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martes, junio 16, 2009

teatro // Tambo, de Laura Fernández, según Florencia Orlando y Viviana Aronno

La policía determina de inmediato que el cadáver de Francisco Unzué y Sáenz Valiente no presenta signos de pelea, por lo que el florete que le atravesó el cuello ha sido esgrimido por alguien de su confianza. Que nadie se mueva: acá mismo está el asesino. O la asesina. Y ahí quedan, bajo incontrastable sospecha, las tres hijas del recién occiso, Josefina María, Celina Hortensia y Magdalena Carmen, y el prometido de la primera, Ignacio Pedro Frías Montes de Oca.
Este, aunque estrictamente no sea de la familia, está a cargo de la situación por ser el único hombre: son gente de campo, y la sede patriarcal no puede quedar vacante. Eso bien lo sabe Ignacio, que ordena algunos papeles, oculta otros, propone estrategias, busca negociar con la policía y se propone sacar otras ventajas de ser el único hombre de la casa. Indiscutiblemente, es un hombre de negocios: si puede usufructuar de las tres herederas, ¿por qué habría de hacerlo de una sola? Además, ofrecen una gama de atractivas variantes; de mayor a menor, ellas son: Josefina María, la que se debe a los mandatos, resultando así la seria, responsable y romántica; Celina, que es su contracara, provocadora, liberal y desprejuiciada, y Magdalena, que cumple con el catártico imaginario popular de que toda familia de noble abolengo tiene un vástago con alguna falla en los cromosomas o en la azotea.
Y mientras pasan los días esperando que se haga justicia (es decir, que se les permita volver a hacer lo que se les antoja, que eso es lo justo según su entender), cantan viejas canciones con letras que han adaptado, porque la música también les pertenece: nadie se llama Unzué y Sáenz Valiente para andar por el mundo pidiendo permiso o cuidando de los derechos de otro, ¡qué tanto!
Por esos caminos anda Tambo, una eficaz comedia que se permite satirizar zonceras, tics, artimañas y vicios de aquella a la que solemos llamar “gente bien”. El texto demuestra a la vez inteligencia, claridad y sencillez, un combo que se agradece. Y lo luce un buen elenco: Mariana Eramo (Josefina), Malena Schnitzer (Celina), Elisa Bressán (Magdalena) y Sergio Calvo. Este último despliega un arsenal de recursos en la construcción de su personaje que le permite llevar a Ignacio con absoluta impunidad de la perversión a la épica o de la compulsión obsesiva al distendido disimulo. No menos destacable es el trabajo de Malena Schnitzer, que toma y capitaliza todas las ventajas que posee su impúdico personaje.
Tambo es una de esas buenas sorpresas que el teatro alternativo ofrece en las márgenes, de esas que se maduran con esfuerzo, convicción y honestidad. Además, en Tambo se percibe que no hay pretensiones de ser la comedia del año o una cátedra de actuación, y esa conciencia de sus posibilidades (aun sabiendo que no son pocas) es percibida por el público y acrecienta sus valores.
No sería justo omitir la originalidad del programa de mano (realizado por Estudio Merd), que en una de las caras del típico formato postal desarrolla la ficha artística y técnica y hasta los agradecimientos como si se tratase de un expediente policial.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Tambo en este link a Alternativa Teatral.

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