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lunes, octubre 06, 2008

cultura y política // versiones del ascenso y la caída de Pablo Batalla

En el sitio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires todavía figuran tanto él como su repartición; sin embargo, los rumores que venían corriendo desde hace dos semanas acerca de la renuncia de Pablo Batalla a la Subsecretaría de Gestión Cultural se convirtieron en información el viernes pasado, cuando Susana Reinoso, en una nota en el diario La Nación, decía que “desaparecerá la subsecretaría de Gestión Cultural, conducida por Pablo Batalla, cuyo trato con Lombardi ha sido distante. (…) Consultado Batalla sobre si presentó la renuncia al cargo, dijo que continuará ‘firme, liderando el tema de mecenazgo, porque yo armé el régimen’. Rechazó, en tanto, que hubiera tenido un enfrentamiento con Lombardi, lo que también negó el ministro”. Sí, claro que suena raro citar a un diario como fuente de un asunto gubernamental, pero hasta ahora no ha dado a conocer ninguna notificación oficial acerca de la separación de Batalla de su cargo en el ejecutivo porteño.
Inmediatamente luego de lo antes citado, Reinoso afirma: “Sin embargo, los memoriosos recuerdan que, en las circunstancias agitadas en que fue designado, luego del fallido intento de ungir a Luis Rodríguez Felder al frente de Cultura, a Lombardi no le quedó mucho tiempo para armar su gabinete. Otros ministros lo supieron con más antelación. Y Batalla llegó dentro del combo de emergencia”.
Pero hay otras versiones, surgidas de fuentes muy confiables y muy cercanas a los sucesos relatados, que explican de una manera muy distinta la llegada de Pablo Batalla al equipo ministerial de Cultura. Y también su reciente salida. Vayamos, pues, a conocerlas.

la caída de Ignacio Liprandi, versión 1
Si algo tenía el Pro para lucir en la campaña electoral de 2007 por fuera del perfil WASP vernáculo de Macri y un par de eslóganes baratos, eso era sin dudas su programa cultural, que había sido elaborado minuciosamente por el coleccionista de arte Ignacio Liprandi.

Poco antes de las elecciones en las que una estúpida si no perversa mayoría porteña confió en el discurso de la eficiencia y la gestión enarbolado por Macri (y que, a falta de capacidad política, sigue enarbolando), Hoy Arte Hoy entrevistaba a Ignacio Liprandi, quien evidenciaba el cargo que le había sido prometido con estas palabras: “Estoy a cargo de cultura en el Pro y si Macri gana en la ciudad yo seré su ministro de Cultura. Estoy trabajando con todo un equipo diseñando el programa de cultura para la ciudad. Por ejemplo, Marcelo Pacheco (N. del R.: curador en jefe del Malba) es el que está escribiendo todo el capítulo dedicado a los museos de arte en la ciudad. Se quiere salir del esquema más tradicional donde el partido es el que genera la propuesta y se tercerizarán algunos trabajos a los más idóneos. Quiero tener a los mejores profesionales a cargo de nuestra propuesta, y aunque esos profesionales no estén en el partido no veo por qué privarnos de esos conocimientos”.
Un frenético Mauricio bailó festejando el triunfo electoral la noche del 24 de junio de 2007. Le esperaba una larguísima transición hasta asumir como jefe de Gobierno. Pasado el ruido revanchista de esa noche, se comenzó a percibir que el Pro no tenía tantos equipos como anunciaba en campaña, que no tenía tan sólido programa. Y en medio de tanta escasez de seriedad, más allá de que se lo compartiera o no, se destacaba el plan de Liprandi. Sin embargo, no se destacaba el mismo Liprandi, pues pasaban las semanas y, contra todo pronóstico, él no era presentado como futuro ministro de Cultura.
Faltando un mes y medio para asumir, Macri sacó de la galera a
Luis Rodríguez Felder, al que presentó como futuro ministro de Cultura. El tipo fue tan vulgar y demostró tanta ignorancia que en pocos días lo sacaron de escena (si te olvidaste de él, leé esta nota). En ese entonces circuló una carta de Ignacio Liprandi: “Queridos amigos, les escribo para contarles que a partir de la fecha mi equipo de trabajo y yo nos hemos desvinculado del espacio político PRO. Motiva este alejamiento el haber asumido que ni mi visión acerca de las políticas culturales que la ciudad de Buenos Aires necesita adoptar, ni yo mismo como encargado de llevarlas a cabo, son aceptadas por los responsables de dicho espacio. En efecto, Cultura, nuestra PROpuesta, configuraba una clara argumentación en favor de la profesionalización del campo cultural, no sólo por la existencia misma de un plan con alto grado de detalle para el área, sino también por los especialistas convocados para diseñarlo. Al mismo tiempo, una decidida defensa de la Cultura como elemento transformador de la realidad social, ligado a una inequívoca defensa de la contemporaneidad y la voluntad manifiesta de difundir internacionalmente nuestras producciones culturales, configuraban un programa coherente y homogéneo, que teníamos la intención de llevar adelante con un equipo altamente calificado. Lamentablemente, situaciones que son de público conocimiento me indican irrefutablemente la poca acogida brindada a nuestra iniciativa. Por mi parte, intentaré llevar a cabo algunas de estas iniciativas desde el campo privado. Un abrazo, Ignacio”.
La desvinculación de Liprandi fue inmediatamente atribuida a presiones de la jerarquía católica, más precisamente del arzobispo porteño, cardenal Jorge Bergoglio, tal como lo señaló Sergio Kiernan en una nota publicada por Página/12 el 31 de octubre de 2007, donde el motivo aparente era que Liprandi se había declarado a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. La misma versión señalaba que el ultracatólico legislador Santiago de Estrada había sido quien le acercó a Macri el deseo clerical de no ver a Liprandi como ministro.

