Umo. Cabaret mágico es un espectáculo que, si se lo describe, parecerá uno más de tantos: humor, coreografías, playback, magia, canciones muy bien interpretadas, transformismo, impactante despliegue de vestuario. Pero esta enumeración en nada le hace justicia, porque en cada cuadro, en cada elemento, en cada trabajo hay algo más que ha sabido buscar Adrián Ferrán, y casi siempre ha encontrado ese algo más que luce en el escenario, ennoblece a quien lo interpreta y deleita al público.
La singular apertura ya nos anuncia algo distinto, y evoca justamente a lo totalmente otro, a lo sagrado en tanto arcano, en una especie de procesión ritual que desemboca en un insólito alumbramiento.
Si bien no vamos a enumerar cada cuadro, tomemos los cuatro primeros que forman una sección, la del bar. Mientras este bar va tomando vida, abre con una milonga que, a modo de desafío, enfrenta a dos guapos; Diego Nocera y Bruno Lázzaro, que con sensualidad y aires de malevaje llevan adelante su parte. Le sigue Fumando espero, en el que una bataclana brinda una versión estupenda y única. Se trata de Horacio San Yar, que arrasa la sala entera con su voz y con el sentido que le da a las palabras de ese tango hasta convertirlo en algo nuevo, nunca escuchado; tal es el arrebato y la energía que pone que todas las versiones conocidas –esas que nos llevaban a imaginar una mujer que apenas aguardaba– parecen haber ignorado el secreto de esa espera apasionada y urgente que magníficamente sabe expresar este actor.
Tras un aplauso cerrado (no dudo que acontecerá así en cada función), Marcelo Iglesias le presta el cuerpo a Tita Merello para que cante Con permiso con unos pasos y gestos tan de arrabalera que bien valen a la vez como homenaje a ella y como efectivo grotesco. Con El tango de Roxanne, en el que la sensualidad y la magia se entremezclan en dosis justas, cierran esta parte Fernanda Telesco y Emmanuel Zaldua.
Y nos pasearán en mágicos, cuidados y cómicos momentos por la Europa central y la mediterránea, por el dorado Hollywood (no dudo que, con solo verlas, amarán a las sirenas), por el Oriente lejano y también por nuestras tierras, aquí con desopilantes Ramona Galarza y Jolly Land. No resulta acertado el cuadro final, el de Cenicienta, ya que no atrapa la atención (todos sabemos de qué se trata) y es demasiado extenso para poner al final de un espectáculo que desde el inicio se mostró felizmente vertiginoso.
En este elenco muy profesional hay que destacar el buen desempeño de Fernanda Telesco y la sorprendente ductilidad de su cuerpo, los aportes mágicos de Emmanuel Zaldua (¡cuánto gana la figura del mago cuando tiene herramientas de actuación!) y todo Horacio San Yar. Sí, todo él, porque aparece en el escenario y se ilumina y lo ilumina, despliega con soltura y simpatía un enorme talento en todo lo que hace… ¡y vaya si hace!: soprano, bataclana, monja francesa, cocinera alemana, sirena, asistente china y tonta del mago, Jolly Land, y todo lo hace asombrosamente bien. Para más, se lo ve disfrutar muchísimo, y en este tipo de espectáculos eso genera mucha cercanía con el público, que por consiguiente se contagia del disfrute y multiplica la satisfacción. Sí, Horacio San Yar es una fiesta en el escenario y, sin desmerecer a los demás, es indudablemente la estrella de Umo. Cabaret mágico.
Adrián Ferrán ha hecho una gran apuesta aquí. Podría hasta decirse que se ha jugado por entero, pues es autor, director, actor, iluminador, diseñador de vestuario y uno de los productores generales. Sin embargo, no necesita leer estas líneas ni ninguna otra para saber de resultados, porque ya ha ganado con este mundo seductor, misterioso y por sobre todo divertido que llevó a escena.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Umo. Cabaret mágico en este link a Alternativa Teatral.
domingo, febrero 22, 2009
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
totalmente de acuerdo! te vi en la funciòn y me preguntaba que te habría parecido.
ResponderEliminarun beso!
Mariana L.