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lunes, junio 29, 2009

reportaje // Concha del Río, la diva que regresa

Una mujer sin par regresa a la Argentina para que su público satisfaga su deseo de volver a admirarla. A pocos días de estrenar Anfitrión Cabaret, la diva Concha del Río me regaló con un buen rato de su preciado tiempo para hablar de los más recientes pasos de su nutrida y exitosa carrera, revelar algunos de sus secretos y compartir sus planes. Es decir, me dio más motivos para adorarla.

Minutos después de las seis de la tarde (tal como me había hecho apuntar la cita, pues desdeña atarse a ciertas exactitudes), la consagrada Concha del Río irrumpe en el lobby del hotel donde se aloja: el ascensor abre sus puertas y todas las miradas se dirigen a ella. Me saluda con la mano en alto. El conserje del hotel le sale al cruce y parece tener con ella una discusión. El inesperado contratiempo no la encuentra desarmada, pues en un momento la escucho decir “¡Basta ya con eso!, ¿ah?”, y con solo girar su rostro hacia mí, recupera de inmediato el glamour que la caracteriza. Se me acerca radiante, como siempre vestida de blanco. Me da dos besos, uno en cada mejilla, mostrándose cercana y cálida desde el primer minuto. Al sentarse, abre un poco la falda y deja ver sus piernas, esas mismas piernas que enloquecieron a tantos hombres por el mundo entero y de los cuales poco o ningún registro tiene, pues si bien vive para sus admiradores (y también admiradoras, claro está), no se detiene en lo que provoca en los demás porque, simplemente, sería imposible: nadie podría vivir cargando cada día sobre sí el recuerdo de aquel mahará que abdicó y se perdió en una selva porque Concha se negó a entregársele en matrimonio, el suicidio de un joven y prometedor poeta de la generación beat a causa de no poder plasmar en palabras la pasión que la diva le había despertado, o aquella versión que la señala como responsable indirecta de que se postergase dos meses el inicio del rodaje de Ocho y medio porque el gran Federico cayó en una profunda depresión al recibir la negativa de Concha para interpretar el rol que finalmente le ofreció a Anouk Aimée. Inmensas anécdotas que solo pueden girar en torno a una estrella de su talla.
Hay en el habla de Concha algunos indicios de otras latitudes hispanoparlantes, así como pronunciaciones difíciles de ubicar en cualquier punto de un mapamundi. Como las leves “i” que pronuncia a continuación de la “y” y la “ch”, o esa tonada tan propia que parece un cóctel coral de las dicciones de Chile, Miami, Perú, México, los estudios de Televisa y el español neutro de la CNN. Pero ¿cuál ha sido su lugar de origen? ¿Cuál su terruño? “He nacido en el mundo. No puedo elegir un sitio, ¿ah?”, afirma Concha, con garbo y algo de desafío.
- A ningún lugar pertenecés más que a otro.
- Ya, que no. Es el mundo entero mi casa.
- Pero en algún punto podemos ubicar el inicio de tu vida artística.
- Sí, claro que sí; comenzó en la Argentina. Luego, allá por el año… tidos… tirés –no estoy muy segura–, tuve que partir por ese episodio en aquel hotel… Y la censura, que en ese tiempo estaba muy fuerte, que sufrimos junto con Libertad Leblanc, cuando con Luis César Amadori estábamos rodando Yeguas de Yapeyú. Debimos partir las dos; ella hacia Las Vegas, yo hacia el resto del mundo.
- Fue entonces que te abrieron sus puertas los más grandes teatros.
- He estado en el Bolshoi, el Radio City, New York, en la Ópera de París, en el Teatro Massimo de Palermo, en Italia… También he estado mucho tiempo en Miami y en el Maracaná de Brasil.
- ¿Y volviste a hacer cine en el exilio?
- Trabajé con una estrella amiga que se llama Mary Bloody, muy conocida en Miami, con quien hemos hecho Cerdas gemelas, así se llamó aquel film.
- No recuerdo que esa película se haya estrenado aquí comercialmente.
- Aquí no. Hay gente que la ha podido ver. Pero es un mercado negro. ¡No está bien eso!
- ¿Con qué otras figuras recordás haber trabajado? Perdón, ¿qué otras figuras han trabajado con vos?
- Han trabajado conmigo Isabel Sarli, Selva Mayo, las hermanas Quesada, también con las hermanas Legrand, y –más contemporáneas– con las hermanas Rojo y las hermanas Pons. Vengo de estar dando hace poco unas charlas sobre el espectáculo, nada más. Así le llaman aquí, charlas, ¿verdad? Pues bien, unas charlas con Liza Minelli. Con ella hemos estado mucho de juerga. ¡Cómo le gusta salir a esa mujer!, ¿eh? He estado en México mucho antes de la peste porcina, pero por suerte se retomaron los vuelos a la Argentina, ¿has visto?, porque tengo una gran amiga que tal vez venga a ver mi show, Chavela Vargas. ¿La conoces?
