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lunes, marzo 16, 2009

carta abierta // Carta abierta a Mike Amigorena

Hola, Mike. Te escribo acá porque es el lugar que tengo para escribir y porque no se trata de nada personal, sino de algo que es público. Y no es que crea que este blog es la página de inicio de tu navegador ni mucho menos, pero por aquello de los seis grados de separación (gracias, Fred Schepisi), sospecho que es probable que te enteres de mi carta.
El motivo es que hace unos días leí en un diario la siguiente frase: “Me parece que matar al que mata no es lo más acertado. Sería poner un parche. Ahora, que el que mate pierda un miembro no estaría mal. Si roba, que le corten un dedo. Si vuelve a robar, le sacan otro. Así habría una conducta. Pero para que eso se sostenga hace falta una disciplina”. En medio del alud verborrágico de famosos con ansias más vengativas que justas, llamaban la atención esas declaraciones que parecían un oasis de prudencia. Hasta que volví a preocuparme cuando leí que eso lo habías dicho vos. Por supuesto que, si apenas nos hemos saludado un par de veces, ni idea tengo de tu filiación ideológica ni de tus simpatías políticas, pero tales palabras jamás las hubiera esperado de vos.
Sí, sí: hay algo de ingenuidad en mí para haber llegado a esa conclusión, como si el hecho de que hayas sido un laburante del teatro independiente te llevara necesariamente a comprender que el tejido social es complejo y que nadie está en las márgenes por pura vocación a la marginalidad. Y no voy a seguir por ahí, porque no es mi intención hacer sociología barata (no sabría desarrollar sociología de la buena).
A ver: yo no sé si vos la pasaste duro buscando que te saliera algo como actor (aunque recuerdo que rodaste con Francis Ford Coppola el año pasado y no les daban el contrato para firmar), pero de lo que sí estoy seguro es que estás cerca de gente que la pasó o la pasa duro, que está siempre buscando el mango para no caer, que actúa de noche pero de día se banca cualquiera en una oficina. Entonces, no te será difícil comprender que hay gente que no lo logra, que se cae, que se queda en la calle, que pierde el departamento que alquilaba o que tiene que dejar la pensión. Y de toda esa gente, la inmensa mayoría sigue creyendo que el esfuerzo siempre tiene su recompensa, y junta cartones o hace changas de incierta duración y mínima retribución, pero hay unos pocos que no aguantan porque se creyeron que la vida es como se ve en la revista Caras, y en lugar de pedir pena de muerte para quienes se les aparecen como enemigos públicos (que no son más que quienes ostentan impúdicos niveles de consumo que jamás alcanzaremos la mayoría de los mortales), salen a robar sin hacerse muchas preguntas acerca de si para concretar el robo deban cargarse a alguien.
Nada de esto que te digo es para cuestionar que opines libremente. ¡Por supuesto que podés hacerlo! No seré yo, que me dedico a opinar, quien te censure. Pero hay opiniones que son jodidas porque pueden despertar reacciones horribles, y que si las dice alguien que está en la cresta de la ola (como vos en este momento) se tornan más peligrosas. Y así como de algunas divas (que no dejan de ser divas del tercer mundo por más que tengan sus mansiones en el primero) no puedo esperar sino aseveraciones estúpidas, de vos, Mike, no esperaba esto. Y recién esta tarde me di cuenta por qué no esperaba que un tipo como vos saliera a proponer cortar por lo sano cortando dedos: no lo esperaba por tu último trabajo en teatro. Sí, Mike; siento –y permitime expresar una sensación, que no una certeza– que no entendiste nada de lo que estuviste tan brillantemente interpretando en las cientos de funciones de El niño Argentino. Porque ahí, en ese tan lúcido texto de Mauricio Kartun, estaba patente el origen del problema que ahora querés solucionar cortando dedos. No, Mike: hay que ir a la raíz del asunto.
Mirá: en los tiempos que relata El niño Argentino, la gente bien tenía casi reducido a servidumbre al peón, lo humillaba si le divertía, y a sus espaldas se comía la vaca que le habían dado en cuidado. ¡Eso lo hacía tu personaje! Pues bien, no te olvides que los bisnietos de ese niño bien hoy han relegado a los descendientes del peón a revolver en su basura; los ignoran detrás de los vidrios polarizados de sus 4x4, y se comen la vaca ante de sus desesperadas miradas. ¿Cuántos dedos pensás que hay que cortar, Mike, para contener tanto hambre, tanta exclusión, tanto avasallamiento?
Mike, el buen teatro es una herramienta excelente para crecer, pensar, reflexionar. Por eso me permito sugerirte que vuelvas al texto de El niño Argentino, y seguro que desearás que todos los dedos queden en sus respectivas manos.

