En nuestra sociedad hay seres a los que relegamos a la transparencia, y lo hacemos individual o grupalmente, según sean las personas que queremos eliminar de nuestra vida o las que queremos eliminar de nuestra sociedad, y eso lo logramos –sin mancharnos las manos– con la sola decisión de atravesarlos con la mirada y no verlas. Y también está la otra transparencia, esa gracias a la cual nos dejamos ver en nuestro interior, o al menos eso se proclama y eso se celebra. Y ambos significados de la transparencia son muy interesantes para trabajar en teatro; de ahí el interés que despierta esta pieza en su inicio.
Pero sucede que se proponen muchas transparencias, en muchas situaciones, con muchas ramificaciones y entrecruces y tiempos y propuestas de puesta y de actuación. Y lo que sucede es similar a cuando interponemos diez vidrios transparentes: la transparencia de cada uno no suma en una transparencia única, sino que, muy por el contrario, la superposición de vidrios comienza a distorsionar la imagen que captamos del objeto. Y a medida que agregamos vidrios, quizás ya no podamos reconocer con nuestra vista nada de lo que está del otro lado. Así en esta pieza: se opaca en sus excesos, pretende demasiado y nos impide ver el objeto que propone. Objeto que rápidamente se pierde tras las formas, no quedando nada del atractivo de Transparente en sus cinco o diez primeros minutos.
Y no parece desconocer esto el autor y director, Diego Aramburo, pues se encarga de buscar en qué sostener lo que quiere mostrar y muestra más sin que se entienda ni se disfrute, apoyándose en imágenes proyectadas por distintos dispositivos. Algunas de ellas insostenibles, como la de las lombrices tratando de escapar del calor del vidrio del retroproyector en donde fueron arrojadas (¡qué innecesario y vano y reprobable es reproducir cualquier forma de crueldad en el arte!) o las del video que proyecta una colonoscopia.
Cada fragmento, cada canción, cada acción, cada movimiento podría ser el final: todo lo que venga no habrá sumado nada. Y cuando el final llega, la sensación es que uno, como espectador, se ha vuelto transparente, porque nunca fue visto ni por tanto considerado.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Transparente en este link a Alternativa Teatral.
miércoles, octubre 07, 2009
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