- Sí, la conozco. Pero es mayor que vos, ¿no?
- Claro, es mayor. Las dos, ¿ah? Liza Minelli también es mayor que yo. Son todas mayores que yo… ¡Ja, ja, ja…!
- Estuve leyendo que también tuviste contacto en otros tiempos con figuras políticas.
- Prefiero no hablar. Eso pertenece a mi vida privada.
- Sin embargo, en internet hay mucho material…
- ¡Es que internet…! ¿Sabes qué? No estoy de acuerdo con la internet. ¡Ya todo se puede conseguir, todo se puede ver enseguida! Yo prefiero la Radiolandia 2000, como era antes. Lamentablemente no existe más. ¡Ya! ¿Sabes qué? Se conservaba la magia de la vida de una estrella. La gente todavía podía ilusionarse con la vida de las estrellas, podía soñar… Hoy, la internet hace que seamos todos iguales, ¡y no lo somos!
- En esta visita a la Argentina venís a montar un show.
- Sí. Acabo de arribar. Eres el primer reportero que tiene el honor de hacerme una nota. Vengo a retomar el cabaret del Teatro Anfitrión, esta vez absolutamente renovado: se llamará Anfitrión Cabaret. Y estaré con muchos artistas del underground: Mónica Cabrera y Pablo Palavecino, que han estado ya en el espectáculo anterior, El 3340, y se suman Silvit Yori, Leo Bosio, Marcelo Keller, Matilde Campilongo. Y todas mis niñas: Make Casares, Vanesa Castanón, Lucía Pratolongo, Teresa Murias y se suma Titi Rucciuto. Me gusta darles la posibilidad a estos artistas nuevos de pisar el mismo escenario que yo. ¡Y sí, tengo la humildad para hacerlo! Luego veremos quién más se suma a esta cabalgata.
- Se sabe en el ambiente artístico que siempre has sido muy generosa.
- Siempre he sido muy generosa. ¡Es que las estrellas internacionales, no parece, pero sí tenemos corazón! Solo que no lo mostramos tanto como mostramos otras cosas…
- ¿Recibiste propuestas de algún empresario del espectáculo?
- Un sinfín de empresarios. ¡Ya! Todos los empresarios han querido firmar conmigo, pero yo prefiero estar en ese bonito espacio que es el Teatro Anfitrión. Me están persiguiendo. Por eso pido reserva de la ubicación de este hotel, por favor. Sí puedes decir que se trata de un hotel ubicado en el prestigioso barrio de Constitución, pero no des el nombre. ¡Imagínate lo que son los fans! Me toman fotografías, y yo necesito mi tiempo para estar en bata y chanclas con mis mascarillas, pues me estoy cuidando para mi público, para el público argentino, que es el mejor del mundo, el más afectuoso, el más amoroso. Con él mantuve un fuerte vínculo aun estando fuera, como cuando dejé el país luego de Yeguas de Yapeyú o tras mi segunda partida, luego de las temporadas de 2005 a 2007 con El 3340. Fue luego de ese show que un famosísimo conductor de este país, Marley, me llevó de viaje y hemos recorrido el mundo. Pero estábamos en las islas Polinesias cuando hubo un recorte del presupuesto de producción, y yo quedé allá, varada. Claro que, de inmediato, los empresarios de Polinesia me llevaron a trabajar a Papeete y Bora Bora, como modelo de perlas negras, con las que hacen maravillas. Luego emprendí una nueva gira mundial, hasta llegar a Buenos Aires. Lamento, eso sí, haber perdido gran parte de mi equipaje.
- ¿Pérdida o robo? ¿No pudo estar detrás de eso algún coleccionista? Porque hay un mercado en torno a tus objetos.
- Ya, sí… Hay muchas cosas mías que circulan en remates, cottolengos, Casa del Teatro, Ejército de Salvación, Emaús… Pero por lo general me vuelven las cosas, ¿ah? Me ha pasado en Cartagena de Indias: estando allí como jurado de la Reina de la Belleza, y habiendo recibido el Plátano Dorado, el Plátano faltó tres días de mi habitación del hotel Santa Teresa de Cartagena. No sé qué hace la gente con mis objetos.
- Raras pasiones que despierta una figura de tu talla.
- Soy consciente de que genero cosas muy fuertes. No sé qué te sucede a ti, ¿ah?
- No quisiera invertir tiempo en todo lo que me provoca este encuentro. Sigamos hablando de vos. ¿Te sentís más cómoda como vedette, como conductora, como cantante? Sin contar tus dotes como pianista.
- Ya, con todos los roles estoy bien. Pero he abandonado el piano cuando he dejado crecer mis uñas. Es más: tengo serios problemas con el teclado de mi ordenador. Mis fans me piden que les escriba más, pero con el reverso de un lápiz, tecla por tecla, se me hace complicado escribir largos textos.
- No quiero contradecirte, pero hace minutos declaraste que internet no te gusta, y sin embargo estás en Facebook.
