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lunes, mayo 25, 2009

// Un espacio para que opinen a su antojo quienes defienden a Ego, una obra que provoca el “descarrilamiento del pensamiento”

Pongamos un tema en claro. Una cosa es que me tomen para el churrete como público y me quieran vender gato por liebre, pedantería por tesis, y tesis por pieza teatral; si me agarran medio distraído, capaz que te lo compro. Pero otra muy distinta es que pretendan que creamos que los comentarios que pululan en internet sobre Ego (Cuatro actores juegan o Swimming-Pool) son realmente escritos por espectadores que se convierten, con solo ver una función de esa obra, en conocedores del pensamiento de su autora y directora, María Candelaria Sabagh, a la vez que animosos militantes de su causa.
Van diez ejemplos de los que, si bien alguno podría ser fruto del fervor de un espectador, por lo menos la gran mayoría constituye un insulto a la inteligencia al tratar de hacerlos pasar por opiniones ajenas al equipo de Ego.
1) En el blog de Nepo Sandkuhl, al pie de la nota sobre Ego, el 20 de abril un anónimo dice lo siguiente: “Hola! Soy docente de teatro y me dedico a la investigación teatral. Estoy siguiendo de cerca las repercusiones de esta obra en el público, críticos y demás. Me parece muy interesante esta lectura, con el acento puesto en la constitución de los personajes. Encuentro esta mirada original. Creo que "Ego" es una obra con una nueva impronta escénica, no vista antes por lo menos en nuestra ciudad. El planteo del texto es sumamente original, y la experiencia como espectador ante la obra, también. Creo que está bueno que se escriba desde ese lugar, este es un buen ejemplo” (sic).
2) En el blog Vida y Amor por la Palabra, al pie de la nota sobre Ego, el sábado 9 de mayo un tal Nacho comentó lo siguiente: “Fui a verla y vuelvo mañana. Es tan original y cautivante, hay tanto por descubrir en esta obra, que siento que es para verla más de una vez. El final es maravilloso, una verdadera fiesta!!!!” (sic).
3) En Alternativa Teatral, el lunes 11 de mayo un tal Juan dice lo siguiente: “Alucinante. Una vuelta de tuerca al ingenioso paroxismo autorreferencial con el que tanto nos venimos sobando desde hace un tiempo, construída con rigurosidad técnica, calidad, esfuerzo, compromiso, pasión, alegría, juego. Y con la virtud de dejarnos en Pampa y las vías, preguntándonos: ¿y de acá... adónde vamos?” (sic).
4) Al pie de la crítica de Diego Braude sobre Ego publicada en Imaginación Atrapada, el 15 de mayo una tal Jimena comenta: “Tres cosas: 1) la mayoría de las personas que salen de ver Ego (por lo menos con las hablé) manifiestan haber tenido un impacto a nivel visceral, un descarrilamiento del pensamiento, una sencasión de cimbronazo, sacudida y sorpresa. Coincido con vos: la obra no “dice” nada pero hace que “pase” mucho. 2) Últimamente, ha habido muchas obras autorreferenciales: “La Paranoia”, “teatro para Pájaros”, y en cine ¡muchísimas!… esta es parecida a esas pero más radical… y se llama “Ego”. Pregunto: ¿no será que sí dice, y que lo que dice es una crítica a esa manera de hacer arte, a ese “mirarse el ombligo”? Y finalmente 3) Las actuaciones son muy buenas, el ritmo es implacable, los giros sorprendentes, no para ni un segundo, las imágenes impactan, el final es como un sueño…. ¿Todo esto… no te “dice” nada? Para mí sí que dice. Dice: “Más amor y menos palabras”. Saludos cordiales, gracias por este espacio” (sic).
5) A continuación del anterior, el 17 de mayo es Celeste la que comenta: “Diego: Creo que tu pequeño ensayo no es una crítica teatral, sino una descripción –un tanto ampulosa- en torno a una de las múltiples ideas con que “Ego” coquetea. Redundas en el intento de atacar el aspecto paradojal de la estructura dramática, cuando la obra abierta y continuamente se ríe del mismo. Casi podría decirse que haces un juicio moral sobre un fenómeno dramático que se vale de un guiño al “loop” del pensamiento que supone toda paradoja. Para empezar, no estableces una conexión entre el nivel autorreferencial y la sospechosa mirada psicológica (de claro corte freudiano) sobre el “Ego”. Tampoco pones en juego esta estructura paradojal con, por ejemplo, los nombres de los personajes, es decir, no analizas la construcción poética que se constituye a partir del legado bíblico, ni cómo todo esto entra en diálogo con un supuesto génesis. Por otra parte, dejas de lado la vasta zona intertextual que aparece en la pieza, donde se citan algunos fragmentos de Nabokov (escritor que padecía de cinestesia) y se juega con ellos en relación al acto de la creación. Nada dices sobre el dispositivo escénico mesa-de-pool en tanto metáfora abierta de significaciones múltiples (¿configuración del “yo” (el Ego)?, ¿coordenadas que regulan lo posible?, ¿sujeto de toda predicación?) Y la irrupción de la “mujer que nombra” (no develo el nombre aquí pues sería odioso para quienes no hayan visto la obra), ¿No es la diosa? ¿No puede leerse como principio (arjé) y causa (aitia) de lo que cada ser (personaje) es? ¿Será, tal vez, la poesía? Lo que sucede es que te detienes justamente donde la obra comienza a hablar. No es tu culpa. Creo que Ego dice. Dice demasiado y tal vez por eso no se deje oír. Con “Ego” la jóra platónica subió a escena. Escuchen” (sic).
