Un hombre con un cabestrillo intenta atender a su cuñada que se va, contener a su hermano que acaba de recibirse de separado aunque no quiera ni pueda creerlo, convencer a su hermana para que salga del baño, y elaborar que su madre –ahora internada– había planeado matar a sus tres hijos tras su tardío debut en un teatro de Comodoro Rivadavia. Además de las cuestiones legales que nunca faltan en una familia, el dolor por la herida por la bala materna y el viento, siempre el viento empujando todo a su antojo.
Con personajes claramente delineados, una trama bien desarrollada y un excelente uso del espacio, La mente en blanco es uno de esos trabajos que nos vienen a recordar que en las márgenes de la escena porteña, sin estridencias de prensa ni canonizaciones académicas, están despertando búsquedas sin más pretensión que ofrecer teatro. ¡Y no es poco!
Consciente de esa potencialidad, Juan Barberini ha capitalizado para bien de esta puesta todo lo que podría habérsele planteado como debilidad o limitación. Además, tiene a su lado un elenco al que se ve muy cómodo en sus respectivos roles, aunque esto no significa que les estemos viendo reiterar en escena su cotidianeidad (lo que pasa demasiado a menudo en nuestro teatro alternativo): son Claudio Rangnau, Guillermo Giusto, Lucrecia Oviedo y la siempre sorprendente y eficaz Cecilia Blanco.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de La mente en blanco en este link a Alternativa Teatral.
lunes, agosto 24, 2009
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