Chiquito, ex militar, relata con una extraña amalgama de ternura y desprecio cómo encontró en la puerta de su casa a aquel niño que hoy es Cascarita. La enfermera asiente. Cascarita parece habituado a la amargura que le dejan esas relaciones en las que una humillación se celebra como si fuera una caricia; quizás esa amargura sea motivo suficiente para sacarle una sonrisa lejana a toda expresión de felicidad, simple mueca adquirida, reacción vacía a ciertos estímulos, como un perrito de Pávlov ante el sonido de la campana. Sí, eso: Cascarita es como un perrito que tuvo la mala suerte de vivir en casa de alguien que no lo quiere pero, a fuerza de no conocer otra vida, mueve la cola aun cuando le pegan.
Algún día Cascarita buscará otra respuesta, una, la única real. Algún día, como pueda, Cascarita se sacará de encima tanto dolor.
Evitando lugares comunes y situaciones por demás trilladas, esta terrible y potente obra de Luis Cano nos ofrece una profunda mirada sobre las íntimas, personalísimas consecuencias de la última dictadura. Se trata de una tragedia coterránea y contemporánea, en la que el desenlace es tan miserable como lo fueron los dioses que la provocaron: si el destino adverso es provocado por calañas como Videla, Massera, Bussi y tantos otros de ese Olimpo de mierda, no podemos pretender que los mortales reaccionen con heroísmo. Así, en los tres personajes, las heridas (soportadas o infligidas) parecen funcionar como vértebras, porque los tres se yerguen gracias a lo que los lastima, a lo que los denigra.
La directora, Analía Fedra García, se ha enfrentado al desafío de este texto para su debut (es su proyecto para la licenciatura en Dirección Escénica del Departamento de Artes Dramáticas del IUNA). Sin dudas está dando un primer paso bien firme, que a la vez incluye un buen augurio, porque mientras algunas vacas sagradas de la escena (y de la teoría) local se complacen en sostener un teatro que apenas escapa del mero entretenimiento gracias a algunas exhibiciones de erudición, García entra en el ambiente del teatro porteño demostrando no solo sus cualidades estéticas, sino también asumiendo un firme compromiso ideológico. Supo, además, hacerse de un excelente elenco que vibra y nos deja sin respiración: José Márquez (Chiquito), Élida Schinocca (la enfermera) y Martín Urbaneja (Cascarita).
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Chiquito en este link a Alternativa Teatral.
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