la caída de Ignacio Liprandi, versión 2
Pero parece ser que las cosas acontecieron de otro modo. Al menos, hay personas que aseguran que todo sucedió de otro modo. Del siguiente.

Ignacio Liprandi le había puesto a Macri una condición para asumir como titular del Ministerio de Cultura: que Pablo Batalla no estuviera designado en ningún estamento de su órbita. Desconozco los motivos de Liprandi para desear mantener distancia con Batalla, pero quizás sea bueno recordar que éste había sido director administrativo del Teatro Colón durante la gestión de Gabriel Senanes, quien al renunciar en junio de 2004 como director general y artístico de ese teatro denunció “manejos y negociados oscuros” y afirmó que el entonces secretario de Cultura, Gustavo López,
reconoció abiertamente que Batalla “le había hecho una cama”. Así apareció en notas en Página/12 y en Clarín, aportando esta última una perla: decía que “Batalla fue el blanco elegido por Senanes, quien llegó incluso a ligarlo con Mauricio Macri. Según Senanes, el presidente de Boca había señalado a Batalla como ‘el único acierto de Ibarra’”. El tiempo demostró que, al exponer esta vinculación, Senanes no se equivocaba.
También hay que recordar la activa participación de Batalla en las filas macristas de la Legislatura porteña para cocinar la ley 2264, más conocida como ley de mecenazgo, por lo que su irrupción en el ámbito de Cultura no era algo improbable.

Fue entonces que le tendieron una trampa a Macri para sacar de circulación a Liprandi y dejarle espacio a Batalla: se asegura que el presidente de la Legislatura, Diego Santilli, convenció al ya citado De Estrada para que le transmitiera a Macri que el cardenal Bergoglio estaba en contra de la designación de Liprandi. Es decir: la presión episcopal nunca existió; apenas fue un invento para preocupar y presionar a Macri.

Así, entonces, cayó Liprandi antes de siquiera ser designado. Así lo señalan distintas fuentes coincidentes.

