vuelo. Es un tiempo muerto, un vacío entre el origen y el destino que se llena con lo que tienen de común esos dos extremos: Justo, el hermano de ella –por ende, tío de él–, que por su mínima estatura generó tantas preocupaciones en la familia como miradas extrañas puertas afuera hasta que partió hacia Estados Unidos, al igual que sus parientes ahora. Que van por él pero no a visitarlo, porque ya ha muerto. Quizás Justo cayó en el vacío y es apenas la excusa para no expresar otros motivos. Quizás el enanismo de Justo no era el único, por más que hubiese sido el único evidente.
El texto, dicho está, es muy bello y profundo. Sin embargo, pierde intensidad por algunas decisiones de puesta en escena y de dirección que entorpecen y complican. Parecería que, más confiado en su indudable saber como coreógrafo que en la potencia del relato, Alejandro Cervera hubiera forzado situaciones y desplazamientos para darle un soporte desde los cuerpos que las palabras aquí no necesitaban. En absoluto se trata de un mal trabajo, pero probablemente ganaría mucho si se lo desarrollase con mayor sencillez.
En el estreno, Susana Tale encerró en demasía a esa madre ya de por sí ajena. Por el contrario, a Emiliano Samar se lo veía siempre abierto y conectado con el entorno, el texto y las emociones que le corresponden, y esto –además de compensar la distancia que genera la madre de su personaje– le permite transitar por muy variados matices con compromiso y soltura.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Justo en el vacío en este link a Alternativa Teatral.
sábado, abril 11, 2009
teatro // Tren, del grupo Piel de Lava
Un grupo de mujeres de una iglesia carismática se dirige a Mar del Plata para asistir a una gran asamblea. Están las predicadoras, preocupadas por aceitar los mecanismos con los que, gracias a palabras y gestos, manipularán una vez más emociones y voluntades. Están las tercera línea de la organización, algo huecas, encargadas de los cantos religiosos y seguramente voluntarias todo terreno. Y están las que sostienen todo, las que hacen el terrible esfuerzo de explicarse sus vidas desde la voluntad divina sin sacar más tajada que su propio apaciguamiento. A algunas de cada uno de los grupos iremos viendo en las distintas escenas, por separado: todas serán hermanas de alguna manera espiritual, pero no se andan mezclando.
El grave problema que atraviesa Tren es que no profundiza el tema propuesto, quedando todo en los efectos más superficiales que, con variada suerte, el fenómeno religioso provoca en cada personaje. La excusa de la asamblea cristiana no es más que eso, y aunque se quiera mostrar que el tema de la fe es medular, no lo es, de manera que el relato no termina de armarse, de tomar cuerpo, porque gira en torno a algo que no está aunque se diga que sí está.
Esto que acabo de escribir me hace sentir como un ateo. Claro: si niego a dios, se cae todo lo que está armado en torno a él, como las religiones, las iglesias, las teologías; pero para quien cree en dios, todo se sostiene y se explica. Del mismo modo, si niego que en Tren esté desarrollado el tema de dios y la fe y la religión, se cae el relato, no se ve que haya dramaturgia, los personajes forman apenas algo más que una galería variopinta. Pero si hay personas que creen que en Tren sí se habla de todas esas cosas trascendentes, entonces todo se les aparecerá bien armado, bien escrito, bien estructurado. Ahora bien, ¿por qué hay quienes creen en lo que no ven, siendo esto teatro y no una iglesia? Ya que las cuestiones divinas están cercanas, argumentemos con la Biblia, ahí en donde Pablo le dice a los romanos “¿Cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica?” (Rom. 10, 14 b-c). Sintetizando términos, ¿cómo creer si nadie predica? E invirtiendo términos, se cree gracias a que alguien predica. Pero dejando de lado el sermón y volviendo a Tren, ¿quién predica para que se crea lo que no se ve? El discurso extraescénico, es decir, la difusión y la prensa y los comentarios, todo aquello que se afirma en relación a lo que sucede en escena por fuera de ese espacio, y que nos llega en entrevistas, notas, gacetillas, recomendaciones, declaraciones de las creadoras e incluso el programa de mano que no pocas personas leen antes de la función y que dice lo siguiente: “Un grupo de mujeres viaja en tren hacia un congreso religioso. A encontrarse con Dios. A situarse en el lugar espiritual correcto. Pero ¿quién sabe si Dios estará en alguna ciudad marítima, en sus corazones o en un puente que deberá tender cada una entre una cosa y otra? Porque la fe, como todas las virtudes, para algunos se regala y para otros es esquiva. Y los que dicen que la tienen, bien podrían estar mintiendo. O no”. Y como la fe se propaga de boca en boca –al igual que el teatro alternativo–, quienes escuchan el discurso y crean en él, lo predicarán, influyendo en la mirada de quienes se acercarán después. (El tema de los discursos instalados por fuera del hecho escénico, aunque con una lectura nada teológica, ya lo hemos compartido en ocasión de La pesca.)
