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domingo, mayo 03, 2009

teatro // Nada del amor me produce envidia, de Santiago Loza, según Diego Lerman

Puede ser que sus pies no quieran llevarla mucho más allá de esas paredes porque están muy cansados de tanto mover el pedal de la máquina de coser. Puede ser que tanta discreción y abnegación la lleven a afirmar que nada del amor le produce envidia. Puede ser que ella se haya vuelto tan medida –medida en el tono de su voz, en su andar, en su vestir, en su desear– a costa de tanto andar con el centímetro. Todo puede ser en ese pequeñito taller donde su esfuerzo se ilumina apenas bajo el filamento incandescente de una lamparita de mediano voltaje.
No tiene nombre; ella es la costurera. Es una buena costurera: sabe que el secreto de su profesión está tanto en la habilidad para manejar la tijera y la aguja como para escuchar mucho y decir casi nada. Porque aunque su trabajo le deje retazos de telas y retazos de las vidas de sus clientas, ella no se los muestra a otra clienta, y a lo sumo los guardará para darle ella misma algún uso o los tirará a la basura.
Ella canta. Canta bien, evocando a su admirada Libertad Lamarque (único escapismo que le conoceremos). Pero se impone hacerlo discretamente, como todo lo que hace.
Esas canciones describen capítulos de una vida muy distinta a la suya, y a ella se le escapa cierta nostalgia por esa realidad que le es ajena. Entonces empezamos a sospechar que sus deseos existen pero los tiene a raya, y que ese discurso de certezas es un catecismo autoimpuesto para no desmadrarse y alentarse a seguir por la gris senda que viene transitando.
Pese a ser tiempos de ebullición social (fines de los años ’40), en ese tallercito el afuera parece lejanísimo. Hasta que un día irrumpe, aconteciendo delante de la costurera con toda la fuerza de lo inverosímil, lo indeseable, lo ilógico, quedando en sus manos tomar una decisión incómoda, desmesurada, pues deberá elegir entre complacer sus fantasías u obedecer sus miedos.
Este bellísimo trabajo es el resultado de la idea, la consiguiente investigación y la impecable actuación de María Merlino, el cuidado texto –incluyendo el rescate de giros de aquellos años– de Santiago Loza, y la dirección de Diego Lerman (hasta ahora cineasta, pero ya sin dudas hombre del teatro).

Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Nada del amor me produce envidia en este link a Alternativa Teatral.

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