Siguiendo esta línea, la nota de Susana Reinoso citada inicialmente se equivoca porque Batalla no llega al gabinete de Lombardi en un “combo de emergencia”, sino que a la llegada de éste, eran varios los sillones de áreas que le están subordinadas que ya habían sido ocupados.


estilo Batalla: los vecinos del 25 de Mayo
Luego de años de luchas y otros tantos de obras, el Cine Teatro 25 de Mayo, el “Petit Colón” del barrio de Villa Urquiza, estaba presto para reabrir sus puertas. Le tocaba ponerlo en funcionamiento a la flamante administración macrista.

La primera sorpresa fue que el 25 de Mayo, siendo el primer teatro estatal que se abre tras la creación del Complejo Teatral de Buenos Aires (organismo que congregó artística y administrativamente los cinco teatros dependientes del estado porteño), quedase fuera de su órbita. Por supuesto que nadie con criterio hubiese alentado que otra sala fuese puesta bajo la ya vetusta tutela de Kive Staiff, pero estando éste confirmado en sus cuatro cargos por el ministro Hernán Lombardi, no dejó de sorprender esa decisión que tuvo sabor a simple repartija. El 25 de Mayo, pues, fue para Pablo Batalla, quien puso a la cabeza de ese teatro a Corina Cruciani, reconocida como productora ejecutiva de varias puestas de Rafael Spregelburd.

La gestión de ese espacio cultural, que se había propuesto fuese consensuada con los vecinos que habían luchado por la recuperación de esa hermosa y emblemática sala, pasó a ser tarea de Cruciani, novata funcionaria. Los vecinos fueron a plantearle el asunto a Pablo Batalla, recordándole –además del acuerdo firmado años atrás con Gustavo López– que la Constitución de la Ciudad contempla la participación ciudadana, a lo que Batalla les respondió: “Contemplar, yo contemplo un cuadro…”, sugiriéndoles luego que ahora, habiendo ya cumplido su objetivo, podían dedicarse a recuperar un viejo y abandonado cine de Parque Chas. Palabras que, evidentemente, marcaron el final de las conversaciones con ese funcionario
:

estilo Cruciani: La paranoia en el 25 de Mayo
Ya que de Pablo Batalla y de su gestión hablamos, recordemos que su subordinada Corina Cruciani, directora general de Centro Cultural Teatro 25 de Mayo, incurrió en una grave práctica en el ejercicio de esa función: contrató a La paranoia, una obra de Rafael Spregelburd que la tuvo a ella misma como productora, para presentarse en el teatro estatal que ella dirige. En este mismo blog traté el tema hace casi cinco meses, pero nada ha cambiado. Hoy, lunes 6 de octubre de 2008, la página de la pieza en cuestión todavía informa en la ficha técnica que Cruciani es la productora general de La paranoia, y lo mismo se señala en la página de Spregelburd (ver creación + obras + La paranoia).
Resulta extraño que a Pablo Batalla se le haya pasado por alto esta más que evidente anomalía.

el final de la interna
La relación entre Pablo Batalla y Hernán Lombardi nunca fue buena. Es más: se asegura que desde el primer día del gobierno macrista, Batalla estaba esperando el momento para dar el salto y convertirse en ministro de Cultura.

Una persona que trabaja en una importante área del Ministerio de Cultura me comentó que Batalla tenía planes de instalarse en el 25 de Mayo como si fuese su base de operaciones, funcionando allí como un “ministerio paralelo” hasta el día en que ganase la pulseada que, durante estos diez meses, Lombardi pareció estar a punto de perder más de una vez. No es casual que Batalla haya propuesto hacer funcionar ahí mismo el
Consejo de Promoción Cultural del que es miembro, ni más ni menos que el órgano que decidirá qué proyectos sí y cuáles no son de interés cultural para la ciudad, es decir, a cuáles les llegará tarasca en tiempo y forma y cuáles quedarán sin un mango. Sí, son los que van a cortar el bacalao del mecenazgo, los que van a tener en sus manos la decisión de hacia dónde correrán muchos billetes. También son las personas –¡pobres ellas!– que deberán soportar los embates de quienes quieran corromperlos porque, por supuesto, van a estar justo ahí, en el embudo por donde ingresará el dinero y decidiendo su destino. Y toda esa tarea la realizarán ad honorem, claro.
Hace poco más de dos meses, y poniéndose a tono con lo resuelto por el gobierno porteño en materia de concentración de compras (esa eficiente manera de desabastecer de insumos en nombre de la transparencia), Lombardi firmó la resolución Nº 2.310 (31 de julio), cuyo artículo 1º resuelve constituir la Unidad Operativa de Adquisiciones de la Subsecretaría de Gestión Cultural, mientras que el artículo 2º designaba al mismo Pablo Batalla como titular de esa Unidad (publicado en el Boletín Oficial del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Nº 2.999, del 25 de agosto de 2008).