6) Al pie de la crítica de Carlos Pacheco sobre Ego publicada en La Nación, el 24 de mayo un tal Santiago Nieto comenta: “Me desconcierta esta critica ya que la obra la vi y me parecio buenisima no solo por su originalidad sino por lo que representa en el ambiente under del teatro argentino, y porque estamos frente a una obra-manifiesto-experiencia que me asombro al punto de sentir que estaba ante una de las mejores obras que habia visto en los ultimos tiempos mejor porsupuesto que Chicas Cosmo de la misma autora, la cual me gusto pero esta es evidentemente superior. La obra me gusto tanto que la debo volver a ver para sacarme dudas que me quedaron al salir del teatro pero por que me encanto y ya habia perdido todo sentido de critica, es una de esas obras que hay que volver a ver y te dejan pensando mucho de hecho aun la seguimos comentando con mi mujer. Volviendo a la critica no entendi lo de regular, parece que le encanto todo salvo el final (que no se debe contar), y es para mi lo que marca el quiebre de toda obra convencional actual por donde se la mire, pero claro no estamos ya en los 70s ni en los 80s y Candelaria Sabbagh nacio en Cordoba y vive en Buenos Aires y no en Berlin ni en Londres. En fin excelentes actuaciones para una excelente obra con la que aun no esta todo dicho” (sic).
7) A continuación del anterior, hoy, 25 de mayo, una tal María Candelaria (casualmente el nombre de la directora de Ego) aporta un brevísimo “... para la posteridad” (sic).
8) En el blog de Silvia Urite, al pie de la nota sobre Ego, hoy, 25 de mayo, alguien bajo el seudónimo de bleu ciel, dijo: “Silvia te pregunto: ¿Cómo puede ser que esta misma obra, cuya crítica vos terminás diciendo "un fino trabajo de dirección"... y otros dicen "una experiencia muy creativa" y otros "la dirección de actores es sencillamente fantástica" tenga un REGULAR en La Nación? ¿Alguien me explica cómo una de las obras que más convocatoria tiene, que la gente (como yo) volvemos a ver dos y hasta tres veces, que es didtinta y jugada sea tan mal recibida por alguna gente? ¿Cuál es el rol del crítico teatral? ¿Qué tiene "Ego", es una obra sobre la que puede decirse cualquier cosa?” (sic).
9) Hoy llegó a este blog, para la entrada sobre Ego, un comentario de una tal Concepción: “¿Por qué cancelaste los comentarios al blog sobre la obra más fuertemente controversial y que más ganas dan de dar la opinión de uno que haya en escena en este momento en la ciudad de Buenos Aires?” (sic). (Es verdad, los había cancelado en esa entrada –antes de decidir filtrarlos todos– para no discutir inútilmente.)
10) También hoy llegó un comentario a este blog, para esa misma entrada, en el que un tal Santiago dice: “Menphis, 1955. Un carilindo muchacho llamado elvis escandaliza a todo el sur norteamericano al hacer bailar al publico musica de negros, la gente enojada llego a hacer campañas para que no cante nunca mas en nombre de Dios. Liverpool, 1960. La gente se golpeaba en un bar, y todos querian golpear a 4 muchachos que tocaban en The cavern club porque su musica era considerada una porqueria. Londres, 1977. Se prohibe la difusion y el concierto de Sex pistols considerado un atropello a la musica en si misma. Y podemos seguir y seguir y concluir que la mala leche y la arrogancia solo proviene del critico que trata de convencer que su critica es la que vale y su opinion la mas valedera, mas cuando se trata de algo que afecta a su propia psiquis y no a la de los demas, afecta a su manera de pensar y no a la de los demas, y sobre todo cuando las propuestas son diferentes a lo que uno puede criticar o tratar de experimentar lo mejor es defenestrar. Yo vi la obra Ego y jamas sali enojado, porque habria de hacerlo? tal vez estoy enojado con otras cosas, pero con una experiencia artistica porque deberia enojarme??? La voy a volver a ver, y tal vez trate de ver si logra enojarme porque es excelentemente buena, tal vez me enoje la envidia” (sic).

