¿Hay algún elemento más adecuado para la diversión que el agua? Desde una tímida salpicada con una gotita hasta el baldazo de carnaval, pasando por el chapoteo en el charco que dejó la lluvia y el sacudón de una ola que rompe a nuestro lado, el agua nos invita al disfrute y la risa. Ahora bien, si incluso gente seria y positivista como los hermanos Lumière no pudieron negarse a sus encantos y con agua hicieron la primera película de humor, El regador regado (que fue, además, el primer film de ficción), es indudable que el agua en las manos o en la mente de un clown se convierte en una segura invitación al desborde. Y por ahí viene Aguas, el excelente espectáculo que dirige Marcelo Katz.
Quienes ponen el cuerpo y la nariz en Aguas (con su respectivo nombre de clown) son Adriana Ferro (Purita Espuma), Adriana García (Figaza), Alan Stivelman (Flatón), Alejandro Talarico (Arveja), Alma Montiel (Amparo), Ángeles Cravero (Adorno), Aníbal Flamini (Piolo), Brígida Lozzi (Alcurnia), Cecile Caillon (Corchete), Damián Ramonda (Saltonalto), Demián Candal (Ciático), Elsa Agras (Bambalina), Gabriel Kohan (Ritten), Gabriel Martínez (Timorato), Guido Guernik (Marzo), Irene Sexer (Marta), Javier Pomposiello (Sorrigueta), Leila Zimerman (Rivadavia), Leonardo Quiroz (Prematuro), Lisandro Penelas (Habanna), Lourdes Herrera (Stratófera), Lucía Baya Casal (Dale), Luciana Buschi (Mani Cuir), Marcos Arano (Bidón), María Milagros Fabricio (Proletaria), Maximiliano Carrizo (Prócer), Mercedes Hernández (Marchiquita), Natalia Santiago (Untable), Santiago Legón (Divague), Sebastián Godoy (Federico) y Tomás García Querol (Eugenio). Ellas y ellos han creado treinta cuadros que se van alternando cada semana, y desfilando por el escenario –ya sea de a uno, de a dos o más– presentan su mirada lúdica, absurda, inocente o poética de una situación en la que el agua está de algún modo presente.
Entre los números que vi en esa función, Amparo apareció como una doctora que prueba con Arveja una nueva terapia para que este se sumerja en su pasado con una técnica poco ortodoxa; un romántico brindis entre Federico y Marchiquita se desmadró un poquito, pero el amor es más fuerte; Alcurnia y Dale protagonizaron una clase de surf en la quedó bien claro lo que es esencial para su práctica; Bambalina (vale señalar que esta clown tiene 83 años) desarrolló una particularísima pero no por eso menos elegante ceremonia del té. Y otros más, entre los que están mis favoritos de esa tarde: Plomeros y Paraguas.
En Plomeros, una desesperada Corchete decide que su vida no puede continuar así, sin poder ir a trabajar porque no tiene agua para bañarse. Por eso llama a los profesionales de la fontanería, Ciático y Sorrigueta, que con rapidez descubren el origen del problema: las cañerías se rebelaron porque la dueña de casa acostumbra tirar por la pileta todo lo que no le es útil, elementos que van recuperando los solícitos plomeros que hasta llegan a rescatar de esos inverosímiles caños a su marido y su mucama. Y los aquí plomeros reinciden juntos en el más dinámico, exigente y preciso cuadro, Paraguas, una fiesta de trucos repentinos y de comicidad física que cerró esa función.
No quisiera que por haber destacado estos dos últimos se entienda que dejo de lado los demás cuadros: todo el espectáculo es cautivante y divertido, los números están muy bien ordenados y hasta se disfruta del instante que suele ser necesario para que un par de clowns seque el piso tras el acotado anegamiento que deja la anterior presentación.
pero…
Si bien recomiendo este espectáculo, de la misma manera debo advertir que la segunda vez que fui a verlo (quería encontrarme con los otros cuadros de Aguas) pasé un muy mal momento gracias a algunos empleados del Centro Cultural Recoleta.
La empleada de la boletería jamás me indicó en dónde debía hacer la cola, y cuando al irme se lo recriminé, me respondió con un “Pero usted no me preguntó” típico de la más arrogante vagancia del empleado público que siente supuestito asegurado de por vida. No estando, entonces, advertido de que debía ir al Espacio Living, fui al mismo lugar en el que había esperado ingresar al Patio del Aljibe para la primera función de Aguas, y allí estuve esperando hasta que dos señores que estaban de gran charla a pocos metros quizás recordaron súbitamente que ese era su horario de trabajo y dispusieron –con los peores modos– que debíamos ir al Espacio Living a hacer una nueva cola. Al dar sala, demostraron su calidad para el trato: "Te hiciste el vivo, pero ahora vas a aprender". Y así como la boletera luego se desentendió de su obligación de informar, estos señores se desentendieron de lo que pasa en boletería, como si fuesen dos universos lejanos e inconexos.
Finalmente, cuando iba a ingresar al Patio del Aljibe para la función, no había lugar disponible. ¿Hay en el Recoleta sobreventa de entradas en tiempos del pulcro macrismo? Parece que sí. Y hay algo que tengo por cierto: el pulcro macrismo, mientras echa indiscriminadamente a trabajadores, sostiene a estos empleados que con su sola actitud desafiante parecen estar diciendo "Acá me puso Genta, y me chupa un huevo que me denuncies". Y me fui sin haber podido ver Aguas.
En un reportaje publicado por La Nación, Claudio Massetti, director del Centro Cultural Recoleta, aseguró contar “con un personal altamente capacitado para poner en marcha actividades complementarias a las muestras”. ¡Ah, claro! Será, pues, que todavía le falta el personal capacitado para atender al público de teatro…
Por todo esto, si van a ver Aguas, espero que no tengan que encontrarse con esa fauna de malos empleados con quienes yo sí me crucé. Y también espero que Katz lleve su espectáculo a otro espacio, pues él y sus artistas merecen estar en una sala en la que haya gente con ganas de atender al público y no de maltratarlo.
Encontrá la ficha artística y técnica y la información de las funciones de Aguas en este link a Alternativa Teatral.
sábado, marzo 15, 2008
teatro // Aguas, de Marcelo Katz
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Es verdad lo que decis, el trato del personal de entrada es pesimo, a desgano, sin al minima educacion.
ResponderEliminarLo mismo pasa en el centro cultural san martin y no te digo nada en el rojas... y sigue la lista
de todas maneras estan vegetando desde hace años, noe s cosa de este gobierno, no te olvides que los sindicatos son los que mandan y cuando macri quiso rajarlos todos salimos a protestar.
Anónimo, me parece que los empleados que Macri quiso rajar no son esos.
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