Rocío está en una fiesta. Aunque quizás sería más exacto decir que hay una fiesta alrededor de Rocío, porque ella está en un rincón haciéndose preguntas, recordando cosas, soñando futuros, pero alejada de los demás. Y muy cerquita de sí misma, vaya obviedad.
Su soliloquio es chiquito. Será que su timidez y su inocencia convierten cualquier palabra en rayana con la sonsera, aunque siempre embellecida por algún oportuno toque de ternura.
El asunto es que ahí hay dos Rocíos. Las dos hablan de lo mismo y hasta a veces dicen exactamente lo mismo, pero no son la misma. Es Rocío en dos versiones: la que es y la que dice que es. ¿Que quién es cuál? Imposible saberlo. Más aun: es inútil saberlo, porque las dos se construyen y apuntalan a la vez en un juego palabra-realidad que escapa a nuestra mirada.
Con este delicioso, sincero y delicado trabajo, Lucía Panno debuta como autora y directora. Son sus actrices Aluminé Cabrera y Paula Pichersky, quienes se ofrecen con naturalidad y solidez. Mariana Tirantte las vistió como en los años ’50, o mejor, como a muñecas, y les dio por escenografía una cajita que bien podría servirnos para llevarnos a las dos Rocíos a casa y seguir escuchándolas, porque nos dejan con ganas de más. El diseño de luces lleva la marca de Javier Casielles: una sutil compañía que, aunque expresiva y bien desarrollada, nunca osa ocupar un lugar preeminente.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Rocío en este link a Alternativa Teatral.
domingo, marzo 29, 2009
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