Me quedo, pues, con lo que vi sin creer: las actuaciones. Algunos de los personajes están trabajados con mucho rigor; el más destacado, sin dudas, es el de Rosalía (interpretada de manera estupenda por Elisa Carricajo), la mujer a quien despiden desde el andén su aplastado marido y el hijo insoportable que él tuvo en una relación anterior. Pero otros no aportan nada, y algunos ni siquiera resultan creíbles. Esto se hace demasiado notorio en Pilar Gamboa, puntualmente en la escena en que imita a otras mujeres de la congregación, pues ahí se muestra entregada a hacer un catálogo de perfiles que están al alcance de su versatilidad como intérprete, pero carente de toda composición incluso en el personaje que hace esas imitaciones. Completan el elenco Laura Paredes y Valeria Correa. Las cuatro forman el grupo Piel de Lava, siendo también autoras y directoras de Tren, función esta que comparten con Laura Fernández.
La escenografía, diseñada por Matías Sendón, es funcional y cuidada. Sin embargo, se trata de un compartimento tan adecuado a las necesidades escénicas que carece de todo parecido con un análogo que pudiera encontrarse en este mundo, pues es como un amplio living con mesita ratona de vidrio, con cenicerito de ídem, una puerta que daría hacia un pasillo imposible, y una moderna cortina de enrollar que cubre una ventanilla, elemento de gran importancia dado que, proyección de imágenes mediante, nos abre a un afuera amplio, cotidiano y apacible, que se contrapone al clima endogámico y extraordinario que viven estas cristianas en tránsito. Podemos decir que no es preocupante el diseño del compartimento, pues basta con que aceptemos que eso es un tren y punto, al igual que desestimamos la sospecha de que por la ventanilla se vea un andén de Retiro (línea Mitre) mientras sabemos que van hacia Mar del Plata, o que luego veamos –sin duda alguna– al Sol poniéndose por el Este. El problema aparece cuando por esa misma ventanilla vemos a las protagonistas en el andén de la estación Mar del Plata. ¿Por qué, entonces, esa necesidad de realismo, de acabado de documentalista, cuando en lo anterior se nos invitó a entregarnos a lo ficticio?
Después de tanta fe y tanta mirada sin fe, me resulta imposible no recordar lo que Jesús le dijo a Tomás: “¡Felices los que creen sin haber visto!” (Jn. 20, 29 b). ¿Deberé, cuando vaya a ver teatro, empezar a creer en lo que no sucede en el escenario?
No hay caso: siempre que aparece la fe, aparece la duda.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Tren en este link a Alternativa Teatral.
El grave problema que atraviesa Tren es que no profundiza el tema propuesto, quedando todo en los efectos más superficiales que, con variada suerte, el fenómeno religioso provoca en cada personaje. La excusa de la asamblea cristiana no es más que eso, y aunque se quiera mostrar que el tema de la fe es medular, no lo es, de manera que el relato no termina de armarse, de tomar cuerpo, porque gira en torno a algo que no está aunque se diga que sí está.