Inesperadamente, el ministro Lombardi avanzó. Según un alto funcionario de Cultura, lo hizo así: le pidió a Mauricio Macri el desplazamiento de Batalla, pero el jefe de Gobierno se sacó el problema de encima derivándolo a Horacio Rodríguez Larreta,
el jefe de Gabinete de Ministros (quien ostenta el poder real de esta gestión, pero manteniéndose en las sombras porque la experiencia ya había de demostrado su calidad de piantavotos en las elecciones de 2004). El Señor H. intentó ser expeditivo lavándose las manos y encomendándole a Lombardi que limara las diferencias con Batalla, que no era ese un asunto de él. Entonces, Lombardi habría desplegado en el escritorio del jefe de Gabinete una carpeta con papeles que comprometían severamente a Batalla, y su suerte quedó sellada.

el futuro
Como vimos en la nota de Susana Reinoso citada al inicio, “consultado Batalla sobre si presentó la renuncia al cargo, dijo que continuará ‘firme, liderando el tema de mecenazgo, porque yo armé el régimen’”. Toda una declaración de principios que se entiende mucho más fácilmente traducida así: “Mi quintita es mía: la hice yo y no la toca nadie más que yo”. Eso es exactamente lo contrario a la gestión modelo que prometía la gente del Pro.
Nada se sabe de su continuidad en el Consejo de Promoción Cultural.
El teatro 25 de Mayo pasará a la órbita del Centro Cultural General San Martín, actualmente dirigido por María Victoria Alcaraz. Se supone que Corina Cruciani tiene las horas contadas como directora general de la gran sala de Villa Urquiza, salida que de concretarse también festejarán los vecinos de ese barrio, porque no encontraron en ella a una interlocutora eficaz.
De ser verdad que Lombardi posee documentación que involucra a Pablo Batalla en acciones reñidas con sus deberes de funcionario público, debería hacer la denuncia ante la Justicia, dejando de lado los mutantes amiguismos sectoriales. Si lo hiciera, sería una segunda sorpresa consecutiva que nos estaría dando, pero parece difícil que haga investigar a quien bien o mal fue un colega cuando ni siquiera se atrevió a denunciar a Graciela Casabé por haber vaciado literalmente la oficina del Festival Internacional antes de abandonarla.


dos tareas
Hay que tomarse el trabajo de recordar estos nombres, porque reaparecerán. Y hay que tomarse también el trabajo de recordar estas situaciones, porque aparecerán otros y otras que querrán reeditarlas en beneficio propio.
Sí: la memoria es un muy buen antiparasitario.

4 comentarios:

  1. Excelente artículo. Conocí el Teatro 25 de Mayo hace unos días, cuando se presentó la copia completa de Metrópolis, fue una grata sorpresa.

    Claro, los tejemanejes siempre se me escaparán, pero con gente como usted aspiro a estar enterado, al menos.

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  2. y cuidado con los malos alumnos en las clases de teatro porque pueden convertirse en corinas crucianis.
    una verguenza. un asco. pura corruptela.

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  3. ¡Fender! Qué gusto que ande por acá, pese a que lo tengo abandonado.
    ¿Vio qué lindo teatro el 25 de Mayo? Veremos cómo sigue eso.

    Fernando, mire que no alcanza con ser mal alumno en clase de teatro... ¡Para lograr ciertas cosas hay que tener talento!

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  4. Increible el relato...refleja el mundo del "espectaculo" politico tal cual es...algunas veces con noticias o resultados mas auguriosos que otros...

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