Después de las tantas mujeres que creó y que fueron desfilando en solitario por El club de las bataclanas (2000), Arrabalera. Mujeres que trabajan (2002), El sistema de la víctima (2007), Dolly Guzmán no está muerta (2007) y Limosna de amores (2008), para su último espectáculo Mónica Cabrera cambió lo que ya era una reconocida (y eficaz) modalidad de sus trabajos: ahora no está sola en el escenario, e interpreta a un único personaje. Ella es la Madrecita, quien está acompañada por su devota hermana (Teresa Murias), o hermanita, pues parece que los diminutivos aportan favorablemente en las devociones y creencias populares.
Allá andan las dos, probablemente en algún pueblo del noroeste argentino. La Madrecita fue bendecida con el don de la curación, tiene visiones sobrenaturales y hasta hace milagros. Su hermanita es como una amable mediadora entre ella y los pobres y los enfermos que, en persona o por carta, le hacen llegar sus ruegos. Pero todo tiene su contracara, y esta se hace visible cuando ellas están a solas, en su cuarto: la hermanita administra con rigor las donaciones que reciben como signo de la gratitud de los beneficiados por los poderes de la Madrecita, a la vez que organiza su agenda de curaciones y presentaciones, en tanto que la sanadora y milagrera, que ya había dado suficientes muestras de desequilibrio mental con el despliegue de su beatería, de entre casa se muestra no menos loca pero sí sometida a los negocios que establece su ya no tan dulce hermanita.
No faltan, por supuesto, momentos para las canciones, ni la palabra cómplice e improvisada que capitaliza alguna reacción del público, ni las referencias políticas y sociales que tan bien maneja en sus textos Mónica Cabrera. Ella, intérprete, autora, directora, escenógrafa, vestuarista y compositora de la música original de The Victory to La Madrecita, también ha sabido encontrar una compañera ideal en Teresa Murias, talentosa actriz cuyas composiciones hemos disfrutado tanto como anfitriona extranjera y disparatada en el exitosísimo El 3340. Con humos de cabaret así como con su personaje oscuro y extravagante en La piojera, o un procedimiento justicialista.
Esta desopilante y a la vez triste estampa, en la que los tonos estridentes de la fe en lo supuestamente sobrenatural contrastan con las opacidades de las pequeñas miserias cotidianas y de la pobreza, abre un nuevo capítulo en el “universo Cabrera” y da un paso firme en su ya reconocido camino de humor, de profunda mirada crítica y de arrollador trabajo en el escenario.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de The Victory to La Madrecita en este link a Alternativa Teatral.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
hola, quiero recomendar esta obra. la verdad es que es un materialmuy bello y con un humor imperdible.eso es todo.
ResponderEliminar