Esto que acabo de escribir me hace sentir como un ateo. Claro: si niego a dios, se cae todo lo que está armado en torno a él, como las religiones, las iglesias, las teologías; pero para quien cree en dios, todo se sostiene y se explica. Del mismo modo, si niego que en Tren esté desarrollado el tema de dios y la fe y la religión, se cae el relato, no se ve que haya dramaturgia, los personajes forman apenas algo más que una galería variopinta. Pero si hay personas que creen que en Tren sí se habla de todas esas cosas trascendentes, entonces todo se les aparecerá bien armado, bien escrito, bien estructurado. Ahora bien, ¿por qué hay quienes creen en lo que no ven, siendo esto teatro y no una iglesia? Ya que las cuestiones divinas están cercanas, argumentemos con la Biblia, ahí en donde Pablo le dice a los romanos “¿Cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica?” (Rom. 10, 14 b-c). Sintetizando términos, ¿cómo creer si nadie predica? E invirtiendo términos, se cree gracias a que alguien predica. Pero dejando de lado el sermón y volviendo a Tren, ¿quién predica para que se crea lo que no se ve? El discurso extraescénico, es decir, la difusión y la prensa y los comentarios, todo aquello que se afirma en relación a lo que sucede en escena por fuera de ese espacio, y que nos llega en entrevistas, notas, gacetillas, recomendaciones, declaraciones de las creadoras e incluso el programa de mano que no pocas personas leen antes de la función y que dice lo siguiente: “Un grupo de mujeres viaja en tren hacia un congreso religioso. A encontrarse con Dios. A situarse en el lugar espiritual correcto. Pero ¿quién sabe si Dios estará en alguna ciudad marítima, en sus corazones o en un puente que deberá tender cada una entre una cosa y otra? Porque la fe, como todas las virtudes, para algunos se regala y para otros es esquiva. Y los que dicen que la tienen, bien podrían estar mintiendo. O no”. Y como la fe se propaga de boca en boca –al igual que el teatro alternativo–, quienes escuchan el discurso y crean en él, lo predicarán, influyendo en la mirada de quienes se acercarán después. (El tema de los discursos instalados por fuera del hecho escénico, aunque con una lectura nada teológica, ya lo hemos compartido en ocasión de La pesca.)
Me quedo, pues, con lo que vi sin creer: las actuaciones. Algunos de los personajes están trabajados con mucho rigor; el más destacado, sin dudas, es el de Rosalía (interpretada de manera estupenda por Elisa Carricajo), la mujer a quien despiden desde el andén su aplastado marido y el hijo insoportable que él tuvo en una relación anterior. Pero otros no aportan nada, y algunos ni siquiera resultan creíbles. Esto se hace demasiado notorio en Pilar Gamboa, puntualmente en la escena en que imita a otras mujeres de la congregación, pues ahí se muestra entregada a hacer un catálogo de perfiles que están al alcance de su versatilidad como intérprete, pero carente de toda composición incluso en el personaje que hace esas imitaciones. Completan el elenco Laura Paredes y Valeria Correa. Las cuatro forman el grupo Piel de Lava, siendo también autoras y directoras de Tren, función esta que comparten con Laura Fernández.
La escenografía, diseñada por Matías Sendón, es funcional y cuidada. Sin embargo, se trata de un compartimento tan adecuado a las necesidades escénicas que carece de todo parecido con un análogo que pudiera encontrarse en este mundo, pues es como un amplio living con mesita ratona de vidrio, con cenicerito de ídem, una puerta que daría hacia un pasillo imposible, y una moderna cortina de enrollar que cubre una ventanilla, elemento de gran importancia dado que, proyección de imágenes mediante, nos abre a un afuera amplio, cotidiano y apacible, que se contrapone al clima endogámico y extraordinario que viven estas cristianas en tránsito. Podemos decir que no es preocupante el diseño del compartimento, pues basta con que aceptemos que eso es un tren y punto, al igual que desestimamos la sospecha de que por la ventanilla se vea un andén de Retiro (línea Mitre) mientras sabemos que van hacia Mar del Plata, o que luego veamos –sin duda alguna– al Sol poniéndose por el Este. El problema aparece cuando por esa misma ventanilla vemos a las protagonistas en el andén de la estación Mar del Plata. ¿Por qué, entonces, esa necesidad de realismo, de acabado de documentalista, cuando en lo anterior se nos invitó a entregarnos a lo ficticio?
Después de tanta fe y tanta mirada sin fe, me resulta imposible no recordar lo que Jesús le dijo a Tomás: “¡Felices los que creen sin haber visto!” (Jn. 20, 29 b). ¿Deberé, cuando vaya a ver teatro, empezar a creer en lo que no sucede en el escenario?
No hay caso: siempre que aparece la fe, aparece la duda.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Tren en este link a Alternativa Teatral.
jueves, abril 09, 2009
teatro // Luisa se estrella contra su casa, de Ariel Farace
Una moto choca y Pedro no está más. ¿Cómo es eso? ¿Cómo es posible que tu amor y tu compañero y tu todo se termine de golpe, así? ¿Cómo entender la vida que sigue después de la tragedia? ¿Cómo entender que la vida siga después de la tragedia?