- ¡Claro! ¡Es que hay que aggionarse! Mi gente me necesita, necesita tener contacto conmigo. Mis fans son mi familia; así lo siento. ¡Prefiero que me quiten un órgano a que me quiten un fan! Y tengo amigos, muchos amigos, gente que se interesa en mis actividades. Aunque también suceden cosas que no deseo, como cuando ciertos paparazzis suben al Libro del Rostro imágenes mías que yo quisiera que no se conocieran.
- Perdón, ¿a dónde?
- Al Libro del Rostro, Facebook.
En Facebook, Concha da noticias de sus viajes, sus preparativos, sus éxitos. Cerca de dos mil quinientos amigos le siguen los pasos y alentaron su regreso en los últimos meses. Y ella les responde con suma dedicación.
- Contame de tu relación personal con Marley. Y cómo él elaboró el paso de tener a su lado a una figura de poca monta como Florencia Peña a una estrella como vos.
- Marley es una belleza de persona. Y fue un amor a primera vista: él vino a verme a El 3340, y esa misma noche le pedí que me llevara en sus viajes por el mundo. Le dije: “Quiero conocer el Paraguay”, y me llevó por todo el mundo, aunque me debe el Paraguay.
- Quizás no le resulte un destino atractivo por no haber muchos insectos para comer…
- ¡Ya…! En Polinesia hasta ha comido fuego. ¡Las cosas que se lleva a la boca!
- Se escuchó, durante tu ausencia, que un importante ejecutivo de un canal de televisión abierta –cuyo apellido no daré pero que se llama Claudio– quería proponerte conducir un programa de almuerzos.
- Me han llegado muchas ofertas. Estamos en tratativas con una señal de cable, y ya preparando un ciclo nuevo, mío, que se llamará Concha de noche o La noche de Concha, donde habrá invitados que podrán hablar de mí. Lo de los almuerzos no lo acepté porque me despierto quince para las quince… No podría hacer un programa tan temprano. Excepto que vengamos sin dormir del día anterior. Que así dábamos las charlas con Liza Minelli en New York: íbamos directamente de la noche al set.
Como distraídamente, Concha mira la hora en su reloj, mientras el reflejo de los diamantes del cuadrante viste su rostro de una magia ensoñadora. Es su manera de sugerirme que la entrevista está llegando a su fin. La esperan largas horas: ir a probarse el vestido que le está confeccionando Jorge Ibáñez para estrenar en su nuevo espectáculo, tomar un whisky con unas amigas de toda la vida en las cercanías de la Casa del Teatro, exponerse a una larga y agotadora sesión fotográfica. Y más no sabemos, pero para Concha la noche siempre es joven, siempre es rica en aventuras, siempre puede durar un poco más.
“Déjame valerme de este momento para comunicarme con mi gente”, solicita Concha, y ya comienza su mensaje: “Mi público, mi aire que respiro, a todo el bonito público de Buenos Aires, y a todo el público que llega a Buenos Aires –porque sabes que al Anfitrión se llegan muchas personas de otros países sabiendo que me he presentado ahí–, a todos ellos quiero decirles que los he echado mucho de menos, y que por fin podremos encontrarnos cada miércoles a las 21, donde podrán volver a disfrutar de mi arte. Y no olviden que siempre serán mi mejor público”.
Me acompaña hasta la puerta del hotel. Pasa un colectivo de la línea 97 y, desde una ventanilla, un pasajero le expresa algo a gritos, seguramente su admiración. Con naturalidad ella extiende su brazo y lo saluda. Cuando se despide de mí, me dice: “¿Sabes? Nunca recuerdo el rostro de un admirador, pero contigo haré una excepción”.
Tras haber conversado con una figura tan amable y luminosa, hasta las calles de Constitución parecen más oscuras.

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La madre de la creatura

Noralih Gago es quien le da vida a Concha del Río, que originalmente era uno de los ocho personajes que formaban parte de su unipersonal Solita para todo, un excelente espectáculo que se presentó en Anfitrión en las temporadas 2001 a 2003. Concha tomó vida y protagonismo al ser la conductora y estrella de El 3340. Con humos de cabaret, con el que sorprendieron en el mismo teatro durante las temporadas 2005 a 2007.
Noralih se formó con Berta Goldenberg, con quien también forma parte del grupo que lleva adelante ese especial teatro. Mientras estaba preparando el estreno de este nuevo espectáculo, fue nominada al Premio Trinidad Guevara 2008 en el rubro Actriz Protagónica por su labor en Cariño yacaré, donde estuvo dirigida por Juan Parodi.
Tras un largo año, vuelve a llevar a Concha del Río al escenario con el mismo formato pero con el nuevo nombre de Anfitrión Cabaret, siendo a la vez la coordinadora de todo el espectáculo.

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Anfitrión Cabaret en este link a Alternativa Teatral.

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