5 comentarios:

  1. Gracias por esta carta. El cuestionamiento a la sensibilidad y el llamado a la responsabilidad como figura pública de la cultura, que le hacés al sr. Migornea me parece muy apropiado para un "periodista teatral." (Claramente tu trabajo demuestra que no sos solo un critico de espectaculos)

    Ahora quiero detenerme en un lugar.
    Entendí que, según tu criterio el Sr. Migornea no alcanzó a comprender el tema del niño Argentino por sus declaraciones públicas que ideologicamente contradicen la ideología del texto. La critica es válida (Y estoy de acuerdo) porque se supone dede un enfoque de la concepción del actor, que debe elegir sus trabajos siendo honesto con su ética y sus principios, para luego poder encarnar no solo el personaje, sino también, aquello que la obra crtica a la sociedad.
    Pero también uno puede pensar, y acá le doy la derecha al Sr. Migornea, en que puede no necesariamente su ideología deba coincidir con la ideología de la obra.
    Uno puede ser un anarquista y dar clases en un colegio católico, sin dejar de ser anarquista.
    Queda muy claro que el Sr. Migornea es un irresponsable oportunista.

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  2. el odio gangrena una sociedad. no se trata de ideas ni politicas, sino de uns sociedad que nunca se recicla ni se purga, que con estos referentes genera gangrena, y gangrena y gangrena.

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  3. Alan, detengámonos en ese lugar.
    Yo no planteo que todo actor ni que toda actriz deba solo encarar trabajos que sean acordes a su ética; aunque me encantaría vivir en un mundo donde todo funcionara así, sostengo que en algunos casos es comprensible lo contrario: a nadie se le puede exigir que elija según sus convicciones cuando su situación económica es crítica. Después queda en cada quien la coherencia para decidir qué es lo que realmente necesita para vivir y qué es capricho consumista. Cosa esta última que entre actrices y actores que han llegado a la televisión se ve mucho: es el típico caso del actor que acepta hacer una basura en tele y luego se justifica diciendo que “estaba en la lona”, cuando gracias a las revistas frívolas sabemos que aun “estando en la lona” cenaba día por medio en un restó de Puerto Madero o se hizo una escapada a Las Leñas para celebrar el cumpleaños de alguna celebridad de su mismo calibre. Fallutería de cobardes que no se atreven a asumir que poco les importa lo que hay por fuera de su ínfimo círculo, nada más que eso.
    Volviendo a lo nuestro, yo no me detengo en cuestionar a quien acepta un trabajo teatral que no condice con su pensamiento. Ante todo, porque desconozco los valores éticos de las actrices y los actores (y directores o directoras y todos los etcéteras) cuyos trabajos voy a ver, y está bien que no necesite conocerlos. Aquí, lo que me ocupa no es la ética de Mike Amigorena, sino lo que de su ética deja ver con sus declaraciones públicas y lo que le ha dejado –o no– su trabajo. Yo no sé si Mike llama a Cecilia Pando cada 24 de marzo, si recluta pobres para las marchas del PO o si dona la mitad del contrato por Los exitosos Pells a una cooperativa de aborígenes chaqueños, ni me importa; lo que sí me preocupa es que alguien con fuerte presencia mediática opine sobre un tema gravísimo como si estuviera en la cocina de su casa, y también me preocupa que un actor pueda haber encarado un personaje tan intenso en un relato con una mirada política tan sólida como lo fue El niño argentino, y aun así que sus opiniones públicas sigan por otro lado.

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  4. Lucho, con todo respeto, desde qué lugar hablás?..."cargarse a alguien"...??????...alguien?...
    qué relevancia tiene la "fallutería de cobardes" y la sarta de quejas resentidas y crujientes en tu discurso...
    si reconoces el mundo como complejo, ...difícil...cómo justificar la muerte?, algunas son válidas , otras no?, matar por dinero, matar por ...qué está antes, antes del disparo?

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  5. Hola, quien quiera que del Colectivo Tucarne haya enviado el comentario anterior.
    Me cuesta mucho entender qué quisiste plantear, por lo que se me hace imposible responderte. ¿Podrías redactar de nuevo el comentario, con conceptos un poco más precisos?
    Gracias
    Lucho

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