Una moto choca, Luisa pierde a Pedro y se pierde a sí misma en su propia vida. Todo se trastoca: ir de compras a Coto es una experiencia feliz, el Odex limpia y le hace compañía, pone un pollo al horno y, lejos de cocinarse, sale vivo. Lo cotidiano se puso patas para arriba. Es que Pedro ya no está.
Si Luisa no puede vivir sin Pedro, él debe estar, no importa cómo. Por eso, sin importar cómo, Pedro mismo le dará la clave para poder seguir adelante: “Existe un ser que vive dentro mío como si yo fuese su casa”, frase que ilumina a Luisa desde sus entrañas cada vez que la repite.
El dramaturgo y director Ariel Farace abre ante nosotros este vulnerable mundo de Luisa y, sutilmente, nos baña en su mismo dolor, sin efectismos ni manipulaciones, sino atrayéndonos con un relato que descubre una inmensa belleza incluso en la más profunda tristeza. El secreto, quizás, sea no intentar protegerse del abatimiento, entregarse a él y así poder ver que, aunque desconsolada, dentro de Luisa hay lugar para que vivan Pedro, el Odex, el vecino y el pollo, como si ella fuese su casa.
Luisa se estrella contra su casa destila humanidad y despierta ternura gracias también a las hermosas (sí, hermosas) actuaciones. Luciana Mastromauro le da a Luisa una emoción tan particular que logra fundir en una misma mirada, en una misma sonrisa su angustia y su melancolía y la alegría de tener a Pedro muy adentro de sí. Matías Vértiz maneja con precisión los matices de la feliz pero inexistente presencia de Pedro. La música y la figura lejana y taciturna de Guido Ronconi tienen fuerza suficiente como para sentir a ese vecino que es apenas una brizna. E impacta la ductilidad con que Juan Manuel Wolcoff entrega su cuerpo para darle a Odex tan claras y precisas expresiones. Acompaña esta cambiante marea de profundas sensaciones la iluminación diseñada por Matías Sendón y Ricardo Sica. La eficaz escenografía, frágil y sencilla como Luisa, es un genial acierto del mismo Farace y de Cecilia Zuvialde.
Aunque sea temprano para hacer afirmaciones sobre esta temporada, tengo la certeza de que Luisa se estrella contra su casa ya se ha ganado un lugar entre los mejores estrenos de la cartelera porteña de este año.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Luisa se estrella contra su casa en este link a Alternativa Teatral.
Una moto choca, Luisa pierde a Pedro y se pierde a sí misma en su propia vida. Todo se trastoca: ir de compras a Coto es una experiencia feliz, el Odex limpia y le hace compañía, pone un pollo al horno y, lejos de cocinarse, sale vivo. Lo cotidiano se puso patas para arriba. Es que Pedro ya no está.
Si Luisa no puede vivir sin Pedro, él debe estar, no importa cómo. Por eso, sin importar cómo, Pedro mismo le dará la clave para poder seguir adelante: “Existe un ser que vive dentro mío como si yo fuese su casa”, frase que ilumina a Luisa desde sus entrañas cada vez que la repite.
El dramaturgo y director Ariel Farace abre ante nosotros este vulnerable mundo de Luisa y, sutilmente, nos baña en su mismo dolor, sin efectismos ni manipulaciones, sino atrayéndonos con un relato que descubre una inmensa belleza incluso en la más profunda tristeza. El secreto, quizás, sea no intentar protegerse del abatimiento, entregarse a él y así poder ver que, aunque desconsolada, dentro de Luisa hay lugar para que vivan Pedro, el Odex, el vecino y el pollo, como si ella fuese su casa.
Luisa se estrella contra su casa destila humanidad y despierta ternura gracias también a las hermosas (sí, hermosas) actuaciones. Luciana Mastromauro le da a Luisa una emoción tan particular que logra fundir en una misma mirada, en una misma sonrisa su angustia y su melancolía y la alegría de tener a Pedro muy adentro de sí. Matías Vértiz maneja con precisión los matices de la feliz pero inexistente presencia de Pedro. La música y la figura lejana y taciturna de Guido Ronconi tienen fuerza suficiente como para sentir a ese vecino que es apenas una brizna. E impacta la ductilidad con que Juan Manuel Wolcoff entrega su cuerpo para darle a Odex tan claras y precisas expresiones. Acompaña esta cambiante marea de profundas sensaciones la iluminación diseñada por Matías Sendón y Ricardo Sica. La eficaz escenografía, frágil y sencilla como Luisa, es un genial acierto del mismo Farace y de Cecilia Zuvialde.
