Un hombre en una bañera, su brazo derecho caído hacia fuera, su cabeza apoyada en su hombro derecho. Inevitable la asociación: es Marat, recién asesinado por Charlotte Corday, según lo ha instalado en nuestra imaginación el cuadro de Jacques-Louis David. Pero no, no está muerto. Y es Robespierre. Sin embargo, la imagen es un anuncio claro, porque todos van camino al baño de sangre, y en él morirán. Así comienza el espectáculo, exponiendo claramente que la locura ya está desatada.
Una escenografía hecha de cajas de cartón, madera y chapas nos propone una París pobre y precaria sobre la que pretende instalarse una implacable y definitiva justicia. El terror ya no se enseñorea en los palacios, sino que circula en los barrios bajos, oprimiendo también a los oprimidos de siempre. Y la revolución está en manos de quienes visten con elegancia y usan notables pelucas: parecería que ninguna clase dirigente ha salido del pueblo, y si alguna salió del pueblo, olvidó pronto su origen.
Estridente, vertiginosa, atroz y seductora, la puesta de este grupo que viene de Wroclaw, Polonia, ha sabido conjugar las contradicciones del período del Terror con una estética discordante pero potente en su elocuencia. Y el lucimiento indiscutible de un elenco que resiste todo, incluso la algo desmedida duración del espectáculo y ese innecesario y empobrecedor final, confuso, agónico, dilatado inútilmente, que obliga a hacer un esfuerzo para recordar las bondades de lo que aconteció hasta su desatinada irrupción.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de El caso Danton en este link a Alternativa Teatral.
sábado, octubre 17, 2009
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