Por todo eso, considerando que muy probablemente esté llegando otra avanzada “Egotista”, he decidido abrir esta entrada a todos los comentarios que quieran enviar los acérrimos defensores de Ego, que parecen ser legión.
Vamos, adelante; hagan click acá y manden su opinión. Expongan todo lo que quieran. Aburran más todavía a los eventuales lectores, a sus potenciales espectadores, a los críticos. Peleen todo lo que quieran, expongan, refuten. Solo para este caso –que ya es un caso paradigmático de las relaciones creador-crítico que se avizoran– se publicarán los aportes de quienes firmen con nombre y apellido y DNI pero también los de quienes se valgan del seudónimo que se les antoje, sea Blancanieves, Tomás Moro, Louella Parsons, Michel Foucault, Leónidas Barletta o Catalina Dlugi: mientras se refieran a Ego, será publicado. Pero solo refiéranse a Ego. Y, habiéndose empachado por deglutir las mieles de su propia autocomplacencia, pónganse a laburar para que la próxima salga mejor. Y más llana, que para descarrilamientos, ya bastantes problemas tenemos con el ferrocarril Sarmiento.

3 comentarios:

  1. Comentario enviado por Jorge.

    La obra no está tan mal. Pero la directora y los integrantes del elenco no se contentan con tener un espacio para mostrar su trabajo (que a mí me parece digno) sino que quieren instalar en el medio que la obra es una genialidad incomprendida. Les tengo malas noticias: los genios son inocultables. No necesitan hacerse autobombo. Y repito, la obra no está mal. Pero lejos está de ser una propuesta renovadora o vanguardista como dice la directora quiso que sea. Y ahí donde falla. Quizá, si la obra se nos hubiera presentado sin prospectos, la habríamos recibido como una obra fresca, intrigante, más relacionada con el mundo de los sueños que con la sarta de snobismos que el elenco quiere que se la relacione. Pero este elenco o esta directora no quiere hacer arte. Quiere un lugar en el arte, antes de apenas haber empezado a crear. Compararse con los Sex Pistols, Warhol o Elvis, como lo han hecho ellos mismos (el elenco) traspasa los límites del autobombo. Y habría creído que lo hacían en chiste sino fuera porque escuché a uno de ellos hacerlo, defendiendo la obra con uñas y dientes. Esta actitud los sitúa más cerca de “Casi Ángeles” (producto para teens de la TV abierta hecha y seguida por adolescentes o pre-adultos con síndrome Peter Pan) que de cualquier creador emergente.
    Están mirando al teatro desde arriba, y así, nada bueno puede surgir.
    Viví en Londres y en Nueva York y vi teatro de todo el mundo. Les digo: se les cagarían de risa. Crezcan. No hablo de la edad, ya que eso es inevitable. Aprendan. La obra, hoy, funcionaría mucho mejor si la directora y sus voceros no tuvieran la presencia que tienen en el programa o al pié de cada crítica que sale. Y cuando hablo de “funcionar” no me refiero a la afluencia de público. Me refiero a lo que representa para un creador, presentar su obra, “expresarse”.
    Creo que la directora quiso hacer una obra a prueba de toda crítica y se olvidó que a la mayoría de los que nos gusta el arte, buscamos descubrir cosas nuevas (des-cubrir, nosotros mismos), incomodarnos, encontrar belleza, conmovernos, conocernos, movilizarnos. La obra en algún lugar pudo haberlo logrado. Uds no. Una vez mas, la obra es 15000 veces más inteligente que su autor.
    La estrategia del elenco es la misma de Ibarra frente al notero de Canal 13. "Mientan, mientan que algo queda." Así de grosera.
    Gracias por el espacio.
    Jorge.

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  2. Comentario enviado por Santiago Nieto.

    Gracias por el espacio cedido, no queria seguir sobre el tema cada cual puede tener su opinion de las cosas que le gustan y que ve mas alla de tener o no justificacion cientifica o artistica. Pero al poner en duda la autoria de mis comentarios vengo a aclarar que soy Santiago Nieto y Santiago en los comentarios publicados, y vengo a declarar mi DNi como nº 92625598 y vengo a declarar bajo juramento que no tengo nada que ver con el elenco de Ego como pueden comprobar en la fica tecnica, y vengo a decir lo mismo que dije anteriormente: NO HAY NADIE QUE SEA DUEÑO DEL ARTE NI JUEZ DE LO ARTISTICO. Todo termina siendo relativo, y yo di mi opinion. Acerca de las criticas masivas buenas se contrarrestan las malas que tiene esta obra no le veo ningun autobombo de parte de nadie, la nacion la critico regular a muchos no le gusta y a muchos le encanto lo mas natural del mundo no veo la controversia . Saludos y gracias.

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  3. Comentario enviado por Alan Robinson.

    Santiago Nieto:
    Hay jueces en lo artístico. ¿Sabés quiénes son jueces? Los jurados de Rozenmacher, INT, Proteatro, FNLA, Faena, Premios ACE.
    También hay curadores que deciden qué cosas se presentan y cuáles no, como por ejemplo en el FIBA.
    No todo es relativo, o creer que todo es relativo en este caso me parece una mirada incompleta, o ingenua. Los directivos del INT, por ejemplo, por más buena voluntad y honestidad que tengan, quieran o no, deciden sobre la producción estética de todo un país, cuando eligen cuánto, cómo y en dónde subsidiar.
    Por este motivo me parece que en la industria cultural o producción cultural de un país no podemos ser ingenuos.

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