Aunque sea temprano para hacer afirmaciones sobre esta temporada, tengo la certeza de que Luisa se estrella contra su casa ya se ha ganado un lugar entre los mejores estrenos de la cartelera porteña de este año.
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martes, abril 07, 2009
teatro // Ego (Cuatro actores juegan o Swimming-Pool), de María Candelaria Sabagh
A vos te habrá pasado que has salido del teatro enojado o enojada. No, no: no hablo de que la obra que viste te haya aburrido o te haya decepcionado; hablo de que te haya despertado enojo. A mí me pasa de vez en cuando, y con el tiempo me he dado cuenta de que el enojo me lo despierta la concurrencia de algunos factores que podría enumerar así:
1) pretensión;
2) vagancia;
3) fallutería;
4) mala leche;
5) pose, y
6) obsecuencia con intenciones de trepada (habrás notado que la Real Academia Española no me ayudó mucho para enumerar esta lista). Y me pasó de nuevo esto del enojo hace poco, cuando salí de ver Ego (Cuatro actores juegan o Swimming-Pool). Por concurrencia de los antes citados factores, por supuesto, a los que podrás descubrir vos en caso de que vayas a verla.
Sí, salí enojado del teatro. Y sorprendido, porque fui a ver el proyecto de egreso de María Candelaria Sabagh de la licenciatura en Dirección Escénica del IUNA y me encontré con un barullo pretensioso con pose de superación e intenciones no concretadas de presentarse como discurso de denuncia de cierto facilismo a la hora de crear.
También salí pensando cuánto me gustaría conocer los extremos del eclecticismo de los formadores del IUNA. Pero ese es otro capítulo.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Ego (Cuatro actores juegan o Swimming-Pool) en este link a Alternativa Teatral.
Nota del martes 14 de abril: donde dije “Por concurrencia de los antes citados factores”, debí decir “Por concurrencia de algunos de los antes citados factores”, ya que Ego no ostenta los seis enumerados. Pero sí los suficientes como para que no la considere recomendable.
Con fecha 25 de mayo de 2009 se subió la entrada Un espacio para que opinen a su antojo quienes defienden a Ego, una obra que provoca el "descarrilamiento del pensamiento", en referencia a la errada y militante defensa que ha aparecido a esa pieza en distintos sitios y blogs que le han dedicado una opinión.
1) pretensión;
2) vagancia;
3) fallutería;
4) mala leche;
5) pose, y
6) obsecuencia con intenciones de trepada (habrás notado que la Real Academia Española no me ayudó mucho para enumerar esta lista). Y me pasó de nuevo esto del enojo hace poco, cuando salí de ver Ego (Cuatro actores juegan o Swimming-Pool). Por concurrencia de los antes citados factores, por supuesto, a los que podrás descubrir vos en caso de que vayas a verla.
Sí, salí enojado del teatro. Y sorprendido, porque fui a ver el proyecto de egreso de María Candelaria Sabagh de la licenciatura en Dirección Escénica del IUNA y me encontré con un barullo pretensioso con pose de superación e intenciones no concretadas de presentarse como discurso de denuncia de cierto facilismo a la hora de crear.
También salí pensando cuánto me gustaría conocer los extremos del eclecticismo de los formadores del IUNA. Pero ese es otro capítulo.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Ego (Cuatro actores juegan o Swimming-Pool) en este link a Alternativa Teatral.
Nota del martes 14 de abril: donde dije “Por concurrencia de los antes citados factores”, debí decir “Por concurrencia de algunos de los antes citados factores”, ya que Ego no ostenta los seis enumerados. Pero sí los suficientes como para que no la considere recomendable.
Con fecha 25 de mayo de 2009 se subió la entrada Un espacio para que opinen a su antojo quienes defienden a Ego, una obra que provoca el "descarrilamiento del pensamiento", en referencia a la errada y militante defensa que ha aparecido a esa pieza en distintos sitios y blogs que le han dedicado una opinión.
domingo, abril 05, 2009
teatro // Es otoño, es domingo, es de noche, de Emanuel Zaldua
Son seis personajes en busca. ¿De qué? Quizás del otro, quizás de la felicidad si creen que existe. Pero cualquier tarea se complica si primero no se encuentran a sí mismos. Y, con sus más y sus menos, cada cual tiene su deuda en ese punto.
Como pueden, avanzan. O creen que avanzan: a veces, la medida que se usa es muy chiquita y se llena rápido. Como cuando se piensa que la libertad tiene que ver con andar en calzoncillos en la casa propia. Pero ¿quién no hace lo que puede?
Algunos van logrando encontrarse y empieza en ellos a suceder algo nuevo. Otros no, y quedan en el mismo lugar. Es que no todo es luz, no todo es potente. Por supuesto que no: es otoño, es domingo, es de noche.
Con retazos de momentos entrelazados y una delicada mirada sobre los personajes, el autor y director Emanuel Zaldua intenta en esta pieza acercarnos a ellos y comprenderlos; no pretende más, y es buena esa claridad acerca del límite de su pretensión. Y aunque los exhibe incluso en sus pequeñeces (porque no son protagonistas de una gran tragedia, y apenas tienen miserias de medio pelo), Zaldua evita caer en cualquier tipo de juicio sobre ellos, desarrollándolos en lo sencillo, en lo cotidiano, con esa módica verdad que no encandila y que muchas veces pasa desapercibida en la penumbra.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Es otoño, es domingo, es de noche en este link a Alternativa Teatral.
Como pueden, avanzan. O creen que avanzan: a veces, la medida que se usa es muy chiquita y se llena rápido. Como cuando se piensa que la libertad tiene que ver con andar en calzoncillos en la casa propia. Pero ¿quién no hace lo que puede?
Algunos van logrando encontrarse y empieza en ellos a suceder algo nuevo. Otros no, y quedan en el mismo lugar. Es que no todo es luz, no todo es potente. Por supuesto que no: es otoño, es domingo, es de noche.
Con retazos de momentos entrelazados y una delicada mirada sobre los personajes, el autor y director Emanuel Zaldua intenta en esta pieza acercarnos a ellos y comprenderlos; no pretende más, y es buena esa claridad acerca del límite de su pretensión. Y aunque los exhibe incluso en sus pequeñeces (porque no son protagonistas de una gran tragedia, y apenas tienen miserias de medio pelo), Zaldua evita caer en cualquier tipo de juicio sobre ellos, desarrollándolos en lo sencillo, en lo cotidiano, con esa módica verdad que no encandila y que muchas veces pasa desapercibida en la penumbra.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Es otoño, es domingo, es de noche en este link a Alternativa Teatral.
viernes, abril 03, 2009
// Sesiones de trabajo abiertas a la comunidad del Instituto de Artes del Espectáculo
Como parte del programa académico del presente año, las investigadoras y los investigadores del Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires) llevarán a cabo distintas actividades de extensión con el objeto de proyectar el trabajo realizado, estableciendo nuevos vínculos con la comunidad. De este modo, alientan que las problemáticas planteadas en el ámbito universitario puedan, de alguna forma, inscribirse en el imaginario social sin otra intermediación más que la propia presencia de los interlocutores o receptores.
Con tal finalidad invitan a quienes tengan interés en participar de sus reuniones de trabajo que tendrán lugar en su sede de 25 de Mayo 217, 3º piso, el segundo y cuarto lunes de cada mes, a las 16, iniciándose con las siguientes:
- lunes 27 de abril: La teatralidad en acción. El Teatro del Sol de Francia. Ariane Mnouchkine. Una revolución espacial. Por Francisco Javier;
- lunes 11 de mayo: Teatralidades en la Fiesta Nacional del Teatro en el Chaco, marzo de 2009. Por Ana Seoane.
Dado que el cupo es limitado, es necesario contactarse previamente por mail a artesdelespectaculo@filo.uba.ar o telefónicamente al 4343-1196 / 4342-5922, interno 121.
Con tal finalidad invitan a quienes tengan interés en participar de sus reuniones de trabajo que tendrán lugar en su sede de 25 de Mayo 217, 3º piso, el segundo y cuarto lunes de cada mes, a las 16, iniciándose con las siguientes:
- lunes 27 de abril: La teatralidad en acción. El Teatro del Sol de Francia. Ariane Mnouchkine. Una revolución espacial. Por Francisco Javier;
- lunes 11 de mayo: Teatralidades en la Fiesta Nacional del Teatro en el Chaco, marzo de 2009. Por Ana Seoane.
Dado que el cupo es limitado, es necesario contactarse previamente por mail a artesdelespectaculo@filo.uba.ar o telefónicamente al 4343-1196 / 4342-5